jueves, 26 de febrero de 2009

Entrevista a SIU KAM WEN


Considerado un autor de culto, Siu Kam Wen se encuentra en Lima para presentar la reedición de su ópera prima El tramo final (Ed. Casatomada, 2009) y su última novela La vida no es una tómbola (Fondo editorial de la UNMSM, 2009).

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de GISELLA SAN MIGUEL

Usted empieza a escribir literatura de manera precoz, desde que era un niño…
Sí, pero en chino, no en castellano. Empecé a escribir en castellano recién cuando había cumplido 29 años.

¿Qué lo hizo tomaresa determinación?
Me di cuenta de que si yo escribía en chino no tendría mucho público. Y estando en el Perú, creo que uno debe de hacer el intento para escribir para un público local.

Ahora que se reedita su primer libro, El tramo final, ¿qué recuerda de aquella época?
Fue una época bastante movida, porque fueron los años de Velasco. La economía estaba mal, y yo estudiaba Contabilidad en San Marcos de noche. Pero un día pasé por el pabellón de Letras y vi un afiche que anunciaba un concurso de cuentos. Entonces, regresé a casa y empecé a escribir el primer cuento del libro, "El deterioro".

Los cuentos son sobre lacolonia china en el Perú...
Yo creo que hice una elección bastante apropiada, porque yo antes de escribir ese primer cuento ("El deterioro"), había hecho unos intentos de escritura. Trataba de imitar a Borges y escribía cuentos fantásticos, pero no me salía nada. Hasta que un día leí una novela de Isaac Goldemberg. Entonces pensé: si a mí, como un extranjero, me interesaba leer sobre los judíos, ¿por qué no puedo escribir sobre los chinos y tener lectores peruanos?

También presentará en Lima su más reciente novela, La vida no es una tómbola. ¿Es el más autobiográfico de sus libros?
Sí, es lo más autobiográfico que he escrito. Hay tres personajes principales en la novela: uno es Héctor, otro es el tío Elías y la otra es una chica llamada Maggie. El personaje Héctor está basado en mi experiencia.

Y es el mismo Héctor del cuento "El deterioro"…
Exactamente. Porque me dije: para qué me voy a inventar otro nombre y otras situaciones si todo el mundo va a saber que está basada en mí (risas).

¿Cómo es su relacióncon el Perú?
Salvo La estatua en el jardín, que transcurre en París, todos mis libros están ambientados en el Perú. Por ejemplo, hace poco escribí una novela basada en un hecho ocurrido en Hawai, sin embargo, no pude escribir ese libro ambientándolo en Hawái, sino que tuve que reubicar la acción en el Perú de los años setenta. No sé si llamarlo nostalgia.

¿Se considera peruano?
Ese es un tema que yo siempre eludo (risas). Por nacionalidad yo soy norteamericano, por nacimiento soy chino, pero por afecto soy peruano. Mira, como individuo me pueden calificar como chino, o como chino nacionalizado norteamericano, pero como escritor, yo me considero un escritor peruano.

*Entrevista publicada en Correo hoy jueves 26/02/09.

Carta al padre


Soy un hombre colmado de nostalgias. No lo puedo evitar. Los recuerdos suelen abordarme así, de buenas a primeras, sin contemplaciones ni aviso. Los buenos y los malos. Conmigo no funciona aquella recurrente frase de “pasar la página”. Al contrario, como ya mencioné, estas páginas, provenientes de mi propio pasado personal, terminan entrecruzándose con las presentes, con las que uno va llenando al ritmo trepidante de los tiempos modernos.
Hace poco, una imagen irrumpió la aparente tranquilidad vespertina. Y así, como quien visiona la proyección de una película, algo gastada por los años, me vi en ella. Tras rápida elucubración deductiva advierto que debo tener unos seis o siete años. El reloj debe marcar las 9 de la mañana. Mi madre no se encuentra: la lógica me dice que ha salido de casa muy temprano para ir a trabajar. Sólo estamos mi padre y yo, tendidos en su cama, mirando la televisión y deleitándonos con las hilarantes ocurrencias del agente secreto Cool McCool, aquel dibujo animado que pregonaba amar el peligro. De pequeño uno suele ser temeroso, pero en esos momentos, junto a mi padre, mirando los dibujos animados matutinos (recuerdo también los dibujos de los Beatles, con el tontuelo de Ringo), el peligro externo, el de la calle, simplemente no existía. Yo era un niño y sólo importaba la imaginación. Y yo imaginaba ser Cool McColl e imaginaba que mi padre era el padre de Cool McCool, aquel policía de uniforme, con bigote y sombrero. Los bigotes paternos como que ayudaban.
Cuando era adolescente y estaba próximo a terminar la secundaria, recuerdo que era lugar común en muchos miembros del clan familiar pronosticar que estudiaría lo mismo que mi padre y que sería un gran diseñador como lo es él. Y aunque, viéndolo a la distancia, habían ciertos indicios (de niño jugaba a diseñar un diario que bauticé como “El super”), yo era un rebelde que clamaba su propia individualidad. No me dediqué al diseño, y sin embargo, no puedo evitar tener un juicio estético cuando leo una revista, un diario o un libro.
Uno crece y va descubriendo algo que, analizándolo sesudamente, resulta bastante obvio: uno empieza a reconocer al padre en nosotros mismos. No mencionaré el temperamento silencioso e introspectivo que poseemos, pues creo que resulta evidente. Se me vienen a la mente otros aspectos. Ambos compartimos, por ejemplo, una gran pasión por la lectura. Una pasión que se la debo, en gran medida, a él. Sobre todo cuando me sugirió (nunca fue una imposición) leer El hombre invisible. Tendría unos doce años, aproximadamente; y lo que llamó mi atención de ese libro no fue lo anecdótico de que fuese invisible el personaje, sino el profundo drama del protagonista por ser distinto y ser rechazado por una sociedad ignorante e intolerante. Mi afición por los Comics también se la debo a él. La música siempre ha sido muy importante en mi vida, y esa tendencia melómana también tiene su origen en él, en su propia pasión por la música y por coleccionar discos. Quizás no sería tan fan de los Beatles, de Silvio Rodríguez o de Charly García sino los hubiese descubierto entre sus discos. O, incluso, de Andrés Calamaro, si él no hubiese llegado un día con unos discos de Los Rodríguez.
Hace poco hice un nuevo descubrimiento. Escribo una novela y a mi personaje, como a mí, le apasiona llevar a todas partes una libreta de notas. Quise encontrarle a mi protagonista el origen de aquella afición y terminé, sin darme cuenta, encontrando el origen de la mía. Una de las cosas que admiraba de mi padre cuando era niño, era que llevase (¡como lo hago yo ahora! –otro descubrimiento-) varios bolígrafos, de distinto tipo y color, en el bolsillo de la camisa. Pero no sólo era esto. También llevaba consigo una libreta de hojas cuadriculadas, en la que no sólo hacía anotaciones sino que, además, trazaba bocetos (envidio su caligrafía, además). Yo hago algo similar, anoto frases y boceteo cuentos. Aunque en mi caso prefiero, eso sí, las hojas totalmente blancas.
Hoy, 26 de febrero, mi padre cumple años. Y este texto, plagado de recuerdos nostálgicos, es mi manera –algo extraña para algunos- de decirle cuanto lo quiero y cuanto lo admiro. Feliz día, Carso.

martes, 24 de febrero de 2009

SUMALAVIA por MARKS


Desde hace mucho suelo ser un asiduo lector de las reseñas y de los comentarios que sobre algún libro en particular se publican en la prensa peruana e internacional. Me parece un interesante ejercicio comparativo, una especie de diálogo silencioso con otro lector, muchas veces más diligente que uno. Aunque, claro, con el que no necesariamente esté uno de acuerdo. Así, he llegado a leer con atención al chileno Camilo Marks, un crítico al que no le tiembla el pulso a la hora de hacer trizas los libros que no son de su agrado. Es por esto mismo que me resulta muy grato leer el favorable comentario que Marks ha escrito en El mercurio sobre la novela de mi amigo Ricardo Sumalavia. Pueden leerlo haciendo click aquí.
Por otro lado, Ricardo ha escrito un breve pero interesante texto sobre su gusto literario por Patrick Modiano. Pueden leerlo haciendo click aquí.

Entrevista a MIGUEL GUTIÉRREZ


Ocho años después de la aparición de El mundo sin Xóchitl, Miguel Gutiérrez reaparece con una nueva novela. Se trata de Confesiones de Tamara Fiol (Alfaguara, 2009), una novela que, al mismo tiempo de narrar la historia de este singular personaje, nos brinda un recorrido histórico por el Perú de inicios del siglo veinte hasta los albores de la década del noventa.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Ilustración de IVÁN PALOMINO

Tamara Fiol está inspirada en una mujer que usted conoció, ¿verdad?
Sí, hay un fondo real en el origen de la historia, digamos. Conocí a una mujer con un pasado como el de Tamara Fiol, mi personaje ficticio, que tuvo, además, una relación de amor complicada con otro personaje. Y esta mujer tuvo un accidente cuando tendría 28 o 30 años. Era una mujer encantadora, vital, muy cordial, además. Después de su accidente nuestra amistad se fue profundizando. Entonces me vino la idea, probablemente en los años 80, de escribir una novela a partir de su vida. Pero había algo que me inhibía: el hecho de que estuvieran vivos los personajes. Pero hace unos 5 o 6 años ella falleció, y también falleció el que fue su pareja. Esa es la base real, pero por supuesto luego viene la invención.

¿Y en cuanto a la arquitectura de la novela…?
Bueno, otra fuente, de la que me he dado cuenta después, ha sido una novela que intenté escribir por el año 1966. Incluso se publicó un capítulo largo en una revista que dirigía Milla Batres. Y era la historia de diez personajes nacidos entre 1930 y 1945 en diferentes partes del país y de diferentes clases sociales. Tenía un gran modelo: John Dos Passos. Se trataba de diez vidas que se entrecruzan, pero que tenían como característica que todos ellos, hombres y mujeres, en algún momento de sus vidas la pasión política juega un rol decisivo en sus proyectos de vida. Escribí una buena cantidad de páginas, pero no pude avanzar más allá pues en ese momento el tema me rebasaba. Y cuando terminé esta novela me he dado cuenta de que en cierta forma realiza en pequeño ese ambicioso proyecto. Claro, en vez de contar la vida de diez personajes he retratado la vida de dos.

¿Eligió como narrador al estadounidense Morgan para tener una mirada imparcial de la vida deTamara?
Claro. Hubo dos elementos que me hicieron decidir darle el papel de narrador a Morgan. En primer lugar, esa mirada exterior, más objetiva, más imparcial. Aunque después Morgan se va metiendo a la historia. Por otro lado, el hecho de que sea un reportero de guerra con experiencia en otros escenarios hace que este reportaje, que luego se transforma en una novela, se una a toda su labor de cronista de guerra. De modo que lo que acontece en el Perú es parte también de la violencia que ha habido en el mundo durante todo el siglo XX.

Tamara de alguna manera va en contra de ciertos radicalismos, por ejemplo, ella sí baila las canciones de Celia Cruz, algo que sus compañeros, por sus dogmatismos, no harían…
Claro, como esa gente que, en otro nivel, se niega a leer a Borges acusándolo de reaccionario.

En su obra novelísticasiempre ha sido importanteel contexto histórico…
Claro, yo pienso que esa es parte de mi manera de concebir la vida y también la novela. Yo siempre he dicho que hay dos grandes modelos en la novela: Tolstoi y Dostoievski. Los aspectos dramáticos, trágicos de la existencia están en la obra de Dostoievski. Pero Tolstoi le da esa dimensión épica; es decir, el devenir, el paso del tiempo, de los procesos sociales. Y yo he tratado de hacer eso. Yo no concibo que el contexto no juegue un rol decisivo en la formación de una personalidad.

Por otro lado, sé que en los últimos años cultivó una entrañable amistad con el desaparecido Pepe Adolph…
Lo interesante de esa amistad es que supuestamente por cuestiones políticas éramos adversarios. Con Pepe nunca hemos discutido por temas políticos, pero hemos compartido muchas ideas en cuanto al arte. Hace muchos años Pepe Adolph criticó al grupo Narración. Criticó sus ideas políticas, porque tenía todo su derecho, pero rescataba la obra creativa de cada quien. En el caso mío: El viejo saurio se retira, que era mi primera novela. Me hubiese gustado que él presentara Confesiones de Tamara Fiol.

*Entrevista publicada en Correo el miércoles 25 de febrero.

lunes, 9 de febrero de 2009

AMPUERO reeditado


Más que en la novela, creo que es en el relato corto donde Fernando Ampuero muestra sus mayores virtudes. La editorial Planeta acaba de reeditar Bicho raro en una bien cuidada edición. Tarcila (de Planeta) me acaba de pasar el afiche promocional.

"Las muertes de Emilio" de VÍCTOR ANDRÉS PONCE


Tres grandes amigos. Entrañables e inseparables cómplices que se conocieron siendo estudiantes de un colegio nacional, tendrán que transitar luego por caminos distintos: Mario recalará en un grupo terrorista, Enrique se unirá a las fuerzas del orden y Emilio, el protagonista, se convertirá en un flamante periodista. Así se irá desplegando la trama de Las muertes de Emilio (Norma, 2008), la más reciente novela del escritor Víctor Andrés Ponce.
Tal como sucedió en De amor y de guerra, su libro anterior, la violencia política reaparece como una preocupación temática del autor. Sin embargo, hay otros hilos argumentales que se entrelazan con la antes mencionada: la presencia de Emilio en un diario importante y emblemático como El excelsior (una proyección ficcional del diario Expreso). De esta manera el narrador nos irá mostrando el detrás de bambalinas de un medio de comunicación que será arrastrado por la insania del poder corrupto. Ponce luce gran destreza al momento de representar las luchas de poderes en el interior de Excelsior. Y son quizás esos momentos, junto a los de la separación de los tres amigos, los más logrados de la novela. Una novela que adolece de cierto abuso retórico y cierta propensión a innecesarias metáforas epopéyicas (“… y se reunieron con él para organizar la artillería encargada de quebrar las últimas resistencias de Manuel Dargento, quien continuaba lanzando piedras desde el último torreón que todavía controlaba”). Sin embargo, cuando la prosa de Ponce se despercude de esto gana en intensidad. Se trata de un autor que, creo yo, tiene a su favor el ser una fuente inagotable de historias. En resumen: tiene cosas que decir. Y eso no es frecuente en la literatura reciente.

domingo, 1 de febrero de 2009

Entrevista a ANTONIO CISNEROS


Antonio Cisneros define sus viajes como aventuras culturales. Los viajes del buen salvaje (Editorial Peisa), libro que recoge sus crónicas, nos revela las peculiaridades de ciudades disímiles como Budapest o Tokio, a través de la mirada aguda del poeta.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Ilustración de IVÁN PALOMINO

Los viajes han sido y son muy importantes en tu vida.
Sin ser una propuesta de vida, como de algún modo lo es en el caso de Conrad, ni tampoco una propuesta temática, como en el caso de Salgari. Sin darme cuenta he ido viajando y viviendo fuera mucho tiempo de mi vida. Y el viaje, como una aventura espiritual, es tan común en todos los jóvenes, pero en realidad, en un momento dado quieres vivir en otra parte, que es como vivir otra de tus vidas posibles. Y hay esa tradición peruana, y latinoamericana, de viajar y establecerte en Europa. Basta ver los pasos de Vallejo, o los de tanta gente que se fueron por muchos años y que últimamente van y vuelven, como Vargas Llosa y Bryce.

Tú has vivido fuera en varias oportunidades, pero nunca con la intención de quedarte.
Es cierto. Y creo que en mi época casi nadie que se iba pensaba quedarse fuera. Casi todo el mundo iba con la idea de regresar, porque a diferencia de los viajes por necesidad -exilio o pobreza-, la aventura cultural tiene la ilusión de que tú puedes manejarla. Ahora, es cierto que hay gente que se ha ido quedando y que luego les ha costado volver. A mí mismo, por ejemplo. A mi sétimo año, cuando vivía en Niza, me daba más trabajo volver. Tengo un poema que se llama "Otra vez el invierno + dos indios de Alfredo Bryce" y que lleva un epígrafe de Bryce que dice: "Regreso al Perú, dijo sonriente y optimista. La sonrisa y el optimismo le quedaban muy mal". Pero nunca he tenido la intención de vivir fuera.

Los viajes están muy presentes en tu obra poética.
Sí, varios de mis poemarios serían otra forma de crónicas de viaje. Aunque claro, no serían crónicas de viaje porque en ellos no importa el desplazamiento sino el viaje interior. Pero sí son un buen punto de partida o un pretexto los lugares. Canto ceremonial contra un oso hormiguero es Inglaterra, Como higuera en un campo de golf es Francia, El libro de Dios y de los húngaros es Hungría, Monólogo de la casta Susana es Alemania. Más que los viajes, lo importante es vivir fuera: volver a hacerte un mundo de vecinos, de bodegas que te fían. Volver a hacerte otra vida, en realidad. Y uno se acostumbra a todo.

Otro tema recurrente en tu poesía es la familia…
Tengo poemas sobre el nacimiento de mi hija Soledad, sobre el nacimiento de Diego Cisneros, sobre la distancia entre Diego Cisneros y yo cuando me he ido de viaje, sobre el viaje de mi hija Alejandra. La familia es fundamental. Y yo soy fundamentalmente doméstico. Hay muchos mitos urbanos sobre mi persona. Pero la realidad es que soy una persona absolutamente doméstica, en estos momentos soy un feliz esposo, padre y abuelo de cinco nietos.

¿Qué recuerdas del Antonio Cisneros de Destierro, tu primer poemario?
Es una maravilla, porque el libro es prácticamente lo de menos, lo demás es el poeta. Es mi primer libro, lo publica Javier Sologuren en La rama florida: 300 ejemplares. Yo creía que realmente ese libro tenía que ser leído y apreciado. Y andaba por la calle con la sensación de que en cualquier momento alguien se me iba a acercar para que le esclareciera alguna metáfora oscura o un verso un poco complicado. Una vez en la librería Studium vi a un tipo que hojeó mi libro y lo compró. Seguí al tipo por todo Camaná, me subí a su ómnibus: quería saber cómo era mi lector. Ese era yo a los 18 años.

Si no me equivoco es Mario Benedetti quien te convence para enviar tu libro Canto ceremonial contra un oso hormiguero al Premio Casa de las Américas, que finalmente ganas.
Es verdad. Porque yo fui invitado a Cuba a un encuentro mundial, al que fueron Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre. Yo tenía los poemas que iban a conformar el libro, y Mario Benedetti tuvo buen ojo, curiosamente el ojo que no tiene para ver su propia poesía. Entonces regresé a Londres donde vivía, ajusté algunas cosas, y lo mandé.

En Hungría, si no me equivoco, tuviste un momento de reconciliación con la religión…
Yo tendría 32 años. Y un día de lluvia en Budapest, en el que tenía para escoger entre entrar en una iglesia o entrar en una cantina, finalmente entré a la iglesia. Estaban en misa vespertina, en húngaro. Y quizás por eso, porque la profunda espiritualidad es un acto sin palabras es que no era importante que yo entendiera al sacerdote haciendo la misa en húngaro.

*Entrevista publicada en Correo el domingo 01/02/09.

jueves, 29 de enero de 2009

Entrevista a RAY LORIGA


Novelista y cineasta. Ray Loriga transita, con inusitada naturalidad, entre la literatura y el cine. Acaba de aparecer en España su nueva novela Ya sólo habla de amor y en Lima se han reeditado, vía Alfaguara, sus libros Lo peor de todo y Tokio ya no nos quiere.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía: Cortesía de ALFAGUARA

Tú escribes novelas, pero también escribes y diriges películas. ¿Qué satisfacciones te da cada género?
Ninguna… (risas). Diría que ninguna. En todo caso, ver las películas de los demás y leer los libros de los demás. Escribirlos es otra cosa.

¿Cómo se da en tu caso el proceso creativo? Cuando surge una idea, ¿en qué momento te das cuenta que funcionaría mejor en una novela o en una película?
Normalmente, son como niños distintos, cada uno viene con su nombre. Cuando una historia pertenece al cine, en el momento en que la pienso viene con imágenes visuales que luego intento reconstruir. Parece muy bobo, pero es así de fácil.

Y en el caso de tu novela Caídos del cielo, ¿cuando la escribías ya pensabas en filmarla luego?
Caídos del cielo es el único caso curioso en ese sentido. Porque venía como una novela basada en muchas películas que me gustaban. Y se convirtió en una novela, en una especie de pop-fiction, refiriéndome a literatura de género que quería reinterpretar en un libro. Y luego volvió a ser lo que había sido en un principio: una película.

Alfaguara ha reeditado Lo peor de todo, tu primera novela. ¿Cómo la ves a la distancia?
La he vuelto a leer para la reedición, pero no la he tocado. No he retocado nada. Pero me parece la novela de otro escritor. Reconozco cosas, recuerdo cosas, pero no sería capaz de escribirla ahora. Es como la novela de un tipo que se me parece.

Acabas de publicar en España Ya sólo habla de amor. ¿Cómo surge esa novela?
En realidad surgió por una casualidad. Surgió por una llamada de Enrique Vila-Matas, quien me llamó para participar en un congreso en Suiza sobre la figura de Robert Walter, y que tenía como tema central la derrota, la derrota como tema clave de la literatura europea. Y de ese congreso al que nunca pude ir surgió la idea de una novela que tratase sobre una derrota.

…una derrota de amor. ¿Cómo la encaraste teniendo en cuanta lo manido que puede resultar ese tema?
Sí, quería escribir una novela romántica, pero que no tuviera los desperfectos de lo que se ha hecho con la novela romántica. Es decir, quería que hablase de la crueldad de esa batalla.

Dijiste en una oportunidad que luego de presentar un nuevo libro te embarcas en un proyecto cinematográfico. ¿Estás trabajando una nueva película?
Sí, estoy con una película nueva. Y sí, tengo la fortuna de poder trabajar en dos campos, por un lado, tan conectados, y por otro, tan separados. Por un lado, una labor tan solitaria como es la literatura. Y por el otro, una labor de equipo, de conjunto. Y tengo la suerte de saltar de un lado a otro.

*Entrevista publicada en Correo el jueves 29/01/09.

martes, 27 de enero de 2009

Fallece JOHN UPDIKE


Lamentable noticia, vía la agencia EFE: “El novelista, poeta, crítico y dos veces ganador del premio Pulitzer, John Updike, de 76 años, falleció de cáncer de pulmón, informaron hoy varios medios de comunicación estadounidenses”.

lunes, 26 de enero de 2009

Lo nuevo de PATRICK MODIANO


Hace unos días empecé a leer El rincón de los niños (Alfaguara) de Patrick Modiano. Se trata de un autor al que llegué, si mal no recuerdo, por algunos comentarios favorables de Patricia de Souza y de Ricardo Sumalavia. Hace poco más de un año encontré (y compré) un par de títulos de Modiano en la librería Crisol del Óvalo Gutiérrez, en San Isidro. Ambos títulos publicados por Alfaguara: Viaje de novios y El rincón de los niños. Leí la primera y dejé para más adelante la segunda. Curiosamente, mientras estoy sumergido en la lectura de El rincón de los niños, me entero por el blog de Patricia de Souza que acaba de aparecer la traducción al español de una nueva novela de este estupendo escritor francés. Se trata de Dora Bruder (Seix Barral).
En la web de la editorial Seix Barral aparece un texto que da mayores luces sobre la trama del libro:
“Una adolescente perdida en los pliegues del pasado resume en su desoladora peripecia vital el sufrimiento de toda una época: el continente europeo en la era hitleriana, visto desde la perspectiva actual, y la aventura moral del escritor que trata de recobrar la verdad de aquel tiempo y aquellos seres.
El 31 de diciembre de 1941, en el periódico Paris-Soir, apareció un anuncio dramático: unos padres buscaban a su hija, de 15 años, que se había fugado de un colegio de monjas. Nueve meses más tarde, el nombre de la muchacha aparece en una lista de deportados al campo de exterminio de Auschwitz. Al filo de estas dos desapariciones sucesivas conocemos el destino de todo un pueblo, de toda Francia y de toda Europa, en un momento de dolor y violencia, en el que la pureza resalta sobre un fondo de destrucción. Pero el tema del libro no es sólo la vida de Dora Bruder, sino la búsqueda del propio autor que trata de reconstruir aquella biografía borrada.
Con un estilo contenido, de una brevedad y exactitud estremecedoras, Patrick Modiano, uno de los mayores autores franceses contemporáneos, ilumina desde elpresente el dolor, el horror y el sufrimiento del pasado, pero también su poesía. «Dora Bruder es su mejor novela. E incluso creo que es una de las mejores novelas aparecidasen los últimos años en Europa… Es Modiano en la cumbre de su narrativa», Adolfo García Ortega”.

jueves, 22 de enero de 2009

VILA-MATAS finalista


Una noticia sobre el estupendo escritor español Enrique Vila-Matas acabo de leerla gracias a la agencia EFE: el autor de El mal de Montano figura, junto a Naomi Klein y Francisco Goldman, entre los finalistas seleccionados para la primera edición del Premio Warwick, anunciada hoy en Londres.
El premio, señala el cable, dotado con 50.000 libras (unos 53.500 euros), “con carácter bienal y financiado totalmente por la Universidad de Warwick, está abierto a escritores de cualquier género y nacionalidad siempre y cuando haya traducción al inglés”. Nada mal.


*Fotogragía tomada de Internet.

VARGAS LLOSA: “Onetti era una persona vulnerable que se escudaba tras su agresividad”


En una entrevista publicada en Montevideo, Mario Vargas Llosa, nuestro celebrado novelista, ha señalado que Juan Carlos Onetti era un hombre frágil, vulnerable, que se escudaba tras su hosquedad y agresividad.
"Es un autor al que admiré desde que conocí sus primeros cuentos y, aunque la de Onetti no es una obra fácil, después de leerlo los premios son tales que justifican el esfuerzo", manifestó nuestro escritor.
En febrero se publicará en Uruguay el libro El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (Alfaguara). El autor de Conversación en la Catedral estará mañana presentándose en la Feria del Libro de Trujillo.


*Fotografía tomada de Internet.

MURAKAMI premiado


Haruki Murakami, uno de mis escritores predilectos, ha obtenido, según me entero por Moleskine literario, el Premio Jerusalén 2009. Una noticia que me resulta muy grata, sin lugar a dudas.
Siguiendo el link que aparece en el blog de Iván Thays, leo que Murakami viajará a Jerusalén en febrero a recibir este premio en la Feria Internacional del Libro. La misma nota señala que entre los ganadores de este premio figuran Arthur Miller, Susan Sontag, Bertrand Russell, Simone de Beauvoir, Octavio Paz, Stefan Heym y Mario Vargas Llosa.


*Fotografía tomada de Internet.

"Un lugar llamado Oreja de perro" de IVÁN THAYS


Cuando leí, hace muchos años, la novela Escena de caza, una frase llamó poderosamente mi atención: “Para las mujeres, los recuerdos del amor son souvenir de un viaje sentimental; para los hombres, restos de un naufragio”. Tiempo después, leídas sus obras ulteriores, creo encontrar una clave en aquella frase: los protagonistas de los libros de Iván Thays resultan siendo, a la luz de los acontecimientos, verdaderos náufragos sentimentales. Un lugar llamado Oreja de perro (Anagrama, 2009) no es la excepción. Se trata de la historia de un hombre golpeado por una tragedia mayúscula: la muerte de su pequeño hijo. Luego, como para completar el cuadro trágico, su esposa decide abandonarlo, dejándole una nota en el interior de su maleta, antes de que parta, en viaje de trabajo, a aquel lugar llamado Oreja de perro. El protagonista es, para mayores señas, un periodista que debe cubrir la visita del presidente Alejandro Toledo a ese pueblo azotado por la violencia política.
Nuevamente un viaje: una constante en la obra literaria de Thays. Si antes fueron Madrid, Busardo (ciudad ficticia) y Málaga, los destinos de las travesías de los personajes de Escena de caza, El viaje interior y La disciplina de la vanidad, en esta ocasión, el protagonista se desplaza a un pueblo peruano llamado Oreja de perro. Y será ese lugar extraño y ajeno el escenario en el cual repasará, en una especie de expiación, su drama particular. En un lagar que aún respira su propio drama colectivo. ¿Es una novela sobre la violencia política? Definitivamente no. Por lo menos no en el sentido en que fueron concebidas La hora azul de Alonso Cueto o Abril rojo de Santiago Roncagliolo. Y, sin embargo, la violencia política está allí, se respira, se siente como una sutil música de fondo a lo largo de la novela. Pero no es la protagonista, obviamente, ni tendría por qué serla.
Es el drama personal del protagonista lo que nos conmueve. Es lo que nos enfrenta con la vulnerabilidad de la condición humana. Un lugar llamado Oreja de perro es una novela lograda, según mi lectura. Una novela que he disfrutado no sólo por sí misma, sino también como una nueva pieza dentro de un conjunto que sigo con interés desde hace mucho. Y que tras ocho años de silencio parece ser el inicio de una nueva etapa, más fructífera que la anterior.

martes, 20 de enero de 2009

Entrevista a MICAELA CHIRIF


Un farero que anhela una vida trashumante y un albatros que se niega a volar y que prefiere una existencia sedentaria. Se trata de los singulares personajes de Don Antonio y el albatros (Peisa), el libro para niños de José Watanabe y Micaela Chirif.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de PÁVEL UGAZ

¿Cómo surgió la idea de la historia de Don Antonio y el albatros?
La idea del cuento fue de José (Watanabe). Él quería escribir la historia de un ave que no quiere aprender a volar y de un hombre que empieza a enseñarle. La idea era que, al final, el que salía volando era el hombre. José pensó en qué aves podrían ser buenas para el cuento y el albatros le pareció una buena idea. Era lo suficientemente grande como para poder tener gesto y como para que no se viera tan pequeñita al lado de un hombre. Pero la historia no estaba del todo armada, esa era la idea nada más. Y se pasó horas buscando albatros por internet y mirando imágenes. Pero luego enfermó y murió, y dejó la historia sin escribir. Y yo pensé que sería una pena que la historia quedara ahí y que nadie la escribiera. Así que decidí escribirla yo, sabiendo que tenía el compromiso de tratar de ser fiel a él.

¿Y cómo fue el proceso de escritura?
Hice lo que hacía él siempre: pensar las "escenas" según el número de páginas que tenía el cuento, pensar en la escena de cada página y así ir imaginando la historia en palabras y en imágenes. Pero primero fue como un desglose de escenas. Es decir, saber qué iba a pasar en cada página, en cada escena. Y luego fue escribirla. Claro, antes había pensado ya en los personajes: el albatros y un farero. Me pareció que la idea del farero era buena porque está cerca del mar, de las aves, ve pasar a los barcos y las aves que migran y, al mismo tiempo, permanece siempre en el mismo sitio. Un farero permitía el juego del movimiento y la permanencia, ¿no?

Claro. A mí me encantó la idea del final: del farero que sale de su faro y del albatros que se niega a volar y encuentra su hogar en el faro. ¿Cómo así surge ese final?
Mi idea fue hacer un poco más evidente el intercambio de roles. A veces tenemos una especie de destino trazado que se asume como destino "natural" para cada quien, pero no necesariamente nos sentimos contentos con él, no necesariamente nos gusta. En el cuento se encontraron dos personajes que, en verdad, deseaban más el destino del otro que el propio. Y eso se va viendo un poco a lo largo del cuento. Al final el intercambio de roles es un poco una liberación y un poco la realización de un sueño para cada uno de los dos. Hacer aquello que nos da gusto hacer y para lo cual sentimos que hemos nacido, aunque no sea lo que se espera de nosotros.

Luego de esta experiencia, ¿has pensado en escribir otro libro para niños?
He escrito otro que se llama Buenas noches, Martina. Es para niños más pequeños. Es acerca de una niña que se va a dormir y, al apagar la luz, ve llegar, uno por uno, a un montón de animales que en vez de hacerle sentir miedo la terminan por hacer sentirse acompañada. Creo que va a quedar bonito.

*Entrevista publicada en Correo el martes 20/01/09.

lunes, 19 de enero de 2009

POE BICENTENARIO


Me parece que el calendario marcaba el año 1998 cuando apareció, por primera vez, un artículo mío, firmado, en un medio de comunicación escrito. Lo que si recuerdo muy bien es que se trató de un texto sobre Edgar Allan Poe, a propósito de la publicación de El cuervo en la Colección El manantial oculto, dirigida por Ricardo Silva Santisteban. Aún era un estudiante universitario. Aún llevaba el cabello largo. Ha transcurrido poco más de una década y muchas cosas cambiaron en mi vida. Y otras tantas permanecieron intactas. Una de ellas, mi admiración por aquel notable escritor norteamericano nacido hace 200 años. Nuevamente un texto sobre él con mi firma aparece en las páginas de un diario. En esta oportunidad acompañado por una estupenda ilustración realizada por mi amigo Iván Palomino.

martes, 13 de enero de 2009

Entrevista a JOSÉ GÜICH


José Güich ha urdido en Los espectros nacionales (San Marcos, 2008) ocho historias en las que a través de lo fantástico explora la historia y el pasado. A propósito de esta, su tercera entrega editorial, Güich reflexiona sobre su particular apuesta literaria.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

La mayoría de los cuentos de este libro aparecieron originalmente en diversas publicaciones.
Efectivamente, la mayor parte de estos cuentos se fueron escribiendo en el transcurso de dos años. Y curiosamente, a pesar de que había una agenda establecida para un tercer libro, después de Mascarón de proa, no me decidía a trabajar en esa agenda de 8 o quizás 9 relatos, que ya tenía además ciertos apuntes previos para tener una idea de lo que iba a ser el libro. Y a veces salían los cuentos a pedido de los amigos. En el caso de "Los espectros nacionales", ese cuento se escribió a pedido de mi amigo Francisco Tumi, que en esa época era editor de Etecé. Él me dio el impulso para empezar este libro. Entonces, los amigos fueron básicamente los responsables de que el libro saliera antes de lo que yo hubiese pronosticado.

¿Cómo ves este libro con respecto a los dos precedentes?
Me interesaba un libro en donde los relatos tuvieran más conexión entre sí, que hubiera más vasos comunicantes en torno a una idea común. Eso no estuvo presente ni en Año sabático ni en Mascarón de proa. El primero es más antológico, es un libro de estreno, además, un libro de tributos. El segundo sí es un libro más pensado como un sistema de cuentos, pero creo yo no tan consolidado. Pero en esos dos libros no existía un ánimo que sí aparece en este libro, que es algo más estructurado en torno a una idea general, que es la idea de los fantasmas, de las pesadillas, de los espectros que habitan en la vida de los seres humanos y de los pueblos.

Y a través de esos espectros hay una reflexión en tornoal pasado…
Efectivamente. Y creo que eso ya estaba presente en Año sabático y en Mascarón de proa, el tema del tiempo, del pasado, que son para mí cruciales. Creo que es parte de un proceso que viene desde que yo era muy chico. Siempre me ha obsesionado el pasado, la idea de que hubo algo antes de este presente que vivimos. Y creo que hay algo que finalmente nos conecta con ese pasado. Y creo que el pasado que presiona a la mayoría de los personajes es una metáfora de la existencia como la veo yo: somos seres hechos de pasado, de memoria, de recuerdos.

En "El otro monitor", uno advierte la influencia de Bioy Casares…
Sí, la influencia de Bioy Casares es marcadísima. Algunos me han dicho que es más Borges que Bioy Casares. Pero ese cuento en particular le debe mucho a La trama celeste del gran Bioy Casares, el tercer gran gigante de la literatura fantástica rioplatense junto a Borges y a Cortázar. Es un escritor notable. Yo recuerdo con una emoción casi febril mis primeras lecturas de Bioy Casares allá por los años 80.

Ese cuento, además, se lo dedicaste a José B. Adolph, otro estupendo cultor del género fantástico, desaparecido el año pasado. ¿Qué recuerdas de él?
Pepe, en el poco tiempo que nos tratamos, y esto es para mí muy emocionante, me acogió como su amigo. Nunca olvidaré esas tardes en su casa. No fueron muchas, lamentablemente. Lo conocí por intermedio de Daniel Salvo, que lo frecuentaba. Yo estaba muy emocionado de sentir que era amigo de un escritor de su talla, un escritor que tiene que ser más reconocido que antes, es un escritor que merece toda la gloria posible.

El último relato del libro puede leerse como una novela corta. ¿Se puede entender como el anuncio de una novela a futuro?
Es una pregunta interesantísima. Creo que sí, creo que ya desde Mascarón de proa los cuentos anunciaban que había una vocación novelística. En una conversación, una vez les dije, a Manolo (Eráusquin) y a ti, que para mí el cuento era algo muy distinto que la novela. Y es probable que ahora sí me sienta más seguro en ese rumbo novelístico. De hecho que tengo ya un proyecto medio detenido, pero que ya está en la recta final.

*Entrevista publicada en Correo el martes 12/01/09.
**Fotografía tomada de Porta9.

lunes, 12 de enero de 2009

Entrevista a ALBERTO FUGUET (sobre ANDRÉS CAICEDO)


Alberto Fuguet ha logrado, valiéndose de una gran cantidad de cartas y anotaciones, urdir, a la manera de un documental, un libro estupendo: Mi cuerpo es una celda (Editorial Norma, 2008), la autobiografía de Andrés Caicedo, este colombiano que se arrebató la vida a los 25 años y se convirtió, con el tiempo, en un autor de culto.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Me comentaste el año pasado que fue en Lima donde descubriste a Caicedo por un libro suyo que encontraste en una librería. ¿Qué fue lo que te atrajo de él?
Así es: en la librería La Casa Verde, hoy desaparecida. Me topé con Ojo al cine y con, claro, su pequeña biografía de solapa: la suma de esas dos cosas (un cinéfilo-crítico de cine que escribió tantas páginas de cine) más un suicida caleño de 25 que estaba más obsesionado con el presente que con el pasado (a diferencia de García Márquez) fue una suerte de combo irresistible. Fue, de alguna manera, un enganche inmediato. Supe ahí que sería un escritor importante y un amigo clave. Jamás pensé que terminaría haciendo un libro suyo, pero así fue. Creo que lo que más me atrajo de él es aquello que siempre atrae: que en alguien distinto uno se tope con cosas extremadamente cercanas y personales.

¿Cómo surge la idea de trabajar en una biografía de Caicedo y cómo así decides darle el carácter de documental que presenta el libro ya publicado?
Primero fue una biografía, pero rápidamente la deseché. Más tarde cruzó por mi mente, por un par de segundos, una novela acerca de un personaje parecido, pero, por suerte, la idea me duró muy poco. Y al final todo cambió, en Bogotá, cuando Luis Ospina me dijo por qué no te quedas con este material que no sé qué hacer con él. De ahí partió todo: me di cuenta de que era una autobiografía cuando leí esa caja llena de archivos, revisé las carpetas que me pasó Patricia Restrepo y ordené lo que encontré en la biblioteca Luis Ángel Arango. Sentí que él estaba contando su vida. No 'el cuento' sino 'la novela' de su vida. Y la idea fue, desde ese momento, hacerme a un lado. Como trabajé en UCLA por esos días, me bajó una fobia académica que me llevó a prometerme no tener notas al pie de página o explicaciones ni prólogos ni presentaciones de otros, pero al final no tengo tan claro si me hice a un lado. Creo que estoy. Que están 'mis temas'. Y que Andrés, como me dijo un periodista, podría ser un personaje mío.

Al leer Mi cuerpo es una celda me vino a la mente Apuntes autistas. ¿Crees que de alguna manera ambos comparten una esencia similar, algo que los emparenta?
AF: Creo que sí, ahora que lo mencionas. No lo había pensado, pero sí veo conexiones, desde estructurales a la cosa autista (uno de mis temas, creo) a la fanatización por el cine. Sí, las veo. Es más: cada vez creo que Apuntes autistas es un libro que, para mí, es fundacional. Veo mucho en el libro que estoy terminando tanto de Apuntes autistas como de Mi cuerpo es una celda.

¿Cuál es tu opinión sobre la obra narrativa de Caicedo?
Me parece que este libro es, claramente, su mejor libro, más allá que yo tenga que ver con él. Incluso en Colombia están diciendo esto. Creo que como escritor era un escritor en ciernes. ¡Dios: tenía 25 años! Y estaba buscando su mundo, su estilo. Creo que Viva la Música es un libro donde el narrador claramente debió ser un hombre, por ejemplo. Pero al escribir crítica o cartas, al escribir para sí, sin máscaras, el tipo es un gran escritor. Caicedo prueba una vez más que un autor no es necesariamente el más creativo sino el más valiente o el más jugado.

¿Crees que el fracaso que significó su viaje a Hollywood contribuyó al fatal desenlace de su vida?
El comienzo del fin… sin duda. Ir a la ciudad de Los Ángeles y toparse con el diablo fue un error fatal. Igual es fascinante y revelador que su meta era Hollywood, no Barcelona o París. ¿Cuántos escritores latinoamericanos se van a Hollywood? Pero creo que no volvió siendo el mismo. A pesar de que era un tipo extremadamente fracturado, creo que ese golpe fuerte hizo que todas sus cicatrices se abrieran. No se puede vivir ni crear tan herido.

*Publicado en Correo el domingo 11/01/09.

lunes, 5 de enero de 2009

Entrevista a ALESSANDRA TENORIO


Uno de los tópicos del libro debut de Alessandra Tenorio, titulado Porta/retrato, fue la familia. Ese mismo tema reaparece en Casa de zurdos (Lustra editores/Centro Cultural de España, 2008), su más reciente producción poética.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de GIULIANO BUIKLECE

¿Cómo surge Casa de zurdos?
Los poemas que están en este libro los empecé a escribir hace más o menos dos años. Y cuando Víctor Ruiz me propone formar parte de la colección Piedra/sangre, que edita Lustra y el Centro Cultural de España, le mostré esos poemas. Y me dijo que con ellos podía terminar un libro. Yo tenía la idea de que en Casa de zurdos trabajaría un poco más el lado onírico, pero luego me di cuenta de que éste era un libro de cierre y que había muchos poemas que guardaban relación con el libro anterior, Porta/retrato. Por eso se incluyen algunos poemas de ese primer libro.

El amor está muy presente en este libro.
Sí, hay varios poemas que hablan sobre el amor y también sobre la muerte. El amor es un símbolo que siempre ha estado presente en mi poesía. Pero también hay varios poemas que hablan del desamor. Creo que hay un contraste fuerte. Por un lado también el amor familiar, el amor a las cosas en general, el amor a los sueños. Y por otro, el amor que se acaba, ese que te rompe el corazón, que te hace sufrir. Y allí es cuando la idea de la muerte también entra con fuerza en el libro. Pero la muerte no sólo física -de hecho se habla de la muerte de personas queridas-, sino la muerte como cambio, como un cambio brusco que hace que todo en tu vida se desbalancee.

El tema familiar es también una constante en tu obra poética.
Yo nunca pensé en escribir un libro con poemas que hablaran de la casa, del mundo familiar, pero al cabo de un año, después de haber participado en el grupo Colmena, con la gente de la Universidad Villarreal, me di cuenta de que tenía poemas que iban por esa temática. Y me di cuenta de que era un tema que siempre había estado presente en mí.

¿A qué se debe eso?
No sé, quizás a la influencia de ciertas lecturas, y también por el hecho de que soy una persona bien hogareña, y ese mundo es mi mundo cotidiano de alguna manera. Pero algo que casi no me habían dicho, y que me lo dijo Rocío Silva Santisteban, y también Oscar Málaga, es que también se habla de la casa familiar con ironía, una casa familiar un poco castrante.

¿Qué poetas han sido referenciales?
A mí me gusta mucho la poesía peruana, la poesía de Wáshington Delgado, de Alejandro Romualdo, de Giovanna Pollarolo, que creo han aportado mucho a mi manera de escribir. Y me gusta mucho la poesía rusa.

¿Cómo ves la poesía actual, la de tus contemporáneos?
Yo creo que uno de los mayores aciertos que ha tenido Lustra editores y el Centro Cultural de España es precisamente sacar esta colección, que reúne a 16 poetas de entre 25 y 33 años. Y hay poetas que han lanzado libros interesantes: Diego Lazarte, Bruno Pólack, Magaly Quiroz, una chica de Ica que tiene una poesía súper fresca, muy lúdica. Me parece que en los últimos años han aparecido poetas de calidad, el mismo Víctor Ruiz, Andrea Cabel. Me parece que el 2008 ha sido un buen año para la poesía peruana de gente joven.

*Publicado en Correo el jueves 01/01/09.

Entrevista a FRANCISCO ANGELES


Francisco Ángeles se hizo conocido en el ciberespacio a través del concurrido Porta9. Ahora nos presenta su primera novela, La línea en medio del cielo (Revuelta editores, 2008), un libro que nos revela a un autor original que no le rehúye a los riesgos formales.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de GIULIANO BUIKLECE

¿Cómo surge la idea de la novela?
La idea inicial era retratar un momento propio, pero sólo el momento, no la circunstancia. No quería hacer algo autobiográfico, pero sí representar el momento de la época final de la dictadura de Fujimori. Y mi sensación era la misma del protagonista, es decir, la de un tipo que está absolutamente indiferente con el contexto, que no le importa lo que está pasando y tampoco tiene mucha noción de qué es exactamente lo que pasa. Yo quise hacer una indagación, pero tratando de dar una respuesta a cuál era el punto de contacto entre lo que estaba sucediendo en la política y mi propia vida. Porque para mí también había sido un año duro, muy convulso, me pasaban muchas cosas y yo no entendía bien cómo era.

Si bien la trama está enmarcada por una atmósfera política, no se trata para nada de una novela realista.
Sí, la plantee exactamente así, yo no quería que fuera una novela realista, por varias razones. Por un lado, por una apuesta estética. Pero, además, no llega a hacerse un retrato fiel por que yo quería que la novela fuese un reflejo de cómo yo veía en esa época la situación política. Y yo la veía así, de manera fragmentada, porque lo escuchaba de mis amigos que sí estaban interesados en el tema e iban a las marchas y trataban de despertar en mí una conciencia política, pero no lo consiguieron nunca. Yo pensé que eso sí se podía representar y que podía salir una novela con una lógica propia.

La línea en medio del cielo es suceptible a múltiples lecturas...
He recibido varios tipos de interpretaciones. Y ninguna es la que que yo tenía exactamente en la cabeza, pero sí me parece interesante que las haya. También me parece interesante que se hayan fijado en el título de la novela, y que me pregunten por él.

El protagonista busca un sentido para su existencia a través de la escritura de un cuaderno.
Más allá de lo que le pasa a los protagonistas, sí quería dejar marcado lo que para mí ha ha sido la escritura en aquella época. Una época en la que, como mucha gente joven, creía en esa idea romántica de la literatura como un espacio de salvación, de redención. Y, además, de búsqueda de sentido de las cosas que van pasando. Y me refiero a un sentido más literal, no sólo para qué sirve tal cosa, sino qué es exactamente lo que ha pasado.

Otro elemento interesante es la ambigüedad que subyace a la novela.
Sí, la ambigüedad está presente. Por eso me parece curioso que algunas personas que me han comentado sobre el libro puedan ver eso como una falla. Es como si lo político, la dictadura, si no están representados a lo Vargas Llosa estaría mal. Yo creo que no, entonces me gustaría que lean la novela como lo que es. Como que todavía está muy fuerte la idea del realismo, como una vertiente ideal, superior.

Leyendo la novela advierto la influencia de Bellatín. ¿Qué otros autores han sido referenciales?
Sí, para este libro reuní a un grupo de obras que no son necesariamente las mejores que he leído, pero sí las más interesantes por algunos elementos en concreto. Y entre esos libros están, sobre todo, uno de Bellatín y uno de Piglia: Salón de belleza y Respiración artificial. Pero no sólo ellos, también hay cosas de Tabucchi e Ishiguro, que es un escritor que me gusta mucho.

*Entrevista publicada en Correo el domingo 03/01/09.