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jueves, 10 de junio de 2010

Entrevista a HERNÁN RIVERA LETELIER

Hernán Rivera Letelier (Foto: CMS)

Hernán Rivera Letelier parece coleccionar, desde su primer libro, una retahíla de apreciadas distinciones literarias. Y la última es quizás la más relevante: el Premio Alfaguara de Novela 2010. Rivera Letelier, natural de Talca (Chile), se encuentra por estos días en Lima para presentar El arte de la resurrección (Alfaguara, 2010), premiada novela que relata los avatares de un hombre que, al perder a su madre y convertirse en ermitaño, descubre para su asombro que es la reencarnación de Cristo.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR 

Usted no es para nada ajeno a los premios. Se puede decir, incluso, que está acostumbrado a ganarlos. En ese sentido, cómo ha tomado este premio importante… 
Este premio de un prestigio indesmentible, porque hay otros premios que están desprestigiados completamente. Pero el Alfaguara aún mantiene este prestigio que lo hace más grande. Entonces, recibir este premio fue un espaldarazo a mi obra impresionante. Pero, quieres que te cuente algo, yo no le había tomado el verdadero peso a este premio hasta que la gente en la calle, gente común y corriente que yo no conocía, me empezó a parar en la calle a decirme que cuando se enteraron de este premio se alegraron tanto como si se los hubieran dado a ellos. Lo sentían como propio. Allí le tomé el verdadero peso al premio. Más allá de lo literario este premio tiene algo muy humano, que hizo que la gente que no me conocía, incluso, se alegrara de ello. De alguna manera he llegado a comprender que soy la voz de los que no tienen voz.

Hablemos de la novela. El Cristo de Elqui es un personaje que existió y que, además, aparece en algunas de sus novelas. ¿Cree que de alguna manera estuvo reclamando su propia novela?
Mira, he llegado a pensar que este Cristo de Elqui sabía desde el principio que quien tenía que escribir su historia era yo. ¿Por qué? Porque para escribir su novela, su historia, hacía falta un lenguaje especial, un tono especial, una palabra especia. Y que no la tiene cualquier escritor por muy bueno que sea. ¿Y cuál era el tono? El tono del predicador, del profeta. ¿Cuál era el lenguaje? El lenguaje bíblico. ¿Cuál era la palabra? La palabra tenía que ser una mezcla entre lo profano y lo sagrado. Entre lo culto y lo popular. Y todo eso que se necesitaba para contar esa historia estaba en mis genes. Porque yo me creía en una casa en donde mi padre era evangélico. Y yo me crié escuchándolo predicar. Entonces, el tono del predicador estaba en mí. Yo me crié leyendo la Biblia, el único libro que había en mi casa. La palabra bíblica estaba en mí. Además, se necesitaba saber que se siente ser un trashumante, un vagabundo. Y yo lo fui durante cuatro años. Y había que conocer ese desierto en donde este tipo pasó predicando no sé cuántas veces. Y ese desierto es mi hábitat. Entonces, estaba todo dado para que yo contara la historia. Y yo soy un convencido de que sabía y por eso me persiguió durante toda la vida.

Por eso fue apareciendo en sus novelas… ¿Y en qué momento se dio cuenta de que tenía que escribir esa novela?
Cuando estoy escribiendo mi novena novela, Mi nombre es Malarrosa, de pronto apareció haciendo una especie de milagro. Y yo me dije: bueno, es la tercera vez que se me aparece este personaje. Y allí intuí que mi próxima novela tenía que ser sobre él. Allí fue.

¿Logró hablar con personas que llegaron a ver al Cristo de Elqui?
Encontré a algunas personas de cierta edad que me contaron que cuando eran niños alguna vez oyeron predicar o vieron pasar a este Cristo de Elqui. Y me fue de una utilidad tremenda, porque me contaron pequeños detalles que en la novela se hacen grandes. La gran obra está hecha de pequeños detalles, o los pequeños detalles hacen la gran obra. Y fue para mí muy bueno conversar a esta gente.

El Cristo de Elqui es un personaje peculiar, sin duda, pero al mismo tiempo llega a ser entrañable, incluso.
Claro. Yo quería que mi Cristo fuera más humano que el Cristo de los Evangelios. Que fuera más asequible. Que se hiciera más entrañable. Y otra cosa que le quise dar a este Cristo es lo que no encontré en los Evangelios. Yo no encontré a Cristo sonriendo, riendo. No hay humor en los Evangelios. Yo me pregunté por qué. Y estoy seguro que Cristo tenía humor. Entonces dije: voy a crear a este Cristo a imagen y semejanza de cómo a mí me hubiese encantado encontrar a Cristo en los Evangelios. Por eso lo acerqué más a la gente, con ese humor, esa picardía…

Un humor que además es característico en sus libros…
Es que los pampinos tenemos un humor muy particular que aflora a cualquier hora, incluso en medio de una tragedia…

La pampa es el escenario de casi todas sus novelas. La geografía sin duda influye en la gente que la habita. ¿Qué otra particularidad, además del humor, determina a los pampinos?
Yo soy un convencido de que cualquier paisaje moldea a la persona. Influye un lo psíquico e, incluso, en lo físico. Y este desierto, que yo creo es el personaje principal de todos mis libros, de alguna manera influyó en mí y en los que vivimos tantos años en ese desierto. El hombre de ese desierto es como la piedra. Parecemos hoscos, huraños, duros. Pero igual que con la piedra la riqueza va por dentro. Igual, si a nosotros nos raspan un poquito se dan cuenta de que somos de corazón de abuelita…

Y son solidarios, además…
En ese desierto es fundamental la solidaridad. En ese desierto nadie sobrevive solo. Y eso lo supimos desde el principio. Yo dependo de ti y tú dependes de mí. La solidaridad, la amistad y el humor son esenciales.

Otra particularidad de sus novelas es el lenguaje. Así como señala que el desierto es el protagonista de sus libros, yo diría que otro protagonista de ellos es el lenguaje. Incluso recuerdo que alguna vez dijo que se consideraba un poeta que escribía novelas.
Sí, mira, para mí el lenguaje es muy importante porque esencialmente soy un poeta. Escribí poesía durante quince años y ahora estoy escribiendo poesía, digo yo, hacia el lado. Yo amo las palabras, el lenguaje. Estoy contando y cantando un desierto en donde no hay nada y hay que llenarlo con palabras, con el lenguaje. A mí lo que me importa cuando cuento una historia no es tanto la historia, sino el cómo, la forma como le cuente la historia al lector. Entonces, lo que yo quiero no es que el lector lea rápido para que llegue al final. Lo que yo quiero es que el lector vaya gozando la lectura. Y cuando la gente me dice “oiga, estoy leyendo su libro y no lo quiero terminar, y me aguanto, y lo leo de a pocos y me devuelvo”. Entonces me digo: lo logré. Eso es lo que quiero, que la gente goce el libro, goce el lenguaje, las palabras.

HERNÁN RIVERA LETELIER presenta hoy "El arte de la resurrección" (Alfaguara)

lunes, 3 de setiembre de 2007

PRESENTACIÓN: Jeremías Gamboa


El libro de cuentos
Punto de fuga
de Jeremías Gamboa
se presenta mañana martes 4 de setiembre a las 7:00 p.m.
en el Restaurant Patagonia
(Bolívar 164, Miraflores)
Los comentarios estarán a cargo de los escritores
Jorge Eslava y Diego Otero.

domingo, 2 de setiembre de 2007

Entrevista a JEREMÍAS GAMBOA


Soledad, desgarro y una constante búsqueda de identidad son las condiciones desde las cuales los personajes de Punto de fuga (Alfaguara, 2007), conjunto de relatos de Jeremías Gamboa, libran sus batallas personales, muchas veces perdiendo conmovedoramente, pero sin ser despojados de sus mejores armas: honestidad y dignidad.

Entrevistan MANUEL ERÁUSQUIN y CARLOS M. SOTOMAYOR

Se nota que en la concepción de tu libro has mantenido una unidad entre todos los cuentos. ¿Cómo te planteaste esta propuesta creativa?
Antes de este libro me planteé dos libros con una visión unificadora, pero predeterminada, y los dos se desbarrancaron, no funcionaron. Lo único que tenía claro cuando escribí el primer libro, era que el cuento, “La visita”, iba a ser el cierre de un conjunto de relatos, algo que se ha realizado con la publicación de Punto de fuga. Luego escribí durante algunos años varios cuentos. En principio, los hice uno por uno, que para mí fue una mala decisión. Después todos juntos. Cuando los terminaba empecé a reconocer puntos de contacto, coherencias, ciertos elementos que los entrelazaban a nivel de preocupaciones, de percepción de ciertos objetos o motivos, y también a nivel de sensaciones, de aspectos emotivos, estímulos que los relatos activaban en mí primero y seguro ahora en el lector.

Todo un proceso de exploración en el devenir literario.
Claro, porque una vez que empecé a descubrir eso pude distinguir los cuentos que no formaban parte de esa sensibilidad específica y me fui quedando con estos ocho relatos que conforman Punto de fuga, historias que poseen una interpenetración y que me parece indicaron su orden, su propio lugar en el libro.

Además, los ocho relatos tienen la presencia directa e indirecta de un personaje reconocible.
Hay como cuatro relatos que pueden ser leídos como que aparece el mismo personaje, pero también como personajes abiertos, y yo los nombro de manera que permitan establecer ambas interpretaciones, porque me parece que eso le provee de un campo de lectura más amplio a quien se acerque a los cuentos.


Una de las características de Punto de fuga es la gran carga emotiva de los personajes, todos ellos seres desgarrados y solitarios.
Yo creo que eso podría ser una de las líneas que unifican los cuentos, elementos que descubrí para darle una unidad al libro. Ahora, esos procesos son inconscientes. Pero de lo que sí tenía conciencia es de que todos los personajes enfrentaban destinos inevitables, que todos se encontraban en un carril del cual no podían huir, aunque con deseos de hacerlo.

Tus personajes se caracterizan por ser bastante intensos, pero también parecen mutilados.
Quizás este sea un libro de personajes humildes, desmoronados o mutilados por la sociedad, seres anónimos con procesos complicados. Pero en todos ellos hay algo que los emancipa y los hace entrañables y es que todos tienen una suerte de mutilación, pero esta no es moral ni afectiva: todos mis personajes quieren, aman, sienten con honestidad y dignidad.

Son personajes que se sienten outsiders, además.
Sí, se sienten outsiders. Pero también se preguntan si lo son, y se están indagando si acaso son una cosa o si son la otra. Y definitivamente las respuestas no necesariamente se les dan. En ese sentido, preguntarse qué es uno, es una constante en la literatura. Por ejemplo, en el caso de Edgardo Rivera Martínez, que con otra tesitura, con otra sensibilidad, quizás más reposada, más de una madurez suya, se preguntan sus personajes constantemente qué son, quiénes son, y qué hacen. Yo creo que al final es la misma pregunta articulada desde diferentes sensibilidades.


La ciudad se presenta como un espacio de constantes aceleraciones, donde se manifiesta la crisis de identidad.
Yo creo que esta es una preocupación de vivir en la ciudad, pues al formar parte de tantos espacios a la vez, muchas veces indistintos entre ellos, siempre nos estamos preguntando e indagando de qué estamos hechos y en dónde nos ubicamos. El libro ocurre todo en Lima, una ciudad que experimenta procesos acelerados de desplazamientos de toda índole: hay un mestizaje mucho más profundo que antes, hay una movilización social-cultural muy fuerte. Tenemos la sensación de que no abordamos o desconocemos toda la cuidad.

Y en el libro, además, se maneja otra representación de la urbe.
Acaso este libro intenta dar otra imagen, que de pronto es la del tipo que está haciendo cambiar lugares como Miraflores. Como el protagonista del cuento “El edificio de la calle Los Pinos”, que es un nuevo actor en ese espacio, puesto que él llega del Rímac, digamos un nuevo miraflorino. Pero un miraflorino que está en la aspereza de habitar un lugar que antes era de otro tipo de personajes. Quizás este sea uno de los valores del libro: representar esta urgencia por habitar nuevos espacios y hacerse de ellos.

Otro elemento importante es la presencia del periodismo en varios relatos. Una presencia incluso conflictuada.
Es interesante esto, porque los periodistas que se presentan en el libro quieren huir del periodismo, pero lo que encontré al culminar los cuentos es que el libro está hecho de periodismo. Eso me encanta y yo soy periodista y en un momento no me sentí tal y renuncié al periodismo para ser escritor, igual que el personaje de uno de los cuentos. Lo que me pasa ahora es que soy periodista y soy escritor. O mejor, soy escritor y también soy periodista. Y yo he erigido un poco mi estilo sobre la base de lo que había conquistado como periodista, porque no he dejado de serlo. Así, soy un periodista que ha usado su oficio para hacer literatura.

MAS DATOS
La presentación de Punto de fuga de Jeremías Gamboa se realizará el martes 4 de setiembre en el restaurant Patagonia (Bolívar 164, Miraflores), a las 19.00 horas. Los comentarios estarán a cargo de Jorge Eslava y Diego Otero.

*Fotografía de PÁVEL UGAZ.
*Versión ampliada; la editada apareció en Correo el 2/09/07.

lunes, 20 de agosto de 2007

Entrevista a EDUARDO CHIRINOS


Eduardo Chirinos y Jorge Eslava no sólo forjaron, a mediados de los 80 en Madrid, una gran amistad, sino que, además, dieron forma al proyecto que luego se cristalizó en Loco amor, un estupendo libro que acaba de ser reeditado por Alfaguara. Eduardo cuenta aquí como se forjó este gran trabajo.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

La génesis de Loco amor se ubica en Madrid del año 1986…
Es una historia bonita en realidad, porque tanto Jorge (Eslava) como yo estábamos becados a pasar un período en Madrid, yo por la Universidad Católica y él por la Universidad de San Marcos. Y lo cierto es que yo conocí a Jorge porque él había ganado el Premio Copé de Poesía en su primera versión de 1982. Y fui a hacerle una entrevista porque trabajaba en el suplemento Perspectiva. Ahí lo conocí e hicimos una cierta amistad. Pero nuestra verdadera amistad nació cuando coincidimos como dos extranjeros extraviados en Madrid. Y él se mudó al hostal Julia donde yo vivía.

Así se fortaleció su amistad…
El es siete años mayor que yo, creo, pero no parece (risas). Lo cierto es que nos hicimos muy amigos y lo seguimos siendo hasta el día de hoy.

¿Y cómo surge la idea de hacer el libro?
Una noche nos reunimos para intercambiar soledades, preparamos una pequeña cena. La amistad y la comida son una buena escenografía para la meditación del amor. El amor nunca busca una buena escenografía para meditar sobre la amistad, pero al revés sí sucede. Entonces, claro, nos pusimos a hablar de nuestras soledades, de nuestros proyectos. Y poco a poco descubrimos que la poesía empezó a hacerse su camino. El empezó a recordar unos poemas, yo otros. Estábamos algo tomados. Y descubrimos que esa combinación de soledad, amistad más alcohol y comida no era más que una reedición modesta del banquete platónico. Y tú sabes que luego del banquete platónico el amor surge como un tema de sobremesa. Y allí surgió con el componente de que nosotros éramos creadores de poesía y con el componente de que nos sentíamos muy solos también. Y allí fue que ocurrió esa idea. Si la poesía era la banda sonora de nuestra soledad por qué no convertirla en un libro.

Loco amor aparece en 1991 bajo el sello Colmillo blanco, ¿cómo así retomaron ese proyecto?
Cuando ya volvimos a Lima, en el año 1990, recordamos aquel proyecto. Y acuérdate que cuando regresa Jorge de Madrid pone en la práctica su viejo proyecto editorial Colmillo Blanco. En España nos paseábamos por las librerías y él iba mirando detalles de edición que luego iba a poner en la práctica Colmillo blanco. Y de algún modo Loco amor fue un libro donde él jugó un poco poner en la práctica todo lo que había aprendido, con los modestos medios de los que podía disponer. Así aparecen los poemas que nos gustaban y toda esa cosa gráfica que Jorge había aprendido.

En esta reedición de Alfaguara se conserva gran parte de las ilustraciones originales…
Sí, en gran parte, lo que pasa es que el otro libro tenía otro formato. Este es un libro de alguna manera distinto en términos gráficos, pero que respeta mucho ese espíritu inicial, no el de combinar grafía con poesía sino el hacer dialogar todos los efectos gráficos que son los que terminan dándole un patrón coherente al libro.

Este libro, a diferencia de una antología tradicional, marca un derrotero particular…
A mí me cuesta trabajo definir este libro como una antología, porque más bien los poemas se integran en torno a una historia de amor desde el deslumbramiento inicial, pasando por la seducción, el encuentro erótico, el éxtasis amoroso, el matrimonio, el aburrimiento y la separación. No quiero decir que ese arco narrativo sea el que corresponda a toda relación amorosa, pero es el que corresponde a una posibilidad amorosa que termina en la separación, no en el odio, porque como decía Luis Hernández los malos no escriben poemas, pero sí en el despecho.

En esta edición se suman nuevos poemas…
Claro, eso hace que el libro sea abierto a otras posibilidades editoriales y que aparezcan más poemas. Porque ahí los nombres de los autores son irrelevantes, no pretende ser una antología de los mejores poetas, es simplemente una selección de poemas que cuentan una historia. Hay una argamasa narrativa debajo que es la que más me interesa.

Poemas que se tornan significativos para uno…
Claro, la elección principal está hecha en base a qué poemas forman parte de la banda de sonido de tu propia vida. Cuando te enamoras recuerdas canciones, recuerdas películas, recuerdas poemas…

*Fotografía de PAVEL UGAZ.

domingo, 22 de julio de 2007

Entrevista a DANIEL ALARCÓN


La novela sucede en un país ficticio que si bien puede ser el Perú, también podría ser cualquiera. Daniel Alarcón ha logrado en Radio Ciudad Perdida (Alfaguara, 2007) retratar el drama individual que se padece luego de un proceso de violencia política. Esta es la versión completa, la editada apareció el 22/07/07 en Correo.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

El tema de la violencia política, presente en tu primer libro, reaparece en Radio Ciudad Perdida
Bueno, en realidad yo no quería que esta novela fuera sobre eso. Quería hacer otra. Pero tú sabes que cuando estás escribiendo una novela ya no te pertenece a ti sino a tus personajes. Y poco a poco el tema de la violencia fue ganando terreno dentro de la novela. Quizás con este libro cierre por ahora un capítulo de mi obra. No pienso escribir más sobre la política por un tiempo. Pero aún había cosas que debía estudiar, analizar y especular sobre este tema.

Si bien la novela puede relacionarse con lo ocurrido en nuestro país, no hay una referencia explícita, por el contrario se trata de un país ficticio…
Fue una decisión natural para mí. No soy historiador, soy un novelista y quise darme toda la libertad para inventar un país, una guerra, un movimiento guerrillero, un gobierno, una geografía. A la ciudad, que se parece a Lima, quise ponerle un tren eléctrico, porque a Lima le falta. Quise rescatar la libertad de creación y no tener que ser fiel a los hechos o a los sucesos de los años ochenta, de la guerra o de la posguerra. Es mucho más divertido, como escritor, hacerlo así.

Y también más efectivo para mostrar el drama individual…
Claro, puedes ir al grano sin distraerte en detalles. Para hablar de la posguerra en el Perú tendría que explicar muchas cosas y no quise hacerlo. Quise hablar de una familia, de una pareja, de un niño, centrarme en eso y borrar los detalles que no me interesaban.

Tengo entendido que hiciste una previa investigación de hechos similares en otros lugares.
Sí, por ejemplo, el programa Radio Ciudad Perdida tuvo su base en Buscapersonas de RPP. Y luego al investigar descubrí que ese tipo de programa existe en Brasil, en Nigeria, en la India, en Colombia y en muchos países más. Eso también me dio la confianza de ambientar la novela en un país sin nombre, porque hay muchos países que viven lo mismo.

En la novela el gobierno intenta abolir el recuerdo de aquellos años de violencia interna. ¿Qué tan importante consideras que es la memoria para una sociedad?
Yo me acuerdo que en el 2001, cuando se hablaba de la Comisión de la Verdad, hubo muchos debates, mucha discusión y mucha gente en contra de la formación de una Comisión de la Verdad. Eso es precisamente lo que quiero retratar, no sólo la guerra sino la posguerra y el proceso de recuperación que para mucha gente es sinónimo de olvidar. Esa es una estrategia de recuperación sicológica, pero no es la única. Para realmente tener una reconciliación también hay que conversar, hay que ponernos de acuerdo sobre qué es lo que sucedió, cómo, quién murió, cuántos, dónde, a manos de quién.

Tienes un libro de cuentos y ahora una novela ¿Qué género disfrutas más?
Escribir una novela es mucho más divertido, porque estás todos los días en lo mismo, te enamoras completamente de tus personajes, de su mundo. Si bien los primeros seis u ocho meses pueden ser muy difíciles, luego una vez que logras encaminarte es mucho más fácil. En el caso de escribir cuentos es distinto. Ni bien empiezas tienes que acabar, y no disfrutas de ese momento de convivencia con tus personajes.

Conforme avanza la lectura uno se encuentra con incógnitas que se van despejandopaulatinamente de manera natural…
Yo lo escribí en ese orden. Y las incógnitas surgían y no tenía respuesta para ellas, aparecían luego. No es que tenía una idea de cómo iba a terminar la novela, para nada. Eso es lo lindo de escribir una novela. Y sabes que estás encaminado cuando, por ejemplo, un detalle que entra al texto en la página 30 por motivos que tú mismo no puedes explicarte termina siendo esencial en la página 300.

Tú escribes en inglés. ¿Supervisas la traducción al español?
Esta traducción ha sido un trabajo de equipo. Está Jorge Cornejo que ha hecho un excelente trabajo. La traducción va por muchos filtros: mi viejo, mi editora Mayte Mujica también. Y luego yo hago la última revisión.


¿Cómo ves la narrativa peruana última?
Me da mucho gusto los éxitos que hemos tenido a nivel internacional. Y a nivel nacional, creo que cada vez se publica más, hay más editoriales, hay más escritores interesantes. No los he leído a todos, pero me enorgullece ser considerado parte de las letras peruanas, creo que somos buenos escritores. A los cubanos se les conoce porque bailan bien y a los peruanos porque escriben bien. Lamentablemente eso no ocurre con nuestro fútbol (Risas).

Finalmente, vas al encuentro de escritores en Bogotá, junto a Santiago e Iván…
Yo no iba a ir porque en realidad he estado viajando demasiado este año. Pero luego lo pensé mejor. Es una gran oportunidad para conocer a los escritores de mi generación a nivel latinoamericano. Va ser muy bonito. Las listas siempre son una tontería, para serte honesto. Las listas son para dar que hablar. Hay escritores allí que admiro mucho y me da mucho gusto estar en una lista con ellos, pero no significa que esa lista es para cerrar un debate sino para comenzar una discusión. Es como una antología, siempre hay alguien que cuestiona la selección.

*Fotografía de EDUARDO CAVERO

domingo, 28 de enero de 2007

MdN: "El secreto de la trapecista", Oscar Málaga


Aunque por momentos lo aparente, El secreto de la trapecista (Alfaguara, 2006) de Oscar Málaga– no es una novela histórica. Está ambientada en la Lima de 1831 y describe una atmósfera transida de caos, violencia y segregación. Sin embargo, todo es parte de la ficción, porque en realidad esta segunda entrega novelística de Málaga (poeta reconocido y premiado) se erige como una gran fábula de amor.

La novela nos narra la vida al interior de un circo bastante venido a menos. El Circo Cielos Americanos se encuentra en plena caída libre y el dueño, José Basagoitia, lo intentará todo en su afán de salvarlo de la bancarrota. En esa empresa unirán fuerzas todos los integrantes del circo, personajes extraños, fácilmente vinculables con lo gore, como La Mujer Barbuda, El Hombre Más Fuerte del Mundo, El Tragafuegos, entre otros. Personajes bien delineados por el autor, quien les ha insuflado una ternura que aparentemente podría contrastar con sus propias naturalezas, pero que hace de éstos seres singulares y realmente entrañables.

Salvar al Circo sobre todas las cosas (el circo como símbolo del bien común de sus integrantes), esa parece ser la consigna de Basagoitia. Y en esa línea está dispuesto a sacrificar incluso hasta su amor por La Trapecista de Quince Años y con el Pelo Rubio, a quién pretenderán hacer pasar por una princesa rusa para que pueda contraer nupcias con el aristocrático y pusilánime coronel Juan de Alcazar y Benavente.

Otra peculiar relación sentimental es la que mantienen La Mujer Barbuda con El Hombre Más Fuerte del Mundo. Hay una escena, por ejemplo, en la que luego que La Mujer Barbuda por fin le ha dicho que lo ama, el Hombre Más Fuerte del Mundo logra que ella le confiese que eso mismo lo ha dicho otras veces. “Eres una puta, Mujer Barbuda, una puta...”, le espeta, ofendido e iracundo. En ese momento ella le descarga una feroz cachetada y le dice: “No seas imbécil, o no sabes que cada vez que una mujer dice te amo lo dice siempre por primera vez”.

En contraposición con lo que sucede fuera, en esa Lima que parece tan actual, signada por la desunión y al borde de una guerra civil, el Circo se muestra como un lugar en el que, a pesar de las diferencias, todos persiguen un fin común. El secreto de la trapecista es una novela que entretiene, pero que, además, posee la virtud de generar, en un lector diligente, un punto de partida para más de una reflexión en torno a la naturaleza humana.


*MdN (Mesa de Noche): sección de comentarios libres sobre libros que puedan despertar en mí algún deseo de compartir algunas impresiones particulares.

martes, 19 de diciembre de 2006

Entrevista a Oscar Málaga


Oscar Málaga se define como un poeta que escribe narrativa. Así, cual verdadero orfebre del lenguaje, ha urdido El secreto de la trapecista (Alfaguara, 2006), una novela atiborrada de singulares personajes cuyas extravagancias van de la mano con una ternura inapelable.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Los personajes de tu novela son seres peculiares, portadores de una locura blanca. ¿Cómo surgieron?
Creo que es muy difícil plantear cuál es la génesis de una novela. Creo que hay una serie de factores que se van acumulando, juntando. Y que un día encuentran una vertiente de salida, una especie de disparador. Ese disparador fue un sueño. Un sueño en donde yo miraba, de una manera extraña, toda la vida de un circo, la vida cotidiana del circo.

La novela nos ofrece un fresco de un país que podría ser, al mismo tiempo, el Perú de ayer, de hoy y, posiblemente, de mañana...
La novela no es histórica. Eso quiero dejarlo en claro. No he hecho ninguna investigación para la novela. A pesar de que doy datos precisos en algún momento, no son reales, son inventados, ficción pura. Pero yo soy peruano, me he nutrido de lecturas y realidades peruanas. La ficción es el resultado de eso. La novela se torna como una gran metáfora sobre lo que es la construcción de un país que parece que nunca terminará de construirse. Por eso la novela es atemporal.

La novela presenta dos mundos, diríamos, antagónicos: el del circo y del lugar al que arriban...
Creo que como resultado de la ficción me fui dando cuenta de que estaba enfrentando dos mundos diferentes. Conforme iba escribiendo la novela me fui dando cuenta que había dos mundos con particularidades diferentes. El mundo del circo era un mundo solidario, coherente. Y el mundo exterior al que ellos habían llegado era un mundo entrado en confusión permanente, donde nada era claro, donde nada se sustentaba.

También es una novela que presenta romances singulares...
Es un mundo en el cual suceden muchas cosas. Y una de las cosas que más suceden son las relaciones afectivas. Hay una relación afectiva extraña entre Don José y La trapecista, una relación afectiva apasionada entre La trapecista y El tragafuego, una pasión desesperada entre La mujer barbuda y El hombre más fuerte del mundo.

Son personajes que inspiran ternura...
Sí, es una novela que está llena de objetos tiernos, de personas que en el fondo son bastante puras. La sensación que tienes al leerla es una situación de frescura. Pero esta frescura no tiene donde desarrollarse de manera natural, salvo en el circo.

¿Qué vínculos tendría esta novela con la anterior?
El lenguaje. Creo que el lenguaje sigue siendo un lenguaje cargado de poesía. Blues de un gato viejo está más circunscrita a la vida personal de dos personas. Esta trata un mundo un poquito más complejo, con mayores vinculaciones.

El protagonista de la novela anterior era aficionado a recortar de los diarios las noticias extraordinarias. En esta novela los personajes son extraordinarios.
Es un hecho que no lo había visto, pero es verdad. Pero en este caso todos estos personajes extraordinarios tienen un mundo extraordinario donde se desarrollan como seres extraordinarios.

Hinostroza decía que a pesar de dominar la narrativa y el teatro, él se consideraba esencialmente un poeta. ¿Te sucede lo mismo?
La poesía para mí es el arte del lenguaje por excelencia. No hay momento en que la palabra adquiera tal valor que en la poesía. Yo creo que la poesía puede atravesar todos los géneros literarios. Creo que la poesía debe invadir todos los géneros de la literatura, pero no para hacerla más compleja, sino para hacerla más rica de sonoridades, de lenguaje, de significado. Yo me considero fundamentalmente un poeta que escribe narración.