lunes, 10 de setiembre de 2007

TREN DE ATERRIZAJE


ILUSIONES PERDIDAS
Por JOSÉ GÜICH

Las novelas ganadoras de los concursos que los sellos multinacionales suelen convocar con regularidad, como una zona de sus lógicos afanes por generar utilidades, crean siempre un estado de alerta en los medios y en quienes están pendientes de tales lanzamientos. Bienvenida sea esta coyuntura, porque consolida una actividad que, para los autores, debería ser exclusivo medio de vida, aquí o en cualquier lugar. Por otro lado, también es cierto que, salvo excepciones, los jurados suelen inclinarse por obras que se amolden sin problemas a la percepción y a los gustos de un particular segmento de consumidores.
En El susurro de la mujer ballena (2007), del escritor Alonso Cueto (Lima, 1954), finalista del Premio Planeta-Casamérica, todo está en su sitio: una historia de interés, un estilo que apuesta por el tono directo y dinámico, así como un atractivo “enigma”. Nada de conceptos muy densos que sobrecarguen el paisaje: la historia de Verónica Ross, bella limeña, destacada editora periodística, y de Rebeca del Pozo, mujer de negocios y de una obesidad descomunal, gira en torno de un amor-odio que se remonta a fines de la década de 1970 e inicios de 1980. Tal obsesión por lo aséptico, en términos editoriales, es lo que atenta contra la novela.
El conflicto entre Verónica y Rebeca no trasciende la anécdota del resentimiento entre condiscípulas, principalmente porque el autor orienta esta fuerte polaridad hacia los terrenos del melodrama. Esto, en principio, no es cuestionable como recurso, pero en El susurro de la mujer ballena, la irrupción de esas marcas es excesiva, por instantes estereotipada, y le resta contundencia al terrible trauma sicológico que Rebeca afronta durante toda su vida, producto de las crueles burlas de sus compañeros.
Asimismo, la preocupación por una oralidad característica del sector A ha propiciado ciertos tics, como la reiterativa expresión “oye” en la mayoría de los diálogos. A esos desbalances de estilo, habría que sumar alguna impostación cuando los personajes intentan ser más reflexivos; por ejemplo, el discurso final de Rebeca resulta demasiado retórico para alguien que ha sufrido lo indecible, y que ciertamente no guarda equilibrio con las conversaciones más “limeñas” y, por ende, más espontáneas y ágiles.
Por último, el desenlace del “misterio” que separó a las grandes amigas no calza del todo con la expectativa que el autor hasta esos instantes ha sabido sostener con evidente oficio, pese a las interferencias ya mencionadas. El susurro de la mujer ballena sin duda satisface los estándares de recepción tan perseguidos hoy por los monstruos de la industria. Pero dentro de su innegable eficacia funcional, no llega a ubicarse a plenitud en ese universo de novelas que marcan al lector como una cuchillada inexorable o un mordisco en el cuello.

Autor: Alonso Cueto
Título: El susurro de la mujer ballena
Editorial: Planeta (259pp)

No hay comentarios.: