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lunes, 19 de abril de 2010

Entrevista a PATRICIA DE SOUZA sobre CÉSAR VALLEJO

Patricia de Souza (Foto: archivo de la autora).

En España acaba de aparecer, dentro de la colección Humo hacia el sur, dirigida por la chilena Claudia Apablaza, el libro Escalas melografiadas (editorial Barataria, 2010) de César Vallejo. Esta estupenda edición cuenta, además, con un interesante prólogo de Patricia de Souza, con quien aprovechamos para charlar sobre la obra del célebre poeta peruano.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR 

¿Cómo se da en tu caso el primer acercamiento a la obra de César Vallejo?
Como lo menciono en el prefacio a la nueva edición española, desde la niñez, a través de mi abuelo materno que era un gran lector de poesía y un gran admirador del que fue su suegro, Francisco Mostajo, escritor arequipeño. Luego, en la escuela, recuerdo que la lectura de Paco Yunque me impactó mucho. Mi padre también me regaló El tungsteno y Trilce, que habría de leer después...

¿Qué significó para ti este reencuentro con Vallejo al releerlo a propósito de la publicación de Escalas melografiadas?
En esta segunda lectura creo que he comprendido mucho mejor este texto y he entendido los prejuicios académicos que han hecho que su obra en prosa, como se suele decir, sea menos valorada. Leerlo ahora es más fácil que el lector está acostumbrado a una geografía más vasta, menos decimonónica.

¿En dónde radica la trascendencia de Escalas melografiadas?
Creo que sucede lo que sucede con toda verdadera escritura, es decir, escribir cuando se abre el abismo, una imposibilidad concreta a narrar. Yo no creo que en el caso de vallejo, sean deficiencias, creo que es un impulso vital, en relación con una realidad que se hace innombrable. Ahí donde empieza la experiencia abismal, empieza la escritura, empieza el mito y la leyenda...

Mencionas en tu prólogo que, como Arguedas, Vallejo buscó a través de la escritura "ser un hombre libre".
Exacto, ambos buscaron liberarse del lastre de la academia, salidas, espacios de libertad. Y eso queda muy claro en El Zorro de arriba y el Zorro de abajo de Arguedas y en las prosas de Vallejo. No me olvido que la prosa, el relato, busca representar la realidad y es ahí dónde surge un verdadero problema de identidad con ella. 

¿Encuentras en Escalas melografiadas coincidencias con tu propia concepción de la literatura? Pienso eso, por ejemplo, cuando mencionas la no linearidad del relato...
Sí, no respetar la linealidad del relato o la causalidad, es rebelarse contra una forma de pensar más o menos clásica que nos ha dicho que avanzamos de un punto para llegar a otro, cuál? No lo sabemos, pero esa linealidad hace tiempo que se ha dejado de ser un paradigma: La realidad es más fragmentada, más circular (el "eterno retorno") de lo que imaginamos y en ese sentido hay un punto en común, un puente.

¿Qué tan presenta está la obra de Vallejo en Francia?
No solo está presente en Francia, excelentemente traducida por Claude Esteban, que ya murió, sino en España, y en México. Vallejo es un referente sólido, moderno, cosmopolita, alguien que se comprometió con su época de manera auténtica. Y nació en Santiago de Chuco...

domingo, 16 de agosto de 2009

Lo nuevo de PATRICIA DE SOUZA


Otra buena noticia: la pronta aparición de una nueva novela de la escritora Patricia de Souza. Se trata de Tristán, que aparecerá en España gracias a la editorial Barataria, quienes también tienen en su catálogo el estupendo libro de relatos Erótika (que apareció en México bajo el sello JUS). Sería interesante que se edite en Lima también.

viernes, 8 de mayo de 2009

Entrevista a PATRICIA DE SOUZA


Publicada originalmente hace nueve años bajo el sello español de Seix Barral, El último cuerpo de Úrsula confirma su vigencia literaria con una reedición peruana gracias a SiC libros. Patricia de Souza se encuentra de paso por Lima y nos habla de esta novela intensa y reflexiva.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía: PÁVEL UGAZ

¿Qué recuerdas del proceso de escritura de El último cuerpo de Úrsula?
Es una novela escrita rápido, porque generalmente me demoro más. Fue escrita casi de un tirón; y digo casi pues siempre hay un trabajo de reescritura, de corrección, que es lento. Pero sí siento que es una novela escrita sin pensar demasiado. Claro, sabiendo el sentido de lo que estoy diciendo, pero hay un gran sentido de la música del texto, cosa que no siempre logras. Por eso está en primera persona. Un poco entre la confesión y el monólogo. Tiene un tono bien íntimo.

¿Qué significa para ti reeditar esta novela?
Es extraño reeditar un libro, porque la segunda lectura siempre arroja cosas nuevas. Pero es importante porque es el primero que se reedita acá en Perú. La edición anterior (de Seix Barral) era cara y llegaron pocos ejemplares a Lima.

La inmovilidad forzada de la protagonista la lleva a enfrentarse consigo misma, a reflexionar sobre su identidad...
Exacto. En realidad, la enfermedad es muy productiva en la creación. Mira los grandes enfermos que han escrito: Proust, Séneca, Petrarca, Rilke, Mansfield, Wolfe. Entonces, la enfermedad permite una observación mucho más definida sobre las cosas.

Y hay una reflexión en torno al cuerpo.
El cuerpo mercantil, el cuerpo alienado, los modelos que te impone la sociedad. Toda esta plusvalía del cuerpo que, creo, padece más la mujer que el hombre. Es mucho más brutal en el caso de la mujer.

Además, es muy severa consigo misma.
No muestra todas las debilidades de los otros, sino las suyas. Y es a través de ella que llega a los otros. Es mucho más severa consigo misma que con los demás. Ahora, el personaje de Úrsula se resiste a una castración mental, por eso lo más importante para ella es la palabra, el discurso.

*Entrevista publicada en Correo el miércoles 06/05/09.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Entrevista a PATRICIA DE SOUZA


Patricia de Souza, conocida escritora peruana radicada en Francia, estuvo hace unas semanas en México para ultimar detalles con respecto a la aparición de un nuevo libro: Erótika (JUS, México, 2008). De paso por Lima, De Souza comparte algunas reflexiones –en exclusiva– sobre este conjunto de cuentos que giran en torno al placer.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de PÁVEL UGAZ

El placer suele estar intrínsecamente ligado a la libertad...
Sí, a partir del momento en que se habla de lo sensorial, del cuerpo, se habla del deseo, y el deseo es, digamos, el catalizador o el indicativo de nuestra libertad. Es decir, saber dónde está tu deseo es saber dónde está tu libertad. Hay una relación directa entre deseo y acción. En realidad, el deseo contrariado es lo que el sicoanálisis describe como neurosis: hasta qué punto el deseo puede ser satisfecho o no.

En tu blog reflexionabas sobre el consumo. Y el sexo no escapa a eso.
Me da la impresión de que estamos viviendo una época de consumo. El sexo se ha convertido también en una industria. Mira todas esas tiendas de sexshop. Hay una actitud consumista; consumes sexo, consumes afecto, todo se consume. Pero no importa el porqué, es ir hacia eso sin hacerte la pregunta. Todo el mundo habla de libertad sexual, pero ¿es libertad realmente? ¿Hay elección o es simplemente porque está de moda hablar del tema? La desinhibición, la bisexualidad... Eso puede ser consumo y no necesariamente una actitud de libertad. Más bien puede haber una presión.

¿Erótika puede leerse como una reivindicación del placer y el sexo a partir de la libertad?
Este texto trata de reivindicar el sexo y el deseo a partir de la libertad, a partir de una presencia de la persona en sí misma, por eso es que los personajes deciden, actúan, se mueven, pero están conscientes también de que hay una dimensión que se les escapa. Por eso el epígrafe es de Pascal Quignard y dice que El hombre es aquel animal al cual una imagen le hace falta. Porque yo creo que el sexo hace que nos relacionemos con los estados más primitivos. Yo creo que hay una dimensión que es metafísica en la relación incluso corporal, sensual.

Gioconda Belli me decía hace poco que el erotismo en la literatura siempre estaba tratado a partir de la mirada del hombre...
Exactamente. Si te pones a hablar de los clásicos, son los hombres los que han hecho literatura erótica. Y después las mujeres lo han hecho desde el punto de vista más lésbico, por ejemplo Anais Nin. Yo creo que toda escritura es política. Pascal Quignard, que tiene un libro precioso que se llama La noche sexual, decía que la organización de la sociedad y del placer está destinada a controlar a la mujer y la maternidad. El poder político significa hacer que las mujeres se neutralicen, y en el manejo del cuerpo y del placer eso obviamente es una cuestión política. ¿Por qué las mujeres no hablan de los hombres? Porque ningún hombre quiere verse en tanto que objeto. Lo aceptan, pero no desde el punto de vista formal que viene con la escritura.

¿Cómo se insertaría este libro dentro de tu obra?
Claro, tiene que ver porque si ves los personajes de Electra en la ciudad, podrían ser personajes de este libro. Ninguno de mis personajes van a ser conservadores, y generalmente están en conflicto, no están amansados, están en guerra. Esa es una constante.

*Entrevista publicada en Correo el miércoles 13/08/08.

lunes, 17 de diciembre de 2007

PRESENTACIÓN: Elba Luján


Ediciones PEISA presenta
el poemario
Rastros de
ELBA LUJÁN
Martes 18 a las 7:00 p.m.
en el Jazz Zone
(Pazaje El Suche, Av. La Paz 646, Miraflores)
Los comentarios estarán a cargo de
PATRICIA DE SOUZA y CARLOS LÓPEZ DEGREGORI

domingo, 2 de diciembre de 2007

TREN DE ATERRIZAJE

SINDROME DEL SALMÓN
Por JOSÉ GÜICH


Patricia de Souza (Coracora, 1964) ha optado por el trayecto más difícil en Ellos dos (2007), una novela corta cuyo proceso de escritura, entre otros aspectos, es uno de los motivos desencadenantes. Al prescindir de una “narratividad” de contornos exactos o perfectamente delineados, el lenguaje monopoliza el
panorama.

El relato, como desarrollo de una intriga previsible, no existe; en su lugar, se instala la larga digresión, en tono confesional, acerca de los temores y angustias que nacen de la incapacidad del personaje femenino para establecer lazos afectivos con los individuos por quienes sintió algún tipo de atracción (tanto física como espiritual). Las andanzas europeas de esta mujer –y su fatigosa búsqueda de sentido– son referidas a la manera de un diario íntimo, una especie de “desnudamiento” emocional ejecutado a la sombra de un hombre al que conocemos sólo por O, con quien ella vivió en el Perú. Este ser, nebuloso y esquivo, resulta determinante para esa voz en primera persona que orienta el curso de la “historia”.

Intercalados a ese sujeto, desfilan otras entidades masculinas, como Jacob o Lyes, frente a los cuales la protagonista, una escritora desarraigada, experimenta otras facetas de su obsesión. De ese modo, la imposibilidad para llevar a la plenitud el vínculo erótico corre paralela al cuestionamiento del lenguaje como traductor de una conciencia femenina errática e insatisfecha ante la función de la palabra. Tal relación, sin duda, es el rasgo más interesante de la novela.

No obstante sus elementos atractivos, Ellos dos también resulta víctima de sus horizontes en materia de refutación de hábitos receptivos. La enunciación llega a ser reiterativa en cuanto a los miedos profundos. Por otro lado, el estilo es por momentos confuso y monocorde, renuente a matices que hagan factible una identificación más profunda del lector con los terremotos síquicos que pulverizan a la protagonista.

En su correcta factura, el libro despliega tanto las potencialidades de una propuesta semejante, como las limitaciones de un modelo que privilegia el exorcismo de pulsiones muy personales, antes que legitimar la fuerza de la literatura por sí misma. Y eso, finalmente, implica un costo para quien decidió arrojarse al torrente.

Título: Ellos dos
Autor: Patricia de Souza
Editorial: San Marcos (113pp)

martes, 6 de noviembre de 2007

MESA DE NOCHE


ELLOS DOS
Novela de PATRICIA DE SOUZA
Editorial San Marcos

Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

La primera novela que leí de Patricia de Souza fue Electra en la ciudad (Alfaguara, 2006). Y admito que me sedujo en demasía aquel tono confesional-reflexivo que impera en toda la novela. El mismo tono que adquiere, según mi perspectiva, una intensidad mayor en Ellos dos (San Marcos, 2007), su más reciente trabajo literario.


Esta novela puede leerse como la crónica de una separación sentimental. O más propiamente, de aquel tiempo post ruptura. La protagonista nos va develando los pormenores del rompimiento con O, y nos hace partícipes de esa insondable sensación de vacío ante la ausencia de O. Ausencia que es, al mismo tiempo, la representación simbólica de otras ausencias masculinas. Ausencias que se remontan a la primera ausencia, la paterna. “Si miraba hacia mi pasado veía la existencia de una ausencia masculina, que no se nombrar, a lo mejor esa ausencia del hombre ausente que ahora se presentaba disfrazado de otro” (p.25).

Sin bien la relación con O es la que articula toda la novela, la protagonista también rememora sus otras relaciones, pasadas, con otros personajes. Y nos da cuenta de su relación actual con Lyes. Una relación sui generis que le permitirá a la protagonista comprender un poco mejor su vida con O. Y comprender, a través de la escritura (de la novela) su propia existencia. “Y sabía que lo que más me importaba era escribir y sobre todo escribir sobre aquellas cosas que sentía como lejanas, acortar las distancias, vivir en una aldea global en la cual el olor de la tarde me llegara a través de las ondas sonoras del teléfono, luego salir y encontrarme en una ciudad del suroeste de Francia de cincuenta mil habitantes y no sentir que existe el tiempo o el espacio, reducir esas dos categorías a mi espacio subjetivo” (p.31).

Ellos dos es, sin duda, un libro estupendo. Un libro que he disfrutado leyendo, releyendo párrafos, subrayándolos y susurrándolos en voz baja, durante el silencio monótono de la medianoche.

domingo, 21 de octubre de 2007

Entrevista a PATRICIA DE SOUZA


Patricia de Souza radica en París y ha logrado edificar una obra literaria en la que destaca su particular y lúcida manera de ver y entender el mundo. Ellos dos (Editorial San Marcos, 2007) es su más reciente novela.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

En Ellos dos se percibe una búsqueda existencial en la protagonista. Hay un tono reflexivo constante.
Ese tono reflexivo es la necesidad que siente ella de conocerse, de observarse, realizando un trabajo de arqueóloga para recomponer los pedazos de la realidad y del pasado. La recomposición es la interpretación de signos que se transforman en otros nuevos en el texto. Pienso en todo texto memorístico, en Las memorias de Ultratumba, de Chateaubriand, o en La búsqueda del tiempo perdido, de Proust. Por eso también a veces el lenguaje envuelve, rodea, para atrapar, luego, se corta, cuando no puede y se da cuenta que la experiencia es inabarcable. Sólo quería precisar una cosa, en este libro específicamente hay un trabajo de traducción entre el francés y el castellano, es decir, he sentido y pensado en los dos idiomas y he pasado del uno al otro para finalmente escribirlo en mi idioma materno por elección. Me gusta esa idea del francés como caja de resonancia, como eco.

Uno puede reconocer ciertos guiños con tu propia biografía. ¿En qué medida la propia experiencia vital de una es importante para la ficción?
Es importante en el sentido de que todo lo que vivo se va a transformar en una autoficción. El hecho de utilizar la primera persona tiene mucho que ver, es la trascendencia de la propia experiencia, de ese “yo no soy mejor, pero al menos soy otra” que yo he tomado de Jean Jacques Rousseau. No se me olvida que todo texto confesional, en que tenemos la impresión de que estamos confiando un secreto, busca una cierta absolución, deshacerse de su carga afectiva mediante este método. Y ese es su riesgo, que no siempre termina por resolver nada, pero el libro aparece como objeto. Y acompaña. Hay una autora francesa completamente desconocida en castellano, Violette Leduc. Ella escribió "La bastarda", que salió en una editorial de Fernando Tola, en México. Es una forma de autoficción cercana a la veracidad de los hechos. Siempre digo que cuando se dice "yo", se dice también "tú", esto por una simple formalidad del lenguaje: nunca hablamos solas. Ni Collete (otra autora poco conocida) ni Única Zurn, ni Marguerite Duras, ni Michel Leiris,que han escrito en primera persona, han hablado sin pensar en que había alguien escuchando.

En Ellos dos la separación sentimental con O es quizás el elemento principal, tanto que Lyes termina siendo una especie de instrumento para que la protagonista intente entender mejor su relación con O.
Se comprende mejor una situación cuando hay una persona que sirve de catalizador. Es como en La búsqueda del tiempo perdido, Odette ayuda a comprender a Albertine, porque es muy distinta y sirve para ver mejor a Albertine, saber de su vulgaridad, de su inocencia. Lyes es diferente de O y lo ilumina con su silencio y, de alguna forma, con su ausencia. Yo creo que nadie se define en función de una sola persona sino de varias. Esto ayuda a comprender mejor al personaje central, a ella.

La escritura en sí se presenta como una posibilidad de la protagonista de encontrarse consigo misma. En una parte incluso dice: “No existir si no es escribiendo”.
Sí, hay una ascésis, un aprendizaje espiritual, un ascenso de la escritura, creo que toda creación lo es en cierta forma porque es el movimiento del espíritu, comprendido como en el francés “esprit”, pensamiento, pero también es sensación, sentimiento por decir sentidos.
Hace poco leía una entrevista a Clarice Lispector, con quien algunas personas me han encontrado coincidencias, y ella decía que trabajaba con la ituición y no con la razón. Para mí la intuición es un golpe de suerte de la razón para poder ver algo, sentir algo intenso como si se tratara de una epifanía, una celebración. El lenguaje es lo que nos constituye, lo que no se ha sido dicho, y menos escrito, se podría decir que no existe. Yo me conozco escribiendo, es cuando hago mis hallazgos, cuando puedo re-constituirme. Quizás sea un imperativo porque esa re-escritura aleja el pathos de la experiencia, que en Electra, era análoga a la realidad. A una realidad violenta un lenguaje violento, la escritura es su síntoma, lo que de alguna forma también es una forma de curarse, de lavarse y de estructurarse. Estoy segura de que el idioma, mientras más rico es en una persona, hace más capaces de sentir más y más intensamente, pero también, y ese es su complemento, nos hace sufrir más. Si no hay miedo, se avanza.

¿Cómo se da en tu caso el proceso creativo? ¿Tienes horarios de escritura o partes de impulsos narrativos?
No, horarios no puedo tenerlos puesto que es un proceso afectivo; rigor, sí. Es decir, terminar una idea, perseguirla hasta lograr darle forma o buscar un tono, un ritmo. Preservo los instantes de aislamiento para dejar que esto salga a flote. Como dije una vez, como Proust, cierro las cortinas y empiezo a imaginar, a sentir, a escribir un texto.

*Fotografía de GISELLA SAN MIGUEL.
**Versión completa de la entrevista que apareció publicada en Correo el domingo 21 de octubre.