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martes, 8 de junio de 2010

ANTONIO CISNEROS obtiene Premio Internacional de Poesía Pablo Neruda

Premiado vate Antonio Cisneros (Ilustración: Iván Palomino

No es el primero, ni será el último –estoy seguro– . Y sin embargo, uno no puede evitar los sentimientos celebratorios que lo invaden a uno al enterarse de que el estupendo poeta Antonio Cisneros (o Toño, como lo llaman sus amigos) ha obtenido el importante Premio Internacional de Poesía Pablo Neruda. Distinción que llegará acompañada de los nada deleznables 30 mil dólates, el día 12 de julio, en una ceremonia en la que participará el flamante nuevo presidente chileno Sebastián Piñera. 

A continuación, uno de mis poemas favoritos, “Réquiem (3)” del libro Las inmensas preguntas celestes (1992)

REQUIEM (3)

A las inmensas preguntas celestes
no tengo más respuesta
que comentarios simples y sin gracia
sobre las muchachas
que viven por mi casa
cerca del faro y el malecón Cisneros.
Y no pretendan ver
en la cháchara tonta esa humildad
de los antiguos griegos.
Ocurre apenas
que las inmensas preguntas celestes
sacan a flote
mi desencanto y mis aburrimientos.
Que a la larga
me tienen dando vueltas
como un zancudo al final de la tarde.
Haciendo tiempo,
mientras llega la hora de oficiar
mis pompas funerarias,
que no serán gran cosa
por supuesto.
En estos tiempos malos bastará
con una mula vieja
y un ánfora de palo
brillante y negra
como el lomo mojado de un delfín.
¡Ah las preguntas celestes!
Las inmensas.

viernes, 8 de mayo de 2009

ANTONIO CISNEROS


Curiosamente, lo primero que leí del poeta Cisneros no fueron sus poemas, celebradísimos dentro y fuera del Perú, sino sus crónicas de viaje. Yo era un adolescente febril que, hurgando en la biblioteca paterna, había descubierto El arte de envolver pescado (El caballo rojo ediciones, 1990), un pequeño libro que reunía una serie de textos periodísticos de Antonio Cisneros. Y recuerdo, por ejemplo, una crónica sobre la vez que, en un bar de Ámsterdam, nuestro poeta padeció, vía microondas y en tecnicolor, la humillante derrota de nuestra bienamada blanquirroja en manos -y pies, diría él- de los despiadados y efectivos futbolistas polacos. Aquella vez, cinco goles en contra pusieron fin a nuestra efímera participación en el mundial de fútbol de España 82.
Poco tiempo después, como es natural, arribé a su obra poética, a través de su antología personal Propios como ajenos (Peisa, 1991). Así, deslumbrado por aquellos versos insuflados de humor, ironía y de un sentido religioso que se torna más evidente desde El libro de Dios y de los húngaros, Antonio Cisneros se convirtió en uno de mis poetas predilectos. Era aún un bisoño estudiante universitario cuando mi padre me lo presentó, recuerdo, en la presentación de un libro de Emilio Laferranderie, El Veco, en un hotel miraflorino. Y si bien en aquella oportunidad no pude confesarle mi admiración por su poesía, pues mi timidez lo impidió, sí pude compartir con el poeta dos cervezas bien heladas y algún comentario insulso. Y en ese momento, para el idealista y desgarbado jovencito, eso fue suficiente (algunos años después volví a encontrarme con el poeta e, incluso, lo he llegado a entrevistar en una oportunidad).
"En este país un perro negro sobre un prado verde es cosa de maravilla y de rencor", reza un verso de Cisneros. Y en este país, el talento ajeno genera escozor. Por ello los homenajes siempre son póstumos. O casi siempre, para ser más justos, pues la Universidad San Martín de Porres ha tenido la sabiduría, a través de la estupenda revista Martín, de tributar en su edición 20 al brillante poeta Antonio Cisneros. Y eso hay que celebrarlo.

*Publicado en Correo el 08/05/09.

domingo, 1 de febrero de 2009

Entrevista a ANTONIO CISNEROS


Antonio Cisneros define sus viajes como aventuras culturales. Los viajes del buen salvaje (Editorial Peisa), libro que recoge sus crónicas, nos revela las peculiaridades de ciudades disímiles como Budapest o Tokio, a través de la mirada aguda del poeta.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Ilustración de IVÁN PALOMINO

Los viajes han sido y son muy importantes en tu vida.
Sin ser una propuesta de vida, como de algún modo lo es en el caso de Conrad, ni tampoco una propuesta temática, como en el caso de Salgari. Sin darme cuenta he ido viajando y viviendo fuera mucho tiempo de mi vida. Y el viaje, como una aventura espiritual, es tan común en todos los jóvenes, pero en realidad, en un momento dado quieres vivir en otra parte, que es como vivir otra de tus vidas posibles. Y hay esa tradición peruana, y latinoamericana, de viajar y establecerte en Europa. Basta ver los pasos de Vallejo, o los de tanta gente que se fueron por muchos años y que últimamente van y vuelven, como Vargas Llosa y Bryce.

Tú has vivido fuera en varias oportunidades, pero nunca con la intención de quedarte.
Es cierto. Y creo que en mi época casi nadie que se iba pensaba quedarse fuera. Casi todo el mundo iba con la idea de regresar, porque a diferencia de los viajes por necesidad -exilio o pobreza-, la aventura cultural tiene la ilusión de que tú puedes manejarla. Ahora, es cierto que hay gente que se ha ido quedando y que luego les ha costado volver. A mí mismo, por ejemplo. A mi sétimo año, cuando vivía en Niza, me daba más trabajo volver. Tengo un poema que se llama "Otra vez el invierno + dos indios de Alfredo Bryce" y que lleva un epígrafe de Bryce que dice: "Regreso al Perú, dijo sonriente y optimista. La sonrisa y el optimismo le quedaban muy mal". Pero nunca he tenido la intención de vivir fuera.

Los viajes están muy presentes en tu obra poética.
Sí, varios de mis poemarios serían otra forma de crónicas de viaje. Aunque claro, no serían crónicas de viaje porque en ellos no importa el desplazamiento sino el viaje interior. Pero sí son un buen punto de partida o un pretexto los lugares. Canto ceremonial contra un oso hormiguero es Inglaterra, Como higuera en un campo de golf es Francia, El libro de Dios y de los húngaros es Hungría, Monólogo de la casta Susana es Alemania. Más que los viajes, lo importante es vivir fuera: volver a hacerte un mundo de vecinos, de bodegas que te fían. Volver a hacerte otra vida, en realidad. Y uno se acostumbra a todo.

Otro tema recurrente en tu poesía es la familia…
Tengo poemas sobre el nacimiento de mi hija Soledad, sobre el nacimiento de Diego Cisneros, sobre la distancia entre Diego Cisneros y yo cuando me he ido de viaje, sobre el viaje de mi hija Alejandra. La familia es fundamental. Y yo soy fundamentalmente doméstico. Hay muchos mitos urbanos sobre mi persona. Pero la realidad es que soy una persona absolutamente doméstica, en estos momentos soy un feliz esposo, padre y abuelo de cinco nietos.

¿Qué recuerdas del Antonio Cisneros de Destierro, tu primer poemario?
Es una maravilla, porque el libro es prácticamente lo de menos, lo demás es el poeta. Es mi primer libro, lo publica Javier Sologuren en La rama florida: 300 ejemplares. Yo creía que realmente ese libro tenía que ser leído y apreciado. Y andaba por la calle con la sensación de que en cualquier momento alguien se me iba a acercar para que le esclareciera alguna metáfora oscura o un verso un poco complicado. Una vez en la librería Studium vi a un tipo que hojeó mi libro y lo compró. Seguí al tipo por todo Camaná, me subí a su ómnibus: quería saber cómo era mi lector. Ese era yo a los 18 años.

Si no me equivoco es Mario Benedetti quien te convence para enviar tu libro Canto ceremonial contra un oso hormiguero al Premio Casa de las Américas, que finalmente ganas.
Es verdad. Porque yo fui invitado a Cuba a un encuentro mundial, al que fueron Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre. Yo tenía los poemas que iban a conformar el libro, y Mario Benedetti tuvo buen ojo, curiosamente el ojo que no tiene para ver su propia poesía. Entonces regresé a Londres donde vivía, ajusté algunas cosas, y lo mandé.

En Hungría, si no me equivoco, tuviste un momento de reconciliación con la religión…
Yo tendría 32 años. Y un día de lluvia en Budapest, en el que tenía para escoger entre entrar en una iglesia o entrar en una cantina, finalmente entré a la iglesia. Estaban en misa vespertina, en húngaro. Y quizás por eso, porque la profunda espiritualidad es un acto sin palabras es que no era importante que yo entendiera al sacerdote haciendo la misa en húngaro.

*Entrevista publicada en Correo el domingo 01/02/09.

miércoles, 5 de marzo de 2008

ANTONIO CISNEROS y El libro de Dios y de los húngaros


Como bien señala José Carlos Yrigoyen, El libro de Dios y de los húngaros no es sólo uno de los poemarios capitales de Antonio Cisneros, sino también un punto de quiebre en su corpus poético. “Rompe aquí con los motivos formales y argumentales de sus primeros libros, donde el autor había desplegado las técnicas más complejas de la poesía anglosajona y su mirada crítica hacia las convenciones burguesas y las sociedades desarrolladas”, apunta Yrigoyen. El libro de Dios y de los húngaros acaba de ser reeditado por Tranvía editores, editorial liderada por Cecilia Podestá y que tiene al libro objeto como principal característica. Se trata pues de una muy bien cuidada edición que incluye una presentación que la hace única. El libro será presentado hoy a las 19.00 horas en el Patagonia Restaurante Bar (Calle Bolívar 164, Miraflores). Los comentarios estarán a cargo de Cecilia Podestá y José Carlos Yrigoyen.

domingo, 27 de enero de 2008

Propios como ajenos de ANTONIO CISNEROS


Existen libros difíciles de olvidar. Aquellos que encuentran cobijo en algún espacio privilegiado de la memoria. Allí donde habitan los recuerdos más entrañables, los más perdurables. En mi caso, Propios como ajenos. Antología personal de Antonio Cisneros significó –en aquella edición de Peisa de 1989, que moraba en uno de los anaqueles paternos– mi acercamiento a la obra de uno de los poetas más importantes de habla hispana. Por aquellos años, de sinuosa adolescencia, aquellos versos cobraron inusitada relevancia.

Como le sucedió en su momento a mi amigo el poeta Eduardo Chirinos, Cisneros se convirtió para mí en una suerte de héroe literario. Llegué a memorizar, incluso, muchos de sus poemas. Como, por ejemplo, "Un perro negro" (con el que finaliza el libro Las inmensas preguntas celestes): ”En este país un perro negro sobre un prado verde es cosa de maravilla y de rencor“.

Aquel ejemplar descansa ahora, con una minimalista rúbrica que logré arrebatarle al poeta en algún recital, en los estantes de mi biblioteca. Peisa acaba de reeditar Propios como ajenos. Antología personal en una bonita edición que añade, además de los poemas de su último poemario –Un crucero a las islas Galápagos–, un lúcido y entrañable testimonio del autor a manera de prólogo. Una estupenda manera de apreciar, panorámicamente, uno de los proyectos poéticos más sólidos y celebrados de nuestras letras.

*Publicado en Correo el 8 de enero del 2008.