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lunes, 10 de mayo de 2010

TEATRO: "Extras" (Teatro MVLL)

Ciccia y Galliani con "cara de desposeidos" (Foto: Plan9)

Extras (Dirige Alberto Isola)
Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

Cada quien persigue sus sueños a su manera. Algunos de ellos arropados de una fe ciega que, sin embargo, les permite seguir en la brega. Otros, a contraparte, terminan abandonándolos, rendidos ante la inclemencia de una realidad que los golpea. Extras, la estupenda pieza teatral de la mexicana Sabina Berman (adaptada de Stones in his pockets de Marie Jones) es, en el fondo, una reflexión sobre los “grandes sueños” de dos aspirantes a celebridades hollywoodenses. Escrita, por supuesto, en un tono de comedia que la torna irresistible.

La historia nos presenta a dos hombres, Charlie Colón y José Rodríguez, quienes logran conseguir empleo de extras en una película “gringa” que se está filmando en su pequeño pueblo mexicano. Y nosotros, los espectadores, somos los privilegiados asistentes al backstage de dicha filmación. Así, podemos deleitarnos con las disparatadas situaciones que se van sucediendo a través de toda la obra. Y, al mismo tiempo, conmovernos del drama humano que subyace en la trama. Ese cambio de registro se aprecia de manera clara en la puesta en escena que, bajo la estupenda dirección de Alberto Ísola, se presenta en el Teatro Mario Vargas Llosa (en el local de la Biblioteca Nacional del Perú en San Borja). Y en gran medida, también, gracias a las notables actuaciones de Giovanni Ciccia y Sergio Galliani, quienes interpretan, ellos solos, a todos los personajes de la obra. En esta oportunidad, a diferencia de El misterio de Irma Vap (dirigida por David Carrillo), no requieren vestuario distinto para marcar los cambios de personajes. Y son cambios que revisten complejidad de género, de timbre y de acento.

Si bien la obra requiere de una mirada atenta, para no dejar escapar ningún detalle importante, Ísola ha logrado darle –apelando a los estupendos textos y, por supuesto, a la respuesta de sus actores– una dinámica envolvente. Los diálogos fluyen con naturalidad y los cambios de personajes son asimilados rápidamente por un público que, si bien no para de reír durante toda la obra, enmudece en los momentos dramáticos con los que esta pieza nos enfrenta a una realidad que traspasa los linderos del escenario. Se trata, finalmente, de un montaje imprescindible dentro de la interesante oferta teatral de estas semanas. Están avisados.

DATO
La obra Extras se presentará hasta el 18 de julio en el Teatro Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional del Perú (Av. Javier Prado Este 2465, San Borja), de jueves a lunes a las 8pm. El precio de las entradas es de S/. 15 y S/. 40

*Publicado en Expreso.

domingo, 31 de agosto de 2008

MURAKAMI por NIÑO DE GUZMÁN


Leí Sauce ciego, mujer dormida (Tusquets, 2008) de Haruki Murakami hace ya varios meses con el febril entusiasmo de un devoto lector de este notable escritor japonés. Había leído –y disfrutado–, con anterioridad, algunas de sus novelas más celebradas y, sin embargo, me resultaba ajena su narrativa breve. Confieso que no había tenido la ocasión de apreciarlo en esa faceta. Por ello, Sauce ciego, mujer dormida, conjunto de cuentos del autor, resultaba, como lo ha señalado Guillermo Niño de Guzmán hoy en El Dominical: una “novedad”. Y si bien coincido con Willy en que Murakami posee mayores bríos en “una maratón” y no en distancias cortas (quién mejor que él para acotarlo, siendo uno de los más deslumbrantes exponentes del cuento en nuestro país), arriesgo a decir que muchos relatos del libro me parecieron estupendos (por ello no dudé en recomendárselo hace algún tiempo a Alberto Isola, quien también ha disfrutado de las novelas del japonés).
Escuchar hablar de literatura a Niño de Guzmán es para mí siempre un inmenso placer. Tanto como leer sus artículos que aparecen en El Dominical y que evidencian a un erudito y diligente lector. Por ello recomiendo su más reciente artículo, precisamente sobre el comentado libro de Murakami.

viernes, 20 de junio de 2008

TEATRO: No te preocupes, ojos azules


Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

La escena parecería, a primera vista, insólita. Cómo imaginar un encuentro entre Frank Sinatra y Kurt Cobain, teniendo en cuenta la enorme diferencia generacional y lo disímil de sus propuestas estéticas. Sin embargo, el dramaturgo mexicano Sergio Zurita le dio carta libre a su imaginación para pergeñar dicho encuentro en No te preocupes, ojos azules, pieza teatral que el reconocido Alberto Isola ha puesto en escena, bajo su dirección, en el teatro de San Isidro.
“Leí la obra de Zurita –me cuenta Isola– en un ómnibus entre el DF y Guanajuato entre varias obras de autores mexicanos nuevos”. En un principio, las cosas no fueron más allá de cierta curiosidad. “No era fanático ni de Sinatra ni de Cobain, aunque te confesaré que ahora, después de montar la obra, lo soy. Pero con sucesivas relecturas, descubrí que Zurita apelaba a estos dos iconos para hablar de un tema muy mexicano y por ende muy latinoamericano: la masculinidad. Los mitos, las carencias, las figuras paternas, la competencia, las mujeres... Y eso me capturó de inmediato. Además, en mi carrera como director, he montado más bien obras con personajes y temáticas femeninas, así que esta me parecía una excelente oportunidad para transitar por otros rumbos”, precisa Isola.

La puesta en escena cuenta con las actuaciones de Fernando de Soria, interpretando a Sinatra, y de Joaquín de Orbegoso, en el papel del grunge Kurt Cobain. A su reconocida faceta actoral, Isola viene añadiendo, desde hace varios años, una sólida trayectoria de director -Ña Catita de Segura y Un matrimonio de Boston de Mamet, por citar sólo dos montajes dirigidos por él, son una muestra ineludible de sus cualidades-.

Puesta en escena
¿Cómo enfrentó la puesta en escena de esta obra? Isola nos da algunas luces: “Mi trabajo como director fue principalmente crear dos personajes creíbles, complejos, que trascendieran la imagen de museo de cera que podían tener (por eso no hemos buscado hacer que se parezcan a los reales). Fue fundamental el casting. Cuando leí la obra, la primera y la única persona en quien pensé para Sinatra fue Fernando de Soria. Por la edad, pero también por la experiencia de cantante y actor. Nunca lo había dirigido y creo que ambos teníamos nuestros temores previos, que se desvanecieron rápidamente. Se entregó completamente y logró una actuación conmovedora y sólida”.

No te preocupes, ojos azules, más allá de los conocidos personajes que recrea, es una obra que, como toda buena obra, busca cuestionarnos y dejar en el espectador una estela de honda reflexión.

MAS DATOS
Teatro de la Municipalidad de San Isidro
(Calle La República 455, El Olivar)
De jueves a domingo (20.00 horas)

miércoles, 7 de noviembre de 2007

ACTO FINAL


LA FIESTA DEL CHIVO

Por CARLOS M. SOTOMAYOR

¿Puede una película u obra teatral equiparar la fastuosidad de una novela? Intentar responder esta interrogante supone en sí un ejercicio mental inútil. Se trata de lenguajes distintos. Y cada uno debe ser juzgado de manera independiente. De manera que utilizar la novela de Mario Vargas Llosa como base para emitir un juicio de valor sobre la versión teatral resulta inapropiado.

La obra dirigida por el colombiano Jorge Alí Triana se defiende sola, es un producto logrado al margen de la novela que la inspiró. Alí Triana no ha pretendido hacer un émulo del libro de nuestro más distinguido novelista. Simplemente ha tomado aquellos elementos teatralizables de la novela, enfocándose en las consecuencias que una tiranía puede tener en las vidas privadas de las personas y en aquella ineludible dicotomía opresor-oprimido. Y es que resulta evidente que para que exista un tirano debe existir también aquel que se lo permita, aun a costa de su propia dignidad.

Y en esa dicotomía que menciono quizás esté la razón por la cual Alberto Isola interprete estos dos tópicos: el dictador Trujillo y Cabral, el sumiso que llega a sacrificar a su propia hija. No resulta extraño escuchar a Urania Cabral (Norma Martínez) decir, en un momento de la obra, que tanto Trujillo como su padre habían hecho de ella un desierto.

La escena de la violación es, sin duda, estremecedora y al mismo tiempo la más lograda del montaje. Sin caer en lo burdo, la escena posee toda su carga repugnante. Alí Triana recurre al elemento de la sábana blanca como metáfora de la pureza quebrantada. Y el resultado es favorable.

La actuación de Alberto Isola resulta estupenda. No sólo cuando da vida al tirano Trujillo. También cuando encarna a Cabral, sobre todo en una escena sicológicamente tan intensa como en la que, sentado e inmóvil sobre una silla de ruedas, debe escuchar los justos reclamos de su hija. Norma Martínez tuvo quizás el mayor reto al interpretar un personaje tan complejo como Urania. Y salió airosa.

¿El poder envilece a las personas o simplemente desnuda su verdadero rostro? Una obra como La fiesta del Chivo debería instarnos a estar alertas ante la aparición de pequeños tiranos cotidianos, aquellos que mientras más poder obtienen, más nefastos se tornan. Y claro, evitando siempre, a toda costa, ser un Cabral más.

Obra: La fiesta del Chivo Dirección: Jorge Alí Triana Teatro: Británico De jueves a lunes (20.00 horas)

viernes, 25 de mayo de 2007

TEATRO: Un matrimonio de Boston


Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

David Mamet no es un autor cualquiera. Su estilo desenfadado e irreverente lo ha situado en un lugar de preferencia en la escena teatral norteamericana. Apenas conocido en Lima gracias al montaje de Edmond –realizado por el desaparecido José Enrique Mavila hace más de una década–, Mamet vuelve a escena esta vez con la obra Un matrimonio de Boston, bajo la estupenda dirección de Alberto Isola.


Ambientada bajo el conservadurismo del siglo XIX, Un matrimonio de Boston nos presenta a dos mujeres que han mantenido una larga relación sentimental, protegidas por el siempre ostentoso velo de las apariencias: evidente crítica a la doble moral de ayer, hoy y siempre. Contrariamente a lo que uno podría suponer, el tema de la homosexualidad no es el protagónico en esta pieza. Mamet no ha caído, por suerte, en exhibicionismos estériles; por el contrario, el autor parece dejar sentada una especie de normalidad que aún hoy causa urticaria en la delicada epidermis de muchos sectores del conservadurismo duro. Para ello ha enfocado la tensión dramática en otra dirección, en una verdaderamente relevante y universal: la de aquellos enigmáticos hilos que mueven a diestra y siniestra toda relación sentimental. Los chantajes viles que una persona puede endilgarle al sujeto amado. Los extremos a los que uno se rebaja enfebrecido por aquel sentimiento desquiciante y, al mismo tiempo, de incandescente fulgor.

Los diálogos lucen ese filo deliciosamente iconoclasta y de evidente impronta wildeana (poseen la inteligencia de los parlamentos de La importancia de llamarse Ernesto). Y claro, el efecto de éstos resulta eficaz no sólo por la atenta dirección de Isola (quien ostenta el mérito adicional de haberse encargado de la traducción), sino también por el talento desplegado por las tres actrices. Mención especial para Sofía Rocha, cuya caracterización resulta, a todas luces, soberbia. Mamet nos cautiva con ese humor insuflado de ironía y de esa manera nos introduce en el drama existencial de sus personajes. Una vez adentro no hay marcha atrás. La confrontación con uno mismo es inevitable.

Obra: Un matrimonio de Boston
Autor: David Mamet
Teatro: CCPUCP De jueves a martes (20.00 horas)

* Fotografía de GISELA SAN MIGUEL