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martes, 13 de julio de 2010

GIOCONDA BELLI gana PREMIO DE NOVELA "LA OTRA ORILLA" DE NORMA

Poeta y narradora Gioconda Belli (Foto: Internet)

Inicialmente trazó su ruta como poeta. Y alcanzó rápidamente un merecido reconocimiento a su indiscutido talento lírico. Los premios Mariano Fiallos Gil (1974) y Casa de las Américas (1978), obtenidos por sus libros Sobre la grama y Línea de fuego, respectivamente, son una nada deleznable prueba de ello. Sin embargo, desde 1988, Gioconda Belli optó también por transitar, con igual destreza, por los predios narrativos. Así apareció La mujer habitada, su celebrada primera novela, a la que le han seguido algunas más.

Hace un par de años, si la memoria no me falla, la nicaragüense Gioconda Belli estuvo en Lima –participando en la Feria Internacional del Libro–. Y recuerdo que sostuvimos una grata charla (VER AQUÍ) en el hotel donde se hospedaba, sobre El infinito en la palma de la mano, novela con la que había obtenido el Premio Biblioteca Breve Seix Barral 2008.

Ahora, una grata noticia acaba de llegar, vía mail: Gioconda Belli ha ganado el Premio de Novela La otra orilla 2010, que organiza la editorial Norma. Un premio dotado nada menos que con cien mil dólares. El jurado estuvo compuesto, según me cuenta mi amiga Verónica Valderrama (de Norma), por el peruano Santiago Roncagliolo, el colombiano Mario Mendoza y el español Pere Sureda. El manuscrito tiene por título Crónicas de la izquierda erótica. Y esperamos que pronto se publique. (CMS)

viernes, 9 de julio de 2010

Entrevista a FERNANDO AMPUERO

Escritor Fernando Ampuero (Foto: CMS)

Fernando Ampuero acaba de publicar Fantasmas del azar (Editorial Norma, 2010), un libro que reúne su cuentística completa, desde el inicial Paren el mundo que acá me bajo hasta los cuatro más recientes relatos que conformarán un próximo conjunto. Guarecidos del cruento invierno en la comodidad de su departamento miraflorino, la charla, siempre entrañable, giró en torno a su reconocida obra literaria. 

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Tú has explorado todos los géneros (cuento, novela, poesía y teatro). ¿Se puede decir que en el cuento es donde te sientes más cómodo?
Sí, efectivamente, el cuento es el género por excelencia. Yo creo que me siento más cómodo porque, fuera del hecho de que me parezca el más difícil, es el que se adapta más a mi forma de vida. Yo tengo, como tú sabes, una doble vida: la del periodista y la del escritor. Y tengo que conjugarlas. Para escribir novelas uno necesita una disciplina diaria, estar todo el tiempo manteniendo un mismo temperamento. En cambio, cuando se escribe un cuento uno puede ir pensando la historia durante dos semanas, mientras manejas en el auto… vas dándole forma, vas completando cada una de las fisuras, de las cosas dichas y no dichas, de lo que subyace en el cuento, de los diferentes niveles de narración. Pero todavía no estás escribiendo, estás pensando. Entonces, te sientas a escribir y lo terminas en una semana. De alguna manera mis novelas son como cuentos largos, no tienen más de 200 páginas. Hay una característica, eso sí, que diferencia mis novelas de mis cuentos. En mis novelas los personajes son callejeros: un cambista de dólares del primer gobierno de García, la prostituta de la época de Montesinos y Fujimori con el vendedor de enciclopedias, o el taxista que vende borrachos. En mis cuentos, digamos en el 80%, los personajes pertenecen a la clase media y a la clase alta. Yo esto no lo he hecho voluntariamente. Uno va revisando tus libros y te vas dando cuenta de esto.

Al observar tu obra cuentística, desde Paren el mundo que acá me bajo hasta los últimos relatos, uno advierte un tránsito hacia la concreción. 
Para mí este libro es muy significativo y muy importante. Primero porque es una compilación de mis cuentos completos. Después, porque junta mis libros de juventud: Paren el mundo que acá me bajo, que escribo a los 19 años; Deliremos juntos, a los 22. Y hay allí un proceso de depuración. Voy primero explorando diferentes modos de escritura. Vas a ver que “Muchacho de la playa” tiene una prosa casi poética, barroca. “Paren el mundo…” tiene un estilo visual y directo que después he desarrollado. “Irse por las ramas” es un experimento de novela policial. Entonces, vas viendo que hay como una búsqueda, pero que ya va decantándose poco a poco mi voz narrativa, hasta llegar a lo que es verdaderamente mi expresión, que es el último cuento que inserta en una de las tantas reediciones de Deliremos juntos: “El departamento”. A partir de allí ya se pasa a mis cuentos de madurez, que es mi etapa más conocida: Malos modales, Bicho raro y Mujeres difíciles, hombres benditos. En donde ya soy, pues, un escritor en el control de sus medios. No es que lo otro esté descontrolado, sencillamente es la etapa en la que buscas diferentes opciones de expresión.

En este libro incluyes, además dos relatos (Vidas soñadas) que aparecieron en Gato encerrado, tu libro de crónicas.
Cuando decido incluir Vidas soñadas estoy poniendo en realidad relatos de esa época. Porque como tú sabes hay un gran vacío en mi producción entre lo que algunos críticos han llamado el “primer Ampuero” y lo que vendría a ser el “segundo Ampuero” (risas). Y eso se debe a toda la etapa del terrorismo en la que me dediqué al periodismo por completo. Tuve los programas de televisión: Documento, Uno más uno. Trabajé en Visión con el inefable César Hildebrandt, en algún momento trabajamos juntos (risas). Fue una etapa en la que yo sentía que debía dedicarme más a cumplir con mi funcionalidad social, digamos, ser un periodista que explicara un poco la situación y las grandes contradicciones del país. Cuando eso empieza a amainar vuelvo mi narrativa y aparecen Caramelo verde, Malos modales… Y ya soy un escritor en sus treinta. Entonces, ahora que hago la compilación, me di cuenta que esos dos textos que están en Gato encerrado, y que ahora han sido reeditados por Alfaguara en ediciones de bolsillo, con un prólogo de Enrique Zileri, dicho sea de paso, debían estar incluidos aquí, porque cubre esa etapa de los 80 en donde no publico literatura.

Dos textos que tienen cierto tono literario…
Claro, ya es un periodismo con un tono literario, porque probablemente estaba extrañando hacer literatura. Pero como estaba tan metido en el asunto periodístico, estábamos a bombazos todo el tiempo, y faltaba el agua y la luz… tú te acuerdas de eso. La memoria es frágil y mucha gente se olvida, pero pasamos unos diez años horrorosos.

Y al mismo tiempo, muchos de tus cuentos, como lo ha acotado el crítico Julio Ortega, tienen influencia de la crónica…
Bueno, lo que ocurre es que a mí el periodismo me ayudó mucho a decantar mi lenguaje. La mayoría de mis cuentos y novelas van al grano, como generalmente procedemos los periodistas. Lo que pasa es que yo hago una ósmosis: utilizo en el periodismo elementos literarios y a la inversa, cuando escribo literatura trato de ser lo más cercano de lo que es el periodismo en cuanto la visión directa, clara, luminosa y fluida. No hago propiamente periodismo, pero sí me interesa un lenguaje directo, limpio, de frases claras, despojado de ornatos superfluos. Y esto se inscribe en una tradición literaria, por supuesto, en donde están Hemingway, Salinger, Carver y otros escritores que escriben con un estilo casi de alambre. Todos hijos, por supuesto, de Chejov y Turgueniev y de otros autores de estilo directo y claro. A mí me interesó más esto que, digamos, lo contrario, el escritor de tipo Faulkneriano, que cabalgan frases. Y no es que me disgusten esos escritores: yo leo con gran placer a William Faulkner y a Javier Marías que tienen ese estilo. Pero lo que me parecía que se acomodaba más a mi visión era ese estilo directo. Lo que me interesaba era alcanzar la proeza de lograr densidad literaria a través de un estilo tan desnudo. 

Lima es la protagonista de tus libros. ¿Cómo es tu relación con esta ciudad?
Cada escritor escribe sobre lo que más conoce. A mí me gustaría escribir sobre Abancay o haber podido escribir Los ríos profundos, que es un libro que admiro mucho, pero yo no he vivido esa realidad. No lo voy a hacer bien. Pero sí conozco la ciudad, sí conozco Lima. Como te he mencionado en mis novelas los personajes son populares y en mis cuentos son de clase media y alta. Esos son los mundos que yo conozco. Como periodista yo he tenido el pasaporte para ingresar a todos los submundos de la ciudad, pero también a los salones elegantes. Tú sabes cómo es el trabajo del periodista, lo he hecho con tu padre, que es un excelente diseñador, en Caretas. Uno puede un día estar en las oficinas lujosas de un ministro de Estado y a la noche estar en la casa precaria de un dirigente sindical a las afueras. La ciudad para mí es la protagonista, por supuesto, de una u otra manera, de toda mi literatura. Lima me mata, era una frase que salió hace poco de una muestra pictórica. Pero eso lo decía yo hace muchos años: “Lima me está matando y yo la quiero matar” (risas). 

Una de las recurrencias que encuentro en tu literatura es aquella mirada irónica y lúdica, además de un elemento constante de revelación y asombro.
Sí, yo siempre me he esforzado en un objetivo: construir una mirada, una percepción del mundo. Y esta percepción del mundo tiene un acicate: el asmobro. Yo siempre he tratado de mantener mi capacidad de asombro lo más fresca y lozana. 

Además de aquel silencio de los 80, hay otro gran silencio en tu narrativa, que va desde Bicho raro (1996) y Mujeres difíciles, hombres benditos (2005). Es una época en que debes enfrentarte a una difícil enfermedad. Y por esos años aparecen dos poemarios. ¿No es casualidad esa incursión poética, verdad?
No es casual, claro. Yo ya tenía un sentimiento premonitorio de algo que se me venía, y por eso escribí los poemas de Voces de luna llena, que son poemas que reflexionan sobre al amor, el deterioro y la muerte. Ahora, justamente, en agosto, va a salir una antología personal de mi poesía (con algunos poemas nuevos). En ese proceso, claro, había lo que en mí se llamó como “un poeta tardío”. Y claro, para el gran público soy un poeta tardío. Pero yo ya era un poeta desde un primer momento…

Incluso, en tu primer libro se advierte esa veta poética.
Claro, y ya había publicado poesía en algunas revistas. Lo que pasa es que no opté por publicar un libro de poemas. Mi vocación es más narrativa.

lunes, 24 de mayo de 2010

BLOC DE NOTAS (de Carlos Calderón Fajardo)

El género policial. (Foto: Internet)

Leonardo Padura: El Miedo y la Violencia, la literatura policial en América latina (I)
Escribe CARLOS CALDERÓN FAJARDO

En una muy interesante antología del cuento policial en español Variaciones en negro de Lucía López Coll (Norma, 2003), el prólogo es del escritor cubano Leonardo Padura: “Miedo y violencia: la literatura policial en América Latina” (2001). Ya desde el título “Miedo y violencia” Padura plantea que los elementos centrales del policial latinoamericano, no son el enigma ni la narrativa de detectives, como lo fue de Poe a Raymond Chandler, los creadores de la novela policial clásica.

En Variaciones…, esta antología del cuento policial latinoamericano, figuran Manuel Vázquez Montalbán, Mempo Giardinelli, Paco Ignacio Taibo II, Ricardo Piglia, Leonardo Padura, el chileno Ramón Díaz, Rubem Fonseca y seis cuentistas más. Autores de siete países –Argentina, Brasil, México, Chile, Colombia, Cuba y España. Es decir ningún peruano–. ¿Por qué no aparecen escritores peruanos en esta antología bastante completa, algo incompleta? Por una de dos razones: o porque la narrativa policial peruana no es conocida por los cultores de este género, que son una especie de secta –se reúnen en eventos internacionales de novela negra–, figuran en premios como el “Semana negra de Guijón” o el “Premio Dashiell Hammett”, o no somos considerados porque no existen cuentos y novelas en la narrativa policial peruana con méritos como para ser considerada dentro de una antología continental. Pienso que la razón es la primera, la literatura peruana, salvo los nombres consagrados de Vargas Llosa y de Bryce, el resto de escritores no recibe la atención que merece, y menos en subgéneros como es el de la novela policial, habiendo escritores con méritos para tener mayor figuración en la llamada “narrativa negra”.

Sin embargo, a pesar de casos muy meritorios, la novela policial no es un género muy practicado por los escritores peruanos. No llegan a cinco las novelas que valen a mí parecer ser tenidos en cuenta. Esto es también extraño, este desinterés por la novela policial, porque basta escuchar los noticieros de televisión y leer los periódicos para darnos cuenta que vivimos en una sociedad “criminalizada” sobre la cual la literatura peruana no está dejando constancia, o al menos no al parecer en una cantidad significativa. Cualquiera de las historias que los peruanos seguimos con interés motivaría una excelente novela policial, sobre todo en la forma de un policial como interpreta Padura la novela policial latinoamericana, es decir, como literatura de Miedo y violencia. La respuesta a este descuido por dejar constancia de la novela policial peruana sobre el crimen en una sociedad criminalizada estaría relacionada a nuestra renuencia a ser modernos, o si se quiere a ser “postmodernos”.

En este interesante prólogo a la antología de Variaciones en negro, Padura nos ilustra sobre el nacimiento y largo viaje de la narrativa policial desde su nacimiento con Poe y Wilkie Collins hasta Dashiell Hammett y Raymond Chandler, es decir, un siglo de vida, que Padura caracteriza como “policial”, aquel cuento o novela donde existe un enigma y un personaje prototípico para develarlo. Esto que va a ser lo que caracterizó a la “novela de misterio” o “detectivesca”. Así hasta llegar a una de las obras maestras del género El largo adiós (1953) de Chandler, en donde al final de la novela el lector no recuerda quien fue el asesino de la novela. La novela policial se desplaza, desde ese momento de un misterio de difícil dilucidación a la existencia de un crimen.

La novela policial latinoamericana no nace de la novela de enigma nace de la novela negra, sobre todo de Raymond Chandler, Cain, Mac Donald, Chester Himes, que traen una propuesta estética, que el mal llamado género policial, se práctica de manera extendida en América Latina y España, pero en menor medida en el Perú –me imagino que tampoco en Ecuador y Bolivia–. La novela policial Iberoamericana coloca no al detective o al policía en el centro sino al crimen y a la violencia, que es violencia urbana, en ciudades donde “conviven el crimen y la vida y la realidad más rampante y esencial de un universo abocado a todas las crisis políticas, económicos, morales y culturales”, escribe Padura. Pero también dice Padura que este neo-policial iberoamericano, ortodoxo y multiforme, transita por caminos que van del subdesarrollo a la post-modernidad, que tomando “las armas de la novela gótica, el folletín de aventuras, y hasta las novelas de far-west… dan cuenta de sociedades cada vez más violentas, caóticas y descentradas como son las sociedades latinoamericanas”.

La relación de la novela policial latinoamericana con la postmodernidad, va a desarrollarla Padura en su libro de ensayos Modernidad, postmodernidad y novela policial (1999).

En la siguiente semana, en la segunda parte de esta nota, nos ocuparemos de la última novela de Padura: El hombre que amaba a los perros. En ella veremos un caso prototípico de los desplazamientos de la actual novela policial latinoamericana, centrada en el crimen, la violencia y el miedo.

jueves, 20 de mayo de 2010

Entrevista a JAVIER ARÉVALO

Javier Arévalo en la editorial Norma (Foto: CMS)

Su primera novela de corte juvenil resultó un éxito insospechado. Tanto que se volvió un pequeño clásico del género en nuestro país. Inubicable hasta hace poco en librerías, Vértigo sobre la luna (Editorial Norma, 2010) acaba de ser reeditada. Qué mejor pretexto para charlar con Javier Arévalo, su autor.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Me contaste en cierta oportunidad que Vértigo sobre la luna la escribiste en poco tiempo…
Sí, en siete días. Nació de una llamada en la que me preguntaron si tenía novelas juveniles. Y yo respondí que no tenía novelas ni juveniles ni pornográficas. Sólo tenía mis novelas. Pero que si quería una a lo mejor podría hacerlo. Y así fue. Me senté y yo tenía en la cabeza la historia de un danzante que había conocido en Huancayo. Y pensé que iba a escribir sobre él. Pero al final lo que conté fue completamente diferente a la primera imagen que tenía. Pero la imagen del danzante quedó.

Igual terminó siendo un personaje importante en la novela…
Sí, claro, es un personaje importante, es el coprotagonista de la novela. Aunque los personajes se van repartiendo las responsabilidades del libro, sí es un personaje importante: se cuentan muchas cosas de su vida y de su drama. Y además, su drama también alimenta el título de la novela.

El danzante posee, además, una sabiduría particular, ancestral…
Claro, es un danzante como cualquier danzante con el que te podrías relacionar ahora. Porque es una novela muy contemporánea. Y es un hombre con unas creencias religiosas, con unas creencias culturales que se alimentan de una tradición vieja en el Perú. Pero también es un hombre que trabaja vendiendo helados en la calle, que ve televisión, como cualquier hombre de esta época. Como cualquier danzante de esta época.

El protagonista, Marcelo, es un chico curioso, inteligente y un lector. Y de alguna manera no encaja en ese universo mediocre de su salón de clases. ¿Se puede decir que hay una crítica al sistema educativo?
Sí, también. Bueno, una de las cosas que hago en mi vida es dirigir un proyecto que se llama Recreo, que precisamente en contraposición a una perversa escuela que nos aburre y que nos obliga a estar rodeados de chicos que no tienen la culpa de haber sido convertidos en esos orcos que un sistema incompetente e ineficiente genera. Este chico, como tú dices, es un chico lector y tiene, obviamente, otras curiosidades que no puede satisfacer en un ambiente tan triste como el de un salón de escuela. Entonces, sufre este problema de incomunicación. Que no encuentra como salvar. Y además crece en un ambiente tan sórdido. Y sí, es una crítica a un sistema que produce la educación peruano. Y no sólo peruana. El continente entero tiene este problema.

Marcelo no termina de la manera en la que termina su hermano, Edián…
Yo creo que el drama de esa casa es complicado. El drama va más allá de una relación directa entre un niño y una apertura hacia estímulos que lo pueden salvar de la calle. Porque quien en parte lo educa es el hermano que muere, él es quien lo protege. Además, él es un líder de pandilla, es fuerte y no quiere que su hermano vaya por allí. Y la presencia de la madre también es importante. La madre tampoco es una mujer pandillera, es una profesora. Y eso abre una alternativa. Pero el hermano mayor además es hijo de un delincuente. Y allí está todo servido para producir otro delincuente. Pero con esta situación en la que tira para uno y otro lado. El hermano menor, finalmente, lo tiene más claro. Y lo tiene más claro porque el hermano mayor, el delincuente, le ha creado situaciones para que le sea más claro: él es el que pelea, el que vigila, el que va a robar… no es el hermano menor.

Así, el personaje logra salvarse, de alguna manera…
Se da cuenta que siendo parte de los “pastrulos”, metiéndose con esta gente no va a tener ninguna posibilidad y va a tener la misma porquería en la que crecen esos chicos. Y eso es una práctica cotidiana en el medio social en que crecemos. Yo crecí rodeado de drogadictos y delincuentes juveniles, que han sido amigos míos, que han muerto acuchillados. Y de alguna manera el ser capaz de gozar un libro, de gozar de la música, de la pintura, salva a algunas personas. Y si bien no se sabe si el personaje va a salvar su vida, sí tiene momentos en que no está reducida su vida a vender drogas o ser parte de una pandilla: hay otras cosas en las que puede entretenerse. 

El hermano mayor, Edián, aparece también en una novela posterior, en El cazaba halcones. ¿Cómo se da esto?
Sí. Yo no lo tengo claro. Porque en mis novelas de adultos, también están conectadas porque algunos personajes van apareciendo en todas ellas. Y yo no lo puedo explicar. No sé por qué se fijan como con adhesivo a mi práctica creativa. Será porque los conozco, porque es un mundo en el que estoy investigando, será porque algo quieren decir. Pero eso es también una maravilla, porque es un misterio. Si no tuviera misterio lo que hago, no podría hacerlo. Si yo sigo escribiendo es porque siento que hay cosas que no sé, y que voy a descubrir al escribir. Y a veces no las descubro. Y al terminar la novela tengo como un residuo de esa búsqueda. Pero cuando la leo siento que el residuo de esa búsqueda tiene un sentido, y se puede empaquetar en un libro y ofrecérsela a los lectores. Para que ellos también inicien su propia búsqueda.

lunes, 26 de abril de 2010

Presentarán libro infantil "¿Dónde está mi huevo?" en Feria del Libro "Lima Norte"

El Grupo editorial Norma presenrará el próximo viernes el libro para niños ¿Dónde está mi huevo? de Paola Arenas y Christian Ayuni. La cita es a las 5:30 pm, en el auditorio principal de la Feria del Libro "Lima Norte", en el Centro Comercial Mega Plaza. Se anuncia un espectáculo para no perdérselo.

jueves, 22 de abril de 2010

MESA DE NOCHE (libros)

JUAN MANUEL CHÁVEZ
Ahí va el señor G.
(Norma, 2009)
Juan Manuel Chávez no es un autor nuevo. En el 2004 publicó la novela La derrota de Pallardelle, que, además, obtuvo una mención honrosa en el Concurso Nacional de Novela “Federico Villarreal”, en el 2002. Por otro lado, no pocos recuerdan que conducía un estupendo programa de radio llamado La divina comedia que, si mal no recuerdo, se emitía los domingos. A fines del año pasado, publicó Ahí va el señor G. (Grupo Editorial Norma). Se trata sin duda de una novela que merece una lectura atenta.

YENIVA FERNÁNDEZ
Trampas para incautos
(Revuelta, 2009)
La Escuela de Escritura Creativa que dirigen Iván Thays y Alonso Cueto tiene, entre sus principales aciertos, el mérito de haber sacado de sus “canteras” –por decirlo de alguna manera– a una serie de autores que nos han entregado óperas primas de interesante nivel. Ese es el caso, por ejemplo, de Yeniva Fernández, quien ha publicado Trampas para atrapar incautos (Revuelta editores), un conjunto de cuentos que transitan por el género fantástico. Se trata de once relatos que prometen atrapar al lector desde las primeras líneas.

L.J. SMITH
Despertar
(Destino, 2008)
No hace mucho se empezó a emitir, vía cable, una serie titulada The vampire diaries. La idea centrar resulta sencilla: dos hermanos, que son vampiros, compiten por el amor de una bella muchacha. Bueno, pues la historia está basada en realidad en la saga Crónicas vampíricas de la escritora Lisa Jane Smith. Se trata de, hasta el momento, cuatro novelas que conforman la saga. La primera de ellas, Despertar (Destino) ya se puede encontrar en Lima gracias al Grupo Planeta. Y se espera que pronto lleguen las otras tres: Conflicto, Furia e Invocación.

viernes, 5 de marzo de 2010

Editorial Norma publica el libro de La teta asustada

Guste o no, La teta asustada -premiado filme de Claudia Llosa-, ha marcado un hito en la cinematografía local. No sólo obtuvo el Oso de Oro en el prestigioso Festival de Berlín, sino que, además, se ha hecho de un lugar entre las nominadas a Mejor filme extranjero en la rutilante premiación del Oscar. El haber llegado a esas instancias es ya un reconocimiento que hay que destacar, alejados de toda mezquindad inútil.



Sin embargo, para nadie es un secreto que la película ha generado opiniones encontradas. Tengo amigos, de probada lucidez y sentido común, que me han expuesto –en amenas charlas de café– sus reparos frente a la historia que narra Llosa. Y, claro, también existen de los otros, aquellos que braman desde la intolerancia y desde inexplicables animadversiones que rozan lo patológico.


EL LIBRO. Los pobladores de Manchay –lugar donde se desarrolla la trama de la cinta– parecen no querer salir de su efervescente felicidad. Y ahora tienen un motivo más para celebrar. La editorial Norma presentará de manera oficial el libro que recoge el guión literario de La teta asustada, este domingo 7 de marzo, a las 6:40 pm, en la Plaza Cívica de Manchay. Los comentarios estarán a cargo de Rubén Silva (Editorial Norma) y Juan José Beteta.


El libro contiene, además de imágenes de la película (incluso de escenas que no quedaron en la edición final), interesantes textos de críticos e intelectuales como Ricardo Bedoya, Juan José Beteta o Gonzalo Portocarrero, entre otros.


Un gran acierto de la editorial Norma, sin duda, organizar esta presentación que podría ser la antesala de una celebración mayor. Es difícil, pero uno nunca sabe. El Oscar podría estar muy cerca.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Entrevista a JOSÉ DE PIÉROLA


José de Piérola es, sin duda, uno de los más interesantes escritores peruanos de las últimas décadas. Summa caligramática (Norma, 2009), su más reciente novela, nos muestra a un autor en pleno dominio de sus recursos expresivos.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía: VÍCTOR VÁSQUEZ

La novela luce una estructura compleja. ¿Cómo fue el proceso de escritura?
Sí, la estructura fue quizás lo más difícil de la novela. La novela empezó hace varios años. Recuerdo que en el año 2002 tomé notas sobre esta noción del niño prodigio, del niño genio, que siempre me ha parecido interesante para hacer una ficción. Sobre todo porque tiene algunas implicaciones que he tratado de desarrollar en la novela. Y después, en el 2005, no sé si recordarás, apareció una niña norteamericana de 9 años cuyos padres firmaron un contrato por 150 mil dólares por su primer libro de poesía. Y eso me dejó pensando. Y recordé también el caso en el Perú de Mirko Lauer, que de muy joven era considerado un niño prodigio. Ese es uno de los ingredientes de la novela.

¿Y el otro?
El otro ingrediente es una conversación que tuve con un poeta peruano, quien me ha pedido que no mencione su nombre, y que tuvo un episodio de pérdida de la razón. Y dentro de ese episodio se encontró con Alejandra Pizarnik y habló con ella. Y tuvieron un diálogo muy intenso. Obviamente, todo en su imaginación, pero con ese fenómeno de ilusión que le hizo pensar que era real. A partir de allí, ambos ingredientes empezaron a juntarse y se convirtieron en una sola narración.

¿Cómo articulaste la novela?
El primer borrador lo escribí en primera persona, desde el punto de vista del niño prodigio ya adulto. Y había algo que no funcionaba en esa narración en primera persona. Entonces, me pareció interesante el reportaje clínico. Sin embargo, me pareció demasiado clínico para contar la historia. Porque me interesaba mucho entrar más en el personaje, tener la posibilidad que tiene la novela de entrar en la mente y en la emoción del personaje. Así que al final encontré este camino intermedio que es un narrador que reelabora un texto escrito en tercera persona. Eso es lo que crea los tres niveles de voces narrativas que hay en la novela.

En el caso de los niños-prodigio la figura del padre juega un rol particular. Pienso, por ejemplo, en casos como el de Mozart...
Por supuesto. Y siempre hay este padre que reconoce el potencial en el niño y quiere en ese niño, supongo yo, lograr algo que él no pudo lograr. Y eso es muy frecuente: padres que tratan de que su niño gane un premio o se vuelva una estrella. Y esa relación es muy difícil de entender. Porque por un lado es posible que al niño le encante ese mundo adulto al cual es sometido o es posible que no le guste ese mundo.

Otro tema que se aborda en la novela es el de la identidad...
Sí, la idea de la identidad. Cuánto de nuestra memoria y nuestra forma de pensar viene en ese proceso de vida y cuánto de nuestra identidad depende de ese proceso. Qué pasaría si en un momento perdemos la memoria, por ejemplo. Cuánto de nuestra identidad se mantiene. Hay una novela de Umberto Eco que se llama La misteriosa llama de la reina Loana en la que el personaje principal pierde la memoria biográfica o memoria episódica, pero mantiene la memoria semántica. Entonces él va a la casa de su infancia y empieza a revisar lo que leía de niño y encuentra muchas referencias fascistas. Y se dice: ¿seré yo un fascista viejo y amargado? Y en esa búsqueda de recuperar su memoria intenta recuperar su propia identidad. Y está entonces el tema de la responsabilidad. Qué pasa cuando tú ignoras haberle hecho un mal a alguien. ¿Tienes responsabilidad o no? Qué pasa cuando, después, sabes que tu acción ha producido un efecto negativo en otra persona. Esos eran los temas que me fascinaban para explorarlos en esta novela.

Otra idea que me hace reflexionar a partir de la novela es esta relación tan estrecha entre la genialidad y la locura.
Sí, ese es otro de los temas que me interesaban. Y que aparece con mucha frecuencia. Y una de las nociones que aparece implícita en la novela es qué pasa cuando eres un poco diferente a los demás. En la Edad Media todas esas personas, entre las que podríamos considerar genios o locos, estaban en la misma categoría. Y seguramente esa relación tiene que ver con ese miedo, temor o ansiedad que produce aquello que no podemos entender. Y como la genialidad y la locura están fuera es fácil conectarlos en términos de cultura popular. Y debido a que esta relación existe es muy fácil hallar la correlación. Y es posible que alguien sea empujado a una forma de locura.

Esta novela es distinta a las anteriores...
Lo que ocurre con muchos escritores es que uno tiene un tema que aparece en un momento, y reaparece, y está allí como esperando su oportunidad para aparecer en libro. Y es sólo una noción, ni siquiera es un tema elaborado. Pero es una noción básica que después se va a desarrollar. Y gran parte de la fascinación de escribir para mí es ver hacia dónde me puede llevar este tema.

*Entrevista publicada en Correo el viernes 11/12/09.

jueves, 10 de diciembre de 2009

ENRIQUE PLANAS presenta reedición de su primera novela


Orquídeas del Paraíso, la primera e inubicable primera novela de Enrique Planas, ha sido reeditada –con gran acierto– por la Editorial Norma. Con ilustraciones –en la carátula e interiores– de Christian Bendayán, la reedición será presentada hoy, a las 7:00 pm. en el auditorio Julio Ramón Ribeyro de la Feria del Libro Ricardo Palma (en el Vértice del Museo de la Nación, en San Borja). Los comentarios estarán a cargo del publicista y escritor Gustavo Rodríguez.
Para quienes no la leyeron en su momento es una gran oportunidad de sumergirse en la trepidante historia de Aquiles, quien tendrá que travestirse en Orquídea para salvar su vida y, de paso, buscar vengar la muerte de su padre.

martes, 24 de noviembre de 2009

Entrevista a PABLO SIMONETTI


Pablo Simonetti sigue trazando una obra literaria a tener en cuenta. Acaba de aparecer La barrera del pudor (Editorial Norma, 2009), su más reciente novela. De paso por Lima, como parte de una gira promocional, Simonetti nos da detalles sobre esta nueva entrega.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de PÁVEL UGAZ

La barrera del pudor es una novela sobre la libertad sexual de la mujer.
Exactamente. Así fue como la sentí yo. El primer personaje que se me vino a la mente fue Amelia. Y ella en sus circunstancias fue la que llamó a los demás personajes, a sus conflictos, a la evolución de la historia. Entonces, cuando me pregunté por qué estoy siguiendo a esta mujer, me pareció que era una mujer representante de estos tiempos. Se trata de un momento que no se había dado antes en la Historia, en que una mujer está equilibrada en su estatuto de poder en el interior de la pareja. Y además, el dejarse llevar por el instinto sexual no significa una condena de su mundo.

Amelia rompe la barrera del pudor y le da mayor importancia a su disfrute sexual, algo que parecía exclusividad de los hombres 20 años atrás...
Claro, antes el estereotipo era que el hombre siempre tenía deseos y a la mujer le dolía la cabeza. Pero no creo que ella le dé más importancia que a la dimensión espiritual, romántica del amor. Lo que ocurre es que, por primera vez en la historia de la mujer, le confiere importancia a su satisfacción sexual en esta ecuación que está formada por la pertenencia, la seguridad, el amor.

¿Te resultó complicado narrar la novela desde el lado de la mujer?
¿Sabes que no? Sentí que tenía que hacerlo así. Ahora, claro, corrí un riesgo enorme de que no lograra que fuera veraz. Me tranquilicé una vez que las mujeres que leyeron el libro me dijeron que era veraz. Y es que yo nunca vi a Amelia, mientras escribía la novela, como una "otra", sino que trataba de meterme en la piel de ella y escribir desde allí.

Hay en Ezequiel una tendencia a la inacción que domina varios aspectos de su vida...
Él es un hombre de una pasividad bastante notoria que, creo, nace de su biografía. Tiene este padre devorador del cual siempre se ha tenido que defender. Entonces, él se ha convertido finalmente en una persona que contempla, que juzga, que discierne, que critica la existencia pero como que no se involucra, no se mancha, no se embarra, como decimos en Chile. Y me parece como que se siente cómodo con esta especie de retiro de la vida.

Ezequiel es un crítico literario. ¿Cómo es tu relación con los críticos?
Los críticos me fascinan cuando encuentran que mi trabajo es bueno y los detesto profundamente cuando dicen que mi trabajo es malo. Igual trato de aprender de ella. No soy una persona envanecida. Después de pasar el mal trago de una crítica negativa, trato de ver si en esa crítica hay algún valor, algún comentario que me abra un espacio de reflexión sobre mi propio trabajo.

*Entrevista publicada en Correo el martes 24/11/09.

martes, 6 de octubre de 2009

FONSECA: Diario de un libertino


Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

Un nuevo libro de Rubem Fonseca aterrizó en mi mesa de noche hace un par de semanas. No se trata de su último trabajo creativo –que es Ella y otras mujeres (Norma, 2008) –, sino de uno anterior: Diario de un libertino (Norma, 2005). Arribé a la literatura de Rubem Fonseca hace varios años (creo haberlo contado antes) por recomendación de Rubén Silva. Era el último día de una Feria Internacional del Libro –que en esa época se realizaba de la Av. La Marina– y yo me encontraba en el stand de la editorial Norma con el firme propósito de comprarme algo nuevo, aprovechando las ofertas de fin de feria. Así adquirí, recuerdo, el conjunto de relatos Historias de amor y la novela Y de este mundo prostituto y vano sólo quise un cigarro entre mi mano.


Ha pasado mucho tiempo desde aquellos días. He leído otros tantos títulos de este gran escritor brasileño –distinguido nada menos que con el Premio Internacional Juan Rulfo– y ahora, me reencuentro con él a través de Diario de un libertino, novela cuya lectura he disfrutado. El protagonista es Rufus, un escritor que tuvo un gran éxito con su primera novela y que, tras la poca resonancia de sus libros posteriores, planea escribir una Bildungsroman. Sin embargo, emprende la escritura de un diario personal. Es así que nos adentramos en su peculiar existencia: su relación pasional y amoral con sus amantes. Y luego el peligroso triángulo sentimental en el que participa con una madre y su hija. Situación que le acarreará, posteriormente, una acusación de violación.

Por otro lado, encontramos en el diario una serie de reflexiones del autor sobre la creación y, sobre todo, sobre lo que él llama el “síndrome de Zuckerman”: que consiste en que los lectores –incluso los críticos literarios– asumen que el protagonista de las novelas es el mismo autor. Diario de un libertino es, sin dudas, un libro que se lee con verdadero deleite.


lunes, 9 de febrero de 2009

"Las muertes de Emilio" de VÍCTOR ANDRÉS PONCE


Tres grandes amigos. Entrañables e inseparables cómplices que se conocieron siendo estudiantes de un colegio nacional, tendrán que transitar luego por caminos distintos: Mario recalará en un grupo terrorista, Enrique se unirá a las fuerzas del orden y Emilio, el protagonista, se convertirá en un flamante periodista. Así se irá desplegando la trama de Las muertes de Emilio (Norma, 2008), la más reciente novela del escritor Víctor Andrés Ponce.
Tal como sucedió en De amor y de guerra, su libro anterior, la violencia política reaparece como una preocupación temática del autor. Sin embargo, hay otros hilos argumentales que se entrelazan con la antes mencionada: la presencia de Emilio en un diario importante y emblemático como El excelsior (una proyección ficcional del diario Expreso). De esta manera el narrador nos irá mostrando el detrás de bambalinas de un medio de comunicación que será arrastrado por la insania del poder corrupto. Ponce luce gran destreza al momento de representar las luchas de poderes en el interior de Excelsior. Y son quizás esos momentos, junto a los de la separación de los tres amigos, los más logrados de la novela. Una novela que adolece de cierto abuso retórico y cierta propensión a innecesarias metáforas epopéyicas (“… y se reunieron con él para organizar la artillería encargada de quebrar las últimas resistencias de Manuel Dargento, quien continuaba lanzando piedras desde el último torreón que todavía controlaba”). Sin embargo, cuando la prosa de Ponce se despercude de esto gana en intensidad. Se trata de un autor que, creo yo, tiene a su favor el ser una fuente inagotable de historias. En resumen: tiene cosas que decir. Y eso no es frecuente en la literatura reciente.

lunes, 12 de enero de 2009

Entrevista a ALBERTO FUGUET (sobre ANDRÉS CAICEDO)


Alberto Fuguet ha logrado, valiéndose de una gran cantidad de cartas y anotaciones, urdir, a la manera de un documental, un libro estupendo: Mi cuerpo es una celda (Editorial Norma, 2008), la autobiografía de Andrés Caicedo, este colombiano que se arrebató la vida a los 25 años y se convirtió, con el tiempo, en un autor de culto.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Me comentaste el año pasado que fue en Lima donde descubriste a Caicedo por un libro suyo que encontraste en una librería. ¿Qué fue lo que te atrajo de él?
Así es: en la librería La Casa Verde, hoy desaparecida. Me topé con Ojo al cine y con, claro, su pequeña biografía de solapa: la suma de esas dos cosas (un cinéfilo-crítico de cine que escribió tantas páginas de cine) más un suicida caleño de 25 que estaba más obsesionado con el presente que con el pasado (a diferencia de García Márquez) fue una suerte de combo irresistible. Fue, de alguna manera, un enganche inmediato. Supe ahí que sería un escritor importante y un amigo clave. Jamás pensé que terminaría haciendo un libro suyo, pero así fue. Creo que lo que más me atrajo de él es aquello que siempre atrae: que en alguien distinto uno se tope con cosas extremadamente cercanas y personales.

¿Cómo surge la idea de trabajar en una biografía de Caicedo y cómo así decides darle el carácter de documental que presenta el libro ya publicado?
Primero fue una biografía, pero rápidamente la deseché. Más tarde cruzó por mi mente, por un par de segundos, una novela acerca de un personaje parecido, pero, por suerte, la idea me duró muy poco. Y al final todo cambió, en Bogotá, cuando Luis Ospina me dijo por qué no te quedas con este material que no sé qué hacer con él. De ahí partió todo: me di cuenta de que era una autobiografía cuando leí esa caja llena de archivos, revisé las carpetas que me pasó Patricia Restrepo y ordené lo que encontré en la biblioteca Luis Ángel Arango. Sentí que él estaba contando su vida. No 'el cuento' sino 'la novela' de su vida. Y la idea fue, desde ese momento, hacerme a un lado. Como trabajé en UCLA por esos días, me bajó una fobia académica que me llevó a prometerme no tener notas al pie de página o explicaciones ni prólogos ni presentaciones de otros, pero al final no tengo tan claro si me hice a un lado. Creo que estoy. Que están 'mis temas'. Y que Andrés, como me dijo un periodista, podría ser un personaje mío.

Al leer Mi cuerpo es una celda me vino a la mente Apuntes autistas. ¿Crees que de alguna manera ambos comparten una esencia similar, algo que los emparenta?
AF: Creo que sí, ahora que lo mencionas. No lo había pensado, pero sí veo conexiones, desde estructurales a la cosa autista (uno de mis temas, creo) a la fanatización por el cine. Sí, las veo. Es más: cada vez creo que Apuntes autistas es un libro que, para mí, es fundacional. Veo mucho en el libro que estoy terminando tanto de Apuntes autistas como de Mi cuerpo es una celda.

¿Cuál es tu opinión sobre la obra narrativa de Caicedo?
Me parece que este libro es, claramente, su mejor libro, más allá que yo tenga que ver con él. Incluso en Colombia están diciendo esto. Creo que como escritor era un escritor en ciernes. ¡Dios: tenía 25 años! Y estaba buscando su mundo, su estilo. Creo que Viva la Música es un libro donde el narrador claramente debió ser un hombre, por ejemplo. Pero al escribir crítica o cartas, al escribir para sí, sin máscaras, el tipo es un gran escritor. Caicedo prueba una vez más que un autor no es necesariamente el más creativo sino el más valiente o el más jugado.

¿Crees que el fracaso que significó su viaje a Hollywood contribuyó al fatal desenlace de su vida?
El comienzo del fin… sin duda. Ir a la ciudad de Los Ángeles y toparse con el diablo fue un error fatal. Igual es fascinante y revelador que su meta era Hollywood, no Barcelona o París. ¿Cuántos escritores latinoamericanos se van a Hollywood? Pero creo que no volvió siendo el mismo. A pesar de que era un tipo extremadamente fracturado, creo que ese golpe fuerte hizo que todas sus cicatrices se abrieran. No se puede vivir ni crear tan herido.

*Publicado en Correo el domingo 11/01/09.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Entrevista a CARLOS CHERNOV


El escritor argentino Carlos Chernov aterrizó en Lima para presentar, en la Feria del Libro Ricardo Palma, El amante imperfecto, la novela con la que obtuvo el Premio La otra orilla 2008 que organiza la editorial Norma.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de VÍCTOR VÁSQUEZ

¿Cómo surge El amante imperfecto?
La idea de la novela surge por un lado por prolongar el enamoramiento. Algo por lo que pasamos muchos de nosotros durante la juventud, y después también, a veces. Es decir, en lugar de que sea un enamoramiento que dure dos o tres meses, hacerlo durar toda la vida. Ese fue uno de los motores de la novela. El otro fue que yo estaba en una mesa redonda hablando de sexo y de amor, y había un urólogo. Y este médico contó del priapismo, que es la erección continua del pene. Y dijo que el priapismo a veces se cura con un ataque de miedo. Me pareció insólito y me dije: aquí tengo una novela.

Es una novela de situaciones extremas...
Claro, son dos situaciones llevadas al extremo. Tienes el enamoramiento llevado a un extremo y la erección llevada al extremo también.

Tú eres sicoanalista. ¿En qué medida ha influido el sicoanálisis a tu literatura?
Poco. Ser sicoanalista es un saber más. Y me han servido a mí muchos saberes: la medicina, la literatura, el sicoanálisis. Generalmente los personajes que yo concibo son muy extremos. Y la gente que se va a sicoanalizar, por ejemplo en Argentina que es algo muy común, viene por temas que no son literarios: que se pelearon con la esposa, que están angustiados, que no pueden interrelacionarse con los hijos. Mis personajes en cambio viven en el límite.

¿Tampoco te ha servido a la hora de elaborar tus personajes?
Creo que debe haber aportes, pero no del sicoanálisis como teoría, sino de las personas que uno conoce. Las teorías no sirven para nada a la hora de construir un personaje, al contrario, suelen ser un obstáculo. Los personajes en general son autobiográficos, pero autobiográficos muy disfrazados.

¿Cómo se ubicaría este libro dentro de tu obra en general?
A mí me interesa mucho el tema de cómo se vinculan las personas. El amor, el odio, siempre me provocan mucha curiosidad. Tengo varios libros que incluso aluden directamente al tema desde el título: Amores brutales, Amor propio. Esa es una línea en mis libros. La otra línea tiene que ver con lo apocalíptico: mi primera novela es una especie de fin de mundo.

Se dice que la escritura es terapéutica...
La escritura tiene un efecto catártico. Vos descargas tus males y tus dolores en la escritura. Además, como decía una amiga mía, la escritura es el único lugar donde te dejan hablar sin interrumpirte. Además, yo creo que la escritura es una forma de transformar los hechos a través del pasaje por las palabras, y eso te da una cierta ilusión de control sobre la realidad. Te tranquiliza los nervios. Y otro efecto bueno, terapéutico, de la literatura es que se comunica a los demás.

El amante imperfecto ganó el Premio La otra orilla de Norma. Sin embargo, ganar premios no es ajeno a ti. ¿Qué opinas de ellos?
Los premios son algo que te dan mucha felicidad. Primero, validan tu obra. Y aparte te dan una plataforma de prensa. Y bueno, yo no estaría acá si no hubiese sido por el premio.

martes, 18 de noviembre de 2008

Entrevista a WILLIAM OSPINA


William Ospina continúa su saga sobre el Amazonas con El país de la canela (Editorial Norma, 2008), una novela que retrata con aliento lírico las ambiciones de la conquista.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de GIULIANO

Tanto Ursúa como El país de la canela giran en torno al Amazonas, ¿cómo surge ese interés?
Bueno, desde hace tiempo leyendo las crónicas de Indias concebí la idea de contar algún episodio que me pareciera especialmente significativo de aquella época. Y ver cuánto puede el lenguaje que hablamos hoy dar razón de lo que fueron esas aventuras y esas historias de hace cinco siglos. Y cuando me encontré con los relatos y las crónicas de los primeros viajes al Amazonas me pareció que allí había una especie de fresco inmenso que valía la pena intentar narrar. Al comienzo quería hacer sólo una novela, pero a medida que fui avanzando en la búsqueda de personajes e historias, rápidamente se fueron abriendo cauces distintos.

¿Cómo fue el proceso de investigación?
Hay muchas crónicas como la de Garcilaso que abarca incluso muchas historias anteriores a la conquista, la crónica de Cieza de León. Las crónicas de las expediciones. Biografías de distintos conquistadores, libros de historia, el gran fresco que hizo William Prescott de la historia de la conquista del Perú. Uno empieza a nutrirse de distintos documentos y va encontrando datos. Todos esos datos están contados parcialmente. Yo diría que en El país de la canela lo que he hecho es armar un mosaico a partir de un montón de datos fragmentarios.

Entre los conquistadores se generaron disputas de poder...
Hay que tener conciencia de que en aquellos tiempos Europa estaba en guerra consigo misma. La guerra contra los americanos no fue una excepción. Los Tercios de España, como llamaban a sus tropas, saquearon Tenochtitlan en 1519, saquearon Cusco en 1534, pero en el 27 habían saqueado Roma. Entonces no sólo eran enemigos de los indígenas de América, parecían enemigos del género humano, estaban arrasándolo todo. Y sí, basta ver que una vez que lograron la conquista del Perú empezaron las guerras entre ellos. Y claro, tampoco eso significa que hubiesen llegado a tierras pacíficas. El Perú también estaba en guerra entre los dos herederos de Huayna Cápac.

El protagonista de la novela hace una reflexión sobre el papel que hubiese jugado Balboa si hubiese estado en el lugar de Pizarro...
Si bien la conquista fatalmente se habría dado tarde o temprano, pudo haber tenido muchas manifestaciones distintas dependiendo de quiénes fueran los conquistadores. Por ejemplo, mientras Pizarro fue tan violento e implacable frente a Atahualpa, Hernando de Soto, que era uno de sus generales, llegó a ser muy amigo de Atahualpa: le enseñó a jugar al ajedrez. Y tuvieron una amistad breve. Balboa era un hombre que si bien era muy violento y cruel en la guerra, era también capaz de respetar acuerdos y de dialogar con los indígenas en condiciones de alta política.

Mirar y entender el pasado posibilita una mirada distinta del presente...
Yo creo que la conciencia de la historia es necesaria y es útil. Y en este caso, el hablar de la conquista no es sólo hablar del pasado. Porque muchas de las consecuencias de la conquista se viven todavía como hechos tremendos de nuestra cultura contemporánea. Si Latinoamérica ya hubiese saldado sus cuentas con los indígenas y con los negros que llegaron del África, si ya se hubiese dado ese proceso de integración, de diálogo; no habría necesidad de hacer estas revisiones históricas.

*Entrevista publicada el 11/11/08 en Correo.

martes, 7 de octubre de 2008

Entrevista a ROBERTO AMPUERO


Roberto Ampuero acaba de publicar El caso Neruda (Editorial Norma, 2008), una novela en la que su célebre personaje, el detective Cayetano Brulé, conoce al poeta Pablo Neruda. A propósito de este libro -y gracias a la generosidad de Pilar Silva (del Grupo Carvajal)- pude entrevistar a este exitoso escritor chileno. A continuación, la entrevestia completa (una versión editada apareció en el diario Correo).

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Foto-ilustración: IVÁN PALOMINO

¿Por qué eligió a Neruda como personaje? ¿Cómo llegó a tomar esa decisión?
Pablo Neruda lo tuvo todo: mujeres, fama, dinero, amigos, hasta el Nobel. Estuvo presente en coyunturas claves de la historia del siglo XX y tuvo nexos con figuras de talla internacional en política y cultura. Pero nadie ha mencionado un anhelo esencial de su vida, que nunca se cumplió, algo que revela en La pródiga, un poema del libro Los versos del capitán: “Y yo te pregunto: ¿dónde está mi hijo?” De ahí surge El caso Neruda. Al final de su vida, en 1973, cuando intuía que estaban cerca su fin y el del gobierno de su amigo Salvador Allende, tiene que haber sospechado que la trascendencia no la dan los poemas, sino los hijos (que no tuvo), no la tinta sino la sangre. Por eso le encarga a Cayetano Brulé, un joven cubano instalado en Valparaíso, que averigüe si la hija que tuvo una amante casada en la Ciudad de México de 1943, la engendró él o el esposo de la mujer. Neruda necesita resolver el mayor misterio de su vida, y en ese sentido la búsqueda de la supuesta hija es la búsqueda de la esperanza en un Chile que a comienzos de 1973 caminaba a la guerra civil. Neruda siempre me “persiguió” pues su casa La Sebastiana, de Valparaíso, hoy un magnífico museo con vista a la bahía, estaba cerca de la casa de mis padres. Yo crecí sabiendo que allí vivía un gran poeta universal, pero no me atreví a tocar su puerta pues yo era un niño. Por fortuna Cayetano Brulé se atrevió a hacerlo, y el vate le cambió la vida: lo convirtió en investigador privado mediante las novelas del inspector Maigret. Neruda era u gran lector de novelas policiales, y es curioso que nadie haya usado este género para presentarlo.

¿Cómo fue el proceso de documentación sobre la vida de Neruda?
Me pasé noches leyendo libros y artículos sobre él, visitando sus casas y viendo fotograf=C 3as suyas en la biblioteca de la Universidad de Iowa, que cierra a las 2am. En algún momento mi mujer debe haber pensado que mi cita nocturna era con alguien diferente. Me interesaba lo que pocos conocieron: el Neruda íntimo, fuera de la corte de amigos y aduladores que lo rodeó. Ese Neruda que al final del día, cuando sentía la muerte cerca, se quedaba solo, revisando sus acciones y omisiones a lo largo de su existencia. Consulté textos, documentales y grabaciones de su voz. Entre los textos esenciales están los de Sarita Vial, Margarita Aguirre, Virginia Vidal, Inés María Cardone, Matilde Urrutia, Pili García Tello, y los de Hernán Loyola, David Schidlovsky, Enrico Mario Santi, Hernán Concha, Volodia Teitelboim, y los de Jorge Edwards y Antonio Skarmeta, desde luego. Pero las mujeres fueron las fuentes claves porque me transmitieron lo que yo buscaba: la percepción del amor y el desamor, los anhelos frustrados y la infidelidad, la fugacidad de la existencia, y el poder del olvido. También volví a Confieso que he vivido, memorias generosas con Valparaíso, y a sus columnas del Oriente.
La reacción de los lectores ha sido apabullante: desde que salió la novela está en el primer lugar del ranking en Chile, esta semana aparece en América Latina, luego en España, Brasil, Italia y Alemania. Lo curioso es que la gente lee la novela como historia real, y ese es el poder de la literatura. Solo una novela podía explorar esa dimensión desconocida del poeta: la de sus grandes amores y la de esa hija que supuestamente tuvo.

¿Es cierto que entre los textos testimoniales que buscó y leyó sobre Neruda puso énfasis en aquellos provenientes de mujeres?
Absolutamente. Sólo los textos y las entrevistas de mujeres que estuvieron cerca de Neruda o son expertas en él me permitían acercarme a ese aspecto idealizado de Neruda: la de su contradictoria relación con las mujeres que tuvo, la de su oportunismo y la de su falta de fidelidad. Neruda vivió convencido de que sólo podría escribir gran poesía si tenía un gran amor a su lado, y en El caso Neruda aparecen esas mujeres y su tránsito de una a otra, causando dolor y resentimientos. La novela tiene como protagonistas a Pablo Neruda y Cayetano Brulé, pero las mujeres y la hija de Neruda son en verdad sus ejes centrales. Al final de su vida Neruda piensa en las amantes que tuvo, en lo que él les dio y recibió. Es un hombre arrepentido de muchas cosas en materia de amor, pero ya es muy tarde...

De la biografía de Cayetano Brulé se tenían poco referencias en los libros anteriores. Ahora se conocen más detalles, por ejemplo, la identidad de la chilena que apenas menciona en la primera novela de la saga (Ángela Undurraga Cox). ¿Qué lo lleva a tomas esa decisión?
Cayetano Brulé es el investigador más popular que dado la literatura chilena. Lleva cerca de 200.000 libros vendidos sólo en Chile, sin contar los pirateados, tiene una legión de fieles seguidores y seis volúmenes, que están traducidos a numerosos idiomas, entre otros al griego, italiano y francés. Todos querían saber cómo comenzó Cayetano, pues las novelas que se conocían hasta el momento hablaban del Chile de vuelta a la democracia. Fue el día en que Valparaíso me declaró Hijo Ilustre por mi contribución literaria que yo me paseé por La Sebastiana y me dije: pero si Neruda y Cayetano tienen que haberse conocido en 1973 pues vivían en la misma ciudad. Y esa causalidad me permitió narrar los inicios de Cayetano: en 1973 acababa de llegar a Chile desde Miami, siguiendo a su aristocrática mujer, Angela Undurraga Cox, hija de u n empresario acaudalado, que convence a Cayetano de ir a conocer y respaldar la revolución socialista de Salvador Allende. Después del golpe militar, Ángela se marcha al exilio con un charanguista de un grupo de folklore y deja a Cayetano naufragando en su nuevo país. Después del golpe, la derecha sospecha de él por ser cubano y la izquierda por ser cubano venido de Miami. Neruda es quien forma a Cayetano y lo hace prestándole novelas policiales de George Simenon.

En la novela encuentro un tributo a la novela policial: Neruda le da a Brulé célebres novelas policiales para que las lea.
Neruda fue un gran lector de novelas policiales, en especial de Georges Simenon, Graham Greene y Edgar Allan Poe. En sus casas-museo aun se conservan repisas llenas con esos textos. Neruda piensa que Cayetano puede aprender de las novelas, nada mejor que la literatura para aprender de la realidad, le dice el poeta. Pero Cayetano pronto descubre que los detectives del mundo industrial fracasarían estrepitosamente en nuestras peligrosas y caóticas ciudades latinoamericanas. Me resultó fascinante vincular la vida de un poeta tan legendario como Neruda con elementos de la novela político-policial. Y los lectores lo refrendan mediante su masivo interés por la novela.

La novela nos presenta una mirada sobre el gobierno de Allende y los primeros años de la dictadura de Pinochet.
El caso Neruda ocurre entre marzo y setiembre de 1973, aunque su primer y también el último capítulo corresponden al Chile moderno de la actualidad. Se trata de los últimos meses del gobierno de Allende, en medio de la crisis económica y política nacional, de fuertes divisiones, y después aborda el día del golpe de estado con el bombardeo a La Moneda y el comienzo de la dictadura, y por último el Chile actual. Es una mirada sobre el golpe de estado y el comienzo de la dictadura, una mirada que intenta ser objetiva y narrada desde el punto de vista de una persona corriente como Cayetano y de un poeta universal como Neruda, apabullados ambos por circunstancias totalmente ajenas a su control. Pero la novela es más que Chile, donde Cayetano habla con Neruda y Allende. Está ambientada también en el México de los 70, en las inmediaciones de Siqueiros, Trotzky, Frida Kahlo y Tina Modotti; en la isla de Cuba, donde Cayetano se encuentra con el poeta disidente Heberto Padilla y el saxofonista Paquito De Rivera; en el antiguo Berlín Oriental, donde el investigador se reúne con Markus Wolf, el legendario ex jefe del espionaje germano-oriental; en La Paz, donde contacta a gente vinculada con la guerrilla del Che Guevara. En cierto sentido, esta novela es también un homenaje a Valparaíso, a destacados artistas y personalidades que conocí en un exilio que comenzó en 1973 y que aun no termina, y que me llevó a vivir en Chile, Cuba, Alemania Oriental, Alemania Occidental, Suecia y ahora Estados Unidos.

sábado, 13 de setiembre de 2008

Entrevista a CÉSAR GUTIÉRREZ


Catalogado por su autor como artefacto literario, Bombardero será reeditado por la editorial Norma en una edición que comprenderá tres entregas. La primera acaba de ver la luz. César Gutiérrez comparte algunas reflexiones en torno a este inclasificable libro.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de VÍCTOR VÁSQUEZ

La génesis del libro se da tras el atentado del 11 de setiembre. ¿Por qué?
Yo creo que ante una hecatombe tan alucinante pensé que no había otra cosa después de eso de la cual un escritor podría enfrentarse. Digamos que la cuestión salió por génesis espontánea cuando prendo la tele y ocurre este cuádruple choque.

¿Cómo fue el proceso de escritura del libro?
Acá fue bastante arduo. En el 2003 yo ya había renunciado a mi trabajo y tenía todo el tiempo del mundo. Así que en Lima amalgamé todos los referentes que tenía, todas las noticias, poemas, canciones, películas, libros, todos los referentes que después entrarían a la intertextualidad organizados de forma muy caótica. Todo eso derivó en un manuscrito de unas 2 mil páginas con las cuales viajé a Nueva York.

Vas a Nueva York a darle forma al libro...
Me instalé en un hotelito muy pobre, muy triste, muy barato. Las habitaciones estaban separadas por triplays; entonces, allí entraba tu maleta, tu computadora y a veces entrabas tú (risas). Allí se fue, digamos, tensionando el libro, allí fue radicalmente tomando otra forma. Porque en realidad había que recoger muchas de las sensaciones, muchos de los colores, mucho de la identidad tan pluricultural, tan contradictoria y tan alucinante de esa ciudad. El sustrato de ese libro fue hecho allí.

Primero aparece un fragmento del libro en la revista Hueso Húmero. ¿Cómo así?
El manuscrito estuvo metido en un garaje, del cual sólo salió en el 2005 por una casualidad, porque un amigo, Rodrigo Quijano, lo sacó y lo llevó a Hueso Húmero y se lo presentó a Abelardo Oquendo. Y a Oquendo parece que le gustó y me pidió permiso para publicarlo en su revista.

Y el libro comienza a comentarse.
Sale en Hueso Húmero y repercute, tiene una enorme trascendencia porque Abelardo Oquendo iba a pasar a la historia, que no era un best-seller y que precisamente por eso iba a pasar a la historia. Entonces, mucha gente se sintió tocada por lo que dijo Oquendo.

El libro es inclasificable...
Es un mix de todas las cosas que a mí me gustan y de toda la infraestructura que yo tengo adentro, porque no sólo soy prosista, sino también tengo algo de poeta, algo de rockero, algo de ensayista. Entonces, todo eso se amalgama en este libro.

El libro retrata la enorme violencia del mundo actual.
Pretende ser completamente contemporáneo, y capturar la tensión dramática que nos conmueve, la velocidad con la que nos dirigimos a la muerte, el clima de violencia que nos absorbe.

Hay una mirada desencantada del protagonista del libro.
Absolutamente desencantada Yo soy un desencantado de la humanidad. No tengo ninguna esperanza en ella. Pienso que el hombre involuciona. Excepto en el arte, que en realidad es la gran salvación del ser humano.

*Publicado en Correo el viernes 12/09/08.

jueves, 11 de setiembre de 2008

EDITORIAL NORMA presenta a CÉSAR GUTIÉRREZ


Pilar Silva de la editorial Norma me ha enviado la invitación para la presentación del libro Bombardero del escritor César Gutiérrez. La cita es hoy en el Centro Cultural de la Cancillería -que dirige el poeta Toño Cisneros- y contará con la participación en los comentarios de Mario Montalbetti y Ricardo Wiesse.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Entrevista a JOSÉ DE PIÉROLA


El cuento no es un género ajeno al escritor José de Piérola. Hace algunos años obtuvo el Premio Internacional Max Aub con su relato "En el vientre de la noche". Ahora acaba de reunir en Sur y norte (Norma, 2008) nueve relatos que comparten un vínculo temático.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de PÁVEL UGAZ

En Sur y norte están presentes temas como la violencia y la migración...
Es un proyecto que empecé más o menos en el 2000 o 2001. Y me interesaba esa idea de explorar el tema de la inmigración y el tema de la violencia tanto política como económica, que son las dos violencias que empujan esa migración. Y en qué medida esa migración depende también de lazos afectivos. Pero, por otro lado, quería que el libro fuera no sólo una colección de cuentos sino un libro más integrado, que cada cuento tuviera un lugar más o menos específico y que hubiera una cierta disposición que plantee también automáticamente de qué es el libro.

Un libro sobre los desplazamientos forzados, ya sea dentro o fuera del Perú.
Es uno de los grandes temas que va a lo largo de todo el libro. Y he tratado de mantener también una cierta relación cronológica. Por ejemplo, el primer cuento es de un inmigrante andino que llega a Lima, y el último, es un hijo de inmigrantes peruanos en Estados Unidos. Y lo más difícil para los cuentos ha sido encontrar la forma de narrar que más se adecúe al relato.

¿Por ello cada cuento está abordado estilísticamente de manera distinta?
Claro, por eso los nueve cuentos son totalmente diferentes en la forma o la estructura narrativa. Eso también me parecía importante para hacerlos más individuales.

Y sin embargo, todos están emparentados...
Claro, lo más difícil era tratar de tener nueve cuentos originales que al mismo tiempo estén integrados. Y espero haberlo logrado, porque esos temas: desplazamiento, inmigración, violencia, lazos afectivos son, digamos, los hilos que los unen de manera indistinta.

En el cuento En el vientre de la noche se produce una confrontación ética en el protagonista.
Es una confrontación ética, sí. Una posición en la que han estado no sólo los militares, sino también incluso civiles, en la época de la violencia. Y que los obliga a confrontar la responsabilidad con la posición ética. Y en muchos casos uno no se da cuenta que hay una cierta postura ética hasta que esa postura ética entra en conflicto con la responsabilidad. Y es algo que me interesaba explorar en los cuentos, porque no se puede resolver eso satisfactoriamente. Por ejemplo, en el segundo cuento de la tercera parte (Mañana lo buscamos) el personaje siente que ha debido hacer algo diferente a lo que hizo, y se ha quedado con eso pendiente, sin resolver, a pesar de que ahora vive en los Estados Unidos.

Tus dos novelas anteriores forman una trilogía que se completaría con una próxima a aparecer. ¿Este libro de alguna manera no es complementario a esa trilogía?
Sí, está dentro de esa temática. Camino de regreso está ambientada en el año 1992; y Un beso de invierno está situada después del año 93; y la tercera novela se sitúa antes del 92. Pero paralelamente estuve escribiendo cuentos. Y como dices es complementario porque está en torno a la misma época, con algunas preocupaciones semejantes; pero también abre un poco el espacio a otras preocupaciones, como el desplazamiento y la migración. Y creo que forma parte de un conjunto.

*Entrevista publicada en Correo el miércoles 20/08/08.