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martes, 13 de enero de 2009

Entrevista a JOSÉ GÜICH


José Güich ha urdido en Los espectros nacionales (San Marcos, 2008) ocho historias en las que a través de lo fantástico explora la historia y el pasado. A propósito de esta, su tercera entrega editorial, Güich reflexiona sobre su particular apuesta literaria.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

La mayoría de los cuentos de este libro aparecieron originalmente en diversas publicaciones.
Efectivamente, la mayor parte de estos cuentos se fueron escribiendo en el transcurso de dos años. Y curiosamente, a pesar de que había una agenda establecida para un tercer libro, después de Mascarón de proa, no me decidía a trabajar en esa agenda de 8 o quizás 9 relatos, que ya tenía además ciertos apuntes previos para tener una idea de lo que iba a ser el libro. Y a veces salían los cuentos a pedido de los amigos. En el caso de "Los espectros nacionales", ese cuento se escribió a pedido de mi amigo Francisco Tumi, que en esa época era editor de Etecé. Él me dio el impulso para empezar este libro. Entonces, los amigos fueron básicamente los responsables de que el libro saliera antes de lo que yo hubiese pronosticado.

¿Cómo ves este libro con respecto a los dos precedentes?
Me interesaba un libro en donde los relatos tuvieran más conexión entre sí, que hubiera más vasos comunicantes en torno a una idea común. Eso no estuvo presente ni en Año sabático ni en Mascarón de proa. El primero es más antológico, es un libro de estreno, además, un libro de tributos. El segundo sí es un libro más pensado como un sistema de cuentos, pero creo yo no tan consolidado. Pero en esos dos libros no existía un ánimo que sí aparece en este libro, que es algo más estructurado en torno a una idea general, que es la idea de los fantasmas, de las pesadillas, de los espectros que habitan en la vida de los seres humanos y de los pueblos.

Y a través de esos espectros hay una reflexión en tornoal pasado…
Efectivamente. Y creo que eso ya estaba presente en Año sabático y en Mascarón de proa, el tema del tiempo, del pasado, que son para mí cruciales. Creo que es parte de un proceso que viene desde que yo era muy chico. Siempre me ha obsesionado el pasado, la idea de que hubo algo antes de este presente que vivimos. Y creo que hay algo que finalmente nos conecta con ese pasado. Y creo que el pasado que presiona a la mayoría de los personajes es una metáfora de la existencia como la veo yo: somos seres hechos de pasado, de memoria, de recuerdos.

En "El otro monitor", uno advierte la influencia de Bioy Casares…
Sí, la influencia de Bioy Casares es marcadísima. Algunos me han dicho que es más Borges que Bioy Casares. Pero ese cuento en particular le debe mucho a La trama celeste del gran Bioy Casares, el tercer gran gigante de la literatura fantástica rioplatense junto a Borges y a Cortázar. Es un escritor notable. Yo recuerdo con una emoción casi febril mis primeras lecturas de Bioy Casares allá por los años 80.

Ese cuento, además, se lo dedicaste a José B. Adolph, otro estupendo cultor del género fantástico, desaparecido el año pasado. ¿Qué recuerdas de él?
Pepe, en el poco tiempo que nos tratamos, y esto es para mí muy emocionante, me acogió como su amigo. Nunca olvidaré esas tardes en su casa. No fueron muchas, lamentablemente. Lo conocí por intermedio de Daniel Salvo, que lo frecuentaba. Yo estaba muy emocionado de sentir que era amigo de un escritor de su talla, un escritor que tiene que ser más reconocido que antes, es un escritor que merece toda la gloria posible.

El último relato del libro puede leerse como una novela corta. ¿Se puede entender como el anuncio de una novela a futuro?
Es una pregunta interesantísima. Creo que sí, creo que ya desde Mascarón de proa los cuentos anunciaban que había una vocación novelística. En una conversación, una vez les dije, a Manolo (Eráusquin) y a ti, que para mí el cuento era algo muy distinto que la novela. Y es probable que ahora sí me sienta más seguro en ese rumbo novelístico. De hecho que tengo ya un proyecto medio detenido, pero que ya está en la recta final.

*Entrevista publicada en Correo el martes 12/01/09.
**Fotografía tomada de Porta9.

domingo, 2 de diciembre de 2007

TREN DE ATERRIZAJE

SINDROME DEL SALMÓN
Por JOSÉ GÜICH


Patricia de Souza (Coracora, 1964) ha optado por el trayecto más difícil en Ellos dos (2007), una novela corta cuyo proceso de escritura, entre otros aspectos, es uno de los motivos desencadenantes. Al prescindir de una “narratividad” de contornos exactos o perfectamente delineados, el lenguaje monopoliza el
panorama.

El relato, como desarrollo de una intriga previsible, no existe; en su lugar, se instala la larga digresión, en tono confesional, acerca de los temores y angustias que nacen de la incapacidad del personaje femenino para establecer lazos afectivos con los individuos por quienes sintió algún tipo de atracción (tanto física como espiritual). Las andanzas europeas de esta mujer –y su fatigosa búsqueda de sentido– son referidas a la manera de un diario íntimo, una especie de “desnudamiento” emocional ejecutado a la sombra de un hombre al que conocemos sólo por O, con quien ella vivió en el Perú. Este ser, nebuloso y esquivo, resulta determinante para esa voz en primera persona que orienta el curso de la “historia”.

Intercalados a ese sujeto, desfilan otras entidades masculinas, como Jacob o Lyes, frente a los cuales la protagonista, una escritora desarraigada, experimenta otras facetas de su obsesión. De ese modo, la imposibilidad para llevar a la plenitud el vínculo erótico corre paralela al cuestionamiento del lenguaje como traductor de una conciencia femenina errática e insatisfecha ante la función de la palabra. Tal relación, sin duda, es el rasgo más interesante de la novela.

No obstante sus elementos atractivos, Ellos dos también resulta víctima de sus horizontes en materia de refutación de hábitos receptivos. La enunciación llega a ser reiterativa en cuanto a los miedos profundos. Por otro lado, el estilo es por momentos confuso y monocorde, renuente a matices que hagan factible una identificación más profunda del lector con los terremotos síquicos que pulverizan a la protagonista.

En su correcta factura, el libro despliega tanto las potencialidades de una propuesta semejante, como las limitaciones de un modelo que privilegia el exorcismo de pulsiones muy personales, antes que legitimar la fuerza de la literatura por sí misma. Y eso, finalmente, implica un costo para quien decidió arrojarse al torrente.

Título: Ellos dos
Autor: Patricia de Souza
Editorial: San Marcos (113pp)

lunes, 19 de noviembre de 2007

PABLO GUEVARA: dos libros


Pablo Guevara fue para muchos la imagen perfecta del poeta entregado, en cuerpo y alma, a los avatares exultantes de la poesía. Y así lo asumió en toda su plenitud. Basta recordar, por ejemplo, entre las innumerables anécdotas suyas, aquella en la que le responde a un joven estudiante que le había preguntado si él era el profesor Guevara, que no, que él era el “poeta” Pablo Guevara.

A un año de su sentida partida, los homenajes no se hacen esperar. Un grupo de jóvenes poetas –Guevara ostentaba ese don de aglutinar a los talentos en ciernes– acaban de presentar dos libros importantes: Totalidad e infinito y Hacia el final. El primero, Totalidad e infinito, reúne una serie de testimonios personales de distintos poetas sobre la amistad con el poeta de Hotel del Cuzco, artículos del mismo Guevara publicados en diarios y revistas, y algunos ensayos críticos sobre su obra poética. Entre los ensayos, además de eruditos textos de Marco Martos y Santiago López Maguiña, podemos resaltar el de Carlos López Degregori, quien nos da un panorama de la poética de Guevara a partir del poemario Hotel del Cuzco. Degregori señala, por ejemplo, que Guevara “es el primer poeta peruano que busca sus referentes culturales en la vanguardia anglosajona de este siglo, y que su figura y escritura son preferencias extrañas e incómodas en el concierto de su generación”. Una anécdota con Enrique Sánchez Hernani complementa esta idea. Cuenta Sánchez Hernani que cierta vez, luego de haberle obsequiado a Guevara uno de sus primeros poemarios, el poeta –considerado el menor de la generación del 50– le preguntó qué autores estaba leyendo. “A Pedro Salinas y a Jorge Guillén”. “¡No puede ser!”, explotó Guevara: “Y yo que te he estado dando consejos todo este tiempo”. Además del testimonio de Sánchez Hernani, destacan los de Roger Santibáñez, Odi Gonzales y William Rowe. Este último comenta que “conversar con Pablo, en la mesa del desayuno del domingo, es de las cosas que no se olvidan nunca”.

El tributo se completa con Hacia el final. Homenaje a Pound (1992-2001), poemario inédito rescatado y publicado gracias al esfuerzo de Gladys Flores y José Farje –quienes tuvieron idéntica participación en la publicación hace algún tiempo de Hospital–. “Intenté escribir el paraíso/ no se muevan/ permitan hablar al viento/ eso es el paraíso./ Permitan a los dioses olvidar/ lo que hice/. Permitan a los que amo tratar de olvidar/ lo que hice”, reza uno de los poemas del libro. Difícil petición la del poeta, aquél que ha entregado páginas de estupenda poesía a la eternidad. (C.M. Sotomayor)

*Fotografía tomada del libro Totalidad e infinito.

martes, 13 de noviembre de 2007

TREN DE ATERRIZAJE

MUERTOS VIVIENTES
Por JOSÉ GÜICH


Abordar personajes representativos de la historia y la cultura peruanas por la ruta de la desacralización parece un tabú entre los escritores. Se han consumado muchas páginas sobre la idiosincrasia local, en apariencia inclinada a la ironía, pero eso queda contradicho por el pudor de los creadores a la hora de involucrarse con iconos nacionales de toda laya. Quizá las artes plásticas son menos temerosas de herir susceptibilidades: optan por el riesgo, a sabiendas de que los censores merodearán. La gran figura literaria del siglo XIX, Ricardo Palma, supo explotar contundentemente la socarronería criolla, pero salvo algunos seguidores de fuste, su legado no estableció una línea firme. ¿Somos tan acartonados los peruanos cuando nos enfrentamos a los símbolos de la nación? ¿O son los autores quienes tienen miedo de dinamitar las retóricas en torno de un santoral intocable?

En su novela César Vallejo se aburrió de seguir muerto en París (2007), Luis Freire (Lima, 1945) parece avanzar en la dirección provocadora. Conocido por su trabajo periodístico en diversos medios -y por una obra narrativa a tomar en cuenta-, no ha tenido ningún empacho en plantear una historia delirante en torno de la figura más emblemática de nuestras letras. La anécdota, en sí, es muy sencilla: Vallejo abandona su tumba, después de más de sesenta años de haber fallecido en París.

El brutal choque con una realidad que poco recuerda a la que conoció le brinda a la novela su impulso de apertura. Utilizando imaginería fantástica, el texto hilvana una situación increíble tras otra: el poeta vagabundea por la ciudad, viaja en el metro y es confundido con un enfermo mental, ante la imposibilidad de identificarse. Desde ahí, con la ayuda de dos amigos peruanos (Elke, con quien sostendrá un romance y se convertirá en una especie de nueva viuda, y un personaje identificado con el propio Freire) emprende su retorno glorioso al país.

Si la colisión con un París irreconocible ya había sido una experiencia traumática para el poeta redivivo, la visión de un Perú signado por la estupidez y la barbarie alcanza perfiles propios del carnaval. Todos reclaman a Vallejo: los políticos mediocres, los institutos superiores o bien los científicos, quienes desean clonarlo para transformar el mundo. En todas las circunstancias, Vallejo es aún el militante comunista de la década de 1930. Y con esa herramienta juzga todo.

La novela avanza con soltura gracias a la habilidad de Freire para la parodia sin concesiones de nuestras peores lacras, vía la aventura de este Vallejo de ficción, melancólico y, al mismo tiempo, lúdico hasta la saciedad.

No se trata de un libro de sublimes pretensiones; sin embargo, en sus páginas, a pesar de la avalancha de humor exorbitante o desbocado, late un sentido homenaje al poeta. El mejor tributo es, sin duda, la exaltación de una humanidad que las fotografías solemnes nos han querido arrebatar, y que ahora recuperamos a través de la risa conciliadora.

Autor: Luis Freire Sarria.
Título: César Vallejo se aburrió de seguir muerto en París.
Editorial: San Marcos (Colección Súmmun) (160p).

*Columna publicada en Correo el domingo 11/11/07.

martes, 6 de noviembre de 2007

MESA DE NOCHE


ELLOS DOS
Novela de PATRICIA DE SOUZA
Editorial San Marcos

Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

La primera novela que leí de Patricia de Souza fue Electra en la ciudad (Alfaguara, 2006). Y admito que me sedujo en demasía aquel tono confesional-reflexivo que impera en toda la novela. El mismo tono que adquiere, según mi perspectiva, una intensidad mayor en Ellos dos (San Marcos, 2007), su más reciente trabajo literario.


Esta novela puede leerse como la crónica de una separación sentimental. O más propiamente, de aquel tiempo post ruptura. La protagonista nos va develando los pormenores del rompimiento con O, y nos hace partícipes de esa insondable sensación de vacío ante la ausencia de O. Ausencia que es, al mismo tiempo, la representación simbólica de otras ausencias masculinas. Ausencias que se remontan a la primera ausencia, la paterna. “Si miraba hacia mi pasado veía la existencia de una ausencia masculina, que no se nombrar, a lo mejor esa ausencia del hombre ausente que ahora se presentaba disfrazado de otro” (p.25).

Sin bien la relación con O es la que articula toda la novela, la protagonista también rememora sus otras relaciones, pasadas, con otros personajes. Y nos da cuenta de su relación actual con Lyes. Una relación sui generis que le permitirá a la protagonista comprender un poco mejor su vida con O. Y comprender, a través de la escritura (de la novela) su propia existencia. “Y sabía que lo que más me importaba era escribir y sobre todo escribir sobre aquellas cosas que sentía como lejanas, acortar las distancias, vivir en una aldea global en la cual el olor de la tarde me llegara a través de las ondas sonoras del teléfono, luego salir y encontrarme en una ciudad del suroeste de Francia de cincuenta mil habitantes y no sentir que existe el tiempo o el espacio, reducir esas dos categorías a mi espacio subjetivo” (p.31).

Ellos dos es, sin duda, un libro estupendo. Un libro que he disfrutado leyendo, releyendo párrafos, subrayándolos y susurrándolos en voz baja, durante el silencio monótono de la medianoche.

domingo, 21 de octubre de 2007

Entrevista a PATRICIA DE SOUZA


Patricia de Souza radica en París y ha logrado edificar una obra literaria en la que destaca su particular y lúcida manera de ver y entender el mundo. Ellos dos (Editorial San Marcos, 2007) es su más reciente novela.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

En Ellos dos se percibe una búsqueda existencial en la protagonista. Hay un tono reflexivo constante.
Ese tono reflexivo es la necesidad que siente ella de conocerse, de observarse, realizando un trabajo de arqueóloga para recomponer los pedazos de la realidad y del pasado. La recomposición es la interpretación de signos que se transforman en otros nuevos en el texto. Pienso en todo texto memorístico, en Las memorias de Ultratumba, de Chateaubriand, o en La búsqueda del tiempo perdido, de Proust. Por eso también a veces el lenguaje envuelve, rodea, para atrapar, luego, se corta, cuando no puede y se da cuenta que la experiencia es inabarcable. Sólo quería precisar una cosa, en este libro específicamente hay un trabajo de traducción entre el francés y el castellano, es decir, he sentido y pensado en los dos idiomas y he pasado del uno al otro para finalmente escribirlo en mi idioma materno por elección. Me gusta esa idea del francés como caja de resonancia, como eco.

Uno puede reconocer ciertos guiños con tu propia biografía. ¿En qué medida la propia experiencia vital de una es importante para la ficción?
Es importante en el sentido de que todo lo que vivo se va a transformar en una autoficción. El hecho de utilizar la primera persona tiene mucho que ver, es la trascendencia de la propia experiencia, de ese “yo no soy mejor, pero al menos soy otra” que yo he tomado de Jean Jacques Rousseau. No se me olvida que todo texto confesional, en que tenemos la impresión de que estamos confiando un secreto, busca una cierta absolución, deshacerse de su carga afectiva mediante este método. Y ese es su riesgo, que no siempre termina por resolver nada, pero el libro aparece como objeto. Y acompaña. Hay una autora francesa completamente desconocida en castellano, Violette Leduc. Ella escribió "La bastarda", que salió en una editorial de Fernando Tola, en México. Es una forma de autoficción cercana a la veracidad de los hechos. Siempre digo que cuando se dice "yo", se dice también "tú", esto por una simple formalidad del lenguaje: nunca hablamos solas. Ni Collete (otra autora poco conocida) ni Única Zurn, ni Marguerite Duras, ni Michel Leiris,que han escrito en primera persona, han hablado sin pensar en que había alguien escuchando.

En Ellos dos la separación sentimental con O es quizás el elemento principal, tanto que Lyes termina siendo una especie de instrumento para que la protagonista intente entender mejor su relación con O.
Se comprende mejor una situación cuando hay una persona que sirve de catalizador. Es como en La búsqueda del tiempo perdido, Odette ayuda a comprender a Albertine, porque es muy distinta y sirve para ver mejor a Albertine, saber de su vulgaridad, de su inocencia. Lyes es diferente de O y lo ilumina con su silencio y, de alguna forma, con su ausencia. Yo creo que nadie se define en función de una sola persona sino de varias. Esto ayuda a comprender mejor al personaje central, a ella.

La escritura en sí se presenta como una posibilidad de la protagonista de encontrarse consigo misma. En una parte incluso dice: “No existir si no es escribiendo”.
Sí, hay una ascésis, un aprendizaje espiritual, un ascenso de la escritura, creo que toda creación lo es en cierta forma porque es el movimiento del espíritu, comprendido como en el francés “esprit”, pensamiento, pero también es sensación, sentimiento por decir sentidos.
Hace poco leía una entrevista a Clarice Lispector, con quien algunas personas me han encontrado coincidencias, y ella decía que trabajaba con la ituición y no con la razón. Para mí la intuición es un golpe de suerte de la razón para poder ver algo, sentir algo intenso como si se tratara de una epifanía, una celebración. El lenguaje es lo que nos constituye, lo que no se ha sido dicho, y menos escrito, se podría decir que no existe. Yo me conozco escribiendo, es cuando hago mis hallazgos, cuando puedo re-constituirme. Quizás sea un imperativo porque esa re-escritura aleja el pathos de la experiencia, que en Electra, era análoga a la realidad. A una realidad violenta un lenguaje violento, la escritura es su síntoma, lo que de alguna forma también es una forma de curarse, de lavarse y de estructurarse. Estoy segura de que el idioma, mientras más rico es en una persona, hace más capaces de sentir más y más intensamente, pero también, y ese es su complemento, nos hace sufrir más. Si no hay miedo, se avanza.

¿Cómo se da en tu caso el proceso creativo? ¿Tienes horarios de escritura o partes de impulsos narrativos?
No, horarios no puedo tenerlos puesto que es un proceso afectivo; rigor, sí. Es decir, terminar una idea, perseguirla hasta lograr darle forma o buscar un tono, un ritmo. Preservo los instantes de aislamiento para dejar que esto salga a flote. Como dije una vez, como Proust, cierro las cortinas y empiezo a imaginar, a sentir, a escribir un texto.

*Fotografía de GISELLA SAN MIGUEL.
**Versión completa de la entrevista que apareció publicada en Correo el domingo 21 de octubre.

martes, 21 de agosto de 2007

Entrevista a CARLOS CALDERÓN FAJARDO


En 1982, Carlos Calderón Fajardo obtuvo el Premio de Novela “Gaviota roja” con La conquista de la maravilla. De la monumental novela, de más de 600 páginas, apenas vio publicada su primera parte. Ahora, bajo el título de El huevo de la iguana (San Marcos, 2007), su autor nos entrega una versión completa y definitiva.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

El Huevo de la iguana es la versión definitiva de La Conquista de la Maravilla, novela con la que ganaste el premio Gaviota Roja en 1982 y que tengo entendido empezaste a escribir en Paris en la década del 70. ¿Cómo surge la idea de tu novela?
A diferencia de un cuento, que puede surgir en mí de muchas circunstancias o motivaciones, vivencias, una frase, un incidente, un sueño, etc, la novela es un mundo que me habita. Una gran totalidad vital, relacionada por lo general con una vivencia muy fuerte, que luego vive y madura dentro de mi durante años. Y cuando emerge en la forma de escritura lo hace expresada en un mundo complejo, con muchos personajes, situaciones, historias, paisajes, leyendas urbanas, vida cotidiana, hechos históricos, etc. Es todo un mundo que sale de mí, que entró en mí alguna vez y que se echa a andar. Esta novela es producto de mi vida en Talara en la década del 50, cuando yo tenía los esplendorosos 12 y 13 años. Se formó alli y fue madurando y eclosionó en Paris en 1976, novela que escribi durante 5 años, y cuando puse el punto final era un manuscrito de 600 páginas.

¿Qué te llevó a escribir esta versión definitiva?
Se publica en 1983 un primer tercio de la novela con el título Así es la pena en el Paraiso. Pero el libro fue un fracaso de crítica y de venta, y luego la novela quedó ahí, en mis cajones. Hasta que en el 2006 Oscar y su hija Patricia Colchado, quien dirige la colección "Diamantes y Pedernales" de la Editorial San Marcos me proponen publicar la novela en su versión intengral. Pero había una limitante, la Editorial San Marcos no quería publicar una novela que rebasase las 400 páginas. Pero yo también me di cuenta, con la distancia de más de 30 años, que el fracaso de la versión original fue porque que existían demasiadas páginas que en lugar de enriquecer la novela, la oscurecían. Fue entonces que decidí eliminar todo aquello que no fuese trascente para la historia, o historias que estaba contando. Al hacerlo entré en un proceso importante en la escritura de una novela, que consiste en decidir qué queda y qué no. Es un proceso de condesación. Pero me percaté que al hacer cortes tan drásticos, 200 páginas, estaba reescribiendo la novela y por lo tanto requería de un nuevo título.

La novela en si misma es ambiciosa, no sólo ostenta varios estilos sino que va contando la historia de una ciudad, de Talara ¿Te planteaste la idea de novela total?
Era una gran totalidad la que me habitaba. Una ciudad es una gran totalidad. La idea de la novela total, es decir aquella que ptretende meter en la novela "toda la realidad" es químerico, imposible de lograr. Las novelas salen con ciertas caracteristicas y con una determinada extensión porque es esa la extensión que le conviene. El narrador sabe, o busca determinar, si lo que tiene a contar da para una novela larga o para una corta. Cuando son muy largas, la crítica las califica como novelas "de aliento épico". Novelas de este tipo hay paradigmáticas en la historia universal: La Guerra y la Paz de Tolstoi, Los Boodenbrooks de Thomas Mann, Ulises de Joyce. Qué narrador no desea escribir una novela así. A mi por lo general me gusta escribir novelas que reunen varias historias, o varias novelas dentro de si, que incluso podrían ser individualizadas. Y también tengo inclinación a escribir novelas donde coexisten diversos estilos, son más novelas polifónicas, que totales, de varias voces y tonos. El Ulises de Joyce es el más claro ejemplo en la literatura universal. En la narrativa peruana tenemos la extraordinaria novela de Arguedas El Zorro de ariba y abajo son novelas de pluralidad de estilos.

Además de la historia de Talara, presenta otro hilo conductor que es el romance de Toño Farias y Encarnación Zapata.
Sí, son los dos grandes ejes organizadores de la novela. Pero mi novela no es la historia de Talara. Es una novela con mucho de ficción, que no creo que sirva como documento histórico. Para eso recomiendo el lbro de la socióloga talareña Edit Aranda Dioses: "De campamento a ciudad abierta: la imagen trizada". Ella hace sociología sobre la ciudad de Talara con datos muy fieles a la realidad. Yo escribo algo que es ficción. El lugar se llama Talara, pero es "mi Talara", y es en última instancia cualquier lugar del mundo. Se llama Talara pero podría tener otro nombre.

Otro elemento presente es el chamanismo, personalizado de alguna manera por Anacleto.
Es una de las líneas-fuerza de la novela. La novela cuenta la lucha épica entre la modernidad y la tradición, entre el mito y la historia, entre la razón y lo sobrenatural. Entre lo material depredador y el espiritu vital de un pueblo.

La novela rememora visitas ilustres: el escritor Hemingway y el actor Van Hefflin.
La novela tiene en su estructura mucho de los eventos que permanecen en la memoria colectiva de Talara. También está la visita de las Bim Bam Bum, con Mara y Aanakaona; el dia de la nacionalización del petróleo; la procesión: el culto al Señor Cautivo de Ayabaca, etc. -Una de tus características es el gran manejo de la prosa. En esta novela se percibe un lenguaje de reminiscencias oniricas que le dan un cierto tono mítico a la novela a pesar de ser evidentemente realista. Si, mis libros combina, casi siempre, lo fantastico con lo real, por eso yo los he denominado realistas-fantasticos, que es un oximoron. Hay alguien que me ha dicho que sin bien la novela es narrada por Edmundo Maldonado, la voz que realmente narra la historia es la del chamán. Quizás, mucho de una novela escapa al control del que la escribe. Las novelas se escriben a si mismas. El narrador es un sirviente de ellas.

¿Cómo defines ésta novela en relación a tus recientes libros?
Yo apelo a todos los géneros. Son los libros los que se escriben a si mismos. Unos desean ser fantásticos, novelas policiales, novelas góticas, novelas de aventuras en el mar. Esta es realista, pero un realista a mi manera. Nunca he dejado de ser un escritor realista ¿Hay alguien que no lo sea? Creo que está novela se asimila a un proyecto amplio que engloba a La Segunda Visita de William Burroughs y al El Fantasma nostálgico novela finalista del Premio español Tusquets y aún inédita.

*Fotografía de ADRIAN PORTUGAL.
**Versión completa de la entrevista que por espacio apareció editada en el diario Correo el martes 21/08/07.