Mostrando las entradas con la etiqueta alberto fuguet. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta alberto fuguet. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de febrero de 2010

ALBERTO FUGUET: Missing


Alberto Fuguet
Missing
(Editorial Alfaguara)

Ya me lo había adelantado mi amiga Vanadis pocos días antes de iniciar la lectura: Missing es lo mejor que ha escrito hasta este momento. Así, con aquella entusiasta y categórica reflexión, me aventuré a través de las páginas de un nuevo libro de mi amigo Alberto Fuguet.
Missing trata sobre una búsqueda. ¿Importa mucho si el personaje al que se busca existe, si estamos ante un hecho real o no? A mi juicio es un dato irrelevante. Fuguet logra trascender lo anecdótico para entregarnos un libro perdurable, un libro intenso en donde la búsqueda de un hombre se universaliza. Missing es la novela sobre un hombre que se pierde por voluntad propia y por la desidia de sus familiares cercanos. Uno de los momentos más dramáticos, que de alguna manera desencadena la partida del personaje central –el tío Carlos– es aquel en donde su padre le dice: “Deja de molestarnos, deja de existir. No existes para mí. Sólo me has traído problemas. No queremos verte nunca más. No me interesa que seas hijo mío”. El tío Carlos no fue un santo, sin duda, pero nadie está preparado para ese duro golpe verbal.

La novela se despliega como una investigación, la del narrador, quien emprende la búsqueda de su tío perdido. Perdido en algún lugar de los EEUU. Y uno aprecia, al mismo tiempo, cómo se va gestando el libro que tenemos en nuestras manos, como en un momento, incluso, el narrador duda de la pertinencia del libro.

¿Es lo mejor que ha escrito Fuguet? Difícil responder, tratándose de alguien a quien uno aprecia. Lo que resulta innegable es que uno tiene “libros favoritos” de determinados autores. Y este, Missing, es uno de mis favoritos de Fuguet.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Entrevista a ALBERTO FUGUET


Alberto Fuguet aterrizó nuevamente en Lima, una ciudad que conoce bastante bien, para presentar Missing (Alfaguara, 2009), su más reciente libro en el que narra la historia de Carlos, su tío que un día, hace muchos años, decidió irse, borrarse literalmente. Huir de una familia que siempre lo vio como una oveja negra.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de VÍCTOR VÁSQUEZ

Missing tiene un preámbulo, que es la crónica que escribes para Etiqueta Negra. ¿En qué momento decides emprender la búsqueda de tu tío?
Bueno, la obsesión estuvo antes. Y, como digo en el libro, parece que estuvo mucho antes de lo que yo pensaba. Yo me he dado cuenta de que personajes inspirados en Carlos, consciente o inconscientemente, están desde el primer libro mío.

Te refieres al último cuento de Sobredosis: "No hay nadie allá afuera"...
Claro. Y quizás no es sólo por Carlos. Quizás uno conecta con las cosas que te conectan a ti. Algo hay en mí que hace que me atraiga la gente que se pierde o que no se integra del todo. Y que curiosamente siento, para beneficio mío, que es algo que parece que mucha gente también hace. No es como obsesionarse con los mosquitos.

¿En qué momento de la investigación descubres que tienes un libro?
No, en la investigación no. Pero una vez que la cosa se calmó, que lo encontré y se produjo la reconciliación, yo le escribí a Carlos y le dije: "Yo siento que aquí tengo un libro, que hay una historia, pero creo que el libro sería mucho más importante no sólo contando la primera parte, la parte mía en la que investigo, sino tu historia". A mí no me gustan mucho los libros policiales. Entonces, escribir un libro en el que sólo lo encontré no me parecía. Me parecía que el libro podría ser un libro de verdad si Carlos participara. Si él contara el verdadero misterio del asunto, que no era tanto dónde estaba, sino por qué se había ido, por qué se había perdido.

En un momento dudas de seguir con el proyecto del libro...
Si hubo un momento en el que dudé si tenía un libro, si el libro era suficientemente bueno. Y como que la excitación se me quitó. Cuando uno está muy obsesionado por algo y lo encuentras es como que se te va un poco la adrenalina, tú lo sabes. Entonces le dije a Carlos que todo ese tiempo había sido bueno, pero que el libro no valía la pena escribirlo. Pero ahí se produce un gran cambio. Carlos me dice: "Yo tenía muchas ganas que se hiciese el libro". Por qué, le pregunté, si yo escribo el libro muchos secretos tuyos van a salir a la calle. "Sí, pero me gustaría tener una historia". Jamás había esperado que me respondiera eso. Y allí entendí muchas más cosas sobre mí y sobre la literatura. Para la gente al final más importante es la historia. Al final él quería leerse a sí mismo.

Me da curiosidad saber cómo fue aquella escena en la que le muestras el libro a Carlos.
Sí, fue también como una especie de puesta en escena. Fue como planeado, porque yo sabía que podía ser, como dices tú, raro, arriesgado y emotivamente peligroso. Tenía que ser de una manera tranquila. No podía ser un trámite, debía ser un rito. Yo le pedí a mi padre que me acompañara a entregarle el libro a Las Vegas, donde él vive ahora, porque yo sentía que no podía mandarlo por internet. Fuimos a comer a un buen restaurante de un casino. Y nada, hicimos como vida social. Y muy de noche le entregué el manuscrito anillado.

¿Qué te dijo luego de leerlo? ¿Sugirió cambiar algo?
No, no me cambió nada. Lo único que me dijo fue que había unas fechas erróneas. Él estaba muy emocionado, tenía lágrimas en los ojos. Y me dice: "Me entendiste. Ese soy yo. Ahora tengo historia". Como que de pronto las cosas se le habían ordenado y había entendido quién era.

A raíz de tus primeros libros, en los que tocas temas familiares, se generó cierta tensión entre tu familia y tú. ¿Cómo tomaron este libro?
Hubo, como dices tú, tensión, pero por falta quizás mía de inmadurez o de atarantamiento. O de no haber entendido el proceso literario. Yo he aprendido mucho. Entre otras cosas me doy cuenta de que quizás uno siempre debería escribir sin ficción, a pesar de que este libro sigue siendo ficción, sigue siendo una novela. Tal como tú me preguntaste sobre cómo lo tomó Carlos, creo que si él lo hubiera leído en una librería le daba un ataque. Este libro antes de ser publicado también lo leyó mi padre. Y a mi padre también le di todas las oportunidades del caso: le dije que no quería cambiar nada, pero que podíamos negociar. Le dije que había cosas que le podían doler y otras no, pero que era un libro hecho sin venganza. Y que me gustaría que me diera la bendición. Y bueno, me mandó un e-mail a decirme que le había encantado.

*Entrevista publicada en Correo el domingo 29/11/09.
**Pueden ver también una estupenda entrevista en video realizada por Ernesto Arrascue y con cámara de Rosa María Puga en CorreoTV.

lunes, 12 de enero de 2009

Entrevista a ALBERTO FUGUET (sobre ANDRÉS CAICEDO)


Alberto Fuguet ha logrado, valiéndose de una gran cantidad de cartas y anotaciones, urdir, a la manera de un documental, un libro estupendo: Mi cuerpo es una celda (Editorial Norma, 2008), la autobiografía de Andrés Caicedo, este colombiano que se arrebató la vida a los 25 años y se convirtió, con el tiempo, en un autor de culto.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Me comentaste el año pasado que fue en Lima donde descubriste a Caicedo por un libro suyo que encontraste en una librería. ¿Qué fue lo que te atrajo de él?
Así es: en la librería La Casa Verde, hoy desaparecida. Me topé con Ojo al cine y con, claro, su pequeña biografía de solapa: la suma de esas dos cosas (un cinéfilo-crítico de cine que escribió tantas páginas de cine) más un suicida caleño de 25 que estaba más obsesionado con el presente que con el pasado (a diferencia de García Márquez) fue una suerte de combo irresistible. Fue, de alguna manera, un enganche inmediato. Supe ahí que sería un escritor importante y un amigo clave. Jamás pensé que terminaría haciendo un libro suyo, pero así fue. Creo que lo que más me atrajo de él es aquello que siempre atrae: que en alguien distinto uno se tope con cosas extremadamente cercanas y personales.

¿Cómo surge la idea de trabajar en una biografía de Caicedo y cómo así decides darle el carácter de documental que presenta el libro ya publicado?
Primero fue una biografía, pero rápidamente la deseché. Más tarde cruzó por mi mente, por un par de segundos, una novela acerca de un personaje parecido, pero, por suerte, la idea me duró muy poco. Y al final todo cambió, en Bogotá, cuando Luis Ospina me dijo por qué no te quedas con este material que no sé qué hacer con él. De ahí partió todo: me di cuenta de que era una autobiografía cuando leí esa caja llena de archivos, revisé las carpetas que me pasó Patricia Restrepo y ordené lo que encontré en la biblioteca Luis Ángel Arango. Sentí que él estaba contando su vida. No 'el cuento' sino 'la novela' de su vida. Y la idea fue, desde ese momento, hacerme a un lado. Como trabajé en UCLA por esos días, me bajó una fobia académica que me llevó a prometerme no tener notas al pie de página o explicaciones ni prólogos ni presentaciones de otros, pero al final no tengo tan claro si me hice a un lado. Creo que estoy. Que están 'mis temas'. Y que Andrés, como me dijo un periodista, podría ser un personaje mío.

Al leer Mi cuerpo es una celda me vino a la mente Apuntes autistas. ¿Crees que de alguna manera ambos comparten una esencia similar, algo que los emparenta?
AF: Creo que sí, ahora que lo mencionas. No lo había pensado, pero sí veo conexiones, desde estructurales a la cosa autista (uno de mis temas, creo) a la fanatización por el cine. Sí, las veo. Es más: cada vez creo que Apuntes autistas es un libro que, para mí, es fundacional. Veo mucho en el libro que estoy terminando tanto de Apuntes autistas como de Mi cuerpo es una celda.

¿Cuál es tu opinión sobre la obra narrativa de Caicedo?
Me parece que este libro es, claramente, su mejor libro, más allá que yo tenga que ver con él. Incluso en Colombia están diciendo esto. Creo que como escritor era un escritor en ciernes. ¡Dios: tenía 25 años! Y estaba buscando su mundo, su estilo. Creo que Viva la Música es un libro donde el narrador claramente debió ser un hombre, por ejemplo. Pero al escribir crítica o cartas, al escribir para sí, sin máscaras, el tipo es un gran escritor. Caicedo prueba una vez más que un autor no es necesariamente el más creativo sino el más valiente o el más jugado.

¿Crees que el fracaso que significó su viaje a Hollywood contribuyó al fatal desenlace de su vida?
El comienzo del fin… sin duda. Ir a la ciudad de Los Ángeles y toparse con el diablo fue un error fatal. Igual es fascinante y revelador que su meta era Hollywood, no Barcelona o París. ¿Cuántos escritores latinoamericanos se van a Hollywood? Pero creo que no volvió siendo el mismo. A pesar de que era un tipo extremadamente fracturado, creo que ese golpe fuerte hizo que todas sus cicatrices se abrieran. No se puede vivir ni crear tan herido.

*Publicado en Correo el domingo 11/01/09.

martes, 29 de julio de 2008

Entrevista a ALBERTO FUGUET


Alberto Fuguet se encuentra en Lima una vez más. En esta ocasión para participar en la Feria Internacional del Libro y presentar dos títulos nuevos: Apuntes autistas (Epicentro-Aguilar) y Road story (Alfaguara), una novela gráfica basada en un cuento suyo.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de JAIRO VEGA

En Apuntes autistas, libro que escribiste en medio de constantes viajes, manifiestas tu particular mirada de los lugares. Por ejemplo, señalas que Nueva York no es para ti el Empire State, sino una librería, un restaurante ruso. En ese sentido, ¿qué lugares son Lima para ti?
Sin duda, han sido los hoteles en los que he estado, la librería La Casa Verde. Y claramente Vargas Llosa, los lugares en donde han ocurrido sus novelas. Por ejemplo, el Colegio Leoncio Prado. Recuerdo perfectamente la luz, el olor y el viento cuando estuve ahí, al lado del malecón. Un barrio bravo. Y no puedo sacarme de mi mente la entrada a Las Vegas, que es la Av. La Marina, que es horrible y fascinante. Horrible porque es patético, es kitsch; y fascinante porque demuestra que es una ciudad que está viva, que no tiene que hacerse cargo de las tradiciones y que es capaz de mutar.

Vargas Llosa ha sido importante en tu literatura. En el libro elogias la visión de la guionista Giovana Pollarolo por llamar Varguitas al protagonista de Tinta roja ...
Me parece que fue muy inteligente. Se dio cuenta de muchas cosas que los críticos y académicos no se dieron cuenta. Para mí, Tinta roja era una vuelta de tuerca a La tía Julia y el escribidor. Y además, mi lazo con el Perú es extraño porque fue el primer país que me invitó como escritor. Yo jamás pensé que mis libros pudieran salir de Santiago. Y además era tal lo que decían en Chile: que yo no era un escritor ni siquiera chileno y que no podían mis libros ser entendidos fuera de una cierta comuna, la equivalente de Miraflores. Y fue muy sorprendente que llegara alguien de Perú y me dijera: “Te hemos leído en Perú y quisiéramos entrevistarte”. Y unos meses después me invitaron a la Feria de Lima.

También aparece en el libro un texto sobre García Márquez...
Leí con mucha atención Vivir para contarla y me di cuenta de que hubiese podido hacer Cien años de soledad sin realismo mágico. Pero claro, es mucho menos comercial hacerlo sin realismo mágico. Yo creo que ese artículo me sirvió para calmar las cosas. Es mi lazo con alguien que alguna vez admiré, y que todavía admiro, supongo, y con quien he luchado y me he enfrentado. Y ahora la cosa está calmada. Pero no es una relación de devoción; admiro mucho más a su hijo, que hace cine y series de televisión como In Treatment, de HBO. Creo que está mucho más conectado al mundo y a la larga creo que él va a perdurar más.

¿McOndo surge, de alguna manera, como una reacción al hecho de que en un momento dado en Estados Unidos cuestionaran tu identidad de latinoamericano?
Yo presenté un cuento, que está en Por favor, rebobinar, y me dijeron que no les parecía lo suficientemente latino. Y a mí, que estaba en esa época muy sensible al tema porque todavía estaba terminando mi período como de transformarme en chileno, y por lo tanto en latinoamericano, me pareció súper insultante. Es como decirle a un chico de 14 años que es muy poco masculino. ¿Por qué? ¿Qué pasa?; como que te llena de dudas. Y yo creo que McOndo es un libro que dice: disculpa, yo soy latinoamericano, pero soy así.

Está por aparecer un libro de Caicedo preparado por ti. Y, cosa curiosa, tú lo descubres a él como autor precisamente en Lima...
Yo estaba en Lima, en este mismo hotel, y como tenía que entregar la habitación me fui a la librería La Familia y me llamó la atención un libro que llevaba la palabra “cine”. Y lo tomé pensando que era un libro de un europeo. Y me di cuenta de que el tipo era colombiano, que era joven, que estaba muerto. El libro era carísimo, pero lo compré igual. Y en el avión lo devoré. Y encontré básicamente lo que ando buscando, y que se encuentra poco: un aliado. Son muy pocas personas con las que yo podría conversar en el avión todo el camino. Por ejemplo, contigo podemos conversar cosas privadas, pero hay otras personas con las que no me interesa hablar, a pesar de que seamos humanos y tengamos la misma nacionalidad. A mí me parecen mitos, eso de que “somos chilenos, somos peruanos, somos de la misma generación”. ¿Qué tiene que ver? Creo que la verdadera hermandad radica en otro lado, y encontré en Caicedo a alguien que me hubiese gustado conocer, y sentí que era muy parecido.

Y ahora estás por sacar un libro que es como un tributo.
Creo que parte de la labor de un escritor no sólo es atacar escritores sino ayudar a promover y dar a conocer a otros. E hice un libro sobre Caicedo, que en realidad es una autobiografía. El cuenta su vida y yo lo ayudo, porque él ya no está acá.

Adoptas un rol como de documentalista...
Claro, de hecho lo voy a firmar como “dirección, montaje y recopilación”.

*Entrevista publicada en Correo el martes 29/07/08.