martes, 26 de enero de 2010

Entrevista a ALINA GADEA


Obtener el Copé de bronce en el 2006 resultó un auspicioso ingreso en los predios literarios locales. Sin embargo, es con Otra vida para Doris Kaplan (Borrador editores), su primera novela, que Alina Gadea evidencia que estamos frente a una autora que transita a paso seguro.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de GIULIANO BUIKLECE

Si bien en la novela uno puede percibir el drama colectivo, el principal drama es el personal...
La violencia en el país es sólo el telón de fondo. Pero en realidad es una trama personal, que curiosamente también encierra dentro de la vida personal de la protagonista, una violencia casera, personal, sicológica. En la trama del libro la protagonista tiene una vida muy atormentada, muy enclaustrada. Y este enclaustramiento y estas situaciones de frustración y de violencia son una metáfora de la violencia que hay afuera. Porque paralelamente se va a desenvolver la historia de una persona allegada a ella, pero de otro circuito social, va a llegar por otro camino a involucrarse en lo que es la violencia política.

El desmoronamiento familiar de la protagonista empieza con la muerte del padre.
Así es. La muerte del padre tiene que iniciar el libro porque eso da pie a que ella pueda contar su historia de una manera como incorpórea. Es un lenguaje especial el que usa y un tono extraño en realidad, como el que podría tener una voz en off que mira desde afuera de su cuerpo todo lo que está pasando. Y el porqué se va a saber hacia el final del libro. Además, la muerte del padre trae consigo toda la decadencia de la casa, que va emparejada con la decadencia de un país entero.

Un aspecto importante en la novela es la relación tortuosa entre la protagonista y la madre.
La madre también es una metáfora de la violencia. Porque es una relación sumamente conflictiva. Y yo creo que el conflicto es importante. A veces uno quisiera contar cosas muy bonitas. Pero lo que atrapa a un lector es precisamente los conflictos que conlleva la historia. Y esa relación conflictiva con la madre se va a ir desarrollando cada vez con mayor intensidad hasta llegar a tocar muchas pasiones humanas como los celos, la envidia, el sojuzgamiento de una persona a otra. Es un personaje complejo que encierra esa violencia y es símbolo de la decadencia.

A pesar de ejercer violencia hacia su hija, la madre la necesita como para asirse a algo y no terminar de caer...
Así es. Es como un náufrago que se agarra de lo que tiene al costado para no terminar de hundirse. Hay una complejidad aquí. No son simplemente personajes como los de algunos textos que no llegan a tener calidad, en donde o son totalmente villanos o totalmente buenos. Porque esto es como es la vida: los seres humanos somos muy complejos.

Uno de los aspectos que disfruté más es el manejo de atmósferas...
Sí, a mí me gusta mucho el tema de las atmósferas. Yo he hecho inventarios de casas antiguas. Y las casas antiguas encierran una atmósfera especial que así no más no la puede tener una construcción moderna. Y dentro de esa atmósfera yo quise plasmar lo fantasmal, un cuarto dentro de otro, un hombre de sombrero negro que aparece en la madrugada, un hermano muy nervioso al cual la "mama" le da agua de claveles para curarlo del mal del susto.

*Entrevista publicada en Correo el 26/01/10.
*Versión en vídeo gracias a ROSA MARÍA PUGA.

martes, 19 de enero de 2010

Entrevista a EDUARDO CHIRINOS


Eduardo Chirinos reside en Missoula, Montana (EE.UU.), una zona poblada de bosques en donde los incendios forestales no son infrecuentes. Una noche, junto a su esposa Jannine, observó alarmado que en el horizonte se avistaban grandes humaredas. "No te preocupes, Eduardo -lo tranquilizó Jannine-, es humo de incendios lejanos". Así surgió el título de este estupendo y logrado poemario, que ahora acaba de ser publicado en el Perú por Mesa Redonda.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografia de VÍCTOR VÁSQUEZ

Tú tienes el privilegio de publicar en el extranjero, en España y en México. ¿Qué emociones te suscita el publicar en el Perú?
Yo no lo llamaría un privilegio. Creo que son cuestiones que tienen que ver con lo errático que es la vida de uno, con las decisiones laborales que uno toma. Como tú sabes, hace 16 años que vivo en Estados Unidos. Eso de alguna manera condiciona mi mirada, mi manera de ver las cosas. La suerte que tuve es que me fui a EE.UU. ya habiendo publicado ciertas cosas acá. Pero de todas maneras pasa el tiempo y, por esas cosas erráticas de la vida, terminé publicando más en España y en México. Y no porque quiera, sino porque me terminó resultando más fácil que en el Perú. Aquí las cosas en términos editoriales para la poesía siempre han sido difíciles. Por eso el real privilegio es más bien poder publicar en el Perú. Eso ha ocurrido gracias a que un grupo de jóvenes peruanos universitarios, muchos de ellos no mayores de 20 años, decidieron arriesgarse a crear pequeñas editoriales. Muchas de ellas con el tiempo han crecido.

La música es muy importante tanto en tu poesía como en tu vida, ¿no?
Sí, por supuesto, yo no podría vivir sin música. El problema es que Jannine necesita silencio para trabajar. Y yo necesito música. Tal vez porque no escucho bien, la música es absolutamente necesaria porque me aísla en una burbuja particular que impide que me lleguen todos los ruidos de la calle. Y cuando hablo de música, hablo en su sentido más general. Por ejemplo, la música rock, a la que soy muy afecto, o la música clásica. O a toda la música que pertenece a mi educación sentimental. Y creo que la educación sentimental de mucha gente de mi edad -voy llegando a los 50 años- es la música que escuchó en los pequeños radios a pilas. Por ejemplo, el rock de los 60 o la música tropical.

Otra característica de tu poesía es que está alejada de la solemnidad...
Yo trato de huirle a la solemnidad como el gato al agua. En realidad, no se trata de algo voluntario, sino natural. Provengo de una familia donde no había biblioteca, donde los libros eran más bien una cosa exótica, cara y absolutamente innecesaria. Y eso no está mal: finalmente en mi formación los libros son algo que he ido adquiriendo como una cosa muy personal. Y eso es maravilloso, porque los libros han ido teniendo una presencia en mi vida de una manera tan democratizada y tan plana como la música, como los cómics.

¿Cómo recibiste la noticia del Premio Internacional de Poesía Generación del 27 en noviembre pasado?
Como si fuera un sueño. Y no estoy dándote una frase entrecomillada. La recibí con sueño porque me llamaron a las cuatro de la mañana y literalmente estaba muerto de sueño (risas). Como entre España y Missoula hay ocho horas de diferencia, los del jurado me llamaron para darme la noticia por teléfono. Yo me desperté sobresaltado pensando que era una mala noticia de Lima. Contesto y me comunican que he ganado el premio, agradezco a cada uno de los miembros del jurado, cuelgo y me voy a mi cama a seguir durmiendo. A la mañana siguiente le digo a Jannine: "He soñado que me daban el premio". Y ella me dice: "No ha sido un sueño, si a mí también me despertaron" (risas).

¿Qué tan importantes son los premios?
Los premios en sí mismos no sirven para nada, no te hacen ni mejor ni peor poeta. Te dan algo más de dinero, es cierto. Es una ayuda para publicar en una editorial grande. Te abren una serie de posibilidades.

*Entrevista publicada en Correo el 19/01/10.
**Versión en vídeo en CorreoTV gracias a ROSA MARÍA PUGA.

Entrevista a PEDRO ESCRIBANO

Texto y fotografía: CARLOS M. SOTOMAYOR

Además de notable poeta, Martín Adán cimentó una fama de personaje singular, protagonista de más de un suceso digno de recordar. En una ocasión, por ejemplo, le presentaron al pianista peruano de origen belga, Andrés Sas, quien recién había retornado al Perú. El músico le extendió la mano y le dijo, escueto: "Sas, para servirlo". Nuestro poeta, quien jamás había escuchado aquel apellido, creyó que era objeto de una broma. Por ello retrucó: "Zuácate, a sus órdenes". Esta anécdota, junto a muchas más (protagonizadas por escritores peruanos como Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro, César Vallejo, por citar sólo algunos) han sido recopiladas por el poeta y periodista Pedro Escribano en Rostros de memoria: visiones y versiones sobre escritores peruanos (Fondo Editorial de la Universidad Ciencias y Humanidades).

A propósito de esta publicación conversamos con él. "La idea del libro es reciente -nos cuenta Escribano-. Tendrá un año, no más. Pero en realidad, las historias, las anécdotas tienen una incubación de tiempo, porque cuando yo era profesor, hace casi veinte años, descubrí que había una forma de ganar y acercar a los alumnos a la literatura. Y era, precisamente, contándoles no las obras sino el cuento de la vida del autor. Allí empezó a incubarse lo que después ha devenido en este libro. El libro surge porque me di cuenta que tenía un cúmulo de historias, de relatos, de cuentos sobre escritores. Sólo había que darles una forma".

Escribano, quien en 1982 obtuvo el Premio Poeta Joven de San Marcos con el celebrado e inhallable Manuscrito del viento, es un confeso y apasionado lector de biografías. Sin embargo, para articular este libro tuvo que investigar más allá de los libros. "Empecé a buscar periódicos y revistas, a buscar a personajes que pudieran ser los grandes memoriosos de Lima, como Hildebrando Pérez, Reynaldo Naranjo -recuerda Escribano-. Ha sido un trabajo de investigación, sin duda. Pero por otro lado, tú sabes que cuando entrevistamos a escritores, apagamos la grabadora y empezamos a conversar con ellos. Allí aparecen otras anécdotas".

MVLL
Rostros de memoria presenta algunas anécdotas de Mario Vargas Llosa, como aquella inesperada cena junto a Raúl Porras Barrenechea -entonces presidente del Senado- en el Cinco y Medio. El autor de Conversación en La Catedral pudo leer las anécdotas antes de la publicación. "Él me pidió que se las muestre para que me diga cuáles son ciertas y cuáles no. Algo que para mí me parecía arriesgado, porque bien podía decirme que todas eran mentiras. Pero él además me dice que podría contarme algunas otras inéditas. Entonces, con ese plus que podía ganar, se las mostré". Poco después, vía mail, el novelista le dio su aprobación.Rostros de memoria, como apunta Escribano, es "un retratario. Porque en un gesto uno puede advertir, la dimensión, la grandeza, la sabiduría de un autor. Juan Gonzalo Rose, por ejemplo, en un sola frase te resume un pensamiento, una actitud o una posición ética". Un libro para el deleite, sin duda.

*Publicado en Correo el domingo 17/01/10.

viernes, 15 de enero de 2010

Entrevista a LUIS FERNANDO CHUECA


El poeta y crítico Luis Fernando Chueca brinda un gran aporte al estudio de nuestra tradición lírica con la publicación de Poesía vanguardista peruana (Ediciones del Rectorado de la PUCP), en dos tomos, que incluye las ediciones facsimilares de libros vitales como, por ejemplo, 5 metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat o Abolición a la muerte de Emilio Adolfo Westphalen, para citar sólo dos títulos. Chueca añade, además, un riguroso y lúcido ensayo introductorio sobre nuestra vanguardia.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de VÍCTOR VÁSQUEZ

¿Cómo surge este interesante proyecto?
En principio nace de una invitación que me hizo Ricardo Silva-Santisteban para trabajar esta edición.Me dijo: quiero hacer para la colección de Obras esenciales una edición de lo más importante de la vanguardia. ¿Te interesa hacerla? Evidentemente, la invitación era estimulante y le dije sí, claro.Luego, lo que estuvimos conversando era cuáles iban a ser los criterios de la edición, qué poemarios íbamos a incluir. Lo que sí venía con la invitación era la idea de trabajar la edición con los poemarios en facsimilar. Así fuimos consiguiendo el material, incluyendo los libros que no se consiguen fácilmente. Y yo por mi parte, además, trabajando todo lo correspondiente al prólogo, la bibliografía. Un trabajo que debe haber demorado un año y medio.

Abordas la vanguardia de los años 20 y 30...
Desde Trilce hasta La tortuga ecuestre. Aunque claro, en términos de publicación de libro excede a las décadas del 20 y 30, pero es un libro del 39. Entonces, como fecha simbólica para el cierre del período de vanguardia me parecía oportuno. Entonces, entre esos dos márgenes es que se mueve todo: entre Trilce y La tortuga ecuestre.

La vanguardia marcó un punto alto de nuestra tradición poética...
Sí. Y no sólo eso, yo creo que es el momento y la gente con la que se funda nuestra tradición poética. Su papel es fundamental.Ya había comenzado a despertar ese interés en los 70. Y en los 80 y 90 el interés no sólo se mantiene sino que fue creciendo. Y se han ido presentando cada vez más trabajo sobre autores en particular y algunas aproximaciones sobre el período, sobre el significado de la vanguardia, en términos más abarcadores. Y mis apuntes sobre la vanguardia intentan recoger buena parte de lo que se ha estado trabajando.

Muchos estudiosos señalan que la vanguardia latinoamericana ostenta elementos propios...
Hay toda una discusión, que es uno de los aspectos con el que empiezo el estudio introductorio: la vanguardia latinoamericana es simplemente un apéndice, una copia de la vanguardia europea o es algo diferente. Y creo que esos estudios a los que tú remites, no sólo en el Perú sino también en el ámbito latinoamericano apuntan a eso: la vanguardia latinoamericana no es el eco, sino que recoge una serie de razones por las que tiene sentido que haya surgido algo como eso acá. Es todo un desarrollo, una corriente, un ánimo y una propuesta estética que si bien toma muchísimo de la vanguardia evidentemente también tiene una serie de aspectos particulares.

Incluyes a Magda Portal.
Creo que es importante el libro de Magda Portal. Quizás haya algunos poemas que no resultan tan buenos como otros de ese mismo libro. Y quizás si la comparamos con Moro, Vallejo o Westphalen, de hecho no está en esa primera línea.Pero me parece interesante por dos razones: una es que se trata del único poemario escrito por una mujer en la vanguardia.Pero, más allá de eso, porque hay una dimensión en la construcción del texto en que se articula la perspectiva política de la vanguardia, junto a una cuestión más vinculada con el tema del amor.

*Publicado en Correo el 15/01/10.
**Versíón en vídeo en CorretoTV, gracias a la cámara y edición de Rosa María Puga.

domingo, 3 de enero de 2010

MIS LECTURAS DEL 2009

POESÍA:
Durante este año fueron tres los poemarios que atrajeron mi mayor atención. En primer lugar, Teoría de los cambios (Sol negro/Cascahuesos) de Enrique Verástegui. Tiene momentos notables que recuerdan al mejor Verástegui. En segundo término, el póstumo Tren bala (San Marcos/AECID) del desaparecido Pablo Guevara: estupendo. Y, finalmente, Uno rojo (Underwood) de la talentosa Andrea Cabel, quien confirma con este breve poemario que se trata de una de las voces más sólidas de la última década.
Por otro lado, también disfruté mucho de Nocturama (AUB) de Diego Otero, quizás su más logrado libro desde Cinema fulgor. Y, por supuesto, Cadáveres (Mesa Redonda), poemario que evidencia la destreza poética de Alejandro Susti (quien además es un talentoso músico y a quien sigo con atención desde Casa de citas).
También quisiera mencionar los interesantes nuevos libros de cuatro poetas jóvenes: Liebe, la muerte del otro de Víctor Ruiz Velazco, Historia secreta de Paul Guillén, Poemas médicos de Bruno Pólack y Casa de zurdos de Alessandra Tenorio. Todos ellos publicados por Lustra editores dentro de la colección piedra/sangre editada conjuntamente con el Centro Cultural de España.
En el caso de las antologías personales, destaca la aparición de Breviario de Santa Inés (Lustra) del poeta de la generación del 60, Arturo Corcuera.
También habría que resaltar Poetas peruanas de antología (Mascapaycha editores), compilada por Ricardo González Vigil y los dos tomos de Poesía vanguardista peruana (Rectorado PUCP), preparados por Luis Fernando Chueca.
Hubo libros que por diversas razones no pude conseguir. Y me hubiera encantado poder leer Angeles detrás de la niebla (Húnikos) de Tulio Mora, Dorada apocalypsis (Tranvía editores) de mi amigo Domingo de Ramos y Sparagmos (Cascahuesos) de Mauricio Medo: libro del que he oído muy buenos comentarios. Tampoco pude leer el poemario de Mario Montalbetti, un poeta al que aprecio.

CUENTO:

Me gustó El rey siempre está por encima del pueblo (Seix Barral) de Daniel Alarcón. Tiene cuentos estupendos, aunque a nivel de conjunto no alcanza los logros de su primer libro de cuentos Guerra a la luz de las velas. Algo similar me sucedió con La esposa del Rey de las curvas (Peisa) de Alfredo Bryce Echenique. Disfruté varios de sus cuentos, pero el conjunto palidece ante otros notables libros de relatos que tiene en su haber.
Sin embargo, hubo tres publicaciones que me deslumbraron: La palabra del mudo (Seix Barral), en dos tomos que reúnen definitivamente la cuentística completa del celebrado Julio Ramón Ribeyro, Antología íntima (Casatomada) de Carlos Calderón Fajardo y Cuentos incompletos (Lustra) de Rodolfo Hinostroza. También quiero destacar la reedición del primer libro de cuentos de Siu Kam Wen: El tramo final (Casatomada). También pude leer, gracias a una reedición Los olvidados (Estruendomudo) de Rossana Díaz.
Quiero mencionar también Circo (U. Inca Garcilaso) de Nilo Espinoza Haro y El cazador de dinosaurios de mi amigo Gabriel Rimachi Sialer.
Me hubiera gustado leer España, aparta de mí estos premios (Páginas de Espuma) de Fernando Iwasaki.

NOVELA:
Este año, la novela que más disfruté fue Summa caligramática (Editorial Norma) de José de Piérola. También me gustaron El viaje que nunca termina (Ediciones Altazor) de Carlos Calderón Fajardo, La bandera en alto (San Marcos) del desaparecido José B. Adolph, Biografía ilustrada de Mishima (Matalamanga) de Mario Bellatín, Confesiones de Tamara Fiol (Alfaguara) de Miguel Gutiérrez, Memorias de una dama (Alfaguara) de Santiago Roncagliolo y El misterio de la loma amarilla (SM) de José Güich y La paz de los vencidos (Alfaguara/BCR) de Jorge Eduardo Benavides. Me sorprendió gratamente Otra vida para Doris Kaplan (Borrador editores), auspiciosa ópera prima de Alina Gadea.
No puedo dejar de mencionar dos reediciones que me han parecido importantes –ambas las he leído años atrás–. Se trata de El escarabajo y el hombre (Casatomada) de Oswaldo Reynoso y Orquídeas en el Paraíso (Editorial Norma) de Enrique Planas (tengo la primera edición de Los Olivos).
Otra reedición que me pareció importante y que me permitió leerla por primera vez fue la de la novela El último cuerpo de Ursula (SIC) de Patricia de Souza.
A pesar que ya se encuentra en mi mesa de noche, aún no he podido leer Segunda persona (Mesa redonda) de Selenco Vega. Me han dado buenísimas referencias de esta novela que obtuvo el Premio de la Cámara Peruana del Libro.
Me hubiera encantado conseguir y leer Ahí va el señor G de Juan Manuel Chávez y Tapen la tumba de Mirko Lauer.

ENSAYO:
Notable, sin duda, Sables y utopias (Aguilar) de Mario Vargas Llosa. También disfruté Juan Carlos Onetti: el soñador de la penumbra (Fondo de Cultura Económica) de Alonso Cueto, y Mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe (Cuerpo de la metáfora editores) de Camilo Fernández Cozman.

OTROS:
Un libro que disfruté mucho fue Rostros de memoria: visiones y versiones sobre escritores peruanos (UCH) de Pedro Escribano. Una divertida compilación de singulares anécdotas de autores como Martín Adán, Julio Ramón Ribeyro, Mario Vargas Llosa, Blanca Varela, entre otros.
También quiero destacar la publicación de Hora zero: los broches mayores del sonido, preparado por Tulio Mora.

INTERNACIONALES:
Dos novelas lograron deslumbrarme. Una de ellas fue Indignación (Mondadori) del genial Philip Roth –que aunque demoró un poco en llegar a Lima, pude finalmente conseguirla a mediados de año–. La otra fue Invisible (Anagrama) de Paul Auster, otro de mis autores predilectos –novela que pude leer antes de que finalice el año, a pesar de que aún no llega a las librerías limeñas, gracias a mi hermana que me la trajo de España–.
Otras novelas que me parecieron estupendas fueron Los vivos y los muertos (Alfaguara) de Edmundo Paz Soldán, El viajero del siglo (Alfaguara) de Andrés Neuman –Andrés: ya me conseguí Bariloche– y Missing (Alfaguara) de Alberto Fuguet -sin duda, una de sus novelas más personales y una de las que más he disfrutado-. Interesante resultó la lectura de La soledad de los números primos (Salamandra) de Paolo Giordano.
Gracias a una reedición de Estruendomudo pude leer el estupendo libro de cuentos Pájaros en la boca de Samanta Schweblin (ganador del Premio Casa de las Américas). La misma editorial hizo posible que lea la interesante novela Sólo te quiero como amigo de Dani Umpi.
No fueron publicadas este año, pero recién pude leerlas y las recomiendo plenamente: Diario de un mal año (DeBolsillo) del brillante J.M. Coetzee, Chesil Beach (Anagrama) de Ian McEwan y La maravillosa vida breve de Oscar Wao (DeBolsillo) de Junot Díaz. Otra novela que recomiendo es El jardín devastado (Alfaguara) de Jorge Volpi –que a pesar de ser del 2008 recién llegó a Lima el 2009–.
Aún no pude conseguirme la última novela de Orham Pamuk: El museo de la inocencia (Mondadori). Ya tengo la trilogía de Stieg Larsson. Espero acometer su lectura muy pronto.

sábado, 26 de diciembre de 2009

CARLOS CALDERÓN FAJARDO


Cuando lo conocí, a través de las páginas impresas de uno de sus libros, pensé que se trataba de un autor misteriosamente desaparecido. Alguien que, por voluntad propia, había optado por un anonimato silente y eterno. Recuerdo que fue Enrique Cortez quien me mencionó su nombre, por primera vez, en la época en la que dirigía un suplemento literario en el que yo colaboraba con cierta regularidad. Aunque lo que más recuerdo, sin duda, fue aquel primer libro que pude conseguir tras una ardua pesquisa.
Los relatos de El que pestañea muere (en una reedición de 1999, pues la primera data de 1981) me revelaron a un autor de una singularidad y un talento irrefutables. Advertí rápidamente una cercanía, una especie de vínculo filial-literario. Y desde ese momento supe que debía encontrar sus demás libros. Y, además, intentar ubicarlo, conocerlo personalmente. Aunque, confieso, temía que hubiese muerto.
La búsqueda resultó infructuosa. Nadie lo había visto en años e, incluso, algunos mencionaron que un extraño mal lo aquejaba. Me di por vencido. Sin embargo, el destino me traería poco tiempo después una inesperada sorpresa.
Una tarde de agosto. Una tarde cualquiera, en realidad, al llegar a la redacción encontré sobre mi escritorio un sobre manila en cuyo interior descansaba un libro. Tardé en reaccionar. Se trataba de La segunda visita de William Burroughs, una nueva novela de Carlos Calderón Fajardo. Y dentro del libro una tarjeta del autor con su teléfono y dirección. Tras 6 años de silencio y una rara dolencia, Calderón Fajardo reaparecía revitalizado. Así lo conocí, con el inevitable pretexto de una entrevista. Y así surgió una amistad que valoro tanto como sus libros, de los que me volví un entusiasta lector: desde los primeros, que él muy gentilmente me facilitó (entre los que destaca la espléndida La conciencia del límite último), hasta el último, El viaje que nunca termina, que adquirí hace poco, en la sección de novedades de una librería.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Entrevista a JOSÉ DE PIÉROLA


José de Piérola es, sin duda, uno de los más interesantes escritores peruanos de las últimas décadas. Summa caligramática (Norma, 2009), su más reciente novela, nos muestra a un autor en pleno dominio de sus recursos expresivos.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía: VÍCTOR VÁSQUEZ

La novela luce una estructura compleja. ¿Cómo fue el proceso de escritura?
Sí, la estructura fue quizás lo más difícil de la novela. La novela empezó hace varios años. Recuerdo que en el año 2002 tomé notas sobre esta noción del niño prodigio, del niño genio, que siempre me ha parecido interesante para hacer una ficción. Sobre todo porque tiene algunas implicaciones que he tratado de desarrollar en la novela. Y después, en el 2005, no sé si recordarás, apareció una niña norteamericana de 9 años cuyos padres firmaron un contrato por 150 mil dólares por su primer libro de poesía. Y eso me dejó pensando. Y recordé también el caso en el Perú de Mirko Lauer, que de muy joven era considerado un niño prodigio. Ese es uno de los ingredientes de la novela.

¿Y el otro?
El otro ingrediente es una conversación que tuve con un poeta peruano, quien me ha pedido que no mencione su nombre, y que tuvo un episodio de pérdida de la razón. Y dentro de ese episodio se encontró con Alejandra Pizarnik y habló con ella. Y tuvieron un diálogo muy intenso. Obviamente, todo en su imaginación, pero con ese fenómeno de ilusión que le hizo pensar que era real. A partir de allí, ambos ingredientes empezaron a juntarse y se convirtieron en una sola narración.

¿Cómo articulaste la novela?
El primer borrador lo escribí en primera persona, desde el punto de vista del niño prodigio ya adulto. Y había algo que no funcionaba en esa narración en primera persona. Entonces, me pareció interesante el reportaje clínico. Sin embargo, me pareció demasiado clínico para contar la historia. Porque me interesaba mucho entrar más en el personaje, tener la posibilidad que tiene la novela de entrar en la mente y en la emoción del personaje. Así que al final encontré este camino intermedio que es un narrador que reelabora un texto escrito en tercera persona. Eso es lo que crea los tres niveles de voces narrativas que hay en la novela.

En el caso de los niños-prodigio la figura del padre juega un rol particular. Pienso, por ejemplo, en casos como el de Mozart...
Por supuesto. Y siempre hay este padre que reconoce el potencial en el niño y quiere en ese niño, supongo yo, lograr algo que él no pudo lograr. Y eso es muy frecuente: padres que tratan de que su niño gane un premio o se vuelva una estrella. Y esa relación es muy difícil de entender. Porque por un lado es posible que al niño le encante ese mundo adulto al cual es sometido o es posible que no le guste ese mundo.

Otro tema que se aborda en la novela es el de la identidad...
Sí, la idea de la identidad. Cuánto de nuestra memoria y nuestra forma de pensar viene en ese proceso de vida y cuánto de nuestra identidad depende de ese proceso. Qué pasaría si en un momento perdemos la memoria, por ejemplo. Cuánto de nuestra identidad se mantiene. Hay una novela de Umberto Eco que se llama La misteriosa llama de la reina Loana en la que el personaje principal pierde la memoria biográfica o memoria episódica, pero mantiene la memoria semántica. Entonces él va a la casa de su infancia y empieza a revisar lo que leía de niño y encuentra muchas referencias fascistas. Y se dice: ¿seré yo un fascista viejo y amargado? Y en esa búsqueda de recuperar su memoria intenta recuperar su propia identidad. Y está entonces el tema de la responsabilidad. Qué pasa cuando tú ignoras haberle hecho un mal a alguien. ¿Tienes responsabilidad o no? Qué pasa cuando, después, sabes que tu acción ha producido un efecto negativo en otra persona. Esos eran los temas que me fascinaban para explorarlos en esta novela.

Otra idea que me hace reflexionar a partir de la novela es esta relación tan estrecha entre la genialidad y la locura.
Sí, ese es otro de los temas que me interesaban. Y que aparece con mucha frecuencia. Y una de las nociones que aparece implícita en la novela es qué pasa cuando eres un poco diferente a los demás. En la Edad Media todas esas personas, entre las que podríamos considerar genios o locos, estaban en la misma categoría. Y seguramente esa relación tiene que ver con ese miedo, temor o ansiedad que produce aquello que no podemos entender. Y como la genialidad y la locura están fuera es fácil conectarlos en términos de cultura popular. Y debido a que esta relación existe es muy fácil hallar la correlación. Y es posible que alguien sea empujado a una forma de locura.

Esta novela es distinta a las anteriores...
Lo que ocurre con muchos escritores es que uno tiene un tema que aparece en un momento, y reaparece, y está allí como esperando su oportunidad para aparecer en libro. Y es sólo una noción, ni siquiera es un tema elaborado. Pero es una noción básica que después se va a desarrollar. Y gran parte de la fascinación de escribir para mí es ver hacia dónde me puede llevar este tema.

*Entrevista publicada en Correo el viernes 11/12/09.

jueves, 10 de diciembre de 2009

ENRIQUE PLANAS presenta reedición de su primera novela


Orquídeas del Paraíso, la primera e inubicable primera novela de Enrique Planas, ha sido reeditada –con gran acierto– por la Editorial Norma. Con ilustraciones –en la carátula e interiores– de Christian Bendayán, la reedición será presentada hoy, a las 7:00 pm. en el auditorio Julio Ramón Ribeyro de la Feria del Libro Ricardo Palma (en el Vértice del Museo de la Nación, en San Borja). Los comentarios estarán a cargo del publicista y escritor Gustavo Rodríguez.
Para quienes no la leyeron en su momento es una gran oportunidad de sumergirse en la trepidante historia de Aquiles, quien tendrá que travestirse en Orquídea para salvar su vida y, de paso, buscar vengar la muerte de su padre.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Entrevista a ALBERTO FUGUET


Alberto Fuguet aterrizó nuevamente en Lima, una ciudad que conoce bastante bien, para presentar Missing (Alfaguara, 2009), su más reciente libro en el que narra la historia de Carlos, su tío que un día, hace muchos años, decidió irse, borrarse literalmente. Huir de una familia que siempre lo vio como una oveja negra.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de VÍCTOR VÁSQUEZ

Missing tiene un preámbulo, que es la crónica que escribes para Etiqueta Negra. ¿En qué momento decides emprender la búsqueda de tu tío?
Bueno, la obsesión estuvo antes. Y, como digo en el libro, parece que estuvo mucho antes de lo que yo pensaba. Yo me he dado cuenta de que personajes inspirados en Carlos, consciente o inconscientemente, están desde el primer libro mío.

Te refieres al último cuento de Sobredosis: "No hay nadie allá afuera"...
Claro. Y quizás no es sólo por Carlos. Quizás uno conecta con las cosas que te conectan a ti. Algo hay en mí que hace que me atraiga la gente que se pierde o que no se integra del todo. Y que curiosamente siento, para beneficio mío, que es algo que parece que mucha gente también hace. No es como obsesionarse con los mosquitos.

¿En qué momento de la investigación descubres que tienes un libro?
No, en la investigación no. Pero una vez que la cosa se calmó, que lo encontré y se produjo la reconciliación, yo le escribí a Carlos y le dije: "Yo siento que aquí tengo un libro, que hay una historia, pero creo que el libro sería mucho más importante no sólo contando la primera parte, la parte mía en la que investigo, sino tu historia". A mí no me gustan mucho los libros policiales. Entonces, escribir un libro en el que sólo lo encontré no me parecía. Me parecía que el libro podría ser un libro de verdad si Carlos participara. Si él contara el verdadero misterio del asunto, que no era tanto dónde estaba, sino por qué se había ido, por qué se había perdido.

En un momento dudas de seguir con el proyecto del libro...
Si hubo un momento en el que dudé si tenía un libro, si el libro era suficientemente bueno. Y como que la excitación se me quitó. Cuando uno está muy obsesionado por algo y lo encuentras es como que se te va un poco la adrenalina, tú lo sabes. Entonces le dije a Carlos que todo ese tiempo había sido bueno, pero que el libro no valía la pena escribirlo. Pero ahí se produce un gran cambio. Carlos me dice: "Yo tenía muchas ganas que se hiciese el libro". Por qué, le pregunté, si yo escribo el libro muchos secretos tuyos van a salir a la calle. "Sí, pero me gustaría tener una historia". Jamás había esperado que me respondiera eso. Y allí entendí muchas más cosas sobre mí y sobre la literatura. Para la gente al final más importante es la historia. Al final él quería leerse a sí mismo.

Me da curiosidad saber cómo fue aquella escena en la que le muestras el libro a Carlos.
Sí, fue también como una especie de puesta en escena. Fue como planeado, porque yo sabía que podía ser, como dices tú, raro, arriesgado y emotivamente peligroso. Tenía que ser de una manera tranquila. No podía ser un trámite, debía ser un rito. Yo le pedí a mi padre que me acompañara a entregarle el libro a Las Vegas, donde él vive ahora, porque yo sentía que no podía mandarlo por internet. Fuimos a comer a un buen restaurante de un casino. Y nada, hicimos como vida social. Y muy de noche le entregué el manuscrito anillado.

¿Qué te dijo luego de leerlo? ¿Sugirió cambiar algo?
No, no me cambió nada. Lo único que me dijo fue que había unas fechas erróneas. Él estaba muy emocionado, tenía lágrimas en los ojos. Y me dice: "Me entendiste. Ese soy yo. Ahora tengo historia". Como que de pronto las cosas se le habían ordenado y había entendido quién era.

A raíz de tus primeros libros, en los que tocas temas familiares, se generó cierta tensión entre tu familia y tú. ¿Cómo tomaron este libro?
Hubo, como dices tú, tensión, pero por falta quizás mía de inmadurez o de atarantamiento. O de no haber entendido el proceso literario. Yo he aprendido mucho. Entre otras cosas me doy cuenta de que quizás uno siempre debería escribir sin ficción, a pesar de que este libro sigue siendo ficción, sigue siendo una novela. Tal como tú me preguntaste sobre cómo lo tomó Carlos, creo que si él lo hubiera leído en una librería le daba un ataque. Este libro antes de ser publicado también lo leyó mi padre. Y a mi padre también le di todas las oportunidades del caso: le dije que no quería cambiar nada, pero que podíamos negociar. Le dije que había cosas que le podían doler y otras no, pero que era un libro hecho sin venganza. Y que me gustaría que me diera la bendición. Y bueno, me mandó un e-mail a decirme que le había encantado.

*Entrevista publicada en Correo el domingo 29/11/09.
**Pueden ver también una estupenda entrevista en video realizada por Ernesto Arrascue y con cámara de Rosa María Puga en CorreoTV.

Entrevista a MAURICIO VARGAS


Texto y foto: CARLOS M. SOTOMAYOR

No es su primera visita. El colombiano Mauricio Vargas ha aterrizado en el Perú en otras ocasiones. El año pasado, incluso, llegó decidido a conocer el lugar donde el Mariscal Sucre libró la famosa batalla de Ayacucho. "Estuve en el lugar de la batalla casi todo un día", me cuenta Vargas, mientras nos dirigimos a la terraza del hotel donde se hospeda en Lima. Él ha llegado, precisamente, para presentar, en la Feria del Libro Ricardo Palma, su novela El mariscal que vivió de prisa, en la que narra la vida y muerte de Antonio José de Sucre y Alcalá, el conocido Mariscal de Ayacucho."Yo creo que la relación distante y escasa que la literatura latinoamericana ha tenido con la historia latinoamericana tiene que ver un poco con que la primera gran generación de historiadores, del siglo XIX y de la primera mitad del XX, trató a todos esos héroes como óleos. Y ocasionalmente alguno se metía con algún rincón oculto de la vida del héroe. Pero generalmente de su vida íntima, pero no una valoración de su papel histórico. Luego la segunda generación de historiadores, de la segunda mitad del siglo XX, le dio un trato distinto: simplemente los desconoció. Con la lógica del materialismo histórico, y de entender la historia como un proceso en el que los personajes no son importantes, sino los procesos económicos, los modos de producción, todo ese lado socioeconómico. Entonces, pasamos de unos héroes que olían a naftalina a unos héroes que ya no existían porque ya no había héroes. Ambas visiones totalmente equivocadas", señala Vargas.

SUCRE HUMANO
En El mariscal que vivió deprisa (Planeta, 2009), el autor lejos de ceñirse al dato histórico logra humanizar al personaje. Y para lograr eso, le fueron de mucha utilidad el material epistolar. "Una de las principales fuentes para mi trabajo fueron sus cartas -apunta Vargas-. Y las cartas del Mariscal, a diferencia de la de muchos otros líderes políticos, tienen una particularidad: la mayoría son escritas por su puño y letra. Cuando escribe no sólo relatas y analizas los hechos sino que viertes en el texto tus sentimientos. Entonces, fue mucho más fácil porque Sucre me dio los sentimientos que a mí me hubiera costado imaginar o suponer".

LA MUERTE DE SUCRE
La novela empieza con el asesinato de Sucre, hecho que ha generado con los años varias teorías. Sin embargo, la novela señala a José María Obando. "Lo interesante de que sea una novela es que no me vi obligado a dictar sentencia -me dice el autor-. Pero lo que está claro es que Obando lo manda a matar. Yo tengo la absoluta convicción de eso. Y los documentos, todos, apuntan a eso. Las dudas han surgido por razones ideológicas, porque el Partido Liberal colombiano decidieron que, como Obando dizque era liberal, había que defenderlo porque era una obligación política e ideológica. Eso fue lo que confundió un poco las cosas". Sin embargo, Mauricio Vargas señala que más importante es determinar quiénes estuvieron detrás de ese asesinato, instigándolo. "Y allí tenemos a todo ese liderazgo de Santafé de Bogotá, que en el editorial de un periódico pidió el asesinato. Y se lo pidió a Obando. Obando se entera de ese editorial cuando ya había cometido el crimen. Yo creo que si lo leía antes no lo mata, pues ese editorial lo condena para la historia". Una novela recomendable para todo amante de la historia.

*Publicado en Correo el domingo 29/11/09.

martes, 24 de noviembre de 2009

Entrevista a PABLO SIMONETTI


Pablo Simonetti sigue trazando una obra literaria a tener en cuenta. Acaba de aparecer La barrera del pudor (Editorial Norma, 2009), su más reciente novela. De paso por Lima, como parte de una gira promocional, Simonetti nos da detalles sobre esta nueva entrega.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de PÁVEL UGAZ

La barrera del pudor es una novela sobre la libertad sexual de la mujer.
Exactamente. Así fue como la sentí yo. El primer personaje que se me vino a la mente fue Amelia. Y ella en sus circunstancias fue la que llamó a los demás personajes, a sus conflictos, a la evolución de la historia. Entonces, cuando me pregunté por qué estoy siguiendo a esta mujer, me pareció que era una mujer representante de estos tiempos. Se trata de un momento que no se había dado antes en la Historia, en que una mujer está equilibrada en su estatuto de poder en el interior de la pareja. Y además, el dejarse llevar por el instinto sexual no significa una condena de su mundo.

Amelia rompe la barrera del pudor y le da mayor importancia a su disfrute sexual, algo que parecía exclusividad de los hombres 20 años atrás...
Claro, antes el estereotipo era que el hombre siempre tenía deseos y a la mujer le dolía la cabeza. Pero no creo que ella le dé más importancia que a la dimensión espiritual, romántica del amor. Lo que ocurre es que, por primera vez en la historia de la mujer, le confiere importancia a su satisfacción sexual en esta ecuación que está formada por la pertenencia, la seguridad, el amor.

¿Te resultó complicado narrar la novela desde el lado de la mujer?
¿Sabes que no? Sentí que tenía que hacerlo así. Ahora, claro, corrí un riesgo enorme de que no lograra que fuera veraz. Me tranquilicé una vez que las mujeres que leyeron el libro me dijeron que era veraz. Y es que yo nunca vi a Amelia, mientras escribía la novela, como una "otra", sino que trataba de meterme en la piel de ella y escribir desde allí.

Hay en Ezequiel una tendencia a la inacción que domina varios aspectos de su vida...
Él es un hombre de una pasividad bastante notoria que, creo, nace de su biografía. Tiene este padre devorador del cual siempre se ha tenido que defender. Entonces, él se ha convertido finalmente en una persona que contempla, que juzga, que discierne, que critica la existencia pero como que no se involucra, no se mancha, no se embarra, como decimos en Chile. Y me parece como que se siente cómodo con esta especie de retiro de la vida.

Ezequiel es un crítico literario. ¿Cómo es tu relación con los críticos?
Los críticos me fascinan cuando encuentran que mi trabajo es bueno y los detesto profundamente cuando dicen que mi trabajo es malo. Igual trato de aprender de ella. No soy una persona envanecida. Después de pasar el mal trago de una crítica negativa, trato de ver si en esa crítica hay algún valor, algún comentario que me abra un espacio de reflexión sobre mi propio trabajo.

*Entrevista publicada en Correo el martes 24/11/09.

lunes, 9 de noviembre de 2009

STIEG LARSSON


La vida (o sería mejor decir: la muerte) de Stieg Larsson bien podría constituirse en el atractivo argumento de una gran novela. Entregado totalmente a la solitaria actividad creativa (con las penurias económicas que ello conlleva), Larsson fue pergeñando una saga literaria destinada al éxito. Un éxito al que, por una cuestión de tiempo, no pudo acceder. Fumador empedernido -tres cajetillas diarias-, bebedor incontenible de café y adicto del fast-food, Larsson encontró la muerte, tras un fulminante paro cardíaco, mientras subía las escaleras hacia su departamento, en un inalcanzable quinto piso. Transcurría el año 2004 y el escritor sueco apenas contaba con cincuenta años de edad. Lo más trágico del asunto (si cabe la expresión) es que unos días antes había dejado a su editor el tercer volumen de una saga cuya primera parte estaba por publicarse. ¿Podría haber imaginado la resonancia del éxito comercial que su saga lograría de manera casi inmediata? Difícil saberlo. Lo que sí sabemos es que no pudo vivir para conocerlo.

PUGNA LEGAL
Con el éxito comercial -la trilogía ha sido un imán de ventas en Noruega, Inglaterra, Estados Unidos, Suecia, Francia y España-, también han aparecido las odiosas rencillas familiares por la cuantiosa herencia. Sucede que Larsson nunca se casó con Eva Gabrielsson, quien fuera su pareja durante tres décadas. Por ese motivo, las leyes suecas sólo reconocen a su familia (su padre y su hermano) como los únicos herederos de sus bienes. Situación que Gabrielsson considera, a todas luces, injusta. Señala que para que Larsson pudiera escribir, ella había asumido los gastos de ambos con su salario de arquitecta. Erland Larsson, padre del desaparecido escritor, afirma que le ofreció a Gabrielsson un cheque en blanco y que ésta lo rechazó. Lo que Gabrielsson pretende, en realidad, es tener el control del legado literario de Larsson. ¿Cederá alguna de las partes en este litigio que lleva ya buen tiempo? Al parecer no. Añadiremos aquí otro elemento trágico (por lo menos para la legión de incondicionales lectores): habría un cuarto volumen de la saga en la computadora de Larsson que está en manos de Eva Gabrielsson. Sin embargo, ella no podría publicarlo sin la aprobación de los herederos legales de los derechos de Larsson. Tendremos que conformarnos, al menos hasta nuevo aviso, con los tres libros de esta saga que, además de las millonarias ventas, tiene adeptos confesos como Mario Vargas Llosa. La cuarta entrega seguirá siendo todo un misterio.

*Texto publicado en Correo.

viernes, 6 de noviembre de 2009

RICARDO SILVA-SANTISTEBAN inaugurará Congreso literario en Chile


Estupendo poeta, riguroso editor, diestro traductor, gran profesor y mejor persona, Ricardo Silva-Santisteban será el encargado, mediante una charla magistral, de inaugurar el Congreso literario que desde el 19 de noviembre se desarrollará en la ciudad chilena de Rancagua. Participarán expositores de varios países como México, Chile, Argentina, Brasil, EEUU y Ecuador.

*Fotografía tomada por Luis Iparraguirre.

EDUARDO CHIRINOS gana Premio de Poesía "Generación del 27"


Una grata noticia llegó ayer a la sala de redacción del diario donde laboro: mi amigo Eduardo Chirinos obtuvo el Premio Internacional de Poesía Generación del 27. La distinción la recibe en virtud a su nuevo poemario Mientras el lobo está. Quienes apreciamos su obra poética estaremos a la expectativa de la publicación de este premiado trabajo poético.

*Fotografía tomada por Víctor Vásquez.

domingo, 25 de octubre de 2009

Entrevista a JOSÉ ANTONIO BRAVO


José Antonio Bravo obtuvo, con Barrio de broncas, el Premio Nacional de Novela; sin embargo, desde hace varios años ha sido seducido por la historia. Cuando la gloria agoniza y La quimera del éxtasis son dos irrefutables evidencias de sus actuales horizontes creativos. Machipharo (Fondo Editorial de la U. Inca Garcilaso de la Vega), siempre dentro de los linderos del ensayo novelado, combina el suspenso de la trama con el rigor del dato histórico. En esta charla, Bravo nos revela pormenores sobre la escritura de este libro.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de PÁVEL UGAZ

Tú has señalado que tus libros son ensayos novelados...
José Antonio Bravo: Claro, en mi caso yo hago ensayo novelado. El ensayo novelado es una modalidad de la narrativa que generalmente se apoya en la historia, pero que procura establecer ciertos patrones verosímiles (que viene a ser la invención), ciertos patrones de la verdad (que es el discurso de la realidad). La novela histórica y la historia novelada no llevan bibliografía, el ensayo novelado debe llevar bibliografía. Hay que colocar allí, por ejemplo, qué fuentes han servido para el uso del vocabulario.

Requiere mayor rigurosidad formal...
Mira, Umberto Eco, que es un maestro a seguir en este tipo de trabajo, pone hasta apostillas, que tienen que ver con el ensayo novelado. ¿Y las apostillas qué son? Son notas aclaratorias. Hay un personaje que se llama Sgorg, que es un monje ciego que aparece en El nombre de la rosa, y que cuida la biblioteca. Entonces, Eco en sus apostillas dice que ese personaje no es otro que Borges. Es un homenaje a él.

¿Cómo surge Machipharo?
La novela tiene dos vertientes: una tiene que ver con Antonio de León Pinelo que escribió una crónica muy grande de mil páginas en donde demuestra que el Paraíso sí estuvo en América. Y que además la fruta no fue la manzana, sino el plátano. Pero claro, nadie lee mil páginas de crónicas, porque es sintaxis compleja. Y por otro lado, la Biblia, que habla de cuatro ríos del Paraíso.

Quien te sugiere escribir esta historia fue José Saramago, ¿verdad?
Sí, sucede que yo hablé de Antonio de León Pinelo en un Encuentro de escritores que hubo en Oporto. Y tuve la suerte de ser el primero en hablar en una mesa en la que estaba José Saramago y Jorge Couto. Y cuando le tocó hablar a Saramago, me miró y me dijo: "León Pinelo, el Paraíso en el nuevo mundo. Bravo, tiene ahí una novela". Pero en ese momento no agarré el disparo, me di cuenta dos o tres años después.

¿Cuánto tiempo te demandó escribir el libro? Uno encuentra en él mucha información, incluso gastronómica...
Claro, mira, casi 30 años. Porque esto no viene solo. Viene porque antes escribí Cuando la gloria agoniza y La quimera y el éxtasis. Esto es parte de un paquete grande. Después de éste va a venir La monja alférez y después Los caballeros de la capa.

¿Qué te seduce de aquella época, del siglo XVI?
La cólera. A mí me dio cólera, uno, que Ricardo Palma no hubiera escrito una novela; escribió tradiciones. Dos, que Ricardo Palma dijera que sí había escrito una novela llamada Los marañones y que los chilenos la quemaron en la guerra con Chile. Y bueno, yo he estudiado eso bastante y me parece que es una mentira de Ricardo Palma. Pero bueno, era bonito decir que la había escrito. Y tres, que teniendo tanto material con las crónicas e, inclusive, con las Tradiciones de Ricardo Palma, no surgiera como movimiento perfecto para el Perú la aparición de novelistas históricos. Entonces, reinventar la historia, es decir, la verdad pasada, para mí es un juego, una diversión.

*Entrevista publicada en Correo el domingo 25/10/09.

martes, 20 de octubre de 2009

Entrevista a ALONSO CUETO sobre JUAN CARLOS ONETTI


Alonso Cueto no es sólo un escritor reconocido, es también un lector voraz y acucioso. Confeso admirador de Juan Carlos Onetti, Cueto ha pergeñado en JCO: El soñador en la penumbra (Fondo de Cultura Económica, 2009) un diligente estudio sobre la obra del escritor uruguayo.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

¿Qué significó para ti, en 1979, conocer a Onetti, un escritor al que admiras?
Fue un encuentro importante. Yo ya era un lector devoto de Onetti. Y posiblemente no me hubiera atrevido a tener la iniciativa de conocerlo yo mismo, pero en esa época yo me ganaba la vida haciendo entrevistas para el Diario 16. Un amigo, Félix Grande, me dijo que en esos días estaba de buen humor. Cuando fui a verlo me recibió su esposa, y al poco rato apareció él, quien estaba leyendo una biografía de Raymond Chandler. Se quejaba porque había prestado a alguien ese libro, y lo habían devuelto en malas condiciones. Y me comentó sobre cómo Chandler había tenido una vida tan complicada. Que se había querido suicidar, pero había fallado el tiro. Y en esos días habían dado el Halcón maltés y hablamos de Bogart. Entonces, su esposa me dijo: por qué no le conversa de esas cosas.

¿Te dio algún consejo literario?
Yo le conté que en esa época escribía cuentos. Entonces me dio un consejo que no he olvidado: uno siempre debe escribir algo que es más bello que el silencio, que es más interesante que el silencio. También le conté que una oportunidad habíamos estado juntos en una reunión, pero que yo no me animé a acercarme a decirle cuánto lo admiraba. Le dije, además: usted debe estar harto de que se lo digan. Y él me respondió que yo debí haberme acercado porque la vanidad de un escritor no tiene límites.

Onetti proyectaba hacia fuera una imagen de huraño. Sin embargo, Vargas Llosa ha dicho que él era, en realidad, una persona frágil, vulnerable, que se escudaba en su hosquedad...
Sí, era un ser vulnerable, frágil y, además, era una persona muy sensible. Y, además, como descubrí ese día, era un tipo con mucho humor. Recuerdo mucho que un tipo que lo vio en una reunión me dijo que le parecía que no había nada falso en él. Tú ves en su narrativa una necesidad de expresión de lo esencial. Si hay algo que he aprendido con Onetti, que su narrativa establece, es que los seres humanos no pueden vivir sin sueños, sin soñar, sin los rituales del sueño. Y por otro lado, que algunas veces los seres humanos estamos más vinculados por el rencor, el odio, la venganza, que incluso por el amor.

Unas de las características de los personajes de Onetti son el escepticismo y el fracaso.
Sí, es un escepticismo frente a la realidad. Y al mismo tiempo es una afirmación de las posibilidades del sueño y del ritual del sueño. Por ejemplo, "La novia robada": la mujer se entera de la muerte de su novio, y desde entonces se pasea por el pueblo vestida con un traje de novia, que ya después de un tiempo está maltratado, sucio y roto. Pero ella sigue firme con el ideal frente a la muerte de su novio. Por supuesto se trata de una mujer ya enloquecida. Entonces, muchas veces esta afirmación del sueño supone la muerte o la locura. Es decir, la única manera que tú tienes de afirmar tus sueños en el mundo es enloqucer o perecer.

Es el destino del naufragio que es inevitable...
Sí, pero de algún modo está el tema de que los sueños son un instinto natural en el ser humano, como comer o respirar. No podemos dejar de imaginar. Y no podemos dejar de querer ser otros. Y no nos resignamos nunca, siempre soñamos con ser otros.

Otro tema recurrente en su obra es la relación entre la juventud y la vejez...
Sí, eso es bien interesante. Hay un libro de Ingenieros que apareció a comienzos del siglo XX: El hombre mediocre. Ese libro quiere demostrar que los viejos son seres moralmente incapacitados por su decadencia física, que coincide con una decadencia moral. Y lo afirma el súper hombre, que es el joven, que es toda la tradición de González Prada. Este es un tema que aparece en Onetti, sobre todo en el caso de las mujeres jóvenes.

La imagen que se tiene de los últimos años de Onetti es la de un ermitaño, recluido en su cama, en España...
Hay la leyenda de que él vivió en cama. Su mujer, Dolly, ha explicado varias veces que, finalmente, se trató de un asunto de conveniencia. Era más cómodo estar en cama, leer en cama. Esto pertenece a un hombre que nunca se interesó en la vida social. Las pocas veces que salía eran ocasiones muy importantes. Por ejemplo, cuando le dieron el Premio Cervantes. Por otro lado creo que allí también hay una lección para un escritor. Yo creo que un escritor vive desde afuera hacia adentro, no al revés. Es decir, vive asimilando lo que pasa en el mundo, lo procesa y lo convierte en una novela, un poema o una obra de teatro. La literatura es un asunto que ocurre en la soledad.


*Publicado en Correo el domingo 18/10/09.
**La fotografía que aparece aquí -que tomé yo- no aparece en la versión impresa.

martes, 6 de octubre de 2009

FONSECA: Diario de un libertino


Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

Un nuevo libro de Rubem Fonseca aterrizó en mi mesa de noche hace un par de semanas. No se trata de su último trabajo creativo –que es Ella y otras mujeres (Norma, 2008) –, sino de uno anterior: Diario de un libertino (Norma, 2005). Arribé a la literatura de Rubem Fonseca hace varios años (creo haberlo contado antes) por recomendación de Rubén Silva. Era el último día de una Feria Internacional del Libro –que en esa época se realizaba de la Av. La Marina– y yo me encontraba en el stand de la editorial Norma con el firme propósito de comprarme algo nuevo, aprovechando las ofertas de fin de feria. Así adquirí, recuerdo, el conjunto de relatos Historias de amor y la novela Y de este mundo prostituto y vano sólo quise un cigarro entre mi mano.


Ha pasado mucho tiempo desde aquellos días. He leído otros tantos títulos de este gran escritor brasileño –distinguido nada menos que con el Premio Internacional Juan Rulfo– y ahora, me reencuentro con él a través de Diario de un libertino, novela cuya lectura he disfrutado. El protagonista es Rufus, un escritor que tuvo un gran éxito con su primera novela y que, tras la poca resonancia de sus libros posteriores, planea escribir una Bildungsroman. Sin embargo, emprende la escritura de un diario personal. Es así que nos adentramos en su peculiar existencia: su relación pasional y amoral con sus amantes. Y luego el peligroso triángulo sentimental en el que participa con una madre y su hija. Situación que le acarreará, posteriormente, una acusación de violación.

Por otro lado, encontramos en el diario una serie de reflexiones del autor sobre la creación y, sobre todo, sobre lo que él llama el “síndrome de Zuckerman”: que consiste en que los lectores –incluso los críticos literarios– asumen que el protagonista de las novelas es el mismo autor. Diario de un libertino es, sin dudas, un libro que se lee con verdadero deleite.


domingo, 4 de octubre de 2009

PAOLO GIORDANO: La soledad de los números primos


Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

La novela, como me ocurre en ocasiones, aterrizó en mi velador de manera inesperada. Más aún tratándose de una ópera prima. Confieso que no tenía mayores referencias de su autor, el italiano Paolo Giordano, un joven licenciado en Física teórica. Y, confieso, además, la escasa curiosidad que me despertaba el hecho, palpable e ineludible, de que su novela, La soledad de los números primos (Salamandra, 2009), se había convertido, en poco tiempo, en un rotundo éxito de ventas: primero en Italia y, luego, a partir de su traducción castellana, en toda España. Mi interés tuvo otro derrotero. Recorríamos con Ericka la sección de novedades de una librería cuando ella dio con la novela de Giordano. Luego de revisar la contracarátula, me extendió el ejemplar y anunció, casi proféticamente: “Esta novela te va a gustar”. La adquirí casi sin pensarlo.
Conocedora de mis predilecciones literarias, no se equivocó. La novela en cuestión luce un ingrediente que me cautiva: personajes perturbados enfrentados contra un orden en el que no encajan. Y es que Giordano nos presenta a dos personajes, Alice y Mattia, quienes guardan un inenarrable secreto que convive con ellos, desde la infancia, casi como una pesada cruz. Alice sufre un terrible accidente de esquí -deporte que practicaba instigada por su padre- que le deja como secuela una notoria cojera. Y Mattia, por su parte, debe convivir con la culpa de la desaparición de su hermana gemela cuando eran niños.
A través de una prosa limpia y directa, Giordano nos va relatando ambas historias de manera paralela hasta que se entrecruzan. Surge así una íntima amistad entre ellos, una especie de necesaria complicidad en la cual guarecerse de la incomprensión del resto. Sin embargo, trasponer los límites de aquella amistad, hacia una relación sentimental, parece complicado entre estos dos personajes que, como los números primos, permanecen próximos, mas no se llegan a tocar. Una novela que atrapa desde un inicia y que presagia, en su autor, una futura entrega con iguales o mayores aciertos.


*Texto publicado en Correo el viernes 02/10/09.

jueves, 17 de setiembre de 2009

Entrevista a CARLOS THORNE


Carlos Thorne expone lo mejor de su erudición al reunir sus ensayos sobre literatura en Las flechas del guerrero (Ediciones Copé, 2009). El libro abarca cuarenta años de intensa actividad ensayística.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de VÍCTOR VÁSQUEZ

¿Qué le anima a reunir sus ensayos literarios?
Hay un momento en el que uno descubre, de pronto, el paso de los años. Y ese momento empuja a un escritor a recordar su pasado. Y fundamentalmente lo que ha escrito a lo largo de esos momentos en los que se entregó a la literatura con toda pasión. Pues bien, esa es la razón por la cual he reunido en este libro gran parte de mi obra ensayística: para que se difunda. Es un libro que recoge múltiples experiencias a través de cuarenta años de escritura.

En el libro reflexiona sobre el compromiso del escritor...
El escritor es testigo de su tiempo. Por eso está llamado a expresar su visión del mundo, su visión de la época. Yo creo que el escritor debe tener, de una forma u otra, un orden ético. Claro que para ser un gran escritor no se requiere que sea un moralista, al contrario. Pero lo ético es preocuparse por el hombre. Y cuando uno cuenta, relato o reflexiona sobre el hombre está aportando a la cultura, tanto de su país como del mundo, algo valioso. De otro lado, el escritor debe entretener a sus lectores para que éstos lo lean.

¿Y el lenguaje?
El escritor debe siempre estar preocupado por el manejo de la lengua que revela que es un escritor. Todos manejamos la lengua, pero el escritor le añade un plus, un ritmo interior, y también secretos pensamientos que se revelan a través de la palabra. Eso es importante. Por eso un escritor sigue siendo tal, y no un mero escribidor.

Usted señala además que el escritor debe escribir con libertad...
El escritor debe escribir siempre con entera libertad. Para decir lo que piensa sobre sí y sobre los otros. Sobre el mundo, sobre la sociedad, sobre la guerra, sobre el amor, sobre el erotismo... todo ese mundo o submundo que yace en las profundidades del alma humana.

La literatura no pretende imitar la realidad, ¿verdad?
Claro, la literatura no es imitación de la realidad, porque construye un mundo, diríamos hasta paralelo, que integra al mundo de la realidad. El escritor al construir un mundo paralelo ha interpretado esa realidad. Y esa interpretación de la realidad es válida. Porque lo que le interesa al hombre es conocerse a sí mismo, porque conociéndose a sí mismo puede conocer a los otros.

*Entrevista publicada en Correo.

HINOSTROZA: Obra reunida


Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

La primera vez que lo vi, no supe bien de quién se trataba. Yo era aún un adolescente, ensimismado entre libros y canciones, y aquel era, en ese preciso momento, tan sólo un individuo con el que me crucé en mi rauda salida de casa. Y quien se ofreció, muy gentilmente, a darme un "aventón" en su nada poético Volkswagen escarabajo de color naranja.

Me enteraría, horas después, que aquel amigo de mi padre, de estentórea voz y amable mirada, era el autor de un par de libros que yo, no hacía mucho, había devorado con el desbordante entusiasmo de mi caótico y desordenado apetito lector. Consejero del lobo y Contra Natura habían sido furtivamente sustraídos meses atrás de la biblioteca paterna y, junto a un walkman, unos casetes de Sui Géneris y algunos otros libros más, habían hallado cobijo en mi mochila de joven errante. Muchos poemas se volvieron, en mi caso, memorables. "Gambito de rey", por ejemplo, de donde se desprenden estos versos: "Supuse que volviendo/ agradaría a todos si es que hablaba de amor y alegría/ aunque malditas las ganas que me quedaban, pero aquí huyen/ del melancólico como del apestado en el S. XIV".

La segunda vez, no sólo sabía ya quién era: acababa de leer, casi desaforadamente, Fata morgana, una novela suya que estaba por publicarse y cuya carátula había sido diseñada por mi padre. Una estupenda novela signada por el psicoanálisis.

Rodolfo Hinostroza está próximo a cumplir setenta años (en el 2011) y el joven poeta y editor Víctor Ruiz (de Lustra editores) ha tenido la plausible idea de reunir y publicar su obra completa: que es vasta y de reconocida calidad. Su poesía, de brillante y complejo tejido verbal, no sólo se reduce a sus celebrados primeros poemarios: hay que añadir Memorial de casa grande y Nudo Borromeo y otros poemas.

Su prosa, por otro lado, también ostenta un altísimo nivel. No sólo por novelas como Aprendizaje de la limpieza y Fata morgana, que he leído con fruición, sino también por sus cuentos, que han sido reunidos en el primer volumen de sus obras completas. Han pasado muchos años desde aquella primera vez. Y, sin embargo, no puedo evitar, en cada nuevo encuentro, rememorar aquellas escenas primigenias. De la misma manera que me resultan inolvidables muchos de sus versos.

*Publicado en Correo.