domingo, 30 de diciembre de 2007

Entrevista a CARLOS EDUARDO ZAVALETA


Carlos Eduardo Zavaleta, insigne representante de la generación del cincuenta, ha mantenido un constante ritmo de trabajo que se resume en una serie de libros –cuentos y ensayos– aparecidos en los últimos años. Sin embargo, desde 1997 no volvía a publicar una novela. Con boleto de vuelta (Fondo editorial de la UNMSM, 2007) marca su regreso al género.

Entrevista CARLOS M.SOTOMAYOR

¿Cómo surge Con boleto de vuelta?
La novela surge a partir de recuerdos de Tarma, recuerdos de la muchacha Maruja. Luego el viaje a Tarma y enseguida la vuelta para enhebrar con un tema que sea mucho más importante: mis recuerdos de una gran profesora sanmarquina dedicada a la historia colonial.

Como ya es característico en sus novelas, ésta resulta ambiciosa en cuestiones estructurales...
Estructura y estilo son mis preocupaciones...

En ese sentido, esta novela es distinta a Pálido, pero sereno...
Claro, es más breve, de hilos más breves entrecruzados en tejidos rápidos. En la novela anterior primero hay una destrucción de la familia, luego la destrucción de un departamento enorme, y luego hay la reconstrucción de eso y a propósito la reconstrucción del país. Y esta última es sobre una destrucción a nivel mundial. Fíjate que hasta ahora no termina.

Además del tema internacional, la novela tiene que ver con la interioridad de los personajes...
Claro, eso es de lo que siempre me he preocupado yo. Hay un asunto por un lado, íntimo, privado, casi exclusivo de uno. Y hay otra vida de la calle, que no sólo quiere decir vida de la ciudad sino vida del país. Y cuando uno mira mejor ese país está conectado con otros. Además yo tengo 32 años trabajando en el Ministerio de Relaciones Exteriores como consejero cultural. Pero también de mi vida ahí es que me han gustado mucho los temas internacionales.
¿Cómo se da en su caso el proceso de escritura?
Bueno, como yo soy profesor en San Marcos, debo tener horarios. Tengo que hacer trabajos de investigación que son más o menos obligatorios. Y luego viene la parte literaria, la parte artística. Yo me dedico mucho a escribir, a reescribir y a corregir. Pero hago todo lo posible por experimentar con la estructura y el estilo de la prosa. Por un lado modernizarla. Yo creo que la literatura es el arte del lenguaje. Nosotros nunca debemos olvidar que esto es un arte y no estamos en el campo de la filosofía, la sociología o la historia. Es el campo de la vida que busca la poesía.


¿Cómo ve a la distancia toda su obra, que arranca desde el cuento Una figurilla...?
Mira, hasta ahora tengo algunos compañeros catedráticos en San Marcos que me vienen a hablar de Una figurilla. Me dicen que los ha fascinado, que no lo habían leído antes, pero que los ha fascinado ahora. Y han pasado cincuenta o más años. Tomás Escajadillo me dijo el otro día: “Yo recuerdo mucho de tu tema del terrorismo dentro de la ciudad y no he encontrado algo mejor que La boca del lobo. Y se trata de un cuento que tiene cinco o seis páginas, en donde de buenas a primeras toda esa paz que uno puede tener en un departamento, esa paz dedicada a los libros, a la cultura, a la amistad de pronto se convierte en un laberinto porque la muchacha está conectada con su novio, su novio es de Ayacucho, y luego los persiguen. Y las calles de Miraflores, que son calles de paz, de pronto se convierten en calles de muerte...

Un tema muy importante, sin duda...
Supongamos que tú vas caminando por Miraflores y resulta ser la noche de Tarata. De ahí en adelante tu vida cambia, la ciudad cambia, los recuerdos cambian. Así que, mira, aunque es muy desagradable y desgraciado hablar estas cosas, es muy útil para un escritor tener tantas provocaciones de tipo mental y de tipo artístico, porque son temas importantísimos, y tú tienes que estar feliz de tenerlos, aunque los sufras. Y luego lo que hay que hacer es un lenguaje adecuado para que dure lo más posible.

Tengo entendido que el próximo año publicará una novela corta...
Sí, Huérfano de mujer. Es una novela corta que me gusta muchísimo, pues en ella hay una muerta singular para mí, que es mi esposa que ha muerto hace tres años. Y al mismo tiempo es una oportunidad para que se hable de Lima. Ella amaba Lima, vivía en el Jirón de la Unión. Yo no podía comprender que alguien pudiese ser feliz viviendo allí. Uno pensaba en los años 50 y 60 que no se podía ser feliz en ese lugar. Hay en la novela paseos por Lima y luego paseos hacia los balnearios. Los protagonistas van creciendo y alrededor de ellos mueren personas importantísimas. Y ahí viene una especie de decadencia de la ciudad. Y el traslado de miles de personas que vivían en Lima hacia los alrededores, en donde vivimos ahora. Estamos rodeados de vida, pero también, date cuenta, estamos rodeados de muertes. Pero a pesar de eso tenemos que salir avanti, sonrientes. Ser hombre es ser atacado por los dos flancos, por la guerra y por la paz, por la vida y por la muerte. Pero hay que seguir adelante.

*Fotografía de PÁVEL UGAZ
*Publicada en Correo el domingo 30/12/07. Se ha añadido una pregunta que por especio no entró en la versión impresa.

martes, 25 de diciembre de 2007

Entrevista a RICARDO SUMALAVIA


Radicado en Burdeos, Francia, Ricardo Sumalavia acaba de presentar en Lima Colección minúscula (Ediciones Copé, 2007), libro que reúne una serie de relatos breves de autores como Enrique Prochazka, José Adolph, Carlos Herrera, Mónica Beleván, entre otros. Y además nos adelanta la aparición en España de Que la tierra te sea leve, novela finalista del Premio Herralde.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

¿Cómo surge tu fascinación por la ficción breve? ¿Qué autores fueron referenciales en este sentido?
En realidad, llegué a la ficción breve porque se ajustaba perfectamente a mi carácter. Es decir, como suelo ser ansioso, las formas de la prosa breve me ayudaron, en un primer momento, a delinear un estilo y, luego, sin darme cuenta, pasaron a ser parte de mis registros en la escritura. Claro, cuando ya tomas conciencia de ello, como fue en mi caso, buscas a otros autores, otros textos, que compartan tus inquietudes. Y para disfrutar y aprender de la ficción breve leí a Monterroso, Arreola, que son obvia referencia entre los latinoamericanos, pero también me ayudó leer poesía latina, especialmente a Catulo, como también leer haikus, koanes, aforismos en general, etc.

¿Existe un límite de extensión en la ficción breve?
Para distinguir cualquier género en prosa, los límites de extensión no ayudan gran cosa. Hay escritores sentenciosos que demandan cifras exactas: una carilla, veinte líneas, 400 palabras. En el fondo son más criterios editoriales que propiamente literarios. Bueno, también es cierto que hay escritores que se toman muy en serio lo de la extensión. Algunos creen que existe una competencia por escribir el microcuento más breve. Me parece iluso que se pretenda eso. La dimensión en sí no le agrega méritos al texto.

Además de la extensión, ¿existe alguna otra constante?
Lo que encuentro en la ficción breve es una mayor libertad temática, de estructura, de estilo, que los cuentos que solemos leer (me refiero, sólo si hablo de América Latina, a los cuentos de Ribeyro, Borges o Cortazar, Quiroga, etc.). Esto no quiere decir que los cuentos no se presten a experimentaciones. Por supuesto que lo hacen, pero generalmente se ciñen a reglas argumentales más precisas. Digamos que encontrándose en los polos (lo de la extensión podría servir para algo), la ficción breve y la novela comparten ese espacio de libertad que permite la hibridez genérica. De esta manera, podemos hallar ficciones que no presentan un hilo argumental definido, un aforismo, una estructura poética, etc.

¿Cómo así concebiste el libro Colección minúscula?
En los últimos años veía que la práctica de la ficción breve iba en aumento. Y no creo que por moda, como prefieren decir algunos despistados para evitarse mayores reflexiones. Como otras prácticas de la narración en el Perú, por ejemplo el cuento fantástico, la ficción breve siempre tuvo un espacio entre los escritores. Es verdad que se acercaba al poema en prosa en un principio, como los que escribieron Valdelomar, Vallejo, Eguren, por ejemplo; pero estas prácticas demostraban que existía una necesidad de movilización entre diversos registros de escritura. Por esa razón, en estos momentos en los que se habla de un resurgimiento de la narrativa peruana no hay por qué extrañarse con la aparición de estos libros de ficciones breves. Con Colección minúscula quise mostrar ese amplio espectro del género, lo que puede hacer. Y siempre se podrá hacer mucho más, sin duda. Todos los escritores a quienes convoqué lo han demostrado y yo estoy muy contento por ello. Y creo que el lector también lo estará. Además, este libro tiene dos elementos agregados: el primero corresponde a Copé, que ha realizado un estupendo trabajo de edición, y el segundo, el tener escritores extranjeros invitados. Esto le brinda al conjunto otras posibilidades de lectura, más allá de las propias tradiciones nacionales.

Sabemos que tu novela Que la tierra te sea leve –finalista del Herralde 2006– saldrá en España el próximo año.
Aparecerá el mes de junio próximo bajo el sello Bruguera.

¿Qué nos puedes adelantar de esta tu primera novela? ¿Y cómo la ubicarías dentro de tu corpus narrativo, conformado por tus tres conjuntos de cuentos?
Se trata de una novela que entrecruza dos historias: por un lado, un hombre que decide buscar a su hermano –un enano– en medio de una Lima sórdida y grotesca; y, a modo de crónicas de viaje, se cuentan algunos momentos claves en la vida de un joven escritor que va tras los pasos de su “hermano literario”. En esta novela, como en mis cuentos, se hallan otros planos de lectura con temas que me obsesionan, como son la familia, la memoria, el lenguaje y el proceso de escritura. En esta novela trato de articular todo esto.

*Fotografía: Archivo Correo.
**Entrevista publicada el martes 25 de diciembre del 2007 en Correo.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Entrevista a MARCO GARCÍA FALCÓN


Cuando Marco García Falcón publicó en el 2002 París personal, llamó inmediatamente la atención de los lectores y de la crítica especializada. Cinco años después, este autor vuelve a exponer lo mejor de su talento literario en El cielo de Capri (Revuelta Editores, 2007), novela en la que un viejo escritor narra su historia y lo que le sucedió en la legendaria isla italiana.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Quienes disfrutamos de tu primer libro París personal nos preguntamos por qué la demora de cinco años para una segunda entrega...
Porque esencialmente he estado dedicado a escribir otras cosas. Trabajo escribiendo textos para una universidad y eso me deja muy poco tiempo para lo mío. Lo que hago es aprovechar las épocas en que hay menos encargos. Esta novela, por ejemplo, la escribí en dos o tres meses; luego he ido corrigiéndola...

Ambos libros evidencian un cuidadoso manejo del lenguaje...
Eso tiene que ver con que a mí me gustan aquellos escritores a los que se suele llamar virtuosos, que destacan por su lenguaje, por su talento verbal. Entonces, si partimos de la idea de que uno finalmente, cuando escribe, está haciéndose un escritor a su medida, ese escritor en el que estoy pensando o aspiro a llegar a ser cuando escribo es, en el fondo, alguien con cierto esplendor verbal.

¿Cómo surge El cielo de Capri?
Parecería que tengo una fijación con los viajes a Europa. Pero en realidad mis libros siempre han respondido a experiencias personales. Cuando escribí París personal, no había viajado a París, pero gané un concurso, el de Adobe, hace muchos años, y con el dinero del premio hice un viaje a París. Me pareció un paso natural y dentro del tour que tomé, estaba la isla de Capri, que fue para mí todo un descubrimiento. Es una ciudad no sólo físicamente atractiva y seductora, sino que tiene además toda una carga cultural, literaria, artística casi tan fuerte como la de París. Uno de sus grandes atractivos, y que es un elemento central de la novela, es esa famosa maravilla natural que es la Gruta Azul. Yo salí de allí totalmente deslumbrado y con la idea de tener que escribir un libro sobre eso.

Los viajes son una constante en tus libros, ¿te lo planteas así de una manera deliberada?
Para mí lo del viaje no es algo consciente o, mejor dicho, buscado. Pero sí soy consciente de que, si bien no soy un escritor fantástico ni real maravilloso, soy un escritor y una persona que está como a la caza de lo maravilloso, de lo extraordinario, de una dimensión que de alguna manera subvierta nuestra realidad que es, por lo general, gris y monótona. Y curiosamente esos momentos los he experimentado en los viajes.

Lo simbólico también está presente en tus libros....
Siempre he valorado aquellos textos que cuentan una historia interesante que atrapa incluso al lector más llano, pero que además tienen un valor añadido que es manejar otro nivel de lectura, una trama quizás menos visible pero que está allí, esperando a ser encontrada. Y eso tiene que ver precisamente con los símbolos.

¿Escribir es una manera de intentar comprender mejor nuestra existencia? Lo pregunto porque el protagonista de la novela lo sugiere...
Este libro trata de un ejercicio nostálgico y acaso fatalista de la memoria. Creo que esa dimensión de la memoria puede servir para explorarse, para conocerse, para entender mejor las cosas. La escritura que mira al pasado es un método de conocimiento. Eso es algo que saben los sicoanalistas y que los escritores instintivamente, sin receta, aprovechamos.

¿Cómo ves a la distancia a París personal?
Es un libro que si lo veo por el lado de las críticas y los lectores, le fue bien. Las personas que lo han leído tienen un buen recuerdo de él. Yo, como escritor, noto ciertas vinculaciones entre ambos libros: se conserva ese cuidado formal, del lenguaje, y ese aliento como de lirismo y de melancolía; pero también está lo que tú has mencionado, el tema de los viajes, del autoconocimiento a través de la escritura. De alguna manera son dos libros de aprendizaje, protagonizados por escritores. Pero mientras en París personal ese aprendizaje lo realiza un joven, acá lo hace un anciano. En el primero la escritura es una posibilidad, una especie de tierra prometida. En cambio, en este libro la escritura se presenta con cierto pesimismo, como una especie de condena o única salida para entender lo que nos sucede.

Sigues de cerca a los nuevos narradores. ¿Quiénes te parecen más interesantes?
Hay una gran variedad de nuevos escritores. No los he leído a todos, pero veo propuestas interesantes, valiosas, algunas más consistentes que otras. Entre los autores que me gustan están Yushimito, Iparraguirre y Noltenius.

*Fotografía de LUIS IPARRAGUIRRE.
**Entrevista publicada en Correo el domingo 23/12/07.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

PRESENTACIÓN: Giselle Klatic


Borrador editores presenta
Alguien que me quiera
una novela de
GISELLE KLATIC
Hoy, miércoles, 7:30 p.m.
en el Bar Patagonia
(Bolívar 164, Miraflores)
Los comentarios estarán a cargo de
MIHAELA RADULESCU e IVÁN THAYS

martes, 18 de diciembre de 2007

Entrevista a VÍCTOR RUÍZ VELAZCO


Al igual que en su primer poemario, en Délibáb (Lustra editores, 2007) también está presente la intertextualidad. Sin embargo, en esta segunda entrega Víctor Ruiz Velazco se muestra más seguro de sus propios recursos expresivos y asume mayores riesgos.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

¿Por qué Délibáb?
El libro está presentado como un gran palimpsesto, una sucesión de imágenes, voces y referentes culturales y personalísimos de lo más diversos, no para que sean leídos como una totalidad armónica, como un gran collage, o sea una gran y única imagen que da cuenta del todo, sino más bien a manera de un espejismo donde se trastoca realidad y percepción y donde ni el tiempo ni el espacio bastan o delimitan nada, de ahí la imagen del Délibáb, que es el espejismo húngaro, sea la palabra que condense este sentimiento donde la autoría pasa a ser también parte de esta propuesta. El poema homònimo y el que le dio el tono al libro, toma como alterego al Quijote y la materia árabe, por ende me areció más apropiado que el nombre del libro fuera Délibáb y no "Mirage", "Espejismo" o "Fata morgana", que por cierto ya existìa con la novela de Hinostroza. Además el tìtulo por sí mismo es poético, el subtítulo "Enemigo del viento" es un verso de Yeats.

El gran eje temático del libro es el viaje...
Un viaje en el que el desplazamiento físico es mínimo o nulo. Es un recorrido por la historia, mis más caros libros, la vida de mis héroes literarios; y también hacia el encuentro de la amada, que termina con el desarraigo total; es un constante irse, en realidad, un amor presentado en “clave de guerra”, donde todo es evanescente. En Délibáb siempre me estoy yendo, siempre me estoy perdiendo. Todo se presenta como un espejismo al que se ingresa y no se sale nunca. ¿Qué otra cosa si no es la poesía?

Aprendiendo a hablar con las sombras, tu primer poemario, ponía de manifiesto ciertos tributos. ¿Uno de ellos podría ser a Rodolfo Hinostroza?
Sí, eso es cierto, y de hecho traté de que fuera más evidente de lo que la gente piensa, pero parece que no fui del todo claro. Si por mí fuera, hubiera puesto una nota bajo cada poema. Me encanta hablar de los poetas y sobre todo de sus poemas, pero entonces no hubiera escrito un poemario, sino un ensayo sobre la poesía. Aprendiendo a hablar con las sombras es hasta cierto punto un libro de homenajes, una revisión y reescritura de mis autores favoritos y un “demostrar” –y ahí está la vehemencia juvenil– mi proceso de aprendizaje, sobre la marcha, de la palabra y sus posibilidades expresivas. Por esa razón creo que el libro como tal no termina de funcionar del todo como unidad, como estructura, quiero decir, pero considero que poema por poema no se le puede reclamar nada.

¿Cómo definirías Délibáb en relación a tu primer libro?
Creo que era un lugar previsible al que llegaría. No hay nada gratuito, todo es parte de un proceso. Si alguien lee mi primer libro, verá que la aparición de Délibáb era inminente y entenderá mejor además mi propuesta. Estos dos libros, junto a Euforión o La presa y Liebe: la muerte en el otro, conforman la primera etapa de mi obra llamada también Aprendiendo a hablar con las sombras, creo que el título habla por sí solo. Aunque también podría llamarse la etapa de la materia "Marianne" que es el verdadero y gran personaje que atraviesa los cuatro libros y que increiblemente todos obvian privilegianod a una voz que nunca señala el lugar del cuerpo. Después de eso, tengo algunos proyectos en los que estoy trabajando con gran entusiasmo, pero ya más tranquilo, más reposado, sin las ganas locas de incendiar al mundo que tenía a los 18.

Tú perteneciste quizás a la última generación de discípulos de Wáshington Delgado. Incluso ganaste un premio que lleva su nombre. ¿Qué es lo que más recuerdas de él?
Wáshington es uno de mis maestros y es un honor poder decir que fui amigo suyo también. Creo que era un hombre verdaderamente notable y un poeta excepcional. Recuerdo su pasión por El Quijote, su dicción perfecta, su cigarro, las conversaciones interminables en su casa o las lecturas en La Noche de Lima que organizaba Alessandra Tenorio y donde en una ocasión volvió a encontrarse con Romualdo. Haber tenido la oportunidad, gracias a Lucho y Sonia (hijos de Delgado), de llevar a cabo una antología sobre su obra a propósito de sus ochenta años, ha sido volver a reencontrar a Wáshington también y comprender en su real dimensión, a la luz de cuatro años de su partida, cuan importante y necesario era, auqnue es un consuelo saber que su voz siempre estará.

¿Cómo ves a tus compañeros poetas de generación?
Tengo mucha fe en esta generación; de hecho todos nos conocemos desde finales del siglo pasado y ninguno ha renunciado a pesar de las dificultades, eso de por sí ya es un milagro sólo posible en un país como el Perú. Creo que las obras de Polack, Tenorio, Haya de la Torre, Huamán, Guillén, Sordómez, Lazarte y Podestá son de las más valiosas, pues no sólo han alcanzado una expresión propia, sino que en algunos de estos casos hay una reflexión importante sobre el hecho poético, una propuesta: una Obra. Lo demás sólo el tiempo lo dirá.

*Fotografía de EDUARDO CAVERO.
**Versión completa de la editada que aparecio en Correo el 18/12/07.

lunes, 17 de diciembre de 2007

PRESENTACIÓN: Elba Luján


Ediciones PEISA presenta
el poemario
Rastros de
ELBA LUJÁN
Martes 18 a las 7:00 p.m.
en el Jazz Zone
(Pazaje El Suche, Av. La Paz 646, Miraflores)
Los comentarios estarán a cargo de
PATRICIA DE SOUZA y CARLOS LÓPEZ DEGREGORI

Antología poética de WASHINGTON DELGADO y otras publicaciones


Ochenta poemas, ochenta años de su natalicio. Hoy, a las 7:30 p.m., en el Centro Cultural de España (Natalio Sánchez 181, Lima), el poeta y editor Víctor Ruíz Velazco presenta La palabra en el tiempo, antología poética realizada por él y que recoge poemas de todos sus libros: desde Formas de la ausencia (1955) hasta Cuan impunemente se está uno muerto (2003). Una grata noticia para los que apreciamos la poesía de Washington y, sobre todo, para quienes tuvimos la fortuna de conocerlo personalmente y ser sus discípulos.
Sin embargo, el asunto no queda allí. Víctor Ruíz VelazcoLustra editores- y Ricardo RamónC.C. de España- presentarán los primeros cuatro títulos de la Colección de Poesía Hispanoamericana, que saldrá a la luz gracias a una alianza estratégica entre ambos. Además del libro de Delgado se presentarán El pequeño y mugroso pólack de Bruno Polack, Memorias de acequia de César Panduro, y Délibáb, enemigo del viento del propio Víctor Ruiz Velazco.
La ceremonia servirá, además, para anunciar los siguientes cuatro títulos con los que cerrarán el año: Nudo Borreomeo y otros poemas perdidos y encontrados, de Rodolfo Hinostroza; El cristal es un líquido, tus ojos son de agua, de Marco Martos; Hotel de las nostalgias, de Oscar Hahn; y Amil, de Héctor Hernández Montecinos.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Entrevista a GUILLERMO NIÑO DE GUZMÁN


Guillermo Niño de Guzmán ha demostrado que la publicación de un libro no debe tomarse a la ligera. A pesar del reconocimiento que sus obras anteriores han motivado en la crítica especializada, el escritor prefiere tomarse su tiempo – un tiempo que suele ser prolongado– y entregar a imprenta un libro redondo. El conjunto de cuentos Algo que nunca serás (Planeta, 2007) es una irrefutable prueba de ello.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Los intervalos entre tus libros son bastante espaciados. ¿A qué se debe?
Una explicación es que soy bastante autocrítico. Generalmente me gusta poco lo que escribo. Por eso corrijo bastante, a veces hasta la exasperación. A tal grado que a veces de tanto corregir un relato pierde frescura por una suerte de exceso de corrección. Y finalmente lo desecho. A pesar de que le he dedicado bastante tiempo.

¿Tiendes a desechar material?
Este libro iba a tener quince relatos. Y al final me quedé con nueve porque no estaba satisfecho con los últimos. Podría estar reescribiéndolos, corrigiéndolos hasta el cansancio. Pero la verdad es que no me convencían. Entonces, siguiendo a Miles Davis, para el cual menos significaba más, decidí quedarme sólo con los relatos con los que estaba más satisfecho.

Tus personajes suelen ser nostálgicos, melancólicos, y con cierta tendencia derrotista.
Yo creo que eso es algo que se aprecia desde mi primer libro de relatos, Caballos de medianoche, y tiene que ver con una cuestión de carácter. Alguna gente puede creer que la paso bien, pero no es necesariamente así. La mayor prueba de ello son los cuentos, en donde uno no puede disfrazarse. Allí realmente sale lo auténtico. Si ves cierta percepción derrotista en los cuentos, forma parte de una visión del mundo mía. Si tuviera que ponerme una etiqueta podría ser la de existencialista. Aunque los existencialistas me han parecido mejor como ensayistas que como creadores.

A diferencia de tus libros anteriores éste posee una impronta fantástica marcada...
Esa es una observación interesante. En los otros libros me he mantenido dentro de una corriente esencialmente realista. Excepto un relato que tiene matices fantásticos que es Caballos de medianoche. Pero yo, desde hace años, quería explorar lo fantástico. Porque si bien antes era un fanático de Onetti, que justamente me marcó mucho por su mundo depresivo y escéptico, y a la vez me maravillaba que tuviera un ingrediente fantástico, que es la construcción de esta ciudad irreal, Santa María, que inventa uno de sus personajes. Luego me comenzó a agradar mucho el Cortázar cuentista.

En nuestra literatura ha predominado la vertiente realista...
Sí, los peruanos somos demasiados realistas. Aun cuando hay una tradición de cuentos fantásticos, desde Clemente Palma, Valdelomar, hasta Harry Belevan, el propio Ribeyro y Zavaleta. Pero no somos como los argentinos, que tienen un horizonte más amplio, y tú ves una influencia más cercana a literaturas europeas, y por ende están impregnadas por lo fantástico: Borges, Cortázar, Bioy...

¿A qué se debería esto? ¿Demasiada influencia de la literatura española realista?
Sí, por un lado sería el lastre del realismo español. Aunque la gran excepción sería El Quijote. Pero no sabría a qué atribuirlo exactamente. También puede ser por el peso de la realidad o la necesidad de sobrevivir, que en nuestro medio no te deja mucho tiempo para la especulación realista. Nuestras preocupaciones son más urgentes, más inmediatas. En cambio, recuerda que en una época Argentina era muy próspera y había escritores podían darse el lujo de especular con otros temas menos urgentes, con elucubraciones fantásticas.


Borges aparece como personaje en uno de los cuentos...
Mira, Borges no es uno de los narradores que yo prefiera. No obstante, reconozco que es un magnífico escritor. Lo que pasa es que yo estaba un poco cansado de leer historias o que se publiquen incluso novelas con Borges como personaje o motivo. Entonces decidí hacer una suerte de parodia. Y además desacralizar un poco al personaje, atreviéndome a incurrir en un tema que parece tabú: la sexualidad de Borges.

Además, el cuento tiene muchos guiños literarios...
Claro, como podrás haber apreciado, es un cuento plagado de referencias literarias. Y no sólo están los temas afines a Borges: las máscaras, el laberinto, los tigres, sino también las referencias a la literatura: el descenso a los infiernos, Dante, Virgilio. Me interesaba probar ese tipo de literatura. Disfruté escribiéndolo.

¿Cómo se da en tu caso el proceso de escritura?
Escribo de día. Cuando era joven podía pasarme toda la noche escribiendo. Pero hace muchos años que no lo hago. Lo mejor es escribir temprano, cuando estás más despejado, antes de que los problemas cotidianos te invadan. Antes de que suene el teléfono o llegue una visita imprevista.

Tú, que eres bibliófilo, ¿qué opinas del libro electrónico?
Alonso Cueto escribió en su columna sobre un nuevo aparato, distinto al E-book del que yo había oído hablar. Este es algo más manuable, con un peso de menos de 300 gramos, y que puedes llevar contigo a cualquier parte. No sé, tendría que probarlo. Ahora, es verdad que tiendo a preferir el soporte del papel. Yo no puedo leer mucho en la pantalla de la computadora. Pero tendría que probar. No quiero decir de esta agua no beberé.

*Fotografía de EDUARDO CAVERO.
**Versión más completa de la que apareció en Correo el domingo 16/12/07.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Entrevista a JERÓNIMO PIMENTEL


Si con Marineros y boxeadores, Jerónimo Pimentel aparecía como una nueva promesa a tener en cuenta, con Frágiles trofeos (Album del Universo Bacterial, 2007) demuestra claramente que ya se trata de un poeta consciente de sus propias y múltiples virtudes.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

¿Por qué la figura del insecto?
Porque es una metáfora improbable de la belleza, por la fortaleza de su vitalidad, porque son insignificantes y a la vez ubicuos. Me permiten tentar otra mirada. Como decía el historiador francés Jules Michelet, es el animal que más ama.

En el libro percibo como constante el tema del salir de un lugar e ir hacia otro, no en términos escapistas sino de evolución natural.
Sí, puede que haya un trasfondo darwiniano: la adaptación al entorno es la sobrevivencia. Ese reto puede dejar al poeta contemporáneo en una situación difícil de cara a la sociedad y a las reglas actuales del mercado, pero también me permite fraguar un mundo que sea semejante al “real”: todo cambia, todo fluye, todo proceso pasa por avanzar, y en esa transformación hay una clave, una pista de cómo nos podremos salvar. La sola necesidad de redención es de por sí una fábula. Una fábula que por momentos se apropia de cierta retórica religiosa para dotar de contenido a aquello que nos posibilita continuar: tener fe.

Me parece que el tema filial también está presente. Por ejemplo, en el poema “Melmoth, the wanderer”: “Vestí lo único que mi padre legó y fui tras sus pasos buscando palabras filosas y un templo de innovación oculto en mis dedos”.
No es elegante que lo diga yo, pero si te dedicas a la poesía, no hay forma de que no te marque ser hijo de un poeta como mi padre. Es un privilegio, de alguna forma una responsabilidad, pero sobre todo una motivación. En el poemario hay claves de lectura que pasan por ahí.

Cuál es tu relación frente a la tradición poética peruana.
De admiración y apropiación. Me quedo con lo que me gusta.

En Frágiles trofeos hay referencias a algunos poetas de la generación del 50: el título es un verso de Guevara, hay un poema dedicado a Bendezú. Y me parece que las iniciales B.V. de otra dedicatoria corresponden a Blanca Varela.
Sí, son los referentes más explícitos. Me gustaría pensar que el libro es también un homenaje. Tuve el honor de conocer a varios de ellos y los he leído con atención. Pero tal vez de una manera menos explícita hay otras voces o estéticas que se cuelan y afloran como versos o imágenes. Todo poeta tributa sus lecturas.

El poemario viene con una plaquette del poeta y biólogo Armando Chang. ¿Heterónimo tuyo?
Debido a esta confusión, ha amenazado con denunciarme por suplantación más de una vez. Me dice que cuando acabe su tesis sobre literatura y evolución –un tema que Volpi ha tratado últimamente con fines divulgativos, no sé si es una moda–, se tomará el trabajo de cuantificar en qué medida he dañado su reputación. Le he contestado que lo único que podría mellar su buen nombre son sus poemas.

*Fotografía de EDUARDO CAVERO.
**Entrevista publicada en Correo el jueves 13/12/07.

domingo, 9 de diciembre de 2007

TREN DE ATERRIZAJE

LA NEBULOSA MEMORIA
Por JOSÉ GÜICH


El cielo azul del Mediterráneo enfrentado al cielo sin cielo de Lima. Ese nítido contraste –casi tragicómico– es el que parece haber llevado al narrador Marco García Falcón (Lima, 1970) a escribir esta novela corta. En 2002, el libro de relatos París
personal demostró con amplios alcances que, después de muchas lunas, surgía una voz preocupada tanto por el cuidado de la escritura como por la eficaz construcción de una historia. Revelaba una entrega total al oficio, fuera de los engañosos proscenios mediáticos que sólo garantizan los quince minutos de gloria pregonados por Warhol.

Después de cinco años, El cielo de Capri corrobora que no se trataba de un espejismo u otro tipo de anomalía ilusoria. Si en París personal emergía con pulso firme una ciudad entera, fruto de la imaginación –aunque nunca desconectada del referente auténtico–, en El cielo de Capri esas destrezas para transformar las coordenadas reales en espacios de ficción pura incrementan su contundencia.

La extraña aventura del profesor de Literatura, inmerso en los laberintos de la evocación y de la melancolía, es la peripecia de una memoria que, con el paso del tiempo, librará una batalla contra esos sucesos dispares en la vida de los humanos y que, en principio, no mantienen conexiones evidentes. En algún punto, no se sabe por qué razones, tales hechos adquieren un sentido nuevo e insólito.

La novela nos desplaza a tres épocas distintas en la vida de los personajes principales. En la primera, el profesor y Sofía, su contestataria alumna, entablan una fogosa relación, bastante adelantada para aquellos tiempos (inicios de la década de 1960). A pesar de todas las dificultades, los amantes se las ingenian para estar juntos, con padre militar y prejuicios insoportablemente limeños de por medio. En un segundo plano temporal, décadas más tarde, se desarrolla el viaje de los ahora esposos a Capri, la histórica isla, residencia de lúbricos emperadores romanos y centro vacacional durante las eras modernas. Celebran su aniversario de bodas. La minuciosidad de los detalles geográficos y de “color local” no son, felizmente, elementos distractores; por el contrario, ellos, como telón de fondo, acentúan la verosimilitud de un matrimonio que ya pasó por las acrobacias eróticas de su juventud.

Y en un tercer dominio, se describe un trayecto en que se entremezclan, vía los recuerdos, el derrotero de la pareja, y el efectuado en solitario por un ya anciano catedrático, diez años después. En todos los casos, el motivo guía es la presencia del firmamento luminoso de Capri, y el gris sucio de Lima, urbe condenada a ser víctima eterna de la humedad y de la medianía.

Sin embargo, lo que más sorprende del libro es su implícita forma de enigma. Intuimos que algo ha ocurrido en el interregno, pero la muy sutil dosificación narrativa de García Falcón desvía la atención hacia otros sucesos, sin alejarnos del eje. Y solo en las escenas finales conocemos la verdad, dura como golpe de martillo.

A través de este cielo de Capri –y este cielo sin cielo de Lima–, MGF deja muy bien saldada la deuda con sus lectores. Consolida su ruta creadora; de este modo, el panorama se presenta muy promisorio para él y la nueva literatura peruana, que existe, pese a las múltiples dificultades que asumen los escritores en un sistema cultural tan precario, mezquino y sin reglas coherentes, como es el nuestro. Pero eso solo realza los logros de quienes, sin mayores aspavientos, modifican los horizontes.

Autor: Marco García Falcón
Título: El cielo de Capri
Editorial: Revuelta Editores (108pp)

martes, 4 de diciembre de 2007

Entrevista a JORGE LANATA


En Muertos de amor (Alfaguara, 2007), Jorge Lanata, invitado de la Cámara Peruana del Libro para la Feria Ricardo Palma, se inspira en un hecho real para narrar la historia de un grupo guerrillero que nunca inició su revolución en Argentina. Sólo usó sus armas para eliminar a dos de sus jóvenes militantes. Asimismo, Lanata, fundador del diario Página/12, la revista Veintitrés y conductor de exitosos programas periodísticos televisivos, ausculta su propia y desbordada pasión por el periodismo ahora que se acerca la salida de su nuevo desafío profesional: el diario Crítica, publicación que estará en las calles argentinas en marzo próximo.

Entrevistan MANUEL ERÁUSQUIN y CARLOS M. SOTOMAYOR

En tu libro se evidencia esa actitud totalitaria de los grupos revolucionarios de izquierda, donde se hablaba de libertad pero eran intolerantes...
Para mí el libro intenta hacer una reflexión con respecto a si uno puede o no disponer de la vida ajena y en nombre de qué. Desde ahí podemos enfrentarnos a lo que podemos llamar mitos de los sesenta o setenta: ¿Dónde está el voluntarismo? ¿Dónde está el autoritarismo? ¿Dónde está la idea del hombre nuevo, que es una idea absolutamente católica? ¿Dónde está la supuesta moral socialista, que condenaba con cárcel al adulterio y a la homosexualidad? Ahora, a mí me parece que hay una pregunta interesante que está sugerida en el libro y que es: ¿Por qué mataron a los pibes? Porque los pibes no iban a escapar, entonces parece que fue como un fusilamiento preventivo: una locura. En todo caso, yo creo que los mataron por débiles. Entonces, uno se pregunta qué hubieran hecho con los débiles de haber llegado al gobierno. Y sí, hay un concepto muy autoritario en la izquierda foquista.

¿Y tú políticamente cómo te defines hoy?
Mira, es raro, pero yo me defino como un liberal de izquierda. Creo en la democracia, pero también creo que hay injusticia. No hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de que hay mucha injusticia. En consecuencia, no puedo ser de derecha. Y soy liberal porque creo en el individuo frente al Estado. En ese sentido, hay una discusión eterna que planteó Camus que es la dicotomía justicia-libertad, que en algunos países se da la justicia y en otros, la libertad. ¿Pero cómo hacemos para que las dos cosas se den juntas? Porque la libertad no sirve para nada sin justicia y viceversa.

¿De tu etapa de fundador del diario Página/12 qué es lo que más rescatas? En ese momento eras muy joven: tenías 26 años.
Sí, yo era muy chico. Y cuando uno tiene 26 años cree que es grande, y eso es un error (risas). Pero Página/12 fue determinante en mi vida y aprendí dos cosas cruciales. Primero: en cuanto yo sea más yo, mejor me iba a ir. Yo no sabía eso, porque desde que naces te piden que seas otro todo el tiempo. Y a mí lo que me pasaba era que cuando se me ocurrían cosas en el diario nadie las quería hacer. Y después las hacía y veía que funcionaban. Por ejemplo, la tapa en blanco o el diario de color amarillo. Y lo otro que me dio fue darme la seguridad de que siempre iba a trabajar en el periodismo.

¿Qué pasa con el periodismo argentino, que se encuentra complaciente con el poder?
Es algo muy extraño, yo nunca vi lo que está pasando ahora. Y es que el gobierno cooptó a todos los medios con la publicidad oficial. La Página 12 de hoy no vende una m..., pues vende 7,000 ejemplares, cuando llegó a vender 100,000 en la época en la que era director; ahora recibe un millón y medio de dólares al mes por publicidad oficial. Es mucha plata. Bueno, Clarín recibe mucho más que eso, La Nación un poco menos porque es medio opositor. Pero todos los medios están como muy alineados.

¿Y cómo piensas superar este escollo con el nuevo diario que vas a sacar: Crítica?
Teniendo lectores. Ahora, nosotros somos un error del sistema, a nosotros nos dejaron pasar y cuando se dieron cuenta ya era demasiado tarde. Y siempre mi apuesta fue al público, a la audiencia o al lector. Ese es el único poder que yo tengo. ¿Por qué Página/12 no cerró en su momento? Porque nos tiramos a varios ministros de Menem y éramos tipos peligrosos para ellos. Entonces, los tipos nos respetan también porque saben que los podemos joder, y a la vez saben que la gente nos cree, que es el único capital que tenemos.

¿No puedes vivir sin el periodismo, Lanata?
Yo había jurado después de la quiebra de la revista Veintitrés, pero jurado eh, que no iba a poner ni un quiosco de revistas. Esa vez lo perdí todo, todo. Y empecé de vuelta. Me compré una nueva casa y ahora la he vendido.

El periodismo es tu enfermedad...
Es mi virus.

Estás loco.
Sí, estoy mal.

¿Y tu esposa qué te dice?
Me “rebanca” (Nota: “Me aguanta”).

Lanata, eso es amor...
Sí, eso es amor (risas).

*Fotografía de EDUARDO CAVERO.
**Publicado el martes 4/12/07 en Correo.

domingo, 2 de diciembre de 2007

TREN DE ATERRIZAJE

SINDROME DEL SALMÓN
Por JOSÉ GÜICH


Patricia de Souza (Coracora, 1964) ha optado por el trayecto más difícil en Ellos dos (2007), una novela corta cuyo proceso de escritura, entre otros aspectos, es uno de los motivos desencadenantes. Al prescindir de una “narratividad” de contornos exactos o perfectamente delineados, el lenguaje monopoliza el
panorama.

El relato, como desarrollo de una intriga previsible, no existe; en su lugar, se instala la larga digresión, en tono confesional, acerca de los temores y angustias que nacen de la incapacidad del personaje femenino para establecer lazos afectivos con los individuos por quienes sintió algún tipo de atracción (tanto física como espiritual). Las andanzas europeas de esta mujer –y su fatigosa búsqueda de sentido– son referidas a la manera de un diario íntimo, una especie de “desnudamiento” emocional ejecutado a la sombra de un hombre al que conocemos sólo por O, con quien ella vivió en el Perú. Este ser, nebuloso y esquivo, resulta determinante para esa voz en primera persona que orienta el curso de la “historia”.

Intercalados a ese sujeto, desfilan otras entidades masculinas, como Jacob o Lyes, frente a los cuales la protagonista, una escritora desarraigada, experimenta otras facetas de su obsesión. De ese modo, la imposibilidad para llevar a la plenitud el vínculo erótico corre paralela al cuestionamiento del lenguaje como traductor de una conciencia femenina errática e insatisfecha ante la función de la palabra. Tal relación, sin duda, es el rasgo más interesante de la novela.

No obstante sus elementos atractivos, Ellos dos también resulta víctima de sus horizontes en materia de refutación de hábitos receptivos. La enunciación llega a ser reiterativa en cuanto a los miedos profundos. Por otro lado, el estilo es por momentos confuso y monocorde, renuente a matices que hagan factible una identificación más profunda del lector con los terremotos síquicos que pulverizan a la protagonista.

En su correcta factura, el libro despliega tanto las potencialidades de una propuesta semejante, como las limitaciones de un modelo que privilegia el exorcismo de pulsiones muy personales, antes que legitimar la fuerza de la literatura por sí misma. Y eso, finalmente, implica un costo para quien decidió arrojarse al torrente.

Título: Ellos dos
Autor: Patricia de Souza
Editorial: San Marcos (113pp)

Entrevista a RAFO LEÓN


No es un simple turista. Rafo León es un viajero. Ahí radica, quizás, la clave del éxito de su programa de televisión Tiempo de viaje, el mismo que, en un medio tan difícil como el nuestro, ha logrado llegar a los ocho años de existencia.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Tiempo de viaje cumple ocho años. ¿Qué recuerdas de los inicios?
Recuerdo casi lo mismo que siento ahora. Una especie de sudoración en las manos y de ansiedad cada vez que empiezo un viaje. Fíjate que son 180 programas. Pero la incertidumbre, la inquietud, el interés, la motivación, a pesar de tantos años, se mantienen. Y eso tiene que ver con dos cosas: primero, con el hecho de que el Perú resulta inagotable, no sólo turísticamente, culturalmente, socialmente. Y tiene que ver también con la actitud personal y del equipo de Tiempo de viaje que hace que nos siga gustando, que nos siga interesando. Porque también es difícil, es exigente. Armar y desarmar equipaje, hay que tener pierna fuerte, hay que tener buen estado físico.

Ocho años en el aire no se cumplen así nomás…
Es cierto, en este momento programas de esa data son muy pocos, Sonaly, que tiene un poco menos que nosotros, y la gran Magaly, que hace turismo, pero en la vida privada de la gente (risas).

Imaginabas entrar a la televisión y durar tanto…
Sí y no. Por un lado, hace ocho años tenía 49 y no me imaginé que a esa edad se me iba a presentar la oportunidad de salir en televisión conduciendo un programa de viajes. Pero por otra parte, por el hecho de haber viajado bastante por el Perú desde muy joven, tenía un capital de experiencia. Y bueno, la realidad a veces tiene una lógica. Tienes un capital y alguna vez se dará la oportunidad de convertirlo en un producto.

Tú eres, más que un turista, un viajero…
Sí, y esa diferencia no la he inventado yo, esa diferencia la conocí por primera vez en una novela de Paul Bowles. El pertenece a una generación de post-guerra. Con artistas plásticos, músicos y dramaturgos formaban una especie de manchita en Nueva York. Ellos quedaron sumamente insatisfechos con el resultado del mundo después de la guerra. No se sentían identificados con un país imperial como los Estados Unidos. La recomposición moral del planeta les parecía infame. Deciden entonces buscar un lugar donde hubiera un mensaje distinto, más relacionado con la naturaleza, con culturas ancestrales y menos relacionado con esta carrera armamentista, monetarista, imperial. Al final terminan en Tánger, Marruecos. Y allí se quedan. Bowles muere allí. Y en la primera página de su novela El cielo protector, que es medio autobiográfica, él habla de tres personajes y dice que no eran turistas, que eran viajeros.

El hace el deslinde entre ambos conceptos…
Turista es aquel que sale de su lugar de origen con una cantidad de dinero en el bolsillo, con una cantidad de tiempo muy precisa y una serie de pautas para conocer el lugar. El viajero trata, en lo posible, de no someterse al tiempo, de que la relación fluya, y de prescindir de sí mismo, integrarse al lugar. Y esto último tiene un significado especial para mí. Y tiene que ver, según Bowles, con el hecho de que el viajero suele ser una persona que no está muy bien acomodada en su ciudad de origen. Y hace que uno esté, aunque sea utópicamente, buscando lugares que lo conecten con ese fondo interior en el que uno todavía confía, y en donde uno piense que todavía es posible una humanidad diferente. No quiero sonar a un estúpido utopista con esto que te digo, pero creo que hay mucho de cierto.

¿Recuerdas algún lugar que te haya impresionado gratamente, de manera especial?
El domingo (hoy), por ejemplo, sale un programa sobre un lugar al que yo he vuelto, sin exagerarte, treinta veces: Piura. Tuve la suerte de descubrir un trabajo antropológico de Lucho Millones que se llama Todos los niños se van al cielo, donde analiza una costumbre muy antigua que se celebra el 1 de noviembre y que quizás sea única en el mundo. En Piura el 2 se celebra a los muertos, pero a los muertos adultos, y el 1 a los niños. Ese día, las madres, del campo sobre todo, que han perdido niños llegan a las plazas públicas de los caseríos o de las pequeñas ciudades. Llegan de todas las edades. Y llevan unos papeles con los nombres de los hijos fallecidos y sus edades, y empiezan a leerlo en voz alta. Una dice, por ejemplo, “Josecito, tres meses”. Y se acerca una señora con un bebé de tres meses. Y se hace un contacto entre ellas en donde el niño vivo por un rato es la encarnación del niño muerto. Y la madre del niño fallecido le hace una bendición y lo alimenta con miel. En términos emocionales, como te decía antes, te expresa que todavía es posible encontrar actos de amor. Esa relación entre esas dos mujeres es solidaridad pura. Para mí ha sido uno de los viajes más apasionantes. Y sin embargo no tiene que ver con el espacio geográfico. sino con la circunstancia.

¿Sueles leer literatura de viajes? ¿Qué autores, por ejemplo?
Mis escritores favoritos ahora son aquellos que se mueven en el terreno de la ficción y el viaje, como Sebald, que tiene ese maravilloso libro Los anillos de Saturno, o Los emigrados. También Claudio Magris y su libro El Danubio, que es el recorrido que él hace por toda la cuenca del Danubio y él va como develando las claves de la cultura de media Europa. Me gusta ese tipo de escritores. Ellos no están ahí, lo que está es el lugar.

*Fotografía de PAVEL UGAZ.
**Publicado en Correo el domingo 2/12/07.