domingo, 18 de abril de 2010

BLOC DE NOTAS (de Carlos Calderón Fajardo)

Guillermo Martínez (Foto: Blog Eterna cadencia).

Crímenes imperceptibles de Guillermo Martínez
Escribe CARLOS CALDERÓN FAJARDO 

Los crímenes en la novela policial clásica son de dos tipos: el perfecto y el imperfecto. El patrón es casi siempre el mismo: se narra la historia de cómo, alguien, sobre todo un detective, intenta desentrañar un crimen, un crimen que es perfecto o imperfecto. En estas novelas el narrador siembra pistas falsas a lo largo de todo su relato, personajes dentro de una trama que nos atrapa. Son novelas que buscan brindar placer que se logra desafiando la inteligencia del lector. Sin embargo existe un tercer tipo de crimen que no es ni perfecto ni imperfecto, y es el crimen imperceptible. De este tipo de crimen es del que se ocupa el escritor argentino Guillermo Martínez (Bahía Blanca, 1962) en su novela Crímenes imperceptibles (Planeta, 2003).

No está dicho explícitamente en la novela, pero desde el título la idea salta a la vista y cautiva: vivimos hoy en sociedades criminalizadas. Rodeados de todo tipo de crímenes y por todas partes, cuya característica es que son “imperceptibles”. Estos crímenes se producen a gran escala y cada segundo, pero nuestros ojos, nuestra inteligencia, ha sido entrenada para que existan de manera imperceptible, y por lo tanto no contienen ningún enigma a descubrir, más bien nos crean un displacer permanente con los que estamos acostumbrados a vivir. Cuando estos crímenes son llevados a un texto, no se trata de una policial, sino de una narración sobre la violencia, hiper-realista, como las novelas del escritor norteamericano Corman Macarthy: repletas de sangre, brutalidad incontrolable y asesinatos irracionales.

El género de la novela policial ha sido poco practicado en el Perú, las buenas novelas de este tipo en nuestra historia literaria son contadas con los dedos de la mano. Más bien proliferan novelas sobre la violencia. Quizás la novela policial no es atractiva para nosotros porque son tantos los crímenes que se producen a diario en sociedades “criminalizadas” latinoamericanas, que la novela sobre la violencia, -como las del colombiano Fernando Vallejo- en algunos casos espléndidamente escritas, aunque el crimen es el tema, no son novelas policiales. La novela de G. Martínez sí es una novela policial, cuyo principal ingrediente es lo filosófico en la resolución del enigma creado por un asesino serial.

Crímenes perfectos tiene como escenario la Universidad de Oxford, lugar en donde Guillermo Martínez se doctoró en matemáticas. Y la novela es la historia de un joven argentino que va a estudiar matemáticas a Oxford y asiste a la comisión de varios asesinatos en serie, la pesquisa no es otra cosa que un desafío intelectual lanzado al un joven matemático argentino por su profesor, el eminente matemático Arthur Seldom. La novela apela a los juegos de lenguaje de Wittgenstein, al teorema de Gödel y a enigmas relacionados con antiguas sectas pitagóricas, mezclados con los arrebatos de la pasión. El final de la novela es un magnifico cierre dentro de los parámetros de la novela policial clásica de trama compleja.

La novela de Martínez trata sobre aquellos crímenes “imperceptibles” que sólo pueden resolverse a través de series lógicas interferidas. Sobre el particular, Kurt Gödel formula en 1931 su teorema sobre la incompletitud. Gödel demuestra que aún en los niveles más elementales de las matemáticas hay enunciados que no pueden ser demostrados ni refutados, son los enunciados indecibles. El valor de este teorema se le equipara en importancia a la teoría de la relatividad de Einstein. Trasladado el teorema de Gödel a la literatura, nos sugiere que la verdad no puede ser expresada, porque la característica de toda verdad es la de ser incompleta. Es decir, la verdad de una novela, igual como un crimen imperceptible, es inevitablemente incompleta, y si se logra será siempre verdad huidiza, invisible.

Como ésta no es una reseña, no resumiré la novela de Martínez en unas cuantas líneas. Así como ante un crimen, un detective, o un juez, no pueden determinar fehacientemente inocencia o culpabilidad, porque la verdad siempre será incompleta, de la misma manera hay algo en Crímenes imperceptibles de Guillermo Martínez que me impide afirmar si ésta es o no es una buena novela. Sólo puedo decir que sentí un gran placer intelectual al leerla.

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