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martes, 1 de enero de 2008

Entrevista a BRUNO POLACK


Hace algunos años apareció una muestra de su poesía en Tetramerón, un libro que recogía las voces de cuatro poetas jóvenes. Bruno Polack ha saldado la deuda pendiente que tenía con los lectores al publicar El pequeño y mugroso pólack (Lustra editores, 2007), su ópera prima en la que demuestra su buen pulso poético.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de PÁVEL UGAZ

¿Cuál fue la génesis de El pequeño y mugroso pólack?
Entre otros temas, la necesidad de detener o hacer algo con las cosas que me fascinan o me dejan sin aliento. Con las cosas que leo sobre todo. Por ejemplo, luego de leer a Villon me invade una sensación tan extraña, tan abyecta, que me deja sólo dos posibilidades, o apuñalar a alguien por la espalda en la sombra de un puente o intentar escribir algo. Claro que por imposibilidad de lo primero termino casi siempre haciendo lo segundo.

En el libro está presente el viaje, sin embargo está también la imposibilidad de salir de uno mismo. “He recorrido/ innumerables prados/ y no hago más que permanecer siempre, maldita sea,/ debajo del umbral”.
Es la imposibilidad de asirse o de aprehender las cosas. Las cosas “reales” digo: las ciudades, las ceremonias, las relaciones. Aunque estés en medio de una estampida en un mercado de Rabat o en medio de la crisis de una relación, siempre permanecer ajeno o llegar tarde a esas decisiones que te incumben directamente. En la mayoría de los casos esto resulta absolutamente frustrante. Por supuesto que siempre queda la vaga esperanza de ser igualmente ajeno al momento de afrontarse a la muerte.

Otra constante es la referencia helénica que aparece en varios poemas...
Por supuesto, el mundo griego, visto bien, es inagotable como arquetipo de lo mágico-irracional. Un mundo lleno de mentiras, de tabús, de traiciones, de tragedias prefijadas incluso antes del nacimiento. Es fascinante. En ningún momento son realmente esos chicos que nos quieren vender con las cosas excesivamente claras en todos los campos de la cultura occidental. De haber sido así, la figura central tendría que haber sido Palámedes. Pero fue extrañamente excluido de las obras homéricas, de las tragedias, de todo, y obviamente no lo pudo asesinar otro que Ulises. Pero es pues este mundo tan rico, ineludible para nosotros, de donde salen, entre otras mentiras: la poesía y la religión.

¿Cómo te ubicas respecto de nuestra tradición poética? ¿Qué poetas son tus referentes?
Creo que aunque quisiera no podría negar la deuda con Pound que he adquirido. Además veo que se ha convertido en “el” poeta para mucha gente de esta generación. Ese es todo un tema. Sin embargo, he intentado leer atentamente también a Jules Laforgue, a Safo, a Martín Adán. También me siento muy cercano al Inferno de Reinaldo Arenas. En cuanto a la tradición poética, no tendría la menor idea de dónde ubicarme. En los extramuros supongo.

¿Cómo ves a los poetas que han aparecido recientemente, compañeros de generación?
Estoy bastante entusiasmado con lo que se pueda hacer en esta generación. Sobre todo porque esta es una generación de ruptura, o debería serlo (Los ochentas y noventas han sido, por decirlo de alguna manera, décadas bastante extrañas). Veo ahora la gestación de proyectos poéticos interesantes. Los que más me interesan son los de Alberto Valdivia, Víctor Ruiz, Jerónimo Pimentel y Cecilia Podestá. Por ahí va la cosa creo.

**Entrevista publicada en Correo el martes 1 de enero del 2008.

martes, 18 de diciembre de 2007

Entrevista a VÍCTOR RUÍZ VELAZCO


Al igual que en su primer poemario, en Délibáb (Lustra editores, 2007) también está presente la intertextualidad. Sin embargo, en esta segunda entrega Víctor Ruiz Velazco se muestra más seguro de sus propios recursos expresivos y asume mayores riesgos.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

¿Por qué Délibáb?
El libro está presentado como un gran palimpsesto, una sucesión de imágenes, voces y referentes culturales y personalísimos de lo más diversos, no para que sean leídos como una totalidad armónica, como un gran collage, o sea una gran y única imagen que da cuenta del todo, sino más bien a manera de un espejismo donde se trastoca realidad y percepción y donde ni el tiempo ni el espacio bastan o delimitan nada, de ahí la imagen del Délibáb, que es el espejismo húngaro, sea la palabra que condense este sentimiento donde la autoría pasa a ser también parte de esta propuesta. El poema homònimo y el que le dio el tono al libro, toma como alterego al Quijote y la materia árabe, por ende me areció más apropiado que el nombre del libro fuera Délibáb y no "Mirage", "Espejismo" o "Fata morgana", que por cierto ya existìa con la novela de Hinostroza. Además el tìtulo por sí mismo es poético, el subtítulo "Enemigo del viento" es un verso de Yeats.

El gran eje temático del libro es el viaje...
Un viaje en el que el desplazamiento físico es mínimo o nulo. Es un recorrido por la historia, mis más caros libros, la vida de mis héroes literarios; y también hacia el encuentro de la amada, que termina con el desarraigo total; es un constante irse, en realidad, un amor presentado en “clave de guerra”, donde todo es evanescente. En Délibáb siempre me estoy yendo, siempre me estoy perdiendo. Todo se presenta como un espejismo al que se ingresa y no se sale nunca. ¿Qué otra cosa si no es la poesía?

Aprendiendo a hablar con las sombras, tu primer poemario, ponía de manifiesto ciertos tributos. ¿Uno de ellos podría ser a Rodolfo Hinostroza?
Sí, eso es cierto, y de hecho traté de que fuera más evidente de lo que la gente piensa, pero parece que no fui del todo claro. Si por mí fuera, hubiera puesto una nota bajo cada poema. Me encanta hablar de los poetas y sobre todo de sus poemas, pero entonces no hubiera escrito un poemario, sino un ensayo sobre la poesía. Aprendiendo a hablar con las sombras es hasta cierto punto un libro de homenajes, una revisión y reescritura de mis autores favoritos y un “demostrar” –y ahí está la vehemencia juvenil– mi proceso de aprendizaje, sobre la marcha, de la palabra y sus posibilidades expresivas. Por esa razón creo que el libro como tal no termina de funcionar del todo como unidad, como estructura, quiero decir, pero considero que poema por poema no se le puede reclamar nada.

¿Cómo definirías Délibáb en relación a tu primer libro?
Creo que era un lugar previsible al que llegaría. No hay nada gratuito, todo es parte de un proceso. Si alguien lee mi primer libro, verá que la aparición de Délibáb era inminente y entenderá mejor además mi propuesta. Estos dos libros, junto a Euforión o La presa y Liebe: la muerte en el otro, conforman la primera etapa de mi obra llamada también Aprendiendo a hablar con las sombras, creo que el título habla por sí solo. Aunque también podría llamarse la etapa de la materia "Marianne" que es el verdadero y gran personaje que atraviesa los cuatro libros y que increiblemente todos obvian privilegianod a una voz que nunca señala el lugar del cuerpo. Después de eso, tengo algunos proyectos en los que estoy trabajando con gran entusiasmo, pero ya más tranquilo, más reposado, sin las ganas locas de incendiar al mundo que tenía a los 18.

Tú perteneciste quizás a la última generación de discípulos de Wáshington Delgado. Incluso ganaste un premio que lleva su nombre. ¿Qué es lo que más recuerdas de él?
Wáshington es uno de mis maestros y es un honor poder decir que fui amigo suyo también. Creo que era un hombre verdaderamente notable y un poeta excepcional. Recuerdo su pasión por El Quijote, su dicción perfecta, su cigarro, las conversaciones interminables en su casa o las lecturas en La Noche de Lima que organizaba Alessandra Tenorio y donde en una ocasión volvió a encontrarse con Romualdo. Haber tenido la oportunidad, gracias a Lucho y Sonia (hijos de Delgado), de llevar a cabo una antología sobre su obra a propósito de sus ochenta años, ha sido volver a reencontrar a Wáshington también y comprender en su real dimensión, a la luz de cuatro años de su partida, cuan importante y necesario era, auqnue es un consuelo saber que su voz siempre estará.

¿Cómo ves a tus compañeros poetas de generación?
Tengo mucha fe en esta generación; de hecho todos nos conocemos desde finales del siglo pasado y ninguno ha renunciado a pesar de las dificultades, eso de por sí ya es un milagro sólo posible en un país como el Perú. Creo que las obras de Polack, Tenorio, Haya de la Torre, Huamán, Guillén, Sordómez, Lazarte y Podestá son de las más valiosas, pues no sólo han alcanzado una expresión propia, sino que en algunos de estos casos hay una reflexión importante sobre el hecho poético, una propuesta: una Obra. Lo demás sólo el tiempo lo dirá.

*Fotografía de EDUARDO CAVERO.
**Versión completa de la editada que aparecio en Correo el 18/12/07.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Antología poética de WASHINGTON DELGADO y otras publicaciones


Ochenta poemas, ochenta años de su natalicio. Hoy, a las 7:30 p.m., en el Centro Cultural de España (Natalio Sánchez 181, Lima), el poeta y editor Víctor Ruíz Velazco presenta La palabra en el tiempo, antología poética realizada por él y que recoge poemas de todos sus libros: desde Formas de la ausencia (1955) hasta Cuan impunemente se está uno muerto (2003). Una grata noticia para los que apreciamos la poesía de Washington y, sobre todo, para quienes tuvimos la fortuna de conocerlo personalmente y ser sus discípulos.
Sin embargo, el asunto no queda allí. Víctor Ruíz VelazcoLustra editores- y Ricardo RamónC.C. de España- presentarán los primeros cuatro títulos de la Colección de Poesía Hispanoamericana, que saldrá a la luz gracias a una alianza estratégica entre ambos. Además del libro de Delgado se presentarán El pequeño y mugroso pólack de Bruno Polack, Memorias de acequia de César Panduro, y Délibáb, enemigo del viento del propio Víctor Ruiz Velazco.
La ceremonia servirá, además, para anunciar los siguientes cuatro títulos con los que cerrarán el año: Nudo Borreomeo y otros poemas perdidos y encontrados, de Rodolfo Hinostroza; El cristal es un líquido, tus ojos son de agua, de Marco Martos; Hotel de las nostalgias, de Oscar Hahn; y Amil, de Héctor Hernández Montecinos.