domingo, 28 de enero de 2007

MdN: "El secreto de la trapecista", Oscar Málaga


Aunque por momentos lo aparente, El secreto de la trapecista (Alfaguara, 2006) de Oscar Málaga– no es una novela histórica. Está ambientada en la Lima de 1831 y describe una atmósfera transida de caos, violencia y segregación. Sin embargo, todo es parte de la ficción, porque en realidad esta segunda entrega novelística de Málaga (poeta reconocido y premiado) se erige como una gran fábula de amor.

La novela nos narra la vida al interior de un circo bastante venido a menos. El Circo Cielos Americanos se encuentra en plena caída libre y el dueño, José Basagoitia, lo intentará todo en su afán de salvarlo de la bancarrota. En esa empresa unirán fuerzas todos los integrantes del circo, personajes extraños, fácilmente vinculables con lo gore, como La Mujer Barbuda, El Hombre Más Fuerte del Mundo, El Tragafuegos, entre otros. Personajes bien delineados por el autor, quien les ha insuflado una ternura que aparentemente podría contrastar con sus propias naturalezas, pero que hace de éstos seres singulares y realmente entrañables.

Salvar al Circo sobre todas las cosas (el circo como símbolo del bien común de sus integrantes), esa parece ser la consigna de Basagoitia. Y en esa línea está dispuesto a sacrificar incluso hasta su amor por La Trapecista de Quince Años y con el Pelo Rubio, a quién pretenderán hacer pasar por una princesa rusa para que pueda contraer nupcias con el aristocrático y pusilánime coronel Juan de Alcazar y Benavente.

Otra peculiar relación sentimental es la que mantienen La Mujer Barbuda con El Hombre Más Fuerte del Mundo. Hay una escena, por ejemplo, en la que luego que La Mujer Barbuda por fin le ha dicho que lo ama, el Hombre Más Fuerte del Mundo logra que ella le confiese que eso mismo lo ha dicho otras veces. “Eres una puta, Mujer Barbuda, una puta...”, le espeta, ofendido e iracundo. En ese momento ella le descarga una feroz cachetada y le dice: “No seas imbécil, o no sabes que cada vez que una mujer dice te amo lo dice siempre por primera vez”.

En contraposición con lo que sucede fuera, en esa Lima que parece tan actual, signada por la desunión y al borde de una guerra civil, el Circo se muestra como un lugar en el que, a pesar de las diferencias, todos persiguen un fin común. El secreto de la trapecista es una novela que entretiene, pero que, además, posee la virtud de generar, en un lector diligente, un punto de partida para más de una reflexión en torno a la naturaleza humana.


*MdN (Mesa de Noche): sección de comentarios libres sobre libros que puedan despertar en mí algún deseo de compartir algunas impresiones particulares.

Entrevista a MARIO BELLATIN


Mario Bellatin ha logrado reducir al máximo la presencia del autor en cada uno de sus libros. En algunos casos, arropado bajo el disfraz de inexistentes traductores o compiladores literarios. Mario Bellatin ha venido al Perú, tras algunos años de ausencia, especialmente a presentar la edición peruana de Perros héroes (Matalamanga) en Lima y en la Feria del Libro de Trujillo. En esta entrevista desliza algunas pistas sobre su nueva búsqueda creativa.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

En Lima circularon algunos ejemplares de Perros héroes, en la edición argentina de Interzona. Ahora, la editorial Matalamanga ha publicado una bonita edición de la novela. ¿Cómo tomas esto?
Cada edición se trata de una nueva obra. Busco en lo posible de que cada libro aparezca como si fuese acabado de escribir. Existen varias ediciones de Perros héroes, en Alfaguara, en Interzona, en Matalamanga, en Ravenna Press, en Pasagge du Nord Ouest, pero no creo que ninguna sea igual a otra, me refiero al texto, y que ninguno anule al otro.

¿Existe la posibilidad de que aparezca en Lima alguna edición peruana de algún libro que no haya llegado a nuestras librerías?
Siempre he publicado en varias editoriales al mismo tiempo. Me parece interesante ver cómo los textos toman distintos caminos según las rutas que le tracen los editores. Hay varios libros que no se han publicado en Perú y me gustaría escuchar propuestas creativas de los editores peruanos para hacer que los proyectos editoriales funcionen realmente.

El protagonista de Perros héroes, este hombre invidente e inválido, existió realmente. ¿Cómo llegaste a él?
Cierta tarde contesté a un aviso del diario donde anunciaban la venta de perros pastor belga malinois. Fue como descubrir una arruga de la realidad donde estaba contenida la ficción, lo que una ficción inducida, la de había una vez, difícilmente puede lograr.

En la concisión de tu lenguaje, o como diría Villoro, en “tus frases pulidas como piedras”, advierto una particularidad en la medida que a través de ésta cobra gran dimensión lo que no se dice, aquello que el lector debe ir completando...
Es tiempo de devolverle al lector la libertad de recrear sus propios universos. Es por eso que trato de que los textos aparezcan como aparecidos de la nada. Sin un contexto determinado o un autor cargado de respuestas sosteniéndolo. Sé que lograr esto es algo imposible, pero jugar a esa posibilidad puede ser un buen pretexto para escribir.

Tus novelas se han publicado en muchos países y traducido a varios idiomas. ¿En dónde consideras que se han entendido mejor?
No estoy muy atento a lo que ocurre con los libros después de publicados. Sin embargo, he recibido trabajos sumamente interesantes de críticos que han construido discursos propios tomando a mis libros como base. Para mí ha sido importante ver cómo un texto puede generar otro texto autónomo. Estos trabajos se han hecho mayormente en Francia y en Argentina.

En Lima tienes una gran cantidad de lectores e, incluso, muchos jóvenes escritores se sienten cercanos a tu manera de entender la literatura. ¿Cómo tomas esto en relación a lo que sucedía en la década del noventa?
Lo que afirmas me causa mucha satisfacción, pero no sé si sea cierto. Ojalá haya alguien que se sienta cercano a lo que hago. No tengo mucho contacto con lo que sucede aquí. Lima se ha reducido a dos o tres amigos. En la década del noventa tampoco sabía mucho lo que sucedía. En ese tiempo Lima también estaba reducida a dos o tres amigos. Lo demás, lo externo a mi encierro de escritura, siempre lo consideré como un plus que nunca ha tenido que ver con las cosas que estaba o estoy haciendo.

Alfaguara publicó en México (según me contó Ezio Neyra), un libro que reúne varias de tus novelas. ¿Esta publicación tiene que ver con la idea de que tus libros dialogan entre sí y son partes de un todo?
Es extraña la parte de la pregunta, “según me contó Ezio Neyra”. Me da la sensación como si se dudara de la existencia del libro. Cosa que sería perfecta. No hacer un libro sino sencillamente nombrarlo y lograr así su aparición. Me da una idea de lo que pretendo hacer ahora. El escribir sin escribir. El lograr una obra literaria sin necesidad de escribirla de la manera como se supone se escriben los libros. Para lograr esto, que todavía no sé bien cómo hacerlo algo concreto, el primer paso era librarse del escritor llamado Mario Bellatin, y qué mejor camino que sepultarlo debajo de la edición de una obra completa.

miércoles, 24 de enero de 2007

MARTÍN ADÁN: Obra poética reunida

Acaba de aparecer Obra poética en prosa y verso de Martín Adán. La edición ha estado a cargo del poeta y académico Ricardo Silva-Santisteban, quien además escribe un interesante prólogo.

Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

¿Qué puede decirse de la vida del poeta Martín Adán que no se haya dicho antes? Su azarosa existencia, a salto de mata entre la bohemia y la celebridad, ha sido siempre comidilla periodística, material predilecto para la construcción de mitos. Desde una infancia particular, regida por una enérgica y dominante tía Tarcila, hasta su internamiento en el hospital Larco Herrera debido a serios problemas de alcoholismo, Martín Adán, cuyo verdadero hombre era Rafael de la Fuente Benavides, consolidó, sin proponérselo, una imagen de poeta maldito que atrajo la atención de muchos. Uno de ellos, cuenta la leyenda, fue el beatnik Allen Ginsberg.

“¿Quieres tú saber de mi vida?/ Yo sólo sé de mi paso,/ De mi peso/ De mi tristeza y de mi zapato”, precisó Adán en Escrito a ciegas, una especie de autobiografía poética escrita, como lo cuenta Juan Mejía Baca, ante el pedido de una estudiosa argentina (Celia Paschero, colaboradora de Borges) que requería del poeta una breve reseña biográfica. Sin embargo, lejos del biografismo, Adán perdura gracias a la solidez y particularidad de su obra poética, aquella que lo sitúa, según algunos, en una posición de privilegio, superado apenas por Vallejo.

Salvo por La casa de cartón, aquella inclasificable obra literaria que no ha dejado de reeditarse, sus libros posteriores se han vuelto inubicables, codiciados objetos para coleccionistas. Por suerte, acaba de aparecer su Obra poética en prosa y verso –edición, prólogo y notas de Ricardo Silva-Santisteban– en la serie Obras esenciales que publica el rectorado de la PUCP. Una feliz iniciativa, pues, como apunta Silva-Santisteban, se trata de una obra que es necesario “conocer en conjunto para poder apreciarla con justeza en todo su valor”.

Así, el libro presenta la obra de Adán teniendo como base las primeras ediciones, publicaciones periódicas y diversos manuscritos proporcionados por Juan Mejía Baca, que actualmente se encuentran en la colección Martín Adán de la PUCP. En el caso de La casa de cartón, se han compulsado las ediciones de 1927 y la de 1958, corrigiéndose todos los errores evidentes. La discusión sobre el género al que tendría que adscribirse esta obra parece inacabable. Aunque, claro, parece haber consenso en cuanto a que de ninguna manera se trata de una novela. Luis Loayza prefiere llamarla “un largo poema en prosa que vuelve siempre a un lugar, a un recuerdo determinado”. Para Ricardo Silva-Santisteban se trata de una “especie de semblanza irónica, sentimental y vanguardista de Barranco en que el autor vierte sus impresiones en fragmentos donde su visión de poeta condensa los elementos de la realidad sensorial en cuadros de un estilo, a la vez que preciso, deformante con los elementos técnicos que le brinda su inimitable dominio del lenguaje”.

El libro contiene además dos fragmentos de Dan y los animales dibujados, Itinerario de primavera, Aloysius Acker (con un largo fragmento inédito), La campana Catalina, La rosa de la espinela, Sonetos a la Rosa, Poemas varios, Travesía de extramares, Escrito a ciegas, La mano desasida, La piedra absoluta, Mi Darío, Diario de poeta. Irrefutable muestrario de un poeta que ha delineado una obra de trascendental valía en nuestras letras.

MAS DATOS
El libro contiene, además, un CD con la voz del propio Martín Adán recitando algunos de sus poemas.

martes, 23 de enero de 2007

Ryszard Kapuscinski (1932-20007)


Una lamentable noticia para el periodismo mundial. El gran maestro Ryszard Kapuscinski, uno de los maestros del reportaje ha fallecido hoy.

La agencia EFE así lo informa:

Varsovia, 23 ene (EFE). El destacado escritor y reportero polaco Ryszard Kapuscinski, uno de los grandes maestros del reportaje, falleció hoy, martes, en la capital polaca, a la edad de 74 años, informó la televisión TVN 24 horas.
El escritor padecía una grave enfermedad y había sido sometido a una complicada operación el pasado sábado.
Nacido en la localidad de Pinsk, hoy perteneciente a Bielorrusia, dedicó toda su vida a la descripción periodística de lo que veía durante sus múltiples viajes por los cinco continentes.

viernes, 19 de enero de 2007

Jornadas Matalamanga

Ezio Neyra me ha enviado, muy amablemente, el programa completo de un muy interesante evento que está organizando la editorial Matalamanga. A continuación la información completa.


Primeras jornadas de conversación Matalamanga
(Miércoles 24 y jueves 25 de enero de 2007)

El Grupo Editorial Matalamanga se complace en invitarlos a las Primeras jornadas de conversación Matalamanga. El evento, que se llevará a cabo el miércoles 24 y el jueves 25 de enero en Drama (Av. Pedro de Osma 135. Barranco), tendrá como objetivo motivar el diálogo entre creadores contemporáneos, y entre estos y el público asistente.
Esta primera edición tendrá como invitado especial a Mario Bellatin, quien presentará Perros héroes, su más reciente libro publicado en Perú, y que también participará de una mesa de conversación junto a Iván Thays y Enrique Prochazka.
Aunque quizá el interés central de estas jornadas sea la creación literaria, también contaremos con creadores de otras artes como Mariella Agois y Enrique Polanco.
A continuación podrán encontrar el programa detallado del evento. Al finalizar el mismo, se llevará a cabo una fiesta en el mismo local.

Agradecemos su difusión y asistencia.
Saludos cordiales,
Editorial Matalamanga

PROGRAMA:

Miércoles 24 de enero

6.30 p.m.
Redescubriendo a Puig.
A cargo de Graciela Goldchluk.

7.30 p.m.
Relaciones entre artes plásticas y literatura.
Conversan Mariella Agois, Enrique Polanco, Miguel Ildefonso y Pierre Emile Vandoorne.

9.00 p.m.
¿En qué andan los narradores de los 90?
Conversan: Mario Bellatin, Enrique Prochazka e Iván Thays.

Jueves 25 de enero

6.30 p.m.
Lectura de poesía.
Enrique Prochazka y Oscar Limache presentan a Daniel Smisek, acompañados de Jerónimo Pimentel y Jose Antonio Villaran.

7.30 p.m.
¿Qué hay de nuevo? Mesa de narradores recientes.
Participan Leonardo Aguirre, Edwin Chávez, Augusto Effio, Ezio Neyra, Johann Page, y Carlos Yushimito.

9.00 p.m.
Presentación de Perros héroes. Tratado sobre el futuro de América Latina visto a través de un hombre inmóvil y sus treinta Pastor Belga Malinois.
Participan Luis Millones, Graciela Goldchluck, Augusto Effio, Ezio Neyra y Mario Bellatin.

FIESTA DE CIERRE

viernes, 12 de enero de 2007

Entrevista a ENRIQUE SANCHEZ HERNANI


Sin la música la vida sería un error, solía decir un siempre categórico Nietzsche. Enrique Sánchez Hernani no sólo comparte aquel axioma sino que, además, acaba de publicar Vinilo (Fauno editores, 2006), poemario a través del cual rinde un homenaje al rock and roll.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR


Tu afición por la música (sobre todo por el rock) ya se traslucía a través de poemas sueltos en anteriores libros. ¿Cómo se gesta, en ese sentido, Vinilo?
Como integrante de la generación del 70 –yo empecé a publicar poesía de manera regular en 1976-, estuve profundamente influido por uno de los fenómenos culturales más importantes de aquella época: el rock. Por ello, tal como anotas, este género, y la música en general, siempre ha estado presente en mi escritura. El proyecto de Vinilo, 42 poemas del rock’n roll, se gesta, sin embargo, tras un descubrimiento: que en el mercado local circulaba de manera más o menos clandestina una oferta de cd de rock remasterizados de las décadas del 60 y 70, más allá de la música de los Beatles o los Stones, que son de difusión más o menos comercial. Hablo de Janis Joplin, Hendrix, CC Revival, Cream, The Who, Led Zeppelín, Animals, Joe Cocker, Ten Years After y otros grupos y solistas más. Esto me devolvió a mi adolescencia y a partir de ello dejé fluir mi memoria y mi nostalgia. Ahora tengo casi 250 cd con música de aquella época.

¿Se puede decir que, además de homenaje al rock and roll, es un tributo a toda una época?
Indudablemente. Los años 70 y fines de los 60 fueron de profunda confrontación generacional. Por entonces los jóvenes nos moldeábamos en imitación de los ídolos del rock que no sólo difundían su música sino todo un nuevo comportamiento. El rock construyó una contracultura, la de los jóvenes y el flower power, el hippismo, el amor libre, el uso de drogas blandas y toda la corriente pacifista y antibélica que fue un fenómeno mundial. Y por cierto, en América Latina, todo esto iba más o menos de la mano con un socialismo de contornos utópicos e idílicos, que se rompió luego con el socialismo real, que fue la negación enfática del idealismo de entonces. Cayó el muro de Berlín y con él toda una época. Pero las ideas de fraternidad, igualdad y cambio quedan, y eso se ve en Vinilo.

¿Al poeta y al músico de rock los une un halo de marginalidad y rebeldía?
Ciertamente. La poesía es posiblemente un género en extinción que se va reinventando a sí misma, pero que por su radical desarrollo ahora sólo se mueve entre públicos exiguos y cada vez más pequeños, a despecho de su profundo poder de conmoción. El rock también fue, entonces, una conducta marginal. Por supuesto que no podemos referirnos a la música juvenil de esta época, manejada sin descaro por grandes transnacionales que inventan y destruyen bandas o cantantes como si fueran un detergente. La rebeldía del rock es la misma de la poesía; entre ambos ejercicios hay una comunicación vital. El poeta, como el verdadero músico de rock, siempre será un inconforme, alguien que debe descubrir la belleza más allá de lo banal y lo aparente.

A diferencia del rock que ha sucumbido a la industria del entretenimiento, ¿es la poesía el único territorio puro artísticamente?
Sin duda alguna. No es desconocido que hasta la narrativa ha sucumbido a ser trabajada en comunión con los editores de los más grandes sellos editoriales, que pulen, transforman y cambian cualquier producto narrativo, adecuándolo al gusto público, con fines de ventas. Yo no conozco de ningún poeta al que su editor le haya modificado un verso, salvo que haya sido en uso del buen gusto o de una idea estética. Por eso la poesía sobrevive con pequeños tirajes y con ediciones de autor. Pero aún así, creo que quienes leen poesía tienen una fidelidad más encomiable que quienes leen sólo prosa; es la fidelidad a la espiritualidad y la belleza pura.

¿Qué rescatas, a la distancia, de La Sagrada Familia?
Ese sentido iconoclasta que nos animó durante años, el trabajo de la poesía como una catarsis de grupo, los talleres de creación entre nosotros mismos, el descubrimiento de la poesía como una tabla de salvación. Y la amistad, por supuesto. Creo que los poetas, entonces, éramos más gregarios que ahora, quizá siguiendo el influjo de la época. Felizmente han sobrevivido la amistad y la poesía. A pesar de la ruptura, que ocurrió por un choque de personalidades entre dos miembros del grupo, puedo hablar con todos. Si no hubiese sido por ese fuego que nos animaba entonces, quizá otra hubiese sido mi historia.

Una pregunta inevitable: ¿Beatles o Rolling stones?
Difícil responder eso. Aunque los Stones tienen un rock’n roll más profundo y salvaje, que es la cuna del género, los Beatles terminaron por ser más universales y experimentales. Uno no puede entender como hicieron desde Love me do hasta cosas como Helter Skelter, o álbumes como Rubber Soul o el álbum blanco. Oír ahora a los Beatles es encontrar en cada tema un motivo de profundo regocijo, que remueve la memoria y la sangre. Pero los oigo a ambos, eso es ineludible.


* Versión completa de la entrevista que, por espacio, se publicó editada en el diario Correo el 12/01/07

martes, 9 de enero de 2007

Entrevista a AUGUSTO EFFIO


Augusto Effio pertenece a esa clase de escritores para quienes el lenguaje, como apunta Enrique Prochazka, es, más que una herramienta, un fin en sí mismo. Lecciones de origami (Matalamanga, 2006), además de ser una prueba irrefutable de ésto, nos presenta a un diligente observador de la naturaleza humana

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Los relatos del libro conforman una unidad. ¿Cómo lo concebiste?
Siempre tuve claro que las seis historias formaban parte de una unidad. Existen dos tipos de cuentos para mí: cuentos con biografía, que van creciendo, que tienen su niñez, su adolescencia, su pubertad. El tiempo puede enriquecerlos o no. Pero hay otro tipo de cuentos con fecha de caducidad, que si no los escribes en el momento, se pierden. Y en este conjunto sólo hay uno con fecha de caducidad y que felizmente llegué a escribirlo, y es el último del libro.

Una particularidad del libro es la evidente preocupación por el lenguaje...
Ahora que estoy en proceso de escribir mi segundo libro, que espero sea una novela no tan larga, me doy cuenta de algo: me interesa mucho la historia, una anécdota que contar, pero ese no es el fin primordial. Si algo disfruto a la hora de escribir es armar frases, el sonido de la frase. Lo que yo llamo el mecanismo: un detalle que puede aparecer en un lado y luego se traslada a otro, un guiño. Y eso toma su tiempo. Creo que no soy el tipo de narrador que privilegia la historia por sobre el lenguaje.

En el libro hay una ciudad ficticia, San Cristóbal...
Eso fue deliberado. Por alguna razón, en algo influye el hecho de que provengo de una provincia que quiero y odio con la misma intensidad. Cuando me plantee estas historias todas estaban vinculadas con una provincia. Y al momento de llevarlas al papel no quise que esta provincia sea identificable. No se sabe si es costeña o serrana. No tiene rasgos identificables, pero por eso mismo creo reconocibles para muchas personas. Basta con ir a cualquier capital de provincia del Perú para encontrarse con los rasgos que la definen: caótica, oscura. Y es una ciudad que define en algo la personalidad de los personajes.

Otra particularidad tuya es la meticulosa construcción de personajes. ¿Qué los podría vincular?
Respecto de los personajes, que era lo que más me interesaba de las historias, hay ciertos denominadores comunes. Todos los personajes se mueven en un ambiente corrupto, en distintos niveles. Fue deliberado, pero no fue consciente. Ahora sí lo es: detrás de todo lo que escribo está como gran tema la corrupción.

Enrique Prochazka, quien así nomás no obsequia elogios, ha tenido a bien resaltar tus virtudes...
Yo soy consciente de que Enrique es un escritor de verdad. Escritor al que nunca voy a acercarme ni en el mejor de los escenarios, porque además tiene ya una buena cantidad de libros publicados. Pero compartimos una visión sobre el gusto de la literatura, ese cuidar el lenguaje. Sus comentarios los tomo como un acto de generosidad de alguien que coincide con uno, sobre todo en el gusto de la lectura.

¿Qué autores te han influido?
Uno se da cuenta de las influencias mucho después, sólo cuando otro se las hace notar. Y creo que uno no tiene padres sino tíos lejanos, y uno se termina pareciendo a ellos a pesar de uno mismo. Ahora, sin perjuicio de lo que he dicho, este libro en particular está escrito bajo la sombra de un escritor específico: Juan Villoro.

Lo llegaste a conocer, ¿verdad?
Lo conocí cuando vino a Lima, y se lo hice saber. El libro no había sido publicado aún y él, por alguna razón, también tuvo la generosidad de dejarme su dirección y su mail y hemos estado intercambiando mails. Ya le hice llegar el libro en físico, y va a poder comprobar si ha influenciado o no.

domingo, 7 de enero de 2007

Celebraciones en la red


Siempre fui algo despistado para las fechas importantes. Sin embargo creo que nunca es tarde para los saludos sinceros. Hace unos días el blog de Iván Thays cumplió dos años en la red y, un poco antes, el de Paolo de Lima llegó a su primer año. Desde aquí, un saludo a ambos. Sin duda, son dos blogs que sigo diariamente y que disfruto como confeso adicto a la literatura.

Entrevista a JOSÉ WATANABE


A través de la breve y reveladora imagen de unas banderas emergiendo en medio de la espesa niebla, José Watanabe despliega su particular manera de entender la poesía. Banderas detrás de la niebla (Peisa, 2007), además de un alegato a favor de la contemplación, es una suerte de arte poética. La poesía –reza uno de sus versos– “sólo puede ser una fugaz y delicada acción del ojo”.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Estabas preparando un poemario sobre el mito del Minotauro. ¿Qué fue de él?
Sí, yo llegué a terminar el libro sobre el mito del Minotauro. Tenía 24 poemas. Pero cuando lo terminé me di cuenta de que no estaba bien, que había fallado. Y lo destruí. Recuperé algunos poemas, que son los que están ahora en este libro.

¿Qué te llevó a esa determinación tan drástica?
Había algo, en la primera escritura, que me molestaba. Y era la referencia muy griega, digamos. Me hubiera gustado un referente más latinoamericano. Y lo encontré en Borges, en “La casa de Asterión”. En el poema que está publicado en el libro es el otro Asterión el que habla. Asterión dice “yo creo a otro Asterión” un poco para paliar su soledad. En mi poema, el otro Asterión, el creado, es quien habla del creador.

El libro plantea una reflexión sobre el arte poética...
Dicen que es un libro diverso, pero no lo es tanto. Yo siempre me he preguntado qué es la poesía, y este libro es donde más me respondo, o intento responderme, qué es la poesía.

Definición que se resume en la imagen final del poema que da título al libro...
…“Banderas detrás de la niebla”. Para mí la poesía es eso, algo que aparece muy fugaz. Pero esa aparición fugaz es como si la naturaleza de alguna manera nos hablara. Y en ese instante es muy contundente y verdadero lo que nos dice. Es una verdad esencial, pero que desaparece como detrás de la niebla. El problema viene en cómo compartirla con un lector. Y obviamente viene el pleito con el lenguaje.

¿Puede un poema expresar totalmente aquel instante de verdad?
No. Siempre quedarás como frustrado, como que te acercaste a revelar esa verdad pero nunca lo harás completamente.

Sin embargo, quizás sea la poesía la que nos aproxima más a esa verdad...
Corregir, corregir y corregir es acercarse cada vez más a esa verdad, a transmitir esa verdad que entreviste. Por eso es esa necesidad que tengo de hacer muchas correcciones. Porque en la primera versión te das cuenta de que no, que hay que pulir más. Claro, pero en este pulir no debe perderse la carga anímica, la carga emocional. Ese es el riesgo de corregir mucho.

La contemplación está muy presente en tu poesía. ¿De dónde viene esa particularidad?
No sé. Siempre me preguntan eso, por qué soy muy contemplativo. Y bueno, lo atribuyen a que soy hijo de un japonés. Tal vez sea así, pero no es muy seguro. También pueden haber influido los poetas contemplativos que he leído.

¿Puede haber influido la vastedad de paisajes naturales que acompañaron tu infancia?
Bueno, sí, porque mi pueblo era semirrural. Era un pequeño pueblo de ocho manzanas y estaba rodeado de campo, puro paisaje. Y, qué extraño, ¿no? El campo era la extensión de la casa. Ninguna madre se preocupaba de que pudiera pasarle algo a su hijo. Sabía que él estaba jugando en el río, en los arenales, en el cerro, y no pasaba nada. Pasé una infancia muy cercana a la naturaleza.

Se viene discutiendo la conveniencia o no de un Ministerio de Cultura. ¿Qué opinas al respecto?
Tengo una percepción muy controvertida, conflictiva. Por un lado, quisiera que sí haya un Ministerio de Cultura, pues recibiría un presupuesto, me imagino. Y la cultura estaría más cerca de la economía. Pero por otro lado, temo mucho que se burocratice, que comiencen a haber ciertos dirigismos, de acuerdo con la postura de cada gobierno. En el fondo sí quiero que haya, pero con funciones muy claras, y que trabaje muy junto al Ministerio de Educación, por ejemplo. No puede haber cultura sin lectura, y tú sabes cómo estamos en lectura: más bajos que Haití.

¿Qué te desalienta?
Que todo gobierno está rodeado por la gente de cultura más mediocre. Es muy difícil que un hombre de cultura elevada, culto realmente, apoye a un gobierno. Por más de acuerdo que esté con ese gobierno, prefiere mantener cierta distancia.

martes, 2 de enero de 2007

Entrevista a CARLOS CALDERON FAJARDO


Ser finalista del importante Premio Tusquets de Novela es sólo la constatación internacional de las virtudes literarias de Carlos Calderón Fajardo. Con una nada despreciable legión de incondicionales (sobre todo entre las plumas jóvenes), Calderón Fajardo entrega Historias de verdugos (Santo Oficio, 2006), un conjunto de relatos que bordean lo fantástico.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

La figura principal del libro es la del verdugo...
Pero no es el verdugo oficial, el de la guillotina, sino el verdugo de la vida cotidiana, el de todos los días. El hombre que verduguiza a su mujer, la mujer que verduguiza a su marido. O el empleador que verduguiza al empleado. O el crítico que silencia al escritor y que de alguna manera lo verduguiza (risas). Estamos en un mundo en donde hay una victimización constante, en que somos verdugos y víctimas al mismo tiempo.

Abordas la figura del verdugo, pero desde una perspectiva simbólica. Pienso, por ejemplo, en “Gyula”.
Yo no hago, generalmente, literatura social, por lo menos no en este libro, lo mío son metáforas literarias. Y una extraordinaria figura del verdugo podría ser Pinochet, por ejemplo. Pero yo prefiero hablar de un vampiro, una persona que vive de la sangre del otro. Y es una metáfora literaria de lo que ocurre en la vida real: hay gente que vive del trabajo de otro, de la inteligencia de otro. Por eso el libro se llama Historias de verdugos.

Las historias de verdugos se dan a todo nivel...
Claro. La guerra que hubo aquí hace muy poquito. Guerra de verdugos. La guerra de Sendero, que victimizaba a personas inocentes, y luego venía el Ejército y los victimaba también. Era una guerra entre dos ejércitos de verdugos en donde las víctimas estaban en el medio.

Muchos cuentos establecen, de alguna manera, diálogos con tu obra anterior y con ciertos autores...
Esa es otra de las características de este libro: la intertextualidad. Hay un juego intertextual con diferentes libros míos y con autores. Por ejemplo con Tabucchi, con Burroughs.

¿El primer cuento está vinculado con tu novela La segunda visita de William Burroughs?
No, en realidad está vinculado con una novela mía inédita que es la historia de los poetas peruanos en París desde los años 20 hasta los años 70.

Tu literatura siempre parte de una experiencia real...
Sí, yo siempre parto de una vivencia personal. Pero esta vivencia personal siempre termina siendo ganada por la ficción y se convierte en otra cosa. Por ejemplo, en la primera parte de La segunda visita... se narra una fiesta que en realidad sí existió. Fue el cumpleaños de Rodolfo Hinostroza; él mismo ya lo ha aceptado públicamente (risas). Aunque él no es Montero, claro.

Tuviste una relación estrecha con Ribeyro. El libro se lo dedicas a él.
Yo lo conocí cuando tenía 17 años. Luego lo volví a frecuentar en la década del 70. Tuvo una importancia muy grande para mí, tanto literaria como de vida. El fue el modelo de escritor que yo quería ser.

Preferencias 2006 (literatura peruana)


Confieso que suelo seguir, con bastante delectación, las listas de preferencias literarias de fin de año. No en la búsqueda de un pronunciamiento canónico sobre las mejores o más importantes publicaciones, sino por el simple y llano placer de compartir gustos literarios.
Aquí una pequeña lista de los libros que he disfrutado más durante el 2006. Hubo títulos que por diversas razones no pude leer (algunos de los cuales hubiese querido hacerlo –y los leeré, sin duda, en este 2007-), por ello quizás llame la atención alguna omisión.

Novela:
- Travesuras de la niña mala (Alfaguara), Mario Vargas Llosa
- El regreso de la trapecista (Alfaguara), Oscar Málaga

Cuento:
- Guerra a la luz de las velas (Alfaguara), Daniel Alarcón
- Danzantes de la noche y de la muerte (Alfaguara), Edgardo Rivera Martínez
- Historias de verdugos (Santo Oficio), Carlos Calderón Fajardo
Mascarón de proa (Mesa redonda), José Güich Rodríguez


Poesía:
- Banderas detrás de la niebla (Peisa), José Watanabe
- Vinilo (Fauno editores), Enrique Sánchez Hernani
- Las falsas actitudes del agua (CC de España-Municipalidad de Lima), Andrea Cabel
- No tengo ruiseñores en el dedo (Pre-textos), Eduardo Chirinos
- Cinco segundos de horizonte (AUB), Mario Montalbetti


Antología:
- Toda la sangre (Matalamanga), Gustavo Faverón

Rescate:
- Narrativa completa de Clemente Palma (Rectorado de la PUCP), edición a cargo de Ricardo Sumalavia

- Poesía soñada de Xavier Abril (UNMSM/UPSMP), edición a cargo de Marco Martos

Ensayo:
- La soledad de la página en blanco (UNMSM), Camilo Fernández Cozman
- En la comarca oscura (U. Lima) Chueca, Güich y López Degregori
- De doña Bárbara al neoliberalismo (CELACP), José Castro Urioste

Crónicas:
- Grandes sobras, Beto Ortiz


Editorial:
- Alfaguara
- Matalamanga
- Estruendomudo

martes, 19 de diciembre de 2006

Ildefonso sobre poemario de Andrea Cabel


Miguel Ildefonso, quien acaba de publicar la novela Hotel Lima, ha escrito un artículo sobre Las falsas actitudes del agua, ópera prima de la talentosa poeta Andrea Cabel. El referido artículo aparece en Letras S5.
Adjunto un pequeño fragmento del mismo:
"La apuesta de Cabel está en la metáfora, en la imagen poética y el verso libre y experimental, cuyos referentes pueden ser Eielson, Belli o Hinostroza, pero que ella, precozmente, ha sabido penetrar en el fondo: hurgar en la raíz del lenguaje para que brote una voz personal. La poeta se hace lenguaje y sufre los procesos de su propia creación: "yo queriéndote,/ tú volando como astro de fuego./ créeme que me derrumbo/ ante tu voz que me nombra,/ que no hay bastión, ni primavera/ ni tabla en mar violento / que no concibo mañanas sin rezarte a mi lado". Si por un lado hay esta expiación personal dentro del flujo del agua, en un ámbito cerrado, por otro lado hay un mundo exterior que está atravesando la ventana. La imagen de la ventana es importante para traer lo mítico a lo histórico: "no/ no hay más miedo que este/ que el de la ventana"

Entrevista a Oscar Málaga


Oscar Málaga se define como un poeta que escribe narrativa. Así, cual verdadero orfebre del lenguaje, ha urdido El secreto de la trapecista (Alfaguara, 2006), una novela atiborrada de singulares personajes cuyas extravagancias van de la mano con una ternura inapelable.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Los personajes de tu novela son seres peculiares, portadores de una locura blanca. ¿Cómo surgieron?
Creo que es muy difícil plantear cuál es la génesis de una novela. Creo que hay una serie de factores que se van acumulando, juntando. Y que un día encuentran una vertiente de salida, una especie de disparador. Ese disparador fue un sueño. Un sueño en donde yo miraba, de una manera extraña, toda la vida de un circo, la vida cotidiana del circo.

La novela nos ofrece un fresco de un país que podría ser, al mismo tiempo, el Perú de ayer, de hoy y, posiblemente, de mañana...
La novela no es histórica. Eso quiero dejarlo en claro. No he hecho ninguna investigación para la novela. A pesar de que doy datos precisos en algún momento, no son reales, son inventados, ficción pura. Pero yo soy peruano, me he nutrido de lecturas y realidades peruanas. La ficción es el resultado de eso. La novela se torna como una gran metáfora sobre lo que es la construcción de un país que parece que nunca terminará de construirse. Por eso la novela es atemporal.

La novela presenta dos mundos, diríamos, antagónicos: el del circo y del lugar al que arriban...
Creo que como resultado de la ficción me fui dando cuenta de que estaba enfrentando dos mundos diferentes. Conforme iba escribiendo la novela me fui dando cuenta que había dos mundos con particularidades diferentes. El mundo del circo era un mundo solidario, coherente. Y el mundo exterior al que ellos habían llegado era un mundo entrado en confusión permanente, donde nada era claro, donde nada se sustentaba.

También es una novela que presenta romances singulares...
Es un mundo en el cual suceden muchas cosas. Y una de las cosas que más suceden son las relaciones afectivas. Hay una relación afectiva extraña entre Don José y La trapecista, una relación afectiva apasionada entre La trapecista y El tragafuego, una pasión desesperada entre La mujer barbuda y El hombre más fuerte del mundo.

Son personajes que inspiran ternura...
Sí, es una novela que está llena de objetos tiernos, de personas que en el fondo son bastante puras. La sensación que tienes al leerla es una situación de frescura. Pero esta frescura no tiene donde desarrollarse de manera natural, salvo en el circo.

¿Qué vínculos tendría esta novela con la anterior?
El lenguaje. Creo que el lenguaje sigue siendo un lenguaje cargado de poesía. Blues de un gato viejo está más circunscrita a la vida personal de dos personas. Esta trata un mundo un poquito más complejo, con mayores vinculaciones.

El protagonista de la novela anterior era aficionado a recortar de los diarios las noticias extraordinarias. En esta novela los personajes son extraordinarios.
Es un hecho que no lo había visto, pero es verdad. Pero en este caso todos estos personajes extraordinarios tienen un mundo extraordinario donde se desarrollan como seres extraordinarios.

Hinostroza decía que a pesar de dominar la narrativa y el teatro, él se consideraba esencialmente un poeta. ¿Te sucede lo mismo?
La poesía para mí es el arte del lenguaje por excelencia. No hay momento en que la palabra adquiera tal valor que en la poesía. Yo creo que la poesía puede atravesar todos los géneros literarios. Creo que la poesía debe invadir todos los géneros de la literatura, pero no para hacerla más compleja, sino para hacerla más rica de sonoridades, de lenguaje, de significado. Yo me considero fundamentalmente un poeta que escribe narración.

lunes, 18 de diciembre de 2006

Hinostroza y una nueva distinción


Rodolfo Hinostroza, uno de nuestros más importantes poetas (que además transita con destreza por la novela, el cuento y el teatro) acaba de obtener una nueva distinción internacional gracias a su libro de gastronomía: Primicias de cocina peruana. Se trata del importante Gourmand World Cookbook Awards 2006, en la categoría "Best Foreign Cookery Book" en castellano.
Me cuentan que la presente edición del premio estuvo más reñida pues se recibieron más de 5000 libros de 60 países diferentes.
Todos los ganadores (de cada lengua) competirán por el título de El mejor del mundo. El resultado se conocerá el 6 de abril del próximo año. Esperemos que Rodolfo se haga del premio. He podido hojear el libro y, además de la lujosa edición, se trata de un trabajo de primer nivel.

viernes, 15 de diciembre de 2006

"Vinilo" de Kike Sánchez Hernani


Hoy por la noche -8.00 p.m.-, en el Jazz Zone, el poeta Enrique Sánchez Hernani presetará su más reciente poemario Vinilo. Se trata de un tributo al rock. El concepto del diseño del libro (de evidente reminiscencia a los años sesenta, además de un formato tipo disco) es obra de Carso (para quienes no lo sepan, mi querido progenitor). Me cuantan (Oscar Málaga, primero, y luego Adrián Portugal) que Kike ha ofrecido debutar como cantante.

domingo, 26 de noviembre de 2006

Calamaro: Made in Argentina


Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

Confieso públicamente que, a pesar de ser un incondicional devoto de la música de Andrés Calamaro, no había tenido la oportunidad –o el goce– de ver (mucho menos presenciar) un recital completo de este talento argentino. Pero como toda deuda, ésta debía ser saldada. Y vaya que lo fue. Gracias a Ericka, quien me acaba de regalar hace unos días el DVD Made in Argentina, pude apreciar la potencia musical que es capaz de desplegar Calamaro en una presentación vivo. Se trata de un concierto realizado den Buenos Aires, que significó, si mal no recuerdo, uno de sus tantos regresos a escenarios argentinos.
Además de entonar temas clásicos de su discografía, como “Mil horas”, “Te quiero igual”, “Flaca”, “Crímenes perfectos”, Clonazepan y circo” (uno de mis favoritos), entre otros, el buen Andrés compartió escenario con dos personajes del rock argentino. Uno fue Vicentico, el que fuera cantante de los Fabulosos Cadilacs, con quién entonó “El cantante” y “Vasos vacíos”. Y el otro: nada menos que el gran Litto Nebbia, una leyenda viviente de la historia del rock latinoamericano. Los conocedores saben que fue líder de una de las pioneras bandas del rock latinoamericano llamada Los gatos y que es el autor, junto con el desaparecido Tanguito, de la que se considera la primera canción del rock en español: “La balsa”. La leyenda dice que el tema fue compuesto en el baño del bar La perla del once. Con Nebbia entonó tres temas: “Nueva zamba para mi tierra”, “Yo no permito” (tema de Litto) y “Para no olvidar” (tema de Andrés). En resumen, un tocada estupenda que ha quedado registrada en un DVD oficial. Recomendable para todo aquel fanático, como yo, de Andrés Calamaro.

"Todas mis muertes" de Ezio Neyra

Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

En Todas mis muertes (Alfaguara, 2006), segunda novela de Ezio Neyra, cohabitan dos historias –separadas en espacio y tiempo– que se van sucediendo de manera simultánea. Ambas tienen como protagonista a Francisco Neyra (quizás un alter ego del mismo autor): una sitúa al protagonista en el presente, en la ciudad de Arequipa, en donde trabaja como periodista; y la otra, corresponde a los recuerdos de su infancia, aparentemente feliz, en Camaná.
En la primera observamos a Francisco Neyra contándonos cómo ha sido despedido de su labor de periodista cultural del diario La Opinión (producto de un autosabotaje), para luego ser recontratado como reportero en la complicada sección de policiales: se le asigna el caso del prófugo Cardemil, el único de los asaltantes de un banco que no había sido capturado por la policía. De esta manera, Neyra empieza la pesquisa de Cardemil, pero ésta, ante la ausencia de ánimos para ejecutarla, deviene en una mucho más significativa para él: rastrear en al pasado, en su infancia –como una especie de urgencia psicoanalítica– un episodio irresuelto.
La historia de la búsqueda de este delincuente (Cardemil) queda inconclusa y desantendida muy tempranamente. Esto puede obedecer a un descuido del autor, pero también a una intención de la que se ha valido para situar dos espacios de tiempo que le permitan hacer notorio el viaje al pasado del protagonista. Sin embargo, al finalizar la novela uno queda con demasiadas interrogantes respecto a esa historia.
Es la segunda historia la que, como dijimos, acapara la importancia de la novela. Estos periplos hacia atrás, a su infancia “feliz” en Camaná junto a sus primos, lo conducen a un momento traumático de consecuencias posteriores: el haber presenciado, in situ, el asesinato de su abuelo. El protagonista necesitaba enfrentarse con su pasado (conviene mencionar que después de este hecho, la novela da entender que nadie en la familia del protagonista vuelve a tocar el tema e, incluso, él y sus padres nunca más regresaron a Camaná). Neyra acepta de esta manera la muerte de su abuelo y, con ella, todas sus muertes: la de sus demás familiares y, de una manera simbólica, el fin (una muerte más) de una infancia idílica.
Sin embargo, existe otro gran tema que se desprende de la novela y que ha sido acotado por el crítico Javier Agreda: el enfrentamiento entre lo masculino y lo femenino. Tópico que se halla presente también en Habrá que hacer algo mientras tanto (Solar, 2005), su estupenda y arriesgada ópera prima. En aquella, ese enfrentamiento se percibía en el contraste de las personalidades de los personajes. Alto y, en especial, Gordo asumían peculiaridades evidentemente masculinas (lo que se entiende por masculino en una sociedad machista) mientras que Mediano, un ser demasiado melancólico, asumía rasgos “femeninos”.
En el caso de Todas mis muertes, puede notarse el enfrentamiento del protagonista (un ser sensible, escritor, periodista de la sección cultural, apegado a la madre) con la figura masculina, patriarcal, en realidad, tanto de su padre (una escena de la novela muestra como el pequeño Francisco debe acatar los humores de su progenitor) como del abuelo (el verdadero patriarca de la familia dueño de todos los vicios propios de un machismo férreo). Una novela que no desentona, sin duda, pero que, en mi opinión, no supera a la anterior, mucho más ambiciosa en el tratamiento el lenguaje y en las posibilidades simbólicas.

Entrevista a Andrea Cabel

Andrea Cabel obtuvo el Premio de Poesía Esquina de papel, convocado por la Municipalidad de Lima y el C.C. de España, gracias a un estupendo poemario titulado Las falsas actitudes del agua. Esta es la versión completa de la entrevista que apareció editada en Correo.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Se percibe en tu poesía un especial cuidado con la palabra, una predilección por el lenguaje. ¿Cómo es en tu caso el proceso creativo?
Confieso que escribo bastante y que de todo lo que escribo, selecciono poco. El proceso es largo e intenso, lleno de impotencia. Siempre me tomo mi tiempo para atrapar las imágenes y sensaciones que me impulsan a escribir; luego, me tomo más tiempo para trabajarlas, y después las dejo libres, solas. Regreso y las miro de nuevo. Entonces, evalúo si manifiestan lo que yo quería y necesitaba, si son reconocibles a los demás ojos. Cuando consigo eso, he empezado a hacer un poema.

En el libro hay un gran despliegue de imágenes que me dan la sensación de ser pequeños guiños con la plástica.
Creo que los trazos expresionistas, abstractos e incluso los surrealistas están en muchos poemas. No fue mi intención hacerlo, pero entiendo que esta lectura es factible y válida porque la intertextualidad puede aplicarse a todo el lenguaje, y el lenguaje poético, es también plástico. Pienso trabajar más en esto. Creo que la pintura por ejemplo, es un terreno enorme y lleno de poesía. En alguno de mis poemas, menciono asimismo, a Egon Schielle, sin duda, sus pinturas además de gustarme, siempre me impactaron. Y aunque sea solo una mención, ésta encierra una metáfora en sí misma.

Otro elemento importante es la cadencia melódica de tus versos...
La música, para mi poesía y para mi vida, es importantísima. Un poema que no tenga “su música”, es un poema que se aleja de su alma. Lograr un ritmo específico, o como dices, una cadencia, es una de las labores más difíciles y a la vez, considero, más espontáneas a la hora de trabajar con la palabra. Cada poema tiene un ritmo distinto, y estos ritmos son los que marcan la respiración con la que fue escrito, y es con esto con lo que traslada los momentos y sensaciones que enmarcan el texto. Es ahí donde creo que radica la magia de la música, en el hecho de que permite que cualquier sujeto, sea parte de ella. Pero lograr que un poema tenga musicalidad, no es algo sencillo, es un constante proceso de aprendizaje, son constantes reinicios.

¿En qué medida la obra de Belli ha ejercido alguna influencia en tu poesía?
A Carlos Germán Belli lo comencé a leer desde muy chica, aún en el colegio. Y creo que si lo he leído tanto y tantas veces desde que aprendí a leer, es porque siento una empatía con su poesía. Un extraño arraigo a sus formas y lenguajes, a su manera de actualizar y acercar lo clásico. Creo que no exagero si digo que es uno de los poetas que posiblemente me gustó más desde siempre. He aprendido a leer poesía con muchos de sus textos, me he sentido acompañada con varios de sus escritos. Siento que de él, he podido tomar la rigurosidad en el trabajo de la palabra.

Estás preparando tu segundo poemario. ¿Cómo se ubicaría en relación a este primero?
Pensé que tenía avanzado mi segundo libro, por varios textos que sentía que estaban hechos, pero cada día noto que el avance es más subjetivo. Necesito disfrutar de este, mi primer libro, para luego, poder repensar este segundo. Será distinto en relación con este primero, y creo que con esto digo bastante. Digo esto, porque para mi, plantearse hacer algo distinto a lo anterior, es aceptar rupturas en algunos puntos, es reconocer la necesidad de arriesgarse a probar nuevos sabores, nuevas formas. Y eso es difícil, todos le tenemos un poco de miedo a lo nuevo, a lo desconocido. Todo esto, implica abrirse a más mundos y aprender, siempre, con humildad y desde cero. Pretendo explorar más el arte plástico y el teatro, la danza. Me interesa conocer más formas y más rostros para mis textos. Por ahora, necesito nutrirme y respirar…el segundo llegará solo y de prisa. Como llegó este.

jueves, 23 de noviembre de 2006

Calderón Fajardo finalista del Tusquet de Novela 2006


Este 28 de noviembre se dará el resultado de la segunda edición del Premio Tusquets de Novela. Cruzaremos dedos en favor de Carlos Calderón Fajardo, quien es uno de los flamantes cuatro finalistas que fueron seleccionados de un total de 439 manuscritos seleccionados.

FINALISTAS
- Las cárceles de Ofelia (pseudónimo), de España.
- El fantasma nostálgico de Carlos Calderón Fajardo, de Perú.
- El silencio del reloj de Lorenzo Pinares (pseudónimo), de Argentina
- Los ejércitos de Evelio Rosero, de Colombia.

martes, 14 de noviembre de 2006

Félix Reátegui sobre Toda la sangre

Toda la sangre, elogiable antología de narrativa peruana sobre la violencia, realizada por Gustavo Faverón ha suscitado una variedad de lecturas y puntos de vista disímiles. Félix Reátegui, gran amigo y lector diligente, no sólo escribe el epílogo de la antología sino que me acaba de mandar un texto en el que da mayores luces al respecto.

Culturalistas, revisionistas, negacionistas

Escribe FÉLIX REÁTEGUI

No resulta sencillo entender algunas de las reacciones que ha suscitado la antología de narrativa sobre la violencia, Toda la sangre, y en particular la introducción a ella escrita por Gustavo Faverón. El escritor Oswaldo Reynoso calificó este texto de tendencioso durante una presentación del libro, y ha repetido esa opinión en la Feria del Libro de Santiago. Pero no dijo con todas sus letras cuál era esa tendencia que le parecía objetable. Algo de ello dejó insinuado con el uso de términos como «guerra popular» y «presos políticos» para referirse al conflicto armado interno iniciado por Sendero Luminoso y a los presos de esa organización, respectivamente. Tendencioso por hablar de violencia política; tendencioso por traslucir una reprobación moral sin ambages al senderismo. ¿Soportará el adjetivo —tendencioso— ese contenido? Supongo que sí, si es que se finge hablar o escribir desde una cámara de vacío moral.
Un reseñador que escribe con seudónimo echa en cara al texto de Gustavo no se sabe exactamente qué. Si uno lee con paciencia hasta el final —hay que sortear, en el camino, un empleo un poco fetichista de términos como «prácticas discusivas», «instancias de emisión», «lugar de enunciación», «identidad textual», «postura enunciativa hegemónica»— puede intuir, más o menos, que el quid del asunto es éste: el prologuista ha incurrido en una irresponsabilidad intelectual al partir desde un marco teórico culturalista para llegar, al cabo, a sostener posturas favorables a una democracia universalista. El reseñador no termina de hacer explícita su postura —porque no quiere o porque se enreda en su esforzada hybris terminológica—: ¿estamos ante un presunto tropiezo intelectual de Gustavo: el no haber empleado bien su marco teórico? ¿O ante una postura política recusable: el no situar el desenfreno homicida senderista en un contexto histórico que lo absuelva de responsabilidad, o el no plantear la equivalencia moral entre el totalitarismo y el ciertamente injusto régimen democrático?
La primera posibilidad es iluminadora: echa luces sobre ciertos estilos de pensamiento bastante acartonados y, uno hubiera creído, ya dejados atrás, aquellos para los cuales un marco teórico no es tal —un ambiente para plantearse cierto tipo de preguntas y no otras; para plantear con una lógica determinada, y no otra, las relaciones entre ciertos fenómenos— sino un cajón de respuestas listas para usar. Según el reseñador, el apelar a Raymond Williams y a Edward Said (se le escapó, en su cacería onomástica, el nombre de Fredric Jameson, que también asoma por ahí sin estar escrito: hay que fijarse en las ideas, no en los nombres) debería haberlo conducido de la mano a un razonamiento y a una conclusión: el señalamiento de «las prácticas obscenamente abstractas y alienantes del Estado peruano». La pregunta sería, entonces, para qué darse el trabajo de pensar y de leer si todo ya está previsto en la teoría. Esta anécdota, creo yo, solamente ilustra la tenacidad del estilo de razonamiento de los pseudomarxistas de hace décadas: esos para quienes bastaba nombrar a Marx para saber qué decir sobre cualquier problema o circunstancia. Ahora, resulta que el culturalismo —que según cree el reseñador sustituye a la categoría de clase por la de cultura en el análisis del conflicto— es para ellos la fase superior del marxismo-harneckerismo. (Eso es lo malo de discutir con seudónimos: de repente me equivoco y el reseñador es un jovencito que jamás ha oído hablar de los clásicos de la editorial Progreso y que ha reinventado por sí solo la tradición del pensamiento ready-made. Datos en contra de esta hipótesis: el uso de la palabra supérstite, que ya era huachafa cuando la usaba el, por lo demás, excelente escritor José Carlos Mariátegui).
Desde luego, llegados a esto, ningún emprendimiento intelectual tendría que ser juzgado sobre la base de sus razones. El intelectual es sobre todo un guerrero. Vive bajo el hechizo de la «undécima para Feuerbach» (perdonen los que tengan menos de treinta y cinco años: son asuntos ya viejos). Y, por eso, la descalificación al prólogo de Toda la Sangre recala en dos momentos en lo siguiente: «para ser consecuente, Faverón no podía pasar por alto...»; «un crítico cultural consecuente extraería la explicación obvia...» (de pasada: si es obvia, ¿para que la tendría que extraer?). La palabra consecuente ya vive en los dos mundos: suena a propiedad lógica, pero está impregnada de pragmática: convierte su propia pragmática en lo lógico: es ideología. Pone en acto un oxímoron interesante: la militancia intelectual. Implica además un chantaje que, por fortuna, sólo funciona para los que tienen espíritu gregario: o eres consecuente o te vas. Hace décadas Lészek Kolakowski expuso magníficas razones para irse en su extraordinario, y en ese momento valiente, «elogio de la inconsecuencia».
El culturalismo —todavía no sé si el término es de uso habitual como equivalente de «estudios culturales»— sería entonces una estrategia de guerra. Y esa percepción, en apariencia, tendría alguna justificación. ¿No fue, acaso, Edward Said un guerrero cultural? Sí, claro; pero sus libros no nos enseñan qué decir sino qué preguntar: nos prometen un método de lectura. El crítico literario, que antecedió en Said al estudioso de la cultura, lo salvó del dogmatismo y permitió que su impugnación del etnocentrismo fuera una tarea creativa: ¿no son sus lecturas de Austen o de Conrad ejercicios interpretativos de primera fila, no son buenas lecciones de esa lectura línea por línea que reclamaba (el fascista) Pound? ¿No será que el crítico de la cultura debería tener como primer mandamiento el saber leer por sí mismo antes que preocuparse por ser consecuente?
Pero, si, como parece, al reseñador anónimo no le interesan tanto las ideas cuanto la derivación estratégica de éstas, ¿de qué estamos hablando? Estamos hablando, según la reseña, de que no se debería «soslayar que la violencia de Sendero se superpone al proceso de disolución de los vínculos tradicionales familiares que la civilización europea y su avatar anglosajón han efectuado del modo más efectivo». O sea, una lectura adecuada del material literario sería la que apelara a ese historicismo rígido: Sendero Luminoso es el producto mecánico —y, por mecánico, ¿inocente? ¿necesario?— de la historia del Perú. Estamos hablando, también, de que, para ser correcta, una lectura de ese material tendría que poner al costado de cada mención de Sendero Luminoso una mención de los crímenes cometidos por el Estado peruano. ¿Para qué? ¿Para lograr una neutralización de los efectos?, ¿para escenificar en el texto otro de esos pactos de impunidad, de mutua absolución, que los actores armados suelen contraer después de haber utilizado a la gente como carne de cañón, pactos después de los cuales los sobrevivientes se ven obligados a votar por alguno de sus verdugos de ayer? Sólo de una manera muy interesada se podría decir que la antología y el texto que la precede toman algún partido por el Estado en cuanto agente violador de derechos humanos. Ni siquiera toman partido por él en cuanto representante de un orden social deseable. Dice Gustavo: «Los políticos peruanos han probado en el último proceso electoral que para ellos el fin de la guerra no es sino una autorización para volver al viejo orden, como si nada en absoluto hubiera sucedido». Si acaso, toma partido, creo yo, por los derechos de las personas, por eso que el reseñador llama despectivamente «ciudadanía occidental y moralidad universalista». Es, por lo demás, el mismo partido que evidentemente toma el texto que escribí como epílogo del mismo libro y que el reseñador ha encontrado interesante, cosa que agradezco y al mismo tiempo me desconcierta: ¿será, acaso, que lo que le molesta no es la moral universalista sino que desde el culturalismo se piense una moral universalista?
¿Desde qué punto de vista puede ser esa toma de partido deleznable? ¿Desde qué punto de vista analizar los colapsos provocados por Sendero Luminoso equivale a escribir desde «la cultura hegemónica opresora»? ¿Desde qué ángulo es que resulta objetablemente tendencioso llamar a la violencia, violencia, y no guerra popular?
Yo hubiera creído que más bien era cierto lo contrario. ¿Cómo llamamos a los asesinatos, a las masacres, al sometimiento de niñas a servidumbre sexual practicado por Sendero Luminoso? ¿Aceptamos todo eso en nombre del devenir histórico? ¿O las anulamos, como en una ecuación algebraica, poniendo a su lado los horrores imperdonables cometidos también por el Estado? Parecía imposible que alguien propusiera esto último; pero no hay que olvidar que tras un horror humanitario viene el reconocimiento y que muchas veces, tras el reconocimiento, vienen el revisionismo y el negacionismo. Los combates por la memoria tienen varios frentes, o tal vez sólo uno: el de los elitistas y los conservadores de derecha y de izquierda para los que la vida de cierta gente siempre valdrá menos que una robusta curva de utilidad marginal o que una frase con esdrújulas.

domingo, 12 de noviembre de 2006

Fernando Iwasaki estuvo en Lima

Fernando Iwasaki, estupendo escritor peruano radicado en Sevilla, estuvo de paso por Lima para presentar, en una muy concurrida ceremonia acaecida en el entrañable Hotel Bolívar, la reedición de Libro de mal amor. En esa misma noche se presentaron los otros dos títulos de la Serie roja de Alfaguara: El cristo Villenas de C.E. Zavaleta y Caramelo verde de F. Ampuero.
En los próximos días aparecerá una muy buena entrevista que le hiciera para Correo Manuel Eráusquin en las instalaciones de la librería El virrey (en San Isidro), lugar donde finalmente pude conocer en persona al autor de El descubrimiento de España (nos conocíamos sólo por internet, pues lo entrevisté vía email en una oportunidad: apenas publicó la novela Neguijón). Hoy apareció en La Primera, una entrevista que le hizo Jack Martínez.

Andahazi obtiene Premio Planeta-Argentina

Me acabo de enterar, a través del blog de Iván Thays, primero, y luego directamente de la web del diario Clarín, que el escritor Federico Andahazi, uno de mis autores predilectos y autor de libros como El anatomista, Las piadosas, entre otros (salvo un libro de cuentos inicial, he leído todas sus novelas), ha ganado el Premio Planeta Argentina.
Thays señala en su blog: “La obra ganadora es una novela histórica, como las que suele escribir Andahazi, que relata la historia de Quepza, un americano que descubre Europa y que, al ver la barbarie en esas tierras y la avidez de sus gobernantes, comprende pronto que cruzarán el océano para dominar América. Quepza, entonces, concibe un plan para evitar la conquista y el exterminio de su pueblo, convirtiendo la novela en un relato de aventuras”.Esperemos que la novela se publique pronto y que, dado que Planeta ya tiene sede en Lima, se encuentre rápidamente en nuestras librerías.

Entrevista a Ricardo Silva Santisteban

Ricardo Silva Santisteban tendrá que viajar el próximo año a París, invitado especialmente para participar en una mesa redonda que girará en torno a su quehacer poético. A esto se suma la aparición de Fuego de tu fuego, reeditado en edición bilingüe (español-francés).

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Una de las características de tu poesía es que todos tus libros están vinculados entre sí. No es gratuito, por ello, que estén reunidos en un solo libro bajo el título de Terra incognita.
Me alegra que veas así mi libro. Efectivamente, mi obra poética constituye la escritura de un solo libro compuesto por agregación, en la que es fundamental la experiencia autobiográfica. Son, pues, distintos momentos de mi vida, ya sea que se trate de experiencias recientes o evocadas.

Fuego de tu fuego, si no me equivoco, marcó un punto de quiebre en tu poesía.
Así es. Mi vida cambió mucho luego de la segunda edición de Terra incognita y, en esos años, me vi obligado a escribir mucha prosa literaria. Probablemente en ella se disiparon mis esfuerzos de escritura creativa. Fuego de tu fuego es mi segundo poema largo luego de Las acumulaciones del deseo.

¿Cómo fue el proceso de escritura?
Su escritura se dio, en primer lugar, como un breve poema que contenía las dos primeras estrofas y la última. Me daba cuenta, sin embargo, que, aunque el poema tenía un inicio y un desenlace, faltaba lo que los profesores de literatura llaman “nudo”. Sólo puedo decirte que la vida se encargó de llenar este nudo y yo simplemente de escoger las palabras para representarlo.

¿Cómo recibiste aquel comentario de Rodolfo Hinostroza en una entrevista difundida en un blog en internet?
Es penoso tener que contestar estas cosas. Debo hacerlo sin embargo, ya que en El Peruano no sólo han mutilado y manipulado mis respuestas, sino que conjeturo que intencionalmente me hicieron pisar el palito para luego manipular mis palabras y dejarme con unas respuestas mostrencas. Los ataques a que te refieres son, además de malintencionados, enfermizos. La actitud de resentido social que adoptó la persona que mencionas, desde la misma salida del aeropuerto de Lima, me hacen pensar que ha llegado a la tercera edad completamente amargado. Hay que recordar que en la celebración del centenario de César Vallejo le dedicó también un ataque indigno. El megalómano, por desgracia, es un personaje enfermo que envidia la poca gloria que pueden tener sus congéneres. A lo largo de mi vida como escritor sólo he sido invitado una sola vez a un encuentro internacional de traductores. En cambio, sólo en este año, he participado tres veces en la lectura de mis poemas en el extranjero: en Madrid, en Santiago de Chile y, esta última, en Montevideo. El próximo año tengo ya una invitación en París para una mesa redonda sobre mi obra poética y otra a un encuentro de poetas. Por algo será.

Hinostroza acusa de descuido a los organizadores por invitarte a ti y a Renato Sandoval al encuentro poético de Montevideo.
Sólo puedo decirte que el grupo que escogió a los poetas peruanos a ser invitados no se dedica a la astrología ni son cocineros, se trata de destacados poetas que se consagran también a la enseñanza y a la difusión de la poesía. Es evidente, pues, la maniobra mediática con la que dicho señor pretende tener, ahora en Lima, la notoriedad que no alcanzó en el encuentro, utilizando el escándalo y el despropósito. Pero creo que es mejor cambiar de tema porque sería desdoroso de mi parte contribuir a empañar, en forma póstuma, el generoso e inmenso esfuerzo desplegado por los amables poetas uruguayos, que fue todo un éxito de solidaridad con nuestra patria.

LABOR EDITORIAL

Ricardo Silva Santisteban es reconocido también por su labor editorial (a través de las ediciones del Rectorado de la PUCP). En breve aparecerá la obra poética en prosa y verso de Martín Adán que contendrá, además, un CD con la voz del propio poeta.

domingo, 5 de noviembre de 2006

Carta de Sandoval sobre el "caso Hinostroza"

Siempre he admirado la poesía de Rodolfo Hinostroza, concebida con singular brillantez en dos libros capitales para la poesía peruana: Consejero del lobo y Contra natura. Además, he cobijado por él una gran simpatía heredada, quizás, de aquella longeva amistad que el poeta entablara con mi padre, el conocido diseñador gráfico. Sin embargo, los ataques que Hinostroza ha esgrimido en contra de Ricardo Silva-Santisteban (quien, además de haber sido mi maestro, me ha enaltecido con su sincera amistad) y Renato Sandoval (a quien he conocido hace poco) me parecen, a todas luces, ruines.
A Rodolfo puede no gustarle el quehacer poético de Ricardo y de Renato, pero eso no le da ningún derecho a ningunearlos, con evidente maledicencia y mala leche, como lo ha hecho en una breve entrevista que le realizó el también poeta Paolo de Lima (y que se consigna en el blog Zona de noticias).
Renato Sandoval me envió una carta desde Buenos Aires en la que muestra su desazón frente a las declaraciones de quien pensó era su amigo. Con el permiso de Renato adjunto su misiva:

CARTA DE RENATO SANDOVAL

Ahora mismo estoy en Buenos Aires, donde participo en el encuentro internacional de poesía que organizan, entre otros, el Ministerio de Cultura de Argentina y el Gobierno de Buenos Aires. Esto se inscribe dentro de lo que se ha dado en llamar el Corredor Poético Internacional, que comprende el muy prestigioso Festival Internacional de Poesía de Rosario, que concluyó la semana pasada y, previamente, la Primera Bienal de Poesía de Montevideo, cuya primera edición estuvo dedicada a la poesía peruana. En lo que a mí concierne, si bien solo pensaba participar en este último, tanto los organizadores del Festival de Rosario como los de Buenos Aires, al saber que yo estaría en esta parte del continente, tuvieron la gentileza de invitarme para que asistiera también a sus respectivos encuentros. Entiendo que al Festival de Rosario, a donde concurren apreciables poetas de todo el mundo, no suelen repetir a los invitados, lo que en mi caso no ha sido así, pues el 2002 yo ya había estado en él y, no obstante ello, volví a ser invitado; me imagino que los organizadores habrán tenido sus buenas razones para ello.
Al respecto del encuentro de Montevideo, tengo para mí que tanto los conceptos generales en que éste se basó, así como su organización y final cumplimiento, se desarrollaron con una seriedad y un conocimiento de causa (en este caso, la tradición poética del Perú en sus más diversas vertientes) dignos de admiración y de respeto.
Por último, sobre las declaraciones hechas por Rodolfo Hinostroza (¿es que realmente las hizo, tan gentil y tan bien dispuesto como siempre él se ha mostrado conmigo, incluso en Montevideo?), solo puedo decir lo siguiente:
En primer lugar, aparte de que en lo particular me duele mucho que alguien a quien consideraba mi amigo y que admiraba como poeta (alguna vez escribió cosas muy buenas en los años setenta) se refiera a mí tal como lo ha hecho, sus palabras y la manera como han trascendido (si es que en verdad lo han hecho) sinceramente me provocan lástima y vergüenza ajena; Hinostroza, por lo que tenía entendido y ahora recién veo, practica con sórdida maestría la hipocresía y la gratuita difamación, desperdiciando una vez más sus alicaídas energías que podrían ser utilizadas para mejores fines; por ejemplo, para tratar de volver a ser siquiera la décima parte del poeta aceptable que alguna vez fue.
En segundo término, si se trata de medir de alguna manera el nivel de los poetas peruanos (incluidos los que como yo también tenemos la capacidad de hacer traducción, narrativa, crítica, pero que además hacemos deporte, amamos, viajamos, hacemos buenos amigos, tenemos ideales más allá de nosotros mismos y un largo etcétera), Hinostroza no destacó precisamente por sus supuestas cualidades poéticas, sino más bien por su proverbial arrogancia, patanería e inexistente don de gentes, lo que causó malestar más de una vez a los organizadores y que, por extensión, terminó comprometiendo, él sí, la imagen de la “representación” peruana (pongo comillas porque el término de marras da la idea de un grupo de personas previamente elegido por algún organismo o institución para que actúe oficialmente en nombre de un país, lo que no es el caso). Se debería hacer algo para evitar que poetas-necios (tenemos varios) continúen circulando por doquier y nos sigan desprestigiando por el mundo, sobre todo cuando hace mucho tiempo que pasó su hora.
Por último, los que me conocen saben que soy un feroz autocrítico de todas las cosas que hago, sobre todo en lo que se refiere a mi poesía (pues creo tener alguna), por lo que siempre tomo con pinzas tanto las críticas que se me pueda hacer, pero mucho más los elogios que eventualmente llegue recibir como, por ejemplo, cuando ahora en Montevideo el gran poeta José Kozer (a quien nunca antes había visto en mi vida y al que, por cierto, Hinostroza no le llega ni a los talones) se me acercó luego de mi lectura y, con una sencillez tan inesperada como desconcertante, me dijo que apreciaba especialmente mi trabajo, que le resultaba alentador que en el Perú siguieran surgiendo voces nuevas y buenas y que se alegraba de que nos pudiéramos conocer. Naturalmente, pasado el sonrojo, he vuelto a mi escepticismo habitual y solo espero seguir en la ruta de la poesía todo el tiempo que me sea dado, esa misma ruta por la que se han extraviado tantos buenos poetas que, por desgracia, han terminado siendo vencidos por los complejos y el resentimiento. “¡Allá ellos, allá ellos!”

Renato Sandoval
Buenos Aires, 25.10.2006

Ricardo Sumalavia finalista del Premio Herralde

Acabo de recibir una muy grata noticia que llega directamente desde Madrid. Ricardo Sumalavia, el estupendo escritor peruano que actualmente reside en Francia, ha sido seleccionado como finalista de la presente edición del Premio Herralde con la novela Que la tierra te sea leve. De ganar (que es lo que deseamos todos) sería el tercer peruano en adjudicarse dicho galardón: Jaime Bayly en 1997 con La noche es virgen y Alonso Cueto en el 2005 con La hora azul fueron los dos primeros.
Ricardo me comentó hace algunos años que no pensaba incursionar en el género novelístico, a pesar de que muchas personas lo fustigaban a hacerlo. Para quienes apreciamos su talento, desplegado en los libros de cuentos Habitaciones, Retratos familiares y Enciclopedia mínima, saludamos este cambio de parecer. Además, la sola nominación como finalista del Herralde demuestra que puede dominar ambos géneros (cuento y novela).

sábado, 4 de noviembre de 2006

Entrevista a Camilo Fernández Cozman

Camilo Fernández Cozman acaba de publicar La soledad de la página en blanco (Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM, 2006), libro que reune una serie de ensayos, aparecidos en algunas revistas especializadas, y que busca ofrecer una visión totalizante del proceso poético peruano.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

¿Cuál es la postura teórica de La soledad de la página en blanco?
Es una postura amplia, se trata de hacer una lectura abierta. No imponer un solo método, sino emplear distintas perspectivas metodológicas tomando en cuenta las características del objeto de estudio. Por eso es que para poner de relieve el análisis retórico figurativo y el análisis ideológico decidí recopilar estos trabajos, evidenciando así que estoy en contra del biografismo, de un formalismo dogmático y de un contenidismo. Busco un equilibrio entre el análisis formal y el ideológico.

Un ejemplo de biografismo se da en el recurrente tratamiento de la poética de César Moro...
Casi todos los trabajos se centran en lo biográfico: en su homosexualismo, en sus experiencias personales, y dejan de lado el componente simbólico y mítico que está presente en su obra. Además, estos críticos muy prejuiciosos olvidan la importancia que tiene para Moro escribir en una segunda lengua. No se ve la riqueza simbólica que hay en esta poesía.

¿Qué opinas de los estudios culturales de influencia norteamericana?
Estoy en contra de este tipo de estudios culturales a la usanza norteamericana, que elimina todas las diferencias entre lo que es un poema y lo que es una escritura en la pared. Creo que hay rasgos diferenciales. Hay una especificidad de la tradición literaria que no podemos negar.

¿Se aprecia esta influencia en nuestro país?
Sí, yo creo que sí aparece esta influencia. Veo esto en algunos trabajos que más bien valoran el aspecto del contenido y dicen “la forma no interesa”. Eso me parece discutible. Los trabajos de Marcel Velázquez, por ejemplo, son muy interesantes, sin embargo, creo que a veces hacer una lectura para indagar sobre los componentes racistas en un texto literario, por ejemplo, de Manuel Gonzalez Prada, no me parece una tarea relevante. Hay rasgos racistas, evidentemente, pero la obra de Gonzalez Prada ha trascendido, y esos son casi detalles anecdóticos. Yo no puedo reducir un texto literario al abordaje de un elemento racista; me parece contenidista. Busco un enfoque más totalizante.

¿Cómo ves la crítica a futuro?
Yo sostengo que la crítica es una forma de creación también, no creo en la imposición de un método. Me interesan no sólo los ensayos académicos, sino también voy a incursionar en ensayos más literarios, un poco más libres. Ensayos en donde la escritura del crítico sea una forma de creación. Ya sea en el caso de la crítica más académica como en la de divulgación. Estoy en contra del mero lucimiento terminológico. Hay que buscar una comunicación con el lector, no encerrarse en una jerga que revele una hiperespecialización, un autismo interpretativo.

MAS DATOS
Camilo Fernández (Lima, 1965) es catedrático en la Universidad San Ignacio de Loyola y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Además del poemario Ritual del silencio ha publicado los ensayos Las ínsulas extrañas de EA Westphalen y Las huellas del aura. La poética de J.E. Eielson. Tiene en prensa un libro sobre la poética de José Watanabe.

Entrevista a Luis la Hoz

Lejos de ser un simple turista, Luis la Hoz es un viajero en el más profundo sentido del término. Para él, las sensaciones que le suscitan los lugares visitados son las mejores y únicas postales a atesorar. Geografía inútil (Estruendomudo, 2006) es, en resumen, la bitácora sentimental de un caminante.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Los poemas que conforman Geografía inútil ¿fueron concebidos pensando en la idea del libro o se fueron acumulando?
Los textos de este libro fueron acumulándose, no fue una idea preconcebida. Fui anotando ideas. Y se fueron acumulando también los recuerdos, las sensaciones de los lugares en donde estuve. Entonces me di cuenta de que había tres o cuatro textos que, al menos por el estilo o la cuestión geográfica, podían juntarse.

Tu mirada de aquellos lugares trasciende los tópicos del simple turista, es más un registro de sensaciones...
Claro. Yo he tratado de separarme en el tiempo de los lugares. Y mi mirada ha sido, en casi todos los casos, una sensación, un recuerdo velado de los lugares donde estuve. El poema Texas es el único que salió en el mismo lugar y con el sentido amargo del momento. Lo escribí tal como ha salido en el libro, no le cambié nada, ni un punto. Lo escribí impresionado por el espanto de que un país maravilloso como EEUU sea tan terriblemente injusto.

Otra característica del libro es la concisión de los versos...
No sé por qué extraño fenómeno. Yo pertenezco a la generación del setenta. Y se supone que el estilo de esa generación es la poesía narrativa, con versos amplios, en arte mayor. Una de las propiedades de la poesía es la música. Y creo tener oído. Y extrañamente mi poesía se ha ido condensando en el tiempo. Mis primeros libros son de versos amplios. Pero siempre he sentido que había una intención de economía, de limpieza, de evitar el ripio. Y resulta que los tres últimos libros son tan breves como éste y absolutamente escuetos y económicos y además extrañamente escritos en estrofas, en arte menor, en tercetos, en duetos. Pero sin pretender clasicismo ni nada. Estoy satisfecho. Espero no terminar en el silencio.

A pesar de esa concisión, la cantidad de imágenes que pueden emanarse a partir de un verso tan corto...
Claro. Es un trabajo durísimo. Soy un PhD en el uso del tacho de basura. Soy maniático escribiendo, si una coma se me fue o me equivoqué en una letra, el papel va al tacho. Cada poema, entonces, es la consecuencia de un alto de papeles que van al tacho.

Hay quienes dicen que los poetas esperan el llamado de la inspiración...
Yo sí creo que existe la inspiración. Ese aliento extraño que de repente aparece, que Rilke llamaba el “ángel” y que García Lorca llamaba el “duende”, sí existe. Pero luego viene el trabajo literario, el trabajo de cincelamiento. Mis colegas se horrorizaban cuando yo decía esto, pero sí pues, creo hay un hálito, algo que sí sucede; después viene el trabajo.

Entrevista a Ezio Neyra

Tras un auspicioso debut con Habrá que hacer algo mientras tanto, Ezio Neyra reafirma su vocación literaria con Todas mis muertes (Alfaguara, 2006), su segunda novela, en la que el narrador, de apellido homónimo al autor, traza un inevitable y liberador camino al pasado.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

La novela plantea la necesidad del personaje de retornar a Camaná, a su infancia, para poder continuar...
Era necesario para él, para el personaje, pues el asistir al asesinato de su abuelo y las consecuencias que esto trajo como que le generó un trauma. Es como si la factura más pesada se la pasaran a él. Y él demora en regresar a Camaná 15 años. Además, el personaje cuenta que nadie más regresó luego de esa muerte, al tiempo de que todas eran malas noticias las que llegaban de Camaná. Se trata de la decadencia de la estructura familiar más extendida, digamos. Y la decadencia de la ciudad, también. Y creo que sí, que era la única manera de que este personaje se sacara de encima aquella carga.

Y al mismo tiempo ese viaje de retorno es una especie de aceptación de la muerte, tanto directa como metafórica, que rodea al personaje. Por eso quizá el título Todas mis muertes...
Sí, puede ser. Edwin Chávez publicó una reseña del libro en su blog, y antes me dijo que lo único que podía objetar era el título. Y de hecho fue un título que me costó mucho encontrar. Me demoré muchísimo. Pero sigo convencido de que hay muchas más muertes de las aparentes: no sólo está la muerte más evidente y traumática, que es la del abuelo, sino también la muerte de la estructura familiar, de su infancia en Camaná, de los campos de arroz que tenía el abuelo y que luego se convierten en residenciales. En ese sentido, ese retorno le sirvió para terminar de asimilar sus propias muertes.

El personaje tiene una relación conflictuada con el padre, un hombre de evidentes rasgos machistas...
Sí, así es. Eso creo que es un tópico que se repite en los dos libros. Si bien en mi primer libro no aparece la imagen de ningún padre, sí aparece una crítica de uno de los personajes a la figura del rol masculino. Por ejemplo, todo el llanto de Mediano es mal visto por Gordo, porque le parece que es algo que le hace poco hombre. Y en esta segunda novela sí hay una crítica a la figura paterna.

¿Por qué le pusiste a tu personaje Francisco Neyra?
No es una novela autobiográfica, de ninguna manera. Ninguno de los hechos que se cuentan han sucedido realmente. Sin embargo, el escenario en que sucede es uno en el que yo he vivido. Es decir, a Camaná he ido muchos veranos de mi infancia; tengo mucha familia allá todavía. Creo que el hecho de que se llame Francisco Neyra, que tía Norma se llame como una hermana de mi papá, que el abuelo lleve el nombre de mi abuelo y que Mamajuana era también como le decíamos a mi abuela, creo que se trata más bien de un homenaje a la familia y, además, me sirvió en el momento de la escritura para sentir la historia un poco más mía, digamos.

GENERACIÓN ACTUAL

¿Cómo ves a tu generación?
Se está tirando abajo la idea de que se trata de una generación metaliteraria. Esta novela mía no lo es en absoluto, sé que lo que prepara Edwin (Chávez) es totalmente distinto a lo de su primer libro, Johann Page también anda en otra. Siento que lo rico de esta generación es que tenemos una diversidad muy grande de registros, de intereses a nivel narrativo.