domingo, 31 de julio de 2005

Novedades

Si la memoria no me falla, han transcurrido diez años desde que Oswaldo Reynoso entregara en imprenta Los eunucos inmortales. Tras un largo silencio Reynoso ha regresado con El goce de la piel (Editorial San Marcos), una novela dividida en cinco capítulos. El primero de ellos resalta por la experimentación en el lenguaje: no utiliza signos de puntuación. Lo cual no es nuevo, claro, rápidamente me viene a la mente la primera novela de mi amigo Rodolfo Hinostroza: Aprendizaje de la limpieza. El libro ya tomó posesión de mi mesa de noche a la espera de su turno.

Otro autor que ha vuelto a publicar después de tiempo es Fernando Ampuero. Después de Bicho raro, Ampuero retorna al género del cuento en que parece moverse mejor. Mujeres difíciles, hombres benditos (Editorial Alfaguara) tiene ya su espacio en mi mesa de noche. Incluso, ya he leído los tres primeros relatos.

En el caso de los debuts, el más reciente -muy reciente- es el de Edwin Chávez quien ha publicado su ópera prima 1922 (Editorial Estruendomudo). Apenas he leído el primer relato (que en realidad son tres) cuyo título da nombre al libro. Se vislumbra un buen libro, como lo fueron los libros anteriores (especialmente el de Castañeda y el de Page, según mi arbitrario criterio). Impecables, como siempre, las ediciones del poeta y editor Alvaro Lasso (PD: se espera con fruición su primer libro de poemas)..

Otro libro interesante es Diario de talismanes (Ediciones El Santo Oficio) de la poeta Rosina Valcárcel. El libro en cuestión reúne una serie de entrevistas, semblanzas y testimonios de una serie de escritores y pintores peruanos. Málaga, Ostolaza, son algunos de los nombres que la subjetiva memoria me trae a colación en este momento.

Juan Morillo Ganoza, deja de lado los recuerdos amazónicos de su infancia y nos entrega Aroma de gloria, un libro que intenta retratar la Lima de los 60. Efervescencia política como contexto de una historia de amor.

Alan Pauls (Entrevista)

Alan Pauls marca sus distancias del autor de El túnel

“Para mí Sábato no es un escritor”

Premio Herralde de novela con El pasado, Alan Pauls es sin duda una de las voces literarias actuales más interesantes en Latinoamérica. En esta entrevista ofrece, además de su particular visión de la literatura, una mirada lúcida y crítica de la Argentina.

Carlos M. Sotomayor

Correo: El pasado es una novela que plantea una confrontación entre el olvido y la memoria dentro de una historia de amor. ¿Cómo la definirías?
Alan Pauls:
Es una novela de amor-terror y también en un sentido, gótica. Sólo que no termina de encajar en ninguno de esos géneros. Tal vez sólo sea una novela romántica-sicótica.

C: ¿Cuál es tu visión de la literatura latinoamericana actual? Tengo entendido que te gusta Bellatín...
AP:
Sí, Bellatín es uno de los escritores actuales que más me gusta. Veo la literatura actual con mucho interés. Me parece que es una literatura plural, bastante independizada de dogmatismos, de credos estéticos. Recién ahora la literatura latinoamericana se está desembarazando de la tutela del Boom; más de 30 años después.

C: Recién han podido librarse de esa sombra tutelar...
AP:
En la literatura, como en la vida en general, como que se añoran los grandes referentes, las grandes tendencias, las corrientes, esos factores aglutinantes que de algún modo organizan una literatura, una cultura, una sociedad. Yo tengo la impresión de que la falta de todas esas cosas es algo muy productivo, introduce un margen de libertad, de audacia que de otro modo sería muy difícil asumir.

C: El caso de Sábato en Argentina es singular, muchos lo celebran y muchos también se mantienen distantes...
AP:
Para mi, particularmente, y para muchos autores de mi generación, Sábato no es un escritor, en el sentido que su nombre no está asociado con la literatura sino con cierto panteón de grandes personajes de Argentina. En general a mí los escritores ligados al bronce no me interesan, me interesan los artistas que buscan todo el tiempo formas nuevas, que se forman y se deshacen, y no escritores que se exculpen a sí mismos como próceres. Y creo que Sábato es en este momento un prócer.

C: Un caso distinto es el chileno Bolaños, quien, por cierto, era un entusiasta lector tuyo ¿Se llegaron a conocer personalmente?
AP: No, no nos conocimos personalmente. Nos conocimos como se conocían los escritores en el siglo XIX, que era por cartas por sus libros. Es una de las relaciones más extrañas que yo tuve en mi vida, porque en rigor tampoco tuvimos una correspondencia demasiado frondosa. Yo creo que hubo algo en la falta de contacto personal que facilitó mucho la intimidad. Su trabajo me interesaba mucho. Algo que confirmé leyendo 2666, su novela póstuma, uno de los libros más extravagantes que se han escrito en la literatura latinoamericana.

C: Señalaste en una oportunidad que ser argentino era una fatalidad. ¿a qué te referías?
AP: Tiene que ver con una frase de Borges. En mi caso decir que ser argentino es una fatalidad es decir que ser argentino es estar sometido fatalmente a una especie de destino histórico lamentable, patético, atroz. Desde que yo tengo uso de razón ser argentino es siempre estar al borde de la catástrofe. Yo creo que hay en la Argentina una verdadera pulsión de muerte. Para mí lo más atroz de la dictadura militar argentina (1976-1983) no fue que los militares asesinaran a 30 mil personas, sino que esos militares asesinos fueran vitoreados por la gente en Plaza de Mayo cuando tomaron las islas Malvinas.

C: Ahora que hablas de la pulsión de muerte, hay dos íconos argentinos de la cultura popular que se vinculan: Charly García y Maradona. ¿qué piensa de esos dos personajes?
AP: Son vidas paralelas. Creo que Charly García es más indestructible que Maradona. La Argentina tiene también una larga tradición de héroes tanáticos. Hay una fascinación de la cultura argentina por los ídolos mártires. Y nunca los veneran más que cuando los ven ensangrentados y a punto de morir. De todos modos, yo creo que, a diferencia de Maradona, algo que lo engrandece a García es que mientras más se destruye más inteligente es. En Charly hay una relación, enfermiza o no, eso no me importa, entre el nivel de experimentación que él tiene con su cuerpo y el nivel de experimentación que tiene con su figura de artista. Yo creo que Charly García se convirtió en un artista conceptual más que en un músico.

C: Dentro de tu trabajo ensayístico propones introducir en la crítica literaria la “figura del escritor”...
AP: Lejos de explicar una obra con una vida, lo que me interesa mucho es la figura del escritor; es que creo que todos los escritores, incluso los menos mediáticos, despliegan una puesta en escena de sí cada vez que tienen que salir a hablar de sus obras; en ese momento creo que los escritores entran en una dimensión realmente teatral. Cada autor desarrolla como un personaje que uno podría llamar la figura del escritor, y que ya no es el sujeto biográfico.

(No es la totalidad de la amena charla con Alan Pauls en el Hotel Sonesta, pero es más extensa que la versión que apareció publicada en el diario Correo)

miércoles, 6 de julio de 2005

Comentarios

Estimado Carlos:

Comparto contigo el sentir de que no haya espacios dedicados a la crítica literaria. Pero eso no quiere decir que se siga persistiendo en el mismo error del escritor Alonso Cueto al no mencionar espacios claramente dedicados a la crítica literaria y la literatura en los medios, como el suplemento identidades del diario El Peruano. Sin duda, también cumplen una labor de difusión las revistas literarias, principalmente la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, fundada por Antonio Cornejo Polar, que curiosamente muy pocos comentarios recibe en los medios impresos convencionales.

Otra confusión que subyace al intercambio de opiniones que se ven en los medios concierne a la definición de la actividad crítica. Una cosa es la crítica literaria, un ejercicio de estilo que motiva a la reflexión y el análisis de las obras; y otra muy distinta es la actualidad literaria: los comentarios (como las columnas que mencionas) o las entrevistas a escritores. Te invito a revisar mi artículo publicado en El Hablador (http://www.elhablador.com/debate7_5.htm) acerca de estas confusiones y las distorsiones que motivan. Entre ellas, las de algunos periodistas provocadores que ven en estos intercambios (no podemos hablar de debate aún) una fantasmal "magalización" de la literatura peruana. La lógica es la siguiente: como todo está podrido, "magalizado", entonces me posiciono como el que no se mancha. En realidad, cuando se proponen estas "categorías", también el que lo hace no es puro, como quisiera creer, sino, por el contrario, está más "magalizado" que los otros (la entrevista como estrategia del chisme y el ampay).

La crítica es, ante todo, una posición frente al discurso. Es un lector que, por una cuestión incidental, asume este rol. Si se quiere, también puede ser asumido como contrapoder: el poder del autor frente a su obra, el poder del lenguaje (el lenguaje es fascista, según Roland Barthes), que ahora le pertenece al goce del lector especializado. La crítica es, debería ser, el placentero ejercicio de la comprensión. Ahora, tampoco se pueden asumir posturas inflexibles, como si la crítica fuera un argumento de Torquemada, con tintes clasistas, como lamentablemente muchos periodistas avenidos a críticos practican.

El crítico tiene todo el derecho a polemizar una temática a partir de la obra, pero no a agredir gratuitamente. En esa circunstancia, pierde sus credenciales de crítico y se convierte en un antagonista que responde a una ideología (derecha o izquierda) determinada. O es un histérico desalmado que hace todo lo posible por llamar la atención. En todo caso, el crítico literario no puede escapar a su función pedagógica, sobre todo en un país como el nuestro: si se trata de fomentar la cultura del libro, y sabiendo que muy pocos pueden acceder a este mercado debido a las condiciones endebles de la industria editorial, entonces con mayor razón se debe dar este trabajo a personas responsables con el texto y los lectores. El crítico viene a ser así un intermediario, un filtro, entre la industria cultural y sus receptores. Por lo tanto, es una posición valiosa, porque es quien "traduce" los productos simbólicos de la cultura. No se puede ser mezquino, pero tampoco excesivamente democrático. Es una búsqueda de antecedentes y consecuencias, sino se cae en el hecho de disparar juicios; y esa labor le compete sólo al lector, en su intimidad, en el encuentro consigo mismo que es el instante de la lectura. Veamos si los que reclaman ahora por una crítica más atenta pueden llegar a pasar la prueba de la calidad literaria.

Atentamente,

Giancarlo Stagnaro

domingo, 26 de junio de 2005

Cajon de sastre

Ausencia de crítica

La ausencia de espacios propicios para la crítica literaria es preocupante, sin duda alguna, para aquellos que encontramos en los libros el universo mágico que nos hace tolerable la existencia (o si más que filosóficos queremos ser tangenciales, aquello que nos hace olvidarnos por un momento los disparates permanentes de nuestra clase política: Waisman, Toledo, Pacheco, y siguen nombres).
Por ello me sumo al sentir de Alonso Cueto (sustentada en su columna de Perú21) –aunque, claro, nos metió a nosotros (Correo) en el saco de los medios –que son varios, la mayoría, en realidad- que no tienen un espacio de crítica literaria. Peru21, incluso, no lo tiene, salvo por una estafeta y por algún comentario sobre una publicación que se filtra en una de sus varias columnas de opinión cultural (Alegría, por ejemplo).
Es lamentable que El dominical, salvo cuando lo hace Niño de Guzmán, con su entrañable prosa, no tenga una sección fija para los comentarios profundos –y extensos- de los libros que se publican. De Domingo, de La República, han extirpado al lúcido Agreda (aunque por suerte lo tenemos todos los sábados en la página cultural de Fama). Iván Thays tiene un buen espacio en Caretas, el problema es que quienes disfrutamos de sus juicios nunca sabemos cuando va a aparecer algún comentario suyo en aquel importante semanario de actualidad.
¿Y el fomento a la lectura? Esta demostrado que a algunos empresarios periodísticos e, incluso, directores o editores, no sólo no les importa eso, sino que son tan limitados que no advierte, como lo apunta lúcidamente Cueto, que a más lectores, no sólo se venderán más libros, sino más periódicos. ¿Será una utopía pensar en encontrar en un café a más de una persona leyendo diarios, libros o revistas?

Polémica dicotómica

La polémica, o mejor dicho, la discusión, no sólo puede ser provechosa –o hasta iluminadora, según las conclusiones que puedan sacarse– sino también estimulante. Que mayor placer para un amante de los libros que discutir, en medio del cálido aroma desplegado por una taza de café caliente, sobre literatura. Incluso, hasta aquellas manidas perogrulladas de “literatura pura” versus “literatura social”; “Literatura andina” versus “literatura criolla”. O, incluso, el escritor frente al crítico. Mas cuando el debate traspone los umbrales de la razón, todo carece de sentido. Los golpes de puño y los insultos personales de bajo nivel son sencillamente señal de barbarie. Además de demostrar total carencia de argumentos.

La casa de Szyszlo

Hace poco visité la casa de nuestro pintor Fernando deSzyszlo. Toda una obra de arte en sí misma. Pensada, sin duda, para él. Su casa forma parte, en realidad de su obra, una suerte de albergue de su universo personal y creativo y, al mismo tiempo, una pieza más. Por momentos, me hizo pensar en aquella novela de Prochazka: Casa (Lluvia editores).

jueves, 9 de junio de 2005

Efecto Bryce

Si bien, mi trabajo de periodista me permite acceder sin mucha dificultad a los escritores que suelo leer y admirar, no pude evitar el día miércoles último volver a ser el adolescente fébril que va en busca del autógrafo de un autor. Bryce generó aquello, y me hizo revivir cierta sensaciones de las épocas en que empecé a leerlo con devoción (Un mundo para Juluis, claro, pero sobre todo Tantas veces Pedro, La vida exagerada de Martín de Romaña e, incluso, Reo de nocturnidad). Claro, es cierto que ya tengo libros autografiados suyos y que, incluso, le he entrevistado en casa de su esposa actual. Pero igual, cogí mi ejemplar de Permiso para sentir, hice mi cola en la librería El Virrey y le pedí su rúbrica nuevamente. Cosa curiosa, a pesar de que ya me conoce (dialogamos sobre la salud de un gran amigo común) no pude evitar sentir ese temblor de rodillas propio de la timidez que me suele acompañar, sobre todo cuando voy a conocer a un autor que respeto.

Mesa de Noche

UNO

Acabo de terminar de leer Casa de Enrique Prochazka. Se trata de un autor nada epigonal, sobre todo en relación a los cánones tradicionales de nuestra literatura. Con su primer libro de cuentos Un único desierto (una bien cuidada y prolija edición), Prochazca demostraría su insularidad. Cuentos de corte fantástico, de impornta borgeana, si se quiere. Si bien hubo algunos cuentos demasiado densos, muchos de ellos me parecieron notables. Por ello mi gran interés en leer este segundo libro (aparecido varios años después del primero). Se trata de una novela (editada por Lluvia en una algo modesta edición) bien concebida, de la que disfruté aquella propención del autor a la reflexión racional pero lindando con la metafísica. Es el final, sin embargo, el que no me llegó a convencer del todo.

DOS

Estoy leyendo, y disfutando al punto de llegar incluso a la carcajada, el libro de antimemorias de Alfredo Bryce, Permiso para sentir (publicado recientemente por Peisa). Bryce es un maestro a la hora de relatar, con aquel tino particular suyo de amigo entrañable que te cuenta su vida, situaciones que de tan disparatadas parecen irreales. Hay humor, ternura, pero también ironía e, incluso, rabia (cuando se refiere, por ejemplo, a nuestra clase política).

domingo, 22 de mayo de 2005

Cajon de sastre

REALISMO SUCIO

Una mesa de debates. Dos antagonistas separados apenas por un moderador. Un escritor, febril y desgarbado cuando se enfrenta a la página en blanco. Un crítico, figuretti hasta la hipérbole, cuya columna de crítico en una web le permite entregarnos cuando mucho entretenidas y jocosas reflexiones librescas. Al escritor no le gustó cómo trató el crítico su último libro. Debe pensar que es un desgraciado, que lo hace por maldad. El crítico está tranquilo, le agrada que lo inviten a este tipo de eventos: puede lucirse, o, por lo menos, intentarlo. Y asi sucede lo que nadie imagino: el escritor se pone de pie, se acerca al crítico y le de un golpe de puño que lo hace caer. Con el antoagonista a su disposición y en el suelo, el escritor empieza una seguidilla de puntapies intentando expulsar su ira, reivindicando, de paso, su mancillada honorabilidad de narrador.
Parece una anécdota secuestrada de algún libro de Charles Bukowski. No. Su autor es Sergio Galarza. Mas no es producto de su encendida imaginación. Sus personajes -léase Matacabros- tomaron posesión de él. Quienes lo conocemos (lo conozco poco, pero le tengo aprecio) sabemos que se trata de un tipo tranquilo, años luz de ser un desquiciado violentista a la usanza de un desaparcido -por suerte- Rilo. ¿Qué pasó? ¿Un lapsus de desequilibrio emocional? Resultan interesantes las opiniones divergentes respecto a temas literarios, incluso cuando estos proceden de los apasionamientos más radicales. Pero cuando trasponen el umbral de las ideas son sencillamente manifestaciones evidentes de nuestra involución (Denegri dixit).

EL PERU EN ESPAÑA

Madrid será el punto de encuentro esta semana de nuestros más representativos escritores. Para ello han emprendido viaje autores como Ricardo Sumalavia, Iván Thays, Alonso Cueto, Pepe Bravo, entre otros más. Esperamos que se trate de una mayor apertura para nosotros del mercado litearario español. ¿Un nuevo boom? Difícil, pero por lo menos parece haber un interés creciente. Alonso Cueto, por ejemplo, acaba de publicar Grandes Miradas con Anagrama (antes había publicado en Pretextos). Sin mencionar a Jorge Eduardo Benavides y Fernando Iwasaki, notables escritores que ya se han afincado por allá. O, si algunos prefieren una lectura más ligera: Santiago Roncagliolo cumple eficientemente. ¿Bayly? No, gracias.

sábado, 7 de mayo de 2005

Mesa de Noche

Sobre mi mesa de noche, dos libros y una revista se han adueñado de mis horas de lectura nocturna. Los mismos libros y la misma revista han conseguido adueñarse de una parcela dentro de mi maleta, aquella que me acompaña a diario, para poblar aquellos espacios de tiempo libre durante la cotidianeidad. Se trata del poemario Flama y respiración de Carlos López Degregori, la novela Baudolino de Umberto Eco (se me pasó en su momento, mas es una buena oportunidad antes de leer su última novela) y la revista mexicana Letras libres. En la misma mesa de noche asoman, inquietas y esperando un turno que se aproxima, El maestro de Petersburgo de J. M. Coetzzee y, aunque no esté físicamente -aún no llega a Lima, pero en Oceano me aseguraron que llegaba en mayo- el último libro de Mario Bellatín.

domingo, 1 de mayo de 2005

Cajon de sastre

PHILIP ROTH
Una buene noticia -especialmente grata para mí- acaba de aparecer en la página cultural de un medio local: DeBolsillo acaba de editar en España las novelas Pastoral americana, Me casé con un comunista y El teatro de Sabbath. Y anuncian, además, el interés concreto de editar las obras completas del genial Roth.

NOAH GORDON
Tras la lectura de El médico, Erickita se ha vuelto una devota lectora de Noah Gordon. Ni bien estuvo a pocas páginas de terminar la novela, adquirió, inmediatamente, las dos novelas que, creo, completan la saga. Actualmente lee El chamán y la espera una obra más cuyo título mi frágil memoria ha estraviado en algún obscuro rincón de la memoria.

UMBERTO ECO
Ha llegado a Lima la última novela del escritor Umberto Eco La misteriosa llama de la reina Loana. Su precio, más de 80 soles, es el único impedimento para adquirirla. Aunque lo más probable es que termine cediendo a la tentación de comprarla. La bonita edición de Lumen juega a favor. Por otro lado, mi amigo Félix Reátegui me ha motivado a leer la novela póstuma de Roberto Bolaño: 2666. El está por terminarla y su edición es realmente de lujo; no la he visto en ninguna librería.

LORENZO OSORES
Divertido, culto y entrañable. Lorenzo Osores es, sin duda, además de gran conversador un anfitrión generoso. Manuel y yo fuimos a visitarlo hace unos días y nos recibió con un generoso pisco. Debo aclarar, sin embargo, que no es un bebraje de mi predilección. No suelo coincidir con MVLL, pero con respecto al pisco -por muy peruano que sea, y a mucha honra: ajena, por supuesto- me parece "espantoso". Cuando nos retirábamos llegaba, con espigada figura, el poeta Toño Cisneros. Quien ha leído el texto que Cisneros preparó para el catálogo de la última exposición de Osores, debe haberse deleitado, como yo, con esa maravillosa manera de escribir.

viernes, 29 de abril de 2005

Historias ocultas

No es común que un primer libro alcance grandes niveles de eficacia, y es menos frecuente que, luego de varios años, logre reeditarse. Ricardo Sumalavia lo ha conseguido con Habitaciones (Estruendomudo, 2005), eficiente conjunto de cuentos que ya va por la tercera edición.

Carlos M. Sotomayor

Correo: Habitaciones, a pesar de una primera edición austera, ha logrado abrirse paso y ya va por la tercera edición...

Ricardo Sumalavia: Es curioso como este libro se ha ido forjando una trayectoria inesperada. Como tú sabes, la primera edición apareció con el único fin de ser distribuida entre un grupo de amigos, con unos doscientos ejemplares. Con los años, el libro ha ido un poco de mano en mano y por ahí recayó en lectores más dispuestos a ese tipo de narrativa que en su momento de aparición no se pudo apreciar en toda su dimensión. Y ahora, cuando hablamos más de una cualidad del lenguaje y estamos más abiertos a las propuestas literarias, creo que una propuesta como la de Habitaciones, si bien es cierto ya no es novedad, puede cautivar a un buen grupo de lectores.

C: Los cuentos de Habitaciones a pesar de ser independendientes entre sí dan la sensación de unidad.

RS: Siempre he tratado al momento de escribir un libro armar un conjunto orgánico, un poco llevándome por los modelos de la poesía, por los poemarios. Me gusta ofrecer historias vinculadas con algunos vasos comunicantes, en algunos momentos más obvios y en otros, la mayoría, más sutiles. Y así tener una construcción indivisible. Quizás en el primer libro se fue dando solo, pero en los siguientes sí fue mucho más racional.

C: De tus libros se desprenden algunos temas como la amistad, lo filial, el amor y la soledad...

RS: Todos esos temas para mí, tal como lo puedo ver ahora, están articulados, condicionados, por el sujeto urbano, Lima en particular. Busco responderme cómo se dan estas relaciones filiales, sentimentales, en este espacio, en esta ciudad. Claro, ello no significa que esté tratando de dar un testimonio de Lima o retratar al limeño de finales del siglo XX o comienzos del XXI. Eso no me interesa.

C: En tu narrativa se percibe la exploración por las cosas ocultas, veladas...

RS: El juego es contar una historia, una anécdota, pero que se perciba, se intuya, que hay otra historia inasible detrás de ella. En mis cuentos muestro una cortina que pretendo esté bien urdida. Espero que detrás de ella siempre haya algo.

C: La brevedad de Habitaciones ¿es de alguna manera el embrión de Enciclopedia mínima?

RS: Por la brevedad sí, aunque la sensibilidad de lo breve está también en Retratos familiares. En Enciclopedia mínima traté de retomar la concisión y los recursos técnicos y de experimentación de Habitaciones, pero con la madurez que creo haber alcanzado en con Retratos familiares. Además, el microrrelato me empezó a ofrecer nuevas posibilidades de expresión, como el humor y la ironía, elementos que no están en Habitaciones y Retratos familiares.

C: ¿Cómo ves a la distancia la aparición de tu generación en la escena literaria?

RS: Es cierto que a inicios de los noventa un grupo de jóvenes narradores se alejó de una manera muy consciente de toda referencialidad local, de todo compromiso de denuncia social a través de su narrativa. Claro, no se puede negar que también en la narrativa peruana hay antecedentes de esta postura. Sin embargo, ese punto de quiebre, esa hora de respuesta, los vemos ahora, a la distancia. Quizás en ese momento se vio como propuestas individuales y no en la real dimensión que quizás merecía. El asunto es que luego se privilegiaron otras formas, como una narrativa con un lenguaje mucho más directo, con tema juvenil y dirigido, principalmente, al lector joven. Pero esas estrategias narrativas se saturaron rápidamente; entonces, cuando llegamos a estos últimos años, se da una nueva mirada, una nueva lectura a esos textos que habían sido algo marginales, laterales a comienzos de los noventa. Y una muestra quizás sea la publicación de Habitaciones.

C: ¿Qué te parece esta nueva “generación” de autores jóvenes como Castañeda, Page y Gallardo?

RS: Te puedo decir que me gusta lo que escriben, pero que puede ser prematuro establecer una idea de generación a partir de tres libros.

C: ¿Cómo podrías definir tu propuesta narrativa?

RS: Toda aproximación que ofrezca para racionalizar mis escritos va a ser insuficiente. A lo mejor ello se deba a que, para mí, paradójicamente, todo cuento es un intento, una vía, pero también es su propio fin, el punto de llegada que llevamos a cuestas.

(Versión completa de la editada que aparece en el diario Correo)

domingo, 24 de abril de 2005

Lo mejor del 2004

Novela:
Blues de un gato viejo, Oscar Málaga
Casa de Islandia. Luis Hernán Castañeda

Cuento:
Enciclopedia mínima, Ricardo Sumalavia
Cuentos completos, Carlos E. Zavaleta

Poesía:
Obras completas, Javier Sologuren
Desequilibrios, Jorge Frisancho

Ensayo:
La caza del cuento, Roberto Reyes
La tentación de lo imposible, Mario Vargas Llosa

sábado, 23 de abril de 2005

Mesa de Noche

En estos momentos estoy por terminar País de nieve de Kawabata. Maravillosas descripciones y un deslumbrante manejo de sugestivas atmósferas. Toda una eclosión de sensaciones. Paralelamente estoy releyendo, con el mismo placer de la primera vez, Habitaciones (en tercera edición, esta vez bajo el sello de Estruendomudo) del entrañable y apreciado Ricardo Sumalavia. Gran lector de Kawabata, por cierto.
También he empezado a leer las traducciones de poesía y narrativa japonesas realizadas por el insigne poeta Javier Sologuren. Esto debido a la aparición reciente de los tomos IV, V y VI de sus obras completas. Un plausible esfuerzo de la PUCP y de mi apreciado maestro Ricardo Silva Santisteban.

Bajo la mira de Thays

Su programa de TV Vano Oficio va rumbo a su quinta temporada. Autor de un conjunto de cuentos y tres novelas, y diligente comentarista de libros en una conocida revista del medio, Iván Thays resulta una voz autorizada para delinear nuestro escenario literario.

M. Eráusquin / C. Sotomayor

CS: ¿Cómo ves a esta nueva camada de autores jóvenes que han aparecido, como Luis Hernán Castañeda, Johann Page y Carlos Gallardo, cuyo registro narrativo es totalmente opuesto al de los jóvenes de inicios de los noventa?

Iván Thays: Yo creo que de alguna manera ellos han retomado lo que tanto Mario Bellatin, Ricardo Sumalavia y yo pretendíamos a inicios de los noventa, una literatura basada en el lenguaje, en las atmósferas, más que en los temas costumbristas o realistas. Es cierto que esa propuesta nuestra no fue seguida por los que vinieron después, pues aquellos que Reynoso llamaba “novísimos” empezaron a hablar sobre drogas, sexo, violencia. Sin embargo, estos autores que mencionas han retomado esa idea. Aparte del talento que tienen me impresiona su precocidad. Comparto con Agreda la idea de que son libros de adolescentes, pero más que sobre adolescentes, escriben como adolescentes. A nivel temático son algo inmaduros, pero eso no quita en nada la calidad de su prosa. Por ejemplo, La casa de cartón es una novela de adolescentes escrita por un adolescente.

ME: Por que crees que después de Vargas Llosa o Bryce no ha surgido un escritor de esa envergadura?

IT: España, en la época en que habló muy bien de Vargas llosa estaba dispuesta a hablar muy bien de autores latinoamericanos. Ahora están dispuestos a publicar pero no a hablar muy bien. Hay un enorme menosprecio por la literatura latinoamericana. Por eso es muy difícil que un escritor como Fuguet, Volpi, Fresán o Bellatín consigan en España el consenso de que son autores de primer nivel. Por rebote el consenso peruano siempre se debe al consenso internacional. Yo no sé si Bryce o Vargas Llosa hubiesen tenido el consenso peruano si no hubieran tenido el consenso internacional.

ME: En el mercado latinoamericano siempre escuchamos los mismos nombres: Fuguet, Andahazi, y nosotros como que nos quedamos un poco rezagados. ¿Qué cosa nos falta para tener esa presencia?

IT: Una cosa hay que tener presente. Se crean autores por la necesidad del mercado. En países como Chile o Argentina es más fácil crear autores porque hay un mercado para esos autores. El simple hecho de que Planeta esté en Chile o Argentina hace que ellos necesiten autores locales. En ese sentido la piratería es dañina. Publicar a un autor peruano en Planeta, no les va a servir de nada. Qué hacen ellos vendiendo a un escritor como Santiago Roncagliolo o Benavides cuando el mercado local, que debía ser su fuerte, es tan pequeño, y el mercado español siempre los va a mezquinar. Porque no creas que Fuguet o Andahazi venden mucho en España, venden más en sus países. Yo creo que el problema pasa por el mercado. El mercado exige insumos nacionales cuando existe una demanda nacional.

ME: ¿La gente lee en el Perú?

IT: Es un grupo minúsculo pero muy disperso. Está en el sector A, B, C, D, en Lima, en provincias. Por ejemplo, a diferencia de los diarios o los suplementos culturales que se dirigen a un sector determinado, el programa de televisión va a todos lados. Yo no sé si leerán, porque incluso en provincias hay muchos problemas para conseguir el libro, ni siquiera te digo para comprarlo sino para que llegue.

ME: ¿Tú eres escritor y crítico, juez y parte, en algún momento te habrás sentido muy incómodo?

IT: Yo he dividido muy bien mis facetas, digamos. En un principio, en Vano oficio ejercía una crítica lapidaria y eso me molestaba. Entonces decidí que el programa debía ser de difusión sin que yo opinara. Yo tengo mi otra parte, mi otra parcela, de comentarista de libros en Caretas donde sí me atrevo a decir lo que pienso. Lo que sucede es que a veces invito al programa a un autor con el que conversamos muy bien, pero luego sale la crítica y ésta es lapidaria.

ME: ¿Una especie de Mr. Hyde y Dr Jekyll?

IT: Porque el programa es difusión, es para saber que el libro existe, para que el autor dé su opinión, hable. En Caretas son mis comentarios como lector. Yo, cuando conversé con Jaime Bedoya, quedé muy claro, y creo que fue lo que a él le gustó, en que iba a comentar como un escritor que lee libros. Yo no soy un crítico literario. Y me atrevo a hacerlo porque mi nombre está más ligado a la escritura que a la crítica. Un escritor que lee libros y comenta. Y los comentarios deben entenderse así.

CS: Además de los autores que mencionamos en un inicio ¿percibes otra voz interesante?

IT: No. Lo que le ha hecho mucho daño a la literatura peruana esa división que han hecho muchos autores entre la temática y la prosa. Entonces cuando uno tiene una prosa elaborada y trabajada, su temática se vuelve muy oscura. Y el otro que quiere hablar cosas reales y cree que eso la da carta blanca para no fijarse en la prosa. Yo sí siento que la literatura peruana ha tenido un bajón respecto a la latinoamericana. Yo leo, por ejemplo, a autores latinoamericanos jóvenes y veo que hay trabajo. Y eso no ocurre en el Perú.

ME: Da la impresión de que ya no escriben cosas que al lector lo muevan, que lo puedan desgarrar.

IT: Ahora la literatura se ha dividido en dos. El que escribe una obra que lo puedan desgarrar, escribe con un lenguaje muy simple. Y el que escribe con un lenguaje muy culto, muy inteligente, muy elaborado, escribe cosas muy herméticas, que no pueden desgarrar al lector. Yo creo que la exigencia de cualquier escritor es el lenguaje, y ya después puede ver el tema.

ME: ¿Por qué crees que Jaime Bayly no es un buen escritor?

IT: Quizás por que pertenece al tipo de escritores para los cuales el lenguaje tiene un valor instrumental, digamos, que no llega a ser el protagonista de sus obras. Ese es el primer problema de Bayly, nunca se preocupa ni por la estructura, ni por lenguajes, ni por personajes, ni por hacer verosímiles sus historias. Lo que quiere es contar, y eso en literatura es inaceptable.

ME: ¿Stephen King?

IT: Yo creo que Stephen King es como Spielberg, alguien que sabe hacer muy bien su producto. Alguien que hace best sellers de una enorme factura, tanto que cualquiera, incluso un escritor, podría encontrar allí cosas interesantes. A nivel de Best seller es uno de los que mejor consigue hacer un producto bueno. Sin embargo, nunca voy a poder comparar un libro de King con un cuento de cheever. Se manejan en dos universos distintos, y lo saben los dos.

CS: Belletín resalta de su generación el hecho de que cada uno ha marcado su propio camino. ¿Opinas lo mismo?

IT: Claro, yo creo que eso fue lo mejor que ocurrió con nosotros. Ya no había la idea de hacer lo mismo, sino que cada uno hiciera las cosas por su cuenta, trabajar estéticas privadas, estilos propios. Eso me parece muy propio. Y yo creo que eso ocurre con los autores más jóvenes. Los libros de Gallardo y Castañeda se parecen, pero si uno los lee atentamente notará que son más las diferencias que las similitudes. Y eso me parece muy bien, así debería ser siempre.

ME: ¿Y las supuestas argollas en los medios? ¿Es verdad?

IT: Yo creo que eso se ha sobrevalorado. Eso es un poco la angustia de determinadas personas de sentir que no pueden acceder a tal sitio o tal otro. Entonces dicen, ah, la argolla. Es más fácil pensar eso a pensar “no escribí bien”. Es cierto que en la literatura existen muchos amigos. Yo me considero un buen amigo de Alonso Cueto. Incluso tenemos un proyecto en común, el crear una escuela de escritura. A mi me encanta su obra y a él le gusta mi obra. Pero nunca haría yo algo para conseguir algo de él.

ME: ¿Harías una crítica de algún libro suyo?

IT: Yo he preferido no hacer críticas de amigos, aún sea bueno o malo el libro. Prefiero no meterme con libros de amigos míos pues pienso que a ellos les interesa que yo les opine personalmente. Por ejemplo, el último libro de Mario Bellatín, Lecciones para una liebre muerta me parece extraordinario. Lo mejor que ha escrito Mario. Pero él sabe que yo no lo voy a decir en una reseña.

CS: Bellatín ha logrado una obra muy particular

IT: Mario es una persona que se arriesga siempre. Mario podría haber sido muy feliz y tener una enorme fama si hubiese seguido escribiendo Salón de belleza por montones. Quizás, si hay algo que le falta a la literatura peruana es el riesgo. Creo que son dos problemas: la falta de riesgo y la enorme seriedad, se toman muy en serio. Yo creo que un escritor debe tener la posibilidad de pensar que no todo es tan importante, que todo puede ser una broma.

CS: ¿A qué atribuyes esto?

IT: El modelo del escritor peruano es Sábato, y para mí es un modelo completamente descartable. Es una especie de San Juan Bautista, que siempre está dando consejos morales. Descartable como modelo, como autor puede tener cosas valiosas.

CS: La última vez que hablamos me contaste de dos novelas ¿cómo van?

IT: Tengo muchas posibilidades de publicar, como no las había tenido: tengo ofertas, un agente literario. Pero el nacimiento de mi hijo, y todo lo que implica ese acontecimiento, hace que yo no me descubra en los libros que he escrito antes, salvo Escena de caza. Eso ha hecho que yo reformule los libros que he estado escribiendo. Yo tenía, como tú sabes, dos proyectos. Uno de esos ya lo cancelé: era la continuación de El viaje interior. Y el otro proyecto es el trabajo sobre un escritor, una especie de biografía novelada de un escritor. Aunque no lo he cancelado, no tengo interés en publicarlo. Ahora he escrito un libro que va en la onda de un cuento llamado “Limber” que publiqué en El país.

CS: ¿Cuándo saldría el libro?

IT: Está terminado, pero aún lo quiero mantener conmigo porque ha sido un libro escrito durante mucho tiempo y con mucho dolor. Fueron dos años de sufrimiento continuo, porque yo me separé de mi mujer, tuve un hijo. A la gente que lo ha leído le ha gustado mucho, pero yo aún tengo mis reparos por publicar un libro que tenga que ver con un momento en mi vida tan dramático. Preferiría guardarlo un poco y ver si realmente he logrado trasmitir cosas o simplemente he botado cosas.

(Versión casi completa de la reducida que, por motivos de espacio, aparece en el diario Correo (domingo 24 de abril de 2005)

viernes, 22 de abril de 2005

Efecto Bellatín

Carlos M. Sotomayor

Con la aparición de Efecto invernadero marcaste de alguna manera un hito en una literatura peruana encorsetada en un realismo gastado, a través de una nueva forma de entender la literatura. ¿cómo se da el proceso de encontrar esa voz particular?

Influenciado por lo que “debía ser” la literatura, me apoderaba de formas y espacios narrativos que luego me daba cuenta de que me eran ajenos. Fue de ese modo que ideé construirme una suerte de sistema de escritura que se basaba en una serie de reglas inflexibles que me fui inventando, y cuando lo que comenzaba a escribirse bajo ese rigor comenzó a aparecer me di cuenta que de cierta forma las palabras señalaban un espacio determinado, limitado a sus propias reglas.

En tus textos hay una presencia de lo no dicho que motiva al lector a completar la idea. ¿Es un artilugio premeditado? ¿Cómo querer llevar al lector quizás en una dirección, haciéndole creer que él está tomando tal decisión?

Creo que esa sensación se debe a que el fin propuesto al decidir compartir un texto con lector, es que mi interés se centra sólo en lograr que ese lector ingrese en un espacio de ficción y una vez allí decida, de acuerdo a sus características propias, lo que quiera encontrar.

¿Es cierto que escribes muchas páginas y que luego las vas reduciendo?

Cada vez la reducción me preocupa más. Principalmente porque me doy cuenta que esta reducción, si extrema mejor, me da de una manera más clara la sensación de escribir sin escribir. De hacer libros donde la esencia de los textos no esté en la palabra escrita.

Pienso en cada uno de tus libros como partes importantes de “una obra única”. En la que todas las partes son importantes para el conjunto. ¿Lo percibes así?

Me parece que Lecciones para una liebre muerta lo evidencia de una manera más clara. Después de trece libros publicados y de infinidad de textos sueltos advertí que existía todo un universo, igual de falso que el creado por otros, del cual podía extraer los elementos que me hicieran falta para hacer las siguientes obras. La regla para hacer este libro fue que todo el material del que está hecho tenía que haber sido escrito con anterioridad. El trabajo de edición para hacer coincidir en un solo cuerpo las cientos de partes fue demoledor. En este proceso advertí lo que siempre había sospechado: que lo que dijera un libro es lo menos importante, se trata de simples pretextos.

Una vez leí que en una entrevista dijiste que estudiaste cine y filosofía para seguir escribiendo. En qué medida es importante para los escritores beber de otras fuentes?

Estudié ambas cosas para que me dejaran escribir en una relativa tranquilidad. Lo hice no con un interés en ninguna de las dos disciplinas como fin sino solo para contar con un marco referencial. Lo que no debe hacer un escritor es tomar otras disciplinas como ajenas sino enfrentarles haciendo de cuenta que también se tratan de literatura.

A veces pienso que la presencia del cuerpo como eje temático en algunas de tus novelas es un señuelo que tiendes a algunos críticos para despistarlos.

Los textos están llenos de pistas falsas y creo que la labor de un escritor está en advertir la mayor cantidad posible de lecturas y salirle al frente a cada una de ellas. Los libros, además, deben tener todos los elementos para sostener determinada interpretación y también su contraria. Mostrarse y ocultarse, estar a la luz y a la sombra, decir y no decir, preguntarse y sacar conclusiones, pero nunca revelarse como textos definitivos.

Luego de Lecciones para una Liebre muerta ¿Qué viene?

Estoy tratando de despojarme de muchos de los elementos que se han visto como constitutivos de mis libros. Con formas, tonos e intenciones que de alguna manera se han presentado como parte de una propuesta narrativa. Ahora, al verlos me doy cuenta que son ciertos, que están allí, presentes, pero en la mayoría de las ocasiones no es cierto que cumplan un rol importante, o no lo sé, tal vez sí desde un punto de vista externo pero no desde el mío. Es por eso que estoy experimentando con nuevas formas de aproximación al acto creativo, para lo cual exploro cada vez con mayor entusiasmo y sorpresa en el pensamiento y experiencia sobre todo de una serie de místicos, especialmente musulmanes.

(Entrevista aparecida en el diario Correo)