martes, 27 de mayo de 2008

Entrevista a MIGUEL ILDEFONSO


Versos transidos de angustia y abatimiento son los que pueblan el libro Los desmoronamientos sinfónicos (Hipocampo editores, 2008), el último poemario de Miguel Ildefonso, en el que continúa su intrincada relación con Lima.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de FRANZ KRAJNIK

Lo urbano, desde una mirada desencantada, sigue presente en tu poesía.
Es que, como muchos, tengo un problema con el mundo, y el mundo que más conozco es Lima. Y “la capital” para mí se me hace invivible, excepto cuando camino con la poesía; sólo así puedo enfrentarme a la neblina, al humo, a la bulla, a los hedores, a los policías. Y sólo así puedo dar algo diferente a unas monedas a sus habitantes. Por eso mis libros son el resultado de mis exploraciones por este monstruo de mil cabezas y, claro, otras ciudades, como El Paso, no se quedan atrás. Además, lo urbano deviene de mi primer maestro, junto al César, Charles Baudelaire. Sueño con irme a la Sierra o a la Selva, vivir como un ermitaño, pero algo siempre me retiene en el cemento.

Me comentabas que tus libros podían leerse como una unidad.
Todos mis libros nacieron del intento de hacer una sola obra, de ahí que me haya interesado estudiar sobre todo a poetas que lo lograron: Adán, Pessoa, Luis Hernández; por citar a los que no concibieron sus poemarios solamente como textos a publicarse, sino como una obra marginal a las editoriales.

¿Por qué la apuesta por prescindir del verso e, incluso, de la puntuación?
Desde un inicio me ha gustado la musicalidad en la poesía, aun cuando no practique la métrica; la música es importante para mí, de ahí que no ensaye el excesivo coloquialismo. Entonces, se me hace a veces problemático esto de los puntos; además, lo hago como un reto para que el lector se exija algo y entienda la polisemia que siempre busco para el sentido final del texto, cosa que deviene, como dije, del Simbolismo, que recibí no sólo de Baudelaire sino de los otros franceses, y no porque sepa francés.

¿Se puede decir que este es el más arriesgado de tus poemarios, donde prescindes totalmente de las tramas para incidir de manera más radical en las imágenes?
Creo que sí. Y digo creo porque siempre todo poema, hasta el más cursi, significa un riesgo. En un poema me juego no sólo unas cuantas palabras, está mi vida allí, aunque suene recontra cursi o trillado decir esto. Pero te contaré algo: como todos mis libros publicados, hay textos de inicios del 90, pero este es el que más los tiene. Este libro, no como está ahora, pero sí muy cerca, hubiera salido publicado digamos en 1996; esta onda surrealista, como lo han visto algunos críticos, la practicaba en esos años iniciales con mayor soltura. De alguna manera he tenido el control en la salida de mis libros, y por eso, debido a que sé que este libro es “el más arriesgado”, es que lo edité recién.

Otro poemario tuyo está próximo a publicarse, ¿qué nos puedes adelantar de él?
Está por salir de la imprenta, ya tengo el primer ejemplar como prueba. El título Himnos es porque me gusta Novalis y Beethoven, y además porque suena potente, impone respeto, y no hace mucho estuve en Alemania. Aunque la realidad es lo contrario: contiene mis poemas más sencillos o, diría mejor, que es “el menos arriesgado”; aunque también prescindo de los puntos. Pero te confieso algo: la sencillez es lo más difícil de ejecutar en poesía, por eso sale recién; ha tomado su tiempo en dejarse hacer.

lunes, 26 de mayo de 2008

LUCÍA FERNÁNDEZ y JUAN DIEGO VERGARA


Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de KEYKO MONTEBLANCO

Quizás la travesía más significativa sea aquella que, en su concepción simbólica, representa un recorrido interno, a través de los recuerdos, al nostálgico territorio de la infancia. Precisamente a ese trascendente espacio vital en donde, según los sicoanalistas, se halla el origen de todo. Lucía Fernández y Juan Diego Vergara han coincidido en esta idea –cada uno a su manera, claro– al momento de abordar la temática del viaje que prima en la muestra Sobre crecer y viajar que se exhibe en la galería Espacio Arte, que se ha habilitado en el local del Instituto Euroidiomas de Miraflores.

Repaso de la infancia
En el caso de Lucía Fernández el retorno a la infancia se sostiene a través de una mirada lúdica y de fantasía, como sucede, por ejemplo, cuando la artista evoca su casa como la alta torre de un castillo. “Mi idea era encontrar justamente las imágenes de mis primeros viajes que no están en el álbum –sostiene Fernández–. Hay recuerdos e imágenes que son tan significativas que te marcan y el ejercicio era tratar de plasmar eso. El tema del viaje, a partir de la metáfora y lo simbólico, aparte de lo poético, es algo que visualmente me interesa mucho”.

Juan Diego Vergara, por su parte, nos ofrece una galería de personajes familiares que acompañaron su niñez. “Esta serie es de principio del año pasado y son basadas en fotos de mi familia –explica Vergara–. Y los textos corresponden a lo que yo pensaba cuando miraba las fotos, claro, con una carga un poco irónica. El texto me ayuda a cerrar la idea”.

Palabras en la imagen
La inclusión del texto es, pues, el otro punto en común en el trabajo de los dos artistas. Luego de un inicio abstracto y el respectivo viraje hacia lo figurativo, Vergara empieza, de un momento a otro, a escribir palabras en sus cuadros. “Para que haya una atmósfera sobre lo que yo pintaba. Y luego textos completos”, acota. En el caso de Lucía Fernández la presencia de los textos se da desde siempre y son parte integrada a las imágenes. “Eso lo vengo haciendo desde la escuela. Hace bastante tiempo. Y siempre había esa relación entre el texto y la imagen. No que uno sea accesorio del otro, sino que ambos se complementan y cierran el conjunto”, concluye Fernández.

Se trata de dos miradas, distintas y al mismo tiempo complementarias, que impulsan al espectador a mirarse a sí mismo, a través del tiempo y en medio de la nostalgia.

domingo, 25 de mayo de 2008

JOSE TOLA


Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de KEYKO MONTEBLANCO

El encuentro parecía destinado a culminar en un inevitable fracaso. No resultaba descabellado pensar, pues, en la imposibilidad de comunicación entre la conocida parquedad de un artista como José Tola –a la que se añade una fama de pintor maldito–, y mi parquedad de escritor ensimismado dentro de mis particulares cavilaciones. Sin embargo, aquella tarde resultó satisfactoria, sobre todo para alguien que, como yo, celebra el trabajo creativo de un artista que, a pesar de su mirada huraña, suele filtrar por momentos su lado amable e, incluso, entrañable.

Aterrizamos en la Galería del ICPNA de manera simultánea, bordeando milimétricamente la hora acordada para el encuentro. Tras un fugaz recorrido por la sala que cobija en sus paredes el colorido resumen de una trayectoria plástica de relevancia, la charla se desplegó, con inusitada espontaneidad, en la cafetería del mismo instituto. En una de las mesas del fondo, para eludir la férrea vigilancia de los meseros, y poder fumar un cigarrillo con la tranquilidad del caso. Porque Tola fuma, cigarrillo tras cigarrillo, con la misma intensidad con la que se entrega a la creación.

“Tengo un sentimiento de desprendimiento respecto a mis cuadros: una vez que los termino, los dejo”, me dice Tola. Eso explica, de alguna manera, las variaciones de su propuesta plástica a lo largo de los años, que se evidencian con mayor nitidez en esta muestra antológica “Tola: el artista como demiurgo” –que abarca trabajos desde 1965 hasta el 2008–.

Así, mientras Gabriela Arakaki y Luis de la Sota –brazos derechos del artista– ultiman los últimos detalles del montaje de las obras, Tola me explica que su camino ha sido de búsqueda constante, que si bien la Escuela te enseña a pintar (Tola estudió seis años en Bellas Artes de San Fernando, en Madrid), uno debe buscar su propia mirada. “Dominar la técnica te permite hacer luego lo que tú quieras”, acota. Basta un rápido repaso a la galería para advertir que sus cuadros han ido adquiriendo cada vez mayor complejidad y que los colores han ganado en intensidad.

Tola también escribe. Ha publicado la novela Ego azul (Jaime Campodónico, 1998) y Una historia para un guerrero (Santillana, 2006), cuento ilustrado por él mismo. Y me dice, además, que entre sus muchos manuscritos tiene dos novelas inéditas. Una de ellas, policial. Sin embargo, supo desde pequeño que lo suyo eran las artes plásticas. “Mis mejores notas eran en presentación de cuaderno –confiesa, Tola–. Dibujaba la “a” pensándola como un pajarito. Por ello, incluso en mis textos prima lo visual, las imágenes”.

Tras acabar, él con su té y yo con mi gaseosa, y tras ser importunados por un mesero que nos conminó a fumar afuera, retornamos a la galería. Y mientras la fotógrafa movía de un lado a otro a un solícito Tola, volví a contemplar sus cuadros y a sentir esa misma sensación que tuve cuando vi uno de ellos, por primera vez, hace muchos años: la idea fija de que en aquellos lienzos el dolor y la dicha van de la mano.

MAS DATOS

ICPNA de Miraflores
(Angamos Oeste 160, Miraflores)
Antológica
Inauguración: 27 de mayo.

Lucía de la Puente
(Paseo Sáenz Peña 206, Barranco)
Obra reciente
Hasta el 7 de junio

martes, 20 de mayo de 2008

El eternauta al cine


Una noticia que seguramente concitará la atención de mi padre es la que acabo de leer en el blog Puente Aéreo de Gustavo Faverón: La cineasta argentina Lucrecia Martel está por concluir con el guión de lo que será la adaptación cinematográfica de El eternauta, célebre cómic del tandem conformado por Oesterheld y Solano López. Ver el blog.

MURAKAMI por IWASAKI


Murakami, nuevamente. No sólo suelo leer con avidez los libros de aquellos autores que, como el caso especial de Haruki Murakami, concitan mi total atención. También confieso mi adicción a la lectura de todo texto que gire en torno al escritor en cuestión. Gracias al Moleskine de Iván Thays pude leer, y disfrutar, de un texto del escritor peruano radicado en España, Fernando Iwasaki, sobre el autor de Kafka en la orilla.
Interesantísima la parte en la que Iwasaki señala lo siguiente: “No pretendo poner en entredicho a quienes de manera autorizada ponderan la ambición posmoderna de la narrativa de Haruki Murakami, aunque sí me haría ilusión sugerir que lo que en Occidente se considera posmoderno, acaso coincida con fórmulas y poéticas de larga tradición en otras culturas no precisamente occidentales”. Lean el texto completo.

domingo, 18 de mayo de 2008

Entrevista a EDGARDO RIVERA MARTINEZ


En medio de una grisácea tarde miraflorina, la textura cálida de la voz de Edgardo Rivera Martínez sirve de entrañable cobijo a una amena charla sobre su obra, a propósito de la publicación de Cuentos del Ande y de la neblina (Punto de lectura, 2008), libro que recoge su cuentística completa, más dos relatos inéditos como bonus tracks.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de PÁVEL UGAZ

El título de esta reunión de sus cuentos completos alude a los lugares en los que se ambientan sus relatos…
Como anteriormente, en el año 1999 apareció una edición de Alfaguara con cuentos completos, no se podía repetir el título, más aún porque este volumen reúne cuentos incluidos en aquella edición más los publicados en Alfaguara en un libro que tiene como título Danzantes de la noche y de la muerte, más dos cuentos inéditos que son de este año. Entonces como el escenario predominante es el andino, pero está también presente Lima, se le puso de título Cuentos del Ande y la neblina.

Esa relación armónica que se da en su literatura entre lo andino y lo occidental, ¿tiene relación con su infancia en Jauja?
Naturalmente con mi infancia en Jauja, y por el hecho, que siempre he remarcado, que Jauja fue una ciudad que tenía una presencia foránea fuerte, por razón de su clima, entre mediados del siglo XIX y mediados del XX. Incluso venían de Europa para curarse de la tuberculosis. Por eso, un viajero francés, allá en 1875, dijo que en Jauja había una pequeña sociedad cosmopolita.

¿En qué momento es consciente de que esa relación entre lo andino y lo occidental se refleja en su obra?
En realidad es una toma de conciencia desde mis primeros relatos. En El unicornio de 1964, por ejemplo, aparece en un pueblo andino nada menos que un unicornio, que es un ser de la mitología europea. Pero, por qué no, si hay sirenas tocando el charango en la fachada de uno de los templos coloniales, creo que en Pomata. Por otro lado, pienso que en este mundo globalizado, y a mi modo de ver cada vez más injusto, es importante preservar la identidad propia, pero no negarse a la modernidad. Hay que abrirse también a ella. Lo cual es bastante difícil.

¿De dónde viene el lirismo de su prosa? ¿De la poesía?
Mi narrativa es fundamentalmente de carácter lírico. Incluso, dos o tres relatos míos son de alguna manera poemas narrativos en prosa, como "Amaru", "Angel de Ocongate" o "Leda en el desierto". Y también lo lírico tiene importancia en mis dos novelas, especialmente en País de Jauja que presenta un mundo feliz, como han remarcado algunos críticos, y que termina con una frase reveladora: “Brilla el Sol y el aire es límpido, clarísimo”.

No hace mucho se reeditó, nuevamente, País de jauja, quizás su más celebrada obra. ¿Cómo ve a aquella novela a la distancia?
Esa novela fue en gran parte por la añoranza de los días felices de mi infancia y sobre todo de mi adolescencia. Hay quienes desde el sicoanálisis piensan que en el arte se crea a partir de sentimientos de culpa. Yo pienso que para unos es verdad, pero para otros no. Y la prueba para mí ha sido País de Jauja que es la evocación de un mundo feliz. Y de alguna manera lo es mi segunda novela Libro del amor y de las profecías, que no obtuvo la misma difusión.

La música es importante en su narrativa, y la figura del danzante es recurrente en su obra. Pienso en "Angel de Ocongate", en "Danzantes de la noche y de la muerte" y en el reciente "El tucumano".
Claro, porque mi contacto con el mundo andino no sólo era a través del mundo de las leyendas y de los mitos, sino también de la música. E inevitablemente también con la danza. Y danzas propias de la zona central del Valle del Mantaro. Y danzas de origen andino y colonial, porque hay personajes que se remontan a la colonia, como por ejemplo el tucumano.

En una oportunidad le comentaba que me llamaba la atención que la mayoría de sus relatos tengan un final abierto. ¿Es deliberado? ¿A qué se debe?
Entiendo que es a la vez deliberado e inconsciente. Mi proximidad a la poesía y a lo lírico me hace inclinarme por los finales abiertos, en los que el lector elige, opta por una solución, pero en función de la cadencia y atmósfera del texto.

Usted ha abordado la novela y el cuento, ¿tiene predilección por alguno de estos dos géneros?
Parecería que por el cuento, pero en realidad por ambos géneros literarios. Actualmente estoy terminando una novela sobre la cual prefiero no hablar, salvo mencionar que se titula Diario de Santa María, ambientada también en la Sierra, pero también con esa apertura a la cual ya me he referido: que es reflejo de mi propia vida.

*Publicado el domingo 18/05/08 en Correo.

lunes, 12 de mayo de 2008

MARTÍN ADÁN en El Dominical


“¿Quieres tú saber de mi vida?
Yo sólo sé de mi paso,
De mi peso,
De mi tristeza y de mi zapata”.
Estos son los versos iniciales de Escrito a ciegas del recordado y celebrado Martín Adán. La última edición de El Dominical, que dirige el poeta Alonso Rabí, dedicó un amplio especial a la figura y obra de este singular poeta peruano. Entre los interesantes textos que aparecieron quisiera recomendar el de Kike Sánchez Hernani, quien con estupenda prosa nos hace un repaso de la existencia del autor de La casa de cartón. Léanlo completo.

No es país para viejos de CORMAC MACCARTHY


Equiparado por el mismísimo crítico Harold Bloom con autores norteamericanos canónicos como Herman Melville y William Faulkner, Cormac McCarthy es, sin duda, uno de los escritores más notables de la actualidad.

No es país para viejos (Debolsillo, 2008), novela en la que se basara el premiado filme de los hermanos Coen Sin lugar para los débiles, ya se puede encontrar, desde hace algunas semanas, en nuestras principales librerías.

La novela gira en torno a la persecución de la que es víctima Llewelyn Moss –quien encuentra de casualidad, en medio de un reguero de cadáveres de narcotraficantes, y en pleno desierto, un maletín repleto de dinero– por parte de un apocalíptico sicario (Anton Chigurh), siendo además buscado por un sheriff próximo a jubilarse (Tom Brell).

La narración avanza a un ritmo trepidante, recurriendo muchas veces a una sucesión de frases cortas que no otorgan respiro al lector y que, sin embargo, tampoco impiden que la novela posea una hondura existencial –de la que carecen algunos autores– que se focaliza, como en otras novelas suyas, en los oscuros vericuetos del mal. Uno no puede evitar sentir en la nuca el asecho incesante de Chigurh, pero sobretodo es imposible no sentir aquella sombra de maldad que recorre la novela y que nos revela, en realidad, un futuro incierto. Recomendable. (CMS)

martes, 6 de mayo de 2008

Entrevista a JUAN JOSÉ MILLÁS


El último Premio Planeta, el escritor español Juan José Millás, ausculta su universo interno y da a luz una novela escrita desde su propio enfrentamiento personal. El resultado: una historia esencialmente genuina y conmovedora.

Entrevista MANUEL ERÁUSQUIN
Fotografía de KEYKO MONTEBLANCO

Es interesante ver cómo desde la infancia se siembra nuestra felicidad y también nuestras desdichas.
Sí, y no es raro pensarlo, pues en esas edades se construyen los cimientos de nuestra identidad. Y esto es como un edificio, donde los cimientos son cruciales, aunque no se vean. Además, lo que llamamos identidad, subjetividad, es una edificación y regresar a la infancia para saber qué sucedió en ese tiempo equivale a bajar al sótano, lugar en el que se ven los cimientos.

Pero no hay que perder de vista que el sótano da la idea de un lugar sin mucha luz, con mucho desorden.
El sótano es un lugar frío, húmedo, un poco ruinoso y donde se colocan los trastos que no nos gustan. Sin embargo, ahí, en ese espacio en el que existe tanta humedad, tanto frío, poca luz y trastos que no queremos: existe gran parte de lo que somos. Y es importante enfrentarse a esa zona de nuestra humanidad, que normalmente se encuentra oculta y que además olvidamos, porque la infancia es una etapa de la que hacemos unas operaciones de cierre y clausuramos de la memoria de forma selectiva las cosas malas y sólo dejamos las buenas.

En la novela se maneja la analogía del bisturí eléctrico con la escritura: donde ambos al proceder abren heridas, pero al mismo tiempo las cauterizan. En ese sentido, ¿la escritura puede convertirse en un vehículo de sanación interna?
Puede cumplir esa función, porque incluso se dice que la escritura es una forma de terapia para quien la experimenta. Y en ese sentido, es muy curioso que haya mucha gente que cuando se jubila manifiesta que desea escribir, puesto que en ese ejercicio sienten que van a encontrar alivio en su contradicción. Y sin duda es así. Pero yo creo que la escritura es sobre todo un vehículo para conocer el mundo. Creo que la literatura es un modo de conocimiento de la realidad, que no es ni mejor ni peor que otros discursos: no es mejor ni peor que el discurso científico, por ejemplo, para acercarnos a la realidad.

Bueno, la literatura es clave también en su posibilidad de complementarse con otros discursos o posibilidades expresivas.
Su valor es fundamental y es necesario que se complemente con otros discursos, y esto es una labor fundamental de la literatura: yo creo que una buena novela o es metáfora de la realidad o no es nada. Y es importante este aspecto, porque siempre nos nutrimos de nuestras experiencias o de las experiencias de las personas más cercanas. Escribir de cierto modo consiste en metamorfosear la experiencia, y por lo tanto toda literatura es biografía.

Lo importante también en la experiencia literaria es que el escritor se mire a sí mismo, que se enfrente a su propia interioridad.
Es importante esto porque uno siempre escribe desde el conflicto, y si el conflicto no está o el conflicto es artificial: el texto no tendrá alma. Pero si uno ha escrito desde un conflicto personal que intenta aliviar o intenta resolver ciertas cosas de la experiencia vital con la literatura, entonces se convertirá en universal.

Además, el hecho de sabernos mortales los humanos nos conduce a un conflicto permanente.
Esa es una de las contradicciones que no hemos resuelto todavía. Cómo es posible que la vida implique la muerte. Que sin muerte no haya vida y sin vida haya muerte. En definitiva, el ser humano no ha logrado responder a las preguntas fundamentales de ¿quiénes somos?, ¿adónde vamos? Incluso, llegamos a referirnos a ellas de manera irónica, y eso es porque tenemos siglos dándoles vueltas a esas interrogantes que hasta ahora no hemos podido responder.

Hay gente que piensa que para escribir se tiene que hacer desde la desgracia…
Yo no diría eso, creo más bien que se escribe siempre desde el conflicto, porque si no hubiera conflicto para qué vas a escribir. Y se escribe desde el conflicto para intentar comprender lo que está sucediendo.

El personaje sufre una serie de carencias afectivas, experimenta de manera intensa el desamor.¿Diría usted que en todo caso el amor puede llegar a salvarnos?
Bueno, yo creo que sin amor es muy difícil vivir. Ahora, el amor entendido en un sentido muy amplio, de tal manera que podamos entender que la falta de amor nos puede matar, por eso el amor nos puede salvar.

lunes, 5 de mayo de 2008

McCARTHY por AGREDA: No es país para viejos (Mondadori)


Ya llegó a Lima No es país para viejos (Mondadori), la novela en la que se basaron los hermanos Coen para urdir su premiado filme. Como comprenderán, quienes leen este blog con cierta regularidad, apenas pueda me agolparé a alguna de las librerías Ibero –donde suele comprar las novedades de Mondadori– para adquirir un ejemplar. Luego de leer La carretera me he vuelto un apasionado lector de McCarthy. Y estoy a la caza, además, de Meridiano de sangre –novela que me ha sido difícil encontrar en librerías y que mi amigo Javier Agreda ha reseñado semanas atrás. Volviendo a No es país para viejos, Agreda acaba de comentar la novela en su espacio en La República, en donde señala: “A pesar de las acciones violentas y de ritmo acelerado, se puede notar en el relato una sólida estructura que permite desarrollar los temas con orden y simetría. También están presentes las descripciones barrocas, que contrastan con los diálogos breves y precisos (en los que no se usan guiones o comillas), dos de las marcas que caracterizan a esta narrativa. Pero casi tan importantes como la trama son los monólogos de Bell, que ocupan un par de páginas al inicio de cada uno de los trece capítulos. El sheriff reflexiona en ellos sobre la actual decadencia moral de la sociedad norteamericana”. Lean el texto completo.

Entrevista a FERNANDO AMPUERO


Inspirado en su cuento “Taxi Driver sin Robert de Niro”, relato perteneciente a su libro Malos Modales (1994), Fernando Ampuero entrega Hasta que me orinen los perros (Planeta,2008), una novela que da cuenta de la ferocidad de la calle a través de la vida de un taxista atrapado por la desesperación de sobrevivir.

Entrevistan MANUEL ERÁUSQUIN y CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de GISELLA SAN MIGUEL

Las calles tienen sus propios códigos y construyen su propia moral desde la falta de posibilidades en el mundo oficial.
La calle posee sus propios personajes y tiene sus propias leyes. Esta novela, Hasta que me orinen los perros, que lleva un nombre proveniente de un universo callejero y de una frase de borrachos, muestra una historia descarnada, una historia brutal. Y en esas calles impiadosas surge un individuo de vida aparentemente normal, un tipo que era un contador y que toda su vida se había sacrificado y trabajado de manera eficiente, solvente profesionalmente. Pero eso no importó, pues llega esa palabra fatal propia de esta modernidad a su existencia: hay que hacer reingeniería, hay que ahorrar, hay que prescindir de personal. Sus logros no interesaron; sencillamente lo despiden. Algo que también hemos visto nosotros a lo largo de nuestras vidas.

Este episodio determina su destino, un destino sostenido en la desesperación.
Mira, y así como en mi novela Caramelo Verde la alternativa era ser cambista de dólares, actividad prolífica a fines del primer gobierno de García. Ahora, a inicios del segundo gobierno de García para alguna gente que se encuentra en el desempleo la alternativa es incursionar de taxista y el personaje recurre a este oficio sin saber lo que le va a deparar esta actividad.

No sabe que va a cruzar una línea donde no hay retorno.
Cruza la línea porque le han robado el auto, que es todo su capital, todo su esfuerzo en la vida y se queda sin nada. De la noche a la mañana. Pero él escucha que hay un negocio que realizan sus propios colegas taxistas, a los que les va bien. Estos hombres agarran a pasajeros que se encuentran borrachos y esperan a que se queden dormidos y los venden en huecos donde valen por sus pertenencias y sus tarjetas de crédito. Ellos no se comprometen, no quieren ensuciarse las manos: ellos son taxistas. Sólo roban alguna cosa y reciben su dinero por estos clientes. Por eso, estos sujetos no sienten que son delincuentes. Sin embargo, esta tranquilidad se resquebraja y surgen complicaciones que determinan cambios impensables en sus vidas.

Tanto en tus novelas Caramelo Verde, Puta Linda y Hasta que me orinen los perros, existe un interés por personajes de la marginalidad.
Sí, son tres novelas que de alguna manera recogen personajes callejeros, personajes pertenecientes a un universo marginal. Ahora, de alguna manera, en mis novelas exploro más los personajes oscuros y marginales de la ciudad. En mis cuentos existen personajes oscuros y marginales en una buena proporción, pero la mayoría de ellos provienen de una clase media y clase alta. Y en este momento, estoy tratando de entender por qué es que he planteado mi literatura últimamente por estos caminos. Es más, cuando terminé Hasta que me orinen los perros, me di cuenta de que el factor dominante en estas novelas eran las dificultades que tienen los peruanos para sobrevivir.

Circunstancias que pueden ser extremas, como las que padece el personaje de Hasta que me orinen los perros.
Cuando estás en una situación donde no hay qué comer y te encuentras lleno de deudas: tienes que buscar una forma o manera de salir de ese agujero negro. Eso, por un lado. Por otro lado, la novela expresa la ola de violencia que azota a la ciudad. Un caso claro es el tema de las pandillas del Callao: muchachos de veinte años, todos con armas de fuego y todos matándose entre sí. Y en los últimos cuatro meses han muerto cuarenta chicos, eso es una cifra enorme: una cifra espeluznante.

Al haber trabajado durante varios años de noche, por tu labor de subdirector en Caretas, has visto con tus propios ojos los secretos que albergan las calles en la madrugada.
Una vez, acompañado de otro escritor amigo mío: Oscar Málaga, salíamos de Caretas e íbamos por Belén en mi carro a las cuatro de la mañana, ciudad totalmente desierta y veo en medio de la pista a un sujeto que me apuntaba con una arma. Y Málaga me hablaba justo en ese momento, en el cual yo sólo atiné a seguir de frente. El tipo se salió del camino pero escuché un disparo, que de seguro fue al aire. Esos son algunos personajes de la noche urbana.

MAS DATOS
Hasta que me orinen los perros tiene el interés de la directora Enrica Pérez de llevarla al cine. Ella ya se había inspirado en un relato de Ampuero para su corto Taxista (basado en el cuento “Taxi Driver sin Robert De Niro”).

*Publicada en Correo el domingo 04/05/08.

viernes, 2 de mayo de 2008

Entrevista a BORIS IZAGUIRRE


Habituado a los reflectores, Boris Izaguirre responde las inquietudes de la prensa cultural con la misma espontaneidad con la que suele aparecer en pantalla en plena gira promocional de Villa Diamante (Finalista del Premio Planeta 2007), una novela sobre la posibilidad que uno tiene de transformar su destino.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de GISELLA SAN MIGUEL

Antes de Villa Diamante ya habías publicado tres novelas. ¿Consideras que el ser finalista del Premio Planeta te legitima como escritor?
Como siempre dije, cuando recogí el premio yo entré a la ceremonia como Boris Izaguirre y salí como el “escritor” Boris Izaguirre. Yo estoy encantado cuando me preguntan: “Ay, cómo te presentamos”. Entonces yo digo: “Finalista del Premio Planeta 2007”. Me parece un título de presentación estupendo.

¿No es una manera de cerrarle la boca a tus detractores?
No creo que me haya sentado a escribir Villa Diamante con esa idea en la cabeza. No tenía la necesidad de cerrarle la boca a nadie. Jamás he respondido a ninguna crítica ni buena ni mala. Lo que sí creo es que el premio ha sido buenísimo para la novela, porque le ha dado un empuje increíble, algo que quizás le hubiera costado más a la novela conseguir. Pero en lo que sí estoy fascinado es en el hecho de que la novela haya alcanzado 200 mil ejemplares desde que salió a la calle en noviembre pasado.

¿No crees que el ser un personaje mediático ha ayudado a conseguir ese nivel de ventas?
Pienso que aparte de la curiosidad que podría generar el hecho de que yo fuese el finalista, también creo que la novela ha gustado a sus lectores, y esos lectores la han recomendado a otros lectores. Y ese es realmente el mejor premio.

Tú empezaste en Venezuela escribiendo guiones para telenovelas. ¿En qué medida esa experiencia te ayuda a la hora de encarar tus libros?
Pues en pensar que yo no escribo para mí sino para mis personajes, primero que nada. Y luego escribo para mi público, para mis lectores. Yo creo que tengo unos lectores que han ido un poco formándose conmigo con mis anteriores novelas. Y ahora que con Villa Diamante tengo muchísimos más lectores, pues tendré que escribir pensando en esos lectores. Yo no soy el tipo de autor que está intentando descifrarse a sí mismo, yo no tengo esa necesidad. La que sí tengo es la de contar una buena historia y que ésta tenga una mayor cantidad posible de cautivos.

Me llama la atención esa necesidad de una de las protagonistas de encontrar la inmortalidad a través de la edificación de una casa…
Es que ella piensa que su vida no ha sido más que accidentes. Y yo puedo pensar que quizás Latinoamérica sea igual, una sucesión de accidentes permanentes. Y quizás yo no hubiera tenido esa visión de Latinoamérica si no viviera en España hace dieciséis años.

La novela transcurre en Venezuela durante la dictadura de Pérez Jiménez. ¿Lo planteaste como un juego de espejos con el actual régimen de Chávez?
Bueno, yo no diría tanto un juego de espejos, pero sí pienso que si el lector quiere establecer sus paralelismos, los puede establecer tranquilamente. Y es que hay grandes paralelismos; por ejemplo, los dos convirtieron a Simón Bolívar en su razón de ser. Y qué cosa tan curiosa que Simón Bolívar sirva para una dictadura militar de los años 50 de derecha y sirva también para una república bolivariana del nuevo socialismo en el siglo XXI.

¿Cómo es tu relación afectiva con Venezuela?
Yo siempre he sido una persona muy vinculada a mi trabajo. Entonces dejé de vivir en Venezuela porque no tenía trabajo. Y me pareció que era la oportunidad perfecta para probar suerte en otro sitio. Y me fui a España. Y allí no sólo he encontrado trabajo, también una nacionalidad, un marido, una casa, fama, reconocimiento. Pero eso no significa que yo tenga un problema político con mi país, simplemente quizás yo no encajaba allí. Y uno de los dos tenía que tomar la decisión, y como el país parecía no querer tomarla, pues la tomé yo. Me voy, hago mi vida en otro sitio y ya está.

*Publicada en Correo hoy viernes 02/05/08.

martes, 29 de abril de 2008

Entrevista a ERNESTO FERRINI


Hace dos años Ernesto Ferrini marcó su debut literario con La tristeza de los burros. Ahora, con un mejor pulso narrativo y una estructura argumental más compleja, nos entrega Los crímenes del caso mariposa (Planeta, 2008), una novela en la que rinde tributo a Roberto Bolaño.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía FRANZ KRAJNIK

Los crímenes del caso mariposa representa un paso adelante en relación a tu primera novela. ¿Lo consideras así?

Sí, me siento más tranquilo. Estoy mucho más contento con esta novela. Si, me doy cuenta de que hay un salto importante en lo que es el tema o la densidad de los elementos que trato. No creo que tenga una voz propia porque es mi segunda novela. Ahora creo que estoy interiorizando las distintas influencias. En la primera Leonardo Aguirre advirtió un tufillo vargasllosiano. En esta novela me parece que es más evidente la influencia de Bolaño, por la estructura narrativa y porque hay un personaje que lleva su nombre. En lo que escriba a partir de ahora quizás esas influencias sean más difuminadas.

Esta es una novela policial con ciertos toques de sátira…
Sí, incluso yo creo que es más una novela negra. Claro, además, al poner el acento no tanto en la investigación policial sino en el contexto, eso se prestaba bien para hablar de lo que sucedía un poco en Europa con los inmigrantes, ciertos grupos políticos y mirar con ironía todo eso.

Noto en esta novela un mayor logro en la concepción de los personajes…
La estructura de la novela hace que los personajes pasen de contrabando sus historias íntimas. No tanto ya el crimen o la investigación, sino lo que piensan. Todo eso se presta bien a darle densidad a los personajes.

Además de la influencia de Bolaño que mencionas, qué otras hay. Advierto, por ejemplo, un guiño con Poe, específicamente con Monsieur Dupin.
Claro, con Los crímenes de la calle Morgue. Otras influencias: Hammett. Leí a varios italianos en esa época para hacerme una idea de cómo trataban ellos a la ciudad de Milán. Por ejemplo Carlo Lucarelli. Pero también hay influencia de Lobo Antunez, quien tiene una novela que se llama En el culo del mundo.

¿Cómo surge el tema ecológico?
Me interesaba el tema ecológico. Me ha llamado la atención de que haya personas en otras partes del planeta que tomen decisiones que nos afectan directamente. Y nunca hemos sido consultados. Y me atrajo mucho ese terrorismo verde que son más que nada actos vandálicos. Y me interesaba un poco investigar esta línea entre la desobediencia civil y el terrorismo puro.

¿Cómo ves a los autores peruanos contemporáneos tuyos?
Yo creo que muchos tienen más una influencia con Bolaño; creo que ese es el vínculo más fuerte. Por lo demás, no mucho. En los que he leído veo temas muy variados, no veo muchos puntos en común.

¿Ya tienes en mente una próxima novela?
Sí, estoy investigando. Aún no defino personajes y trama. Pero quiero ambientarla en los últimos meses del gobierno de Fujimori. Pero no puedo decir más, recién la estoy armando.

*Entrevista publicada en Correo hoy 29/04/08.

COLUMNA: La Cornisa

LA ESPADA DEL HÉROE
Por MANUEL ERÁUSQUIN


Desde que lo conocí, detecté ese halo de romanticismo épico en su espíritu. Confieso que lo admiraba: corría hacia el destino que soñaba y abrazaba sin temor, sin miedo, a la mujer que amaba. Caso raro en nosotros los hombres, que muchas veces preferimos morir sin dar señales de nuestra propia humanidad: el perfecto legado de la perversidad machista.

Hace mucho que no sé de él. La última vez que hablamos fue frente al mar de Pucusana, en pleno invierno limeño. Estaba recién casado y evidenciaba el sobresalto de saberse feliz. El día comenzó ofreciendo la espesura de la neblina, una atmósfera propicia para el terror o la tristeza. Pero no fue ni lo uno ni lo otro. Aquella vez la melancolía cubrió nuestros rostros. Era inevitable partir del Perú. El y su esposa tenían un futuro para vivir en Londres, donde habría más neblina pero también amor.

Paseando en bote por la playa, él atisbó mi inquietud, pudo mirar mi desconsuelo. Hay personas que a diferencia de otras, o sea la mayoría de mortales, pueden ver el corazón de los demás. Algunos lo llaman intuición, otros lo asocian a alguien sencillamente perceptivo y observador. En este caso era un poco de todo. Menos brujo.

“Tener miedo es una sensación normal, un sentimiento absolutamente humano, no siempre podemos ser héroes, no siempre podemos entregar nuestro corazón sin correr el riesgo de perder. Lo único que debemos hacer es no dejarnos paralizar: tenemos que luchar, pero por convicción, no para sobrevivir. Aquí tenemos que aprender a vivir y a vivir bien. O te levantas o te pierdes en tu propia mugre; tú decides”, culminó de decir con seguridad, con cierto aire aleccionador de maestro a aprendiz. En aquel momento detesté su comentario, mezcla de frases sacadas de un libro barato de autoayuda y lugares comunes. Paradójicamente, cada palabra suya fue espeluznantemente certera.

Así era Andrés, frontal y sanguíneo. Daba la impresión de que blandía una espada para vencer a su propia oscuridad. Su pasado poseía los escombros del dolor, de dramas impensables para cualquier ser común y corriente. Sus padres habían fallecido de cáncer. La madre primero, luego el papá. Se dice que no soportó la pérdida y somatizó la enfermedad. El fue criado por su tío paterno, quien lo amaba, pero nunca fue igual.

Antes de despedirnos volvió a mirar en mí, sus ojos expresaban la comprensión de un hermano: “Yo encontré la paz en la sonrisa de una mujer. Es hora de que te descubras y busques esa paz en la mujer que quieres, halla en su sonrisa tu propia redención y no jodas más. Vale la pena”. Tuvo razón: ahora contemplo esa sonrisa y deseo que sea inmortal.

*Publicado en Correo hoy 29/04/08.

lunes, 28 de abril de 2008

TEATRO: El teniente de Inishmore


Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de PÁVEL UGAZ

No es necesario darle cabida al pesimismo para darse cuenta que, en este mundo descarrilado en el que moramos, la vida parece valer nada. El dramaturgo anglo-irlandés Martin McDonagh es consciente de aquello y ha pergeñado así una obra de teatro que, muy a su estilo directo y descarnado, indaga sobre el sinsentido de la violencia.

McDonagh no es un desconocido en estas latitudes. En el 2006 el joven director Juan Carlos Fisher evidenció las dimensiones de su talento al poner en escena una de las obras de este peculiar dramaturgo: El hombre almohada. Dicho montaje fue celebrado como uno de los mejores del año y su director ungido como la gran revelación. Ahora Fisher –quien luego haría la desquiciante Bicho de Tracy Letts– retoma su idilio creativo con este autor para poner en escena, en el teatro La Plaza ISIL, El teniente de Inishmore.

“Conversando con Rómulo (Assereto) –quien ha participado en los tres proyectos–, le decía: esta es nuestra trilogía de la sangre. En El hombre almohada la violencia era sugerida; Bicho era una historia sicótica, agresiva, apasionada; y en este caso es el sinsentido de la violencia”, señala Fisher.

La trama de El teniente de Inishmore gira en torno a Padriac (interpretado por Rodrigo Patiño), un despiadado soldado del Ejército Nacional por la Liberación de Irlanda, quien regresa a Inishmore movido por una irrefrenable sed de venganza. A él no le importarán, en absoluto, las personas que deba aniquilar en su búsqueda por dilucidar la muerte de su ser más querido: su gato Tomasín.

El reparto luce a los reconocidos actores Alfonso Santistevan y Mario Velásquez. Además de los jóvenes Gisela Ponce de León, Rómulo Assereto, Daniel Neuman, Gerardo García y Lazlo Kovacs. Se trata de una puesta en escena que, como las anteriores, no otorga respiro al espectador. “Es como poner de alguna manera a Quentin Tarantino sobre el escenario para decir: ¿tiene sentido este horror? –apunta Fisher–. Y creo que viviendo en una época como en la que vivimos no puede ser más actual”. Basta un breve vistazo a los noticiarios para colegir tal afirmación.

ROTH por CUETO


Hace una semana Alonso Cueto comentó en su columna de Perú21 el libro de cuentos Sauce ciego, mujer dormida (Tusquets) del estupendo Haruki Murakami, uno de mis autores predilectos. En su columna de hoy, Cueto comenta la última novela traducida al español de otro de mis autores referenciales: el maestro Philip Roth. Se trata de Sale el espectro (Mondadori).
Cueto señala que “en los personajes de Roth la respuesta es la escritura. La alusión a Strauss (un artista capaz de "mostrarse desnudo") nos recuerda al mismo Roth. Es por eso que debe proteger como sea a Lonoff, el gran autor que quiere ser ridiculizado por Kliman, su biógrafo chismoso.
Esta búsqueda del absoluto de la escritura sostiene la búsqueda de Nathan en una novela magnífica, una de las mejores de este autor. No hay otro escritor norteamericano que escriba con tanta precisión y tan bien, mientras mira de frente al abismo.
Roth se burla de sus dolores, no se queja y escribe con una frialdad conmovedora. Por su calidad, no por su entereza, es hoy un ejemplo para cualquier escritor del mundo”.
Les recomiendo leer el texto completo.

QUIPU 3: "Ripucuchcaniñam ccamña allimlla" de Juan Osorio Ruiz


El tercer escritor elegido para su publicación en Quipu es el hasta hoy inédito narrador Juan Osorio Ruiz, nacido en Huancayo en 1976.

A partir de la fecha, Quipu anuncia que sus ediciones serán mensuales y ya no quincenales, de modo que los cuentos o poemas ganadores serán publicados por la red de blogs asociados al proyecto no cada dos lunes, sino cada cuatro lunes de ahora en adelante, para facilitar la labor de las personas encargadas de la evaluación.

Asimismo, comunicamos a los lectores y participantes que uno de los ofrecimientos que recibimos en un principio, la publicación impresa de los textos en el suplemento Identidades del diario El Peruano, no se ha podido mantener en pie en razón del poco espacio disponible en el periódico, motivo que escapa al poder de los encargados de este proyecto.

Quienes necesiten recordar las bases de participación, podrán verlas en los blogs Puente Aéreo y Quipu esta semana.


Ripucuchcaniñam ccamña allimlla
Juan Osorio Ruiz

Mi bisabuela llegó desde Huancavelica unos meses después de la muerte de mamá, a mitad de una tarde en la que las ventanas lagañosas impregnaban de frío la sala de mi casa. Llegó del brazo de mi padre, su nieto, envuelta en sus innumerables polleras, luciendo un sombrero gris decorado con coquetos ribetes rojos, saludándonos con tiernas frases quechuas llenas de diminutivos y con una minúscula maletita en la que traía todo lo que necesitaba: una que otra prenda de ropa, una bolsita con menjunjes que sólo ella sabía utilizar y el álbum de fotos familiares de contenido casi arqueológico.
Una vez instalada en la que era hasta entonces mi habitación, mi padre nos convocó a mis hermanas y a mí para pedirnos estar siempre solícitos y atentos con ella por lo avanzado de su edad. Sin embargo, pronto descubrimos que mi bisabuela tenía la rara cualidad de anticiparse a todo, y a todos: se levantaba muy temprano y con el caminar propio de quien ha comprendido que hay un momento en la vida a partir del cual toda prisa es inútil, pues todo plazo se vence y toda prerrogativa se acaba, se dirigía a la cocina a preparar el más viscoso y más delicioso quáker con leche del mundo. Y antes de que cualquiera de nosotros dijera “Buenos días abuelita” ya estaba ella disponiendo las ollas y cortando las verduras en trocitos de exactitud matemática para prepararnos el almuerzo. Y mientras se cocían las verduras y echaban color los guisos, se sentaba al lado de la cocina a gas, que desdeñaba en un comienzo, a saborear sus trocitos de pan remojados en quáker con leche, haciendo largas pausas y dando mordiscos suaves y periódicos, cual sacerdote en ofrenda eucarística, con una parsimonia que no era producto de la disminución de sus fuerzas, sino de su sabia actitud ante la vida.
Mi abuelo, su hijo, había llegado también a nuestra casa un mes antes a insistencia de mi padre pues los muchos años de bohemia le estaban pasando factura (intereses moratorios incluidos) y aunque a regañadientes, había sido internado en una clínica cercana donde tratarían de curarlo. No había pasado ni una semana desde la llegada de mi bisabuela cuando recibimos la noticia de que los riñones de mi abuelo habían dejado de funcionar. Tras una corta agonía falleció por insuficiencia renal.

Dicen que mi bisabuela había criado a mi padre, su nieto, a mi abuelo, su hijo; había cuidado también de su esposo, mi bisabuelo, y desde muy corta edad, se había encargado de la atención de su padre, mi tatarabuelo. A la luz de los resultados, su caprichosa buena salud no había sido un don tan preciado pues mientras los eslabones más antiguos de esa cadena interminable que es una familia, se habían ido muriendo, a ella le había tocado en suerte mantenerse a pie firme sosteniendo la cadena, sepultando a los más antiguos, y cuidando de los más jóvenes sin emitir queja alguna.
Al contrario de lo que todos pensábamos, la partida de su hijo, mi abuelo, no la afectó demasiado, parecía siempre encontrarse de buen ánimo, excepto algunas mañanas muy temprano, cuando yo la sorprendía sentada en el jardín interior de la casa, con la mirada perdida y hablando sola con ese tonito arrullador que sólo la gente de la sierra es capaz de pronunciar, delicioso, melancólico y musical.

A partir de la muerte de mi abuelo fuimos nosotros, sus bisnietos, los destinatarios de toda su atención; sus mimos se hicieron más prolíficos, sus comidas más reconfortantes, las conversaciones en quechua con mi padre fueron más subliminales a mis oídos y los tejidos de tupida lana con los que nos enfundaba para soportar el frío serrano no tuvieron comparación.

Pero pronto la acrobática economía familiar fue ensombreciendo nuestro cómodo chalet como se oscurecen las tardes antes de una severa granizada. Mi padre era un policía ejemplar pero un pésimo negociante. Y si bien al comienzo no todo el dinero se perdió en las dislocadas empresas que iniciaba, su soledad terminó deprimiéndolo y conduciéndonos a todos a los linderos de la ruina.
Así pasaron varios meses en los que algo fue cambiando en casa. A medida que mi padre se sumía en más deudas, los cariños de mi bisabuela fueron adquiriendo una dimensión distinta, aunque se mostraba excesivamente maternal, nosotros ya estábamos bastante crecidos como para aceptarla como reemplazante de nuestra madre. Aunque no era su culpa, había llegado a nuestra casa demasiado tarde, a destiempo. Así que pronto sus cariños nos hostigaron, sus comidas perdieron el encanto y hasta mis hermanas prefirieron enfrentar al frío invierno en los brazos de algún adolescente oportunista y ya no con las chompas de lana tejidas por mi bisabuela.
Entonces ella, silenciosa y discreta, no hacía mayor cosa que acurrucarse al lado de la cocina a gas, que ya no desdeñaba tanto, inquebrantable en su intención de confeccionar innumerables prendas de lana con la esperanza de que alguna vez volviéramos a usarlas.
Así, nuestra anciana huésped fue paulatinamente convirtiéndose en un mueble confinado en un rincón de la cocina, aferrada a sus costumbres e imposibilitada de comunicarse con nosotros por las distancias del idioma y las insalvables brechas abiertas por el tiempo y las circunstancias.
Aquella noche mi padre había llegado borracho a casa y mi bisabuela, diligente como siempre, le había servido una gran taza de café cargado, lo había llevado hasta su dormitorio y le había intentado quitar los zapatos antes de recostarlo en su cama. Mi padre, obnubilado por el alcohol, se había empecinado en dormir con los zapatos puestos, algo que para mi abuela era inaceptable. “Déjame tranquilo que tú no eres ni mi esposa, ni mi madre” le había imprecado. Tras una pausa prolongada, ella sólo llegó a decir: “Ripucuchcaniñam ccamña allimlla” y en silencio se retiró a su habitación.
A la mañana siguiente, cuando me levanté, encontré ropas tiradas a lo largo del oscuro pasadizo que conducía al jardín interior; allí, junto a la puerta, se encontraba mi bisabuela sentada en una diminuta banca que se ahogaba entre sus polleras, cortando con unas viejas tijeras la última chompa que había tejido con incansable esmero. Sus labios susurraban una cancioncilla medio triste y medio dulce que me pareció reconocer, quizá de algún tiempo remoto en el que yo aún no existía.
Caminé hasta colocarme junto a ella, sus delicadas manos soltaron las tijeras y me acomodaron el cabello dándome luego la usual nalgadita convertida en caricia. “Ripucuchcaniñam ccamña allimlla huahua”, me dijo a mí también. A pesar de no entender el significado de aquella frase impronunciable para mí, supuse que quería que la dejara sola. Mientras ella retomaba sus insondables pensamientos me escabullí hasta el umbral de mi dormitorio desde donde todavía podía verla. Su canción terminó unos minutos después para dar paso a un silbido entonado, alternado con gorgoritos deliciosos que me hicieron sonreír. Y con toda calma, como la había visto desde su llegada, se levantó y caminó hasta su cuarto, abrió aquella diminuta maleta con la que había arribado, sacó las fotos que guardaba celosamente y las puso en su velador, en su lugar introdujo los retazos de las prendas de lana que había cortado; la cerró sin prisa, la puso debajo de su cama y se acostó.

domingo, 27 de abril de 2008

LETRA CAPITAL: Tercer Aniversario


No soy dado a las celebraciones ni tampoco mi memoria es idónea para las fechas importantes. Sin embargo, por algún extraño motivo –que a estas alturas ya he olvidado–, marqué con un aspa a principio de año la fecha “22 de abril” en el calendario que descansa encima del monitor de la computadora de la oficina. La fecha en cuestión me recuerda que este blog cumple tres años de existencia.

Un incontenible arrebato de nostalgia me llevó al primer post: una entrevista que le hice a Mario Bellatin. La idea que rondaba mi cabeza en aquella época era la de postear las entrevistas a escritores que hiciera en el diario Correo –diario al que había arribado tras una temporada en Expreso– y, en el mejor de los casos, postear el diálogo completo, con todo y lo que, por espacio, no llega a salir en la edición impresa del diario. No he descubierto la pólvora, aclaro; dicha modalidad la descubrí hace mucho tiempo en Peru21. Ellos anunciaban que en su web uno podía leer las entrevistas completas. Y yo, lector febril de todo lo relacionado a la literatura, acometía la lectura de esas entrevistas con la intensidad de un insaciable.

Eso mismo intenté hacer en mi blog a partir de una segunda entrevista posteada, esta vez a Iván Thays (1). He entrevistado a Iván varias veces, para casi todos los diarios en dónde he laborado. Y hablar con él sobre literatura me resulta siempre un gran placer. En aquella ocasión Iván no había presentado ninguna novela y aún no aparecía tampoco su estupenda antología temática Pasajeros perdurables (Seix Barral). Sin embargo, hablar con él sobre el momento literario local me parecía un adecuado pretexto para una amena entrevista de domingo. Una versión editada de la misma apareció en Correo e, inmediatamente, después, sin cortes de edición, en Letra Capital (2). A partir de ese momento he intentado repetir la experiencia siempre, pero confieso que no he podido cumplirla, muchas veces por el trajín que el periodismo diario acarrea. Así han aparecido aquí entrevistas a escritores peruanos como Mario Vargas Llosa, Edgardo Rivera Martínez, Alonso Cueto, Enrique Prochazka, Oscar Málaga, Miguel Gutiérrez, Fernando Ampuero, Luis Hernán Castañeda, Jeremías Gamboa, Oswaldo Reynoso, Ricardo Sumalavia, Carlos Calderón Fajardo, José Guich, José Donayre, José Adolph, José Watanabe, Rodolfo Hinostrosa, entre otros. Y también extranjeros como Pablo de Santis, Edmundo Paz Soldán, Federico Andahazi, Alan Pauls, Alberto Fuguet, Evelio Rosero, Oscar Hahn, Juan Claudio Lechín, entre otros. Varias de estas entrevistas fueron realizadas al alimón con mi entrañable amigo Manuel Eráusquin.


Con el tiempo he intentado también compartir, con quienes tengan la amabilidad de leer este blog, algunas noticias literarias que llaman mi atención o aquellas lecturas en las que me he sumergido con gran delectación. No lo he hecho con la frecuencia que hubiese querido, sin duda; y aunque no puedo prometer que revertiré tal situación, haré el intento.

...

(1). Existen cosas que uno no termina de entender. Las decisiones que toman en el canal del Estado, por ejemplo. Recuerdo cuando hace algunos años José Watanabe instauró en dicho canal la celebradísima franja cultural. Hoy casi no quedan restos de aquella gran iniciativa. El cierre de programas como el de Iván Thays, Vano oficio, al igual que otros como el de Guillermo Giacosa o incluso el de Cucho Peñaloza, nos revelan la “importancia” que tiene la cultura en el llamado “canal de todos los peruanos”.

(2). El nombre del blog, Letra Capital, alude a una columna de opinión, de temática libre, que tuve hace muchos años en una diario de no muy grata recordación.


lunes, 21 de abril de 2008

AMPUERO presenta novela


La editorial Planeta
presenta la novela
Hasta que me orinen los perros
de FERNANDO AMPUERO
este martes 22 de abril
Hora: 8:00 p.m.
Lugar: Restaurante Pescados capitales
(Av. La Mar 1337, Miraflores)
Los comentarios estarán a cargo de
RICARDO GONZÁLES VIGIL y ABELARDO SÁNCHEZ LEÓN

Mentadas de madre de PABLO GUEVARA


Se hizo esperar. Anunciado a fines del año pasado –con justificada fruición tratándose del inédito libro de un entrañable poeta como Pablo Guevara–, los incondicionales lectores del autor de Retorno a la creatura tuvieron, sin otro remedio, que esperar hasta ahora la aparición de Mentadas de madre (Fondo Editorial de la UNMSM, 2008).
Quienes tuvieron la gracia de conocer a Guevara, aseguran que el poeta afirmaba que este poemario era, sin lugar a dudas, el más personal de su tan personal corpus poético. Y vaya si lo es. Mentadas de madre, escrito según cuentan los entendidos a finales de la década del setenta, traza un recorrido por su historia familiar, siendo su progenitora una figura recurrente a lo largo del libro. “¡Y ahora, madre, te vas quedando hueso y pellejo!/ tu columna vertebral afilada como un cuchillo o una quilla herrumbrada –ya no eres más el long-long cruiser o el paquebot ese d los veranos de luxe de mi infancia” (p.97). Allí radicaría una de las acepciones del título, la frecuencia en la mención de la madre. La otra, alusiva a la conocida coloquial frase, manifiesta su desencantamiento del mundo: “... mientras voy navegando con suerte sorteando arrecifes por estas calles tan tempestuosas de Breña infestadas de escualos por las que llego tras salvar mil escollos... y el timbre no suena... ¡Cosas del demonio! ¡Cosas del demonio!” (p.127). Lectura ineludible. (CMS)


*Publicado en Correo el lunes 21/04/08.