miércoles, 13 de agosto de 2008

Entrevista a PATRICIA DE SOUZA


Patricia de Souza, conocida escritora peruana radicada en Francia, estuvo hace unas semanas en México para ultimar detalles con respecto a la aparición de un nuevo libro: Erótika (JUS, México, 2008). De paso por Lima, De Souza comparte algunas reflexiones –en exclusiva– sobre este conjunto de cuentos que giran en torno al placer.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de PÁVEL UGAZ

El placer suele estar intrínsecamente ligado a la libertad...
Sí, a partir del momento en que se habla de lo sensorial, del cuerpo, se habla del deseo, y el deseo es, digamos, el catalizador o el indicativo de nuestra libertad. Es decir, saber dónde está tu deseo es saber dónde está tu libertad. Hay una relación directa entre deseo y acción. En realidad, el deseo contrariado es lo que el sicoanálisis describe como neurosis: hasta qué punto el deseo puede ser satisfecho o no.

En tu blog reflexionabas sobre el consumo. Y el sexo no escapa a eso.
Me da la impresión de que estamos viviendo una época de consumo. El sexo se ha convertido también en una industria. Mira todas esas tiendas de sexshop. Hay una actitud consumista; consumes sexo, consumes afecto, todo se consume. Pero no importa el porqué, es ir hacia eso sin hacerte la pregunta. Todo el mundo habla de libertad sexual, pero ¿es libertad realmente? ¿Hay elección o es simplemente porque está de moda hablar del tema? La desinhibición, la bisexualidad... Eso puede ser consumo y no necesariamente una actitud de libertad. Más bien puede haber una presión.

¿Erótika puede leerse como una reivindicación del placer y el sexo a partir de la libertad?
Este texto trata de reivindicar el sexo y el deseo a partir de la libertad, a partir de una presencia de la persona en sí misma, por eso es que los personajes deciden, actúan, se mueven, pero están conscientes también de que hay una dimensión que se les escapa. Por eso el epígrafe es de Pascal Quignard y dice que El hombre es aquel animal al cual una imagen le hace falta. Porque yo creo que el sexo hace que nos relacionemos con los estados más primitivos. Yo creo que hay una dimensión que es metafísica en la relación incluso corporal, sensual.

Gioconda Belli me decía hace poco que el erotismo en la literatura siempre estaba tratado a partir de la mirada del hombre...
Exactamente. Si te pones a hablar de los clásicos, son los hombres los que han hecho literatura erótica. Y después las mujeres lo han hecho desde el punto de vista más lésbico, por ejemplo Anais Nin. Yo creo que toda escritura es política. Pascal Quignard, que tiene un libro precioso que se llama La noche sexual, decía que la organización de la sociedad y del placer está destinada a controlar a la mujer y la maternidad. El poder político significa hacer que las mujeres se neutralicen, y en el manejo del cuerpo y del placer eso obviamente es una cuestión política. ¿Por qué las mujeres no hablan de los hombres? Porque ningún hombre quiere verse en tanto que objeto. Lo aceptan, pero no desde el punto de vista formal que viene con la escritura.

¿Cómo se insertaría este libro dentro de tu obra?
Claro, tiene que ver porque si ves los personajes de Electra en la ciudad, podrían ser personajes de este libro. Ninguno de mis personajes van a ser conservadores, y generalmente están en conflicto, no están amansados, están en guerra. Esa es una constante.

*Entrevista publicada en Correo el miércoles 13/08/08.

jueves, 7 de agosto de 2008

Entrevista a ENRIQUE PROCHAZKA


Al poco tiempo de publicarse, Un único desierto de Enrique Prochazka se convirtió en un libro de culto y, al mismo tiempo, en un libro inubicable. La editorial Matalamanga celebra los diez años de la aparición de la ópera prima de Prochazka con una bien cuidada reedición que contiene, además, un estupendo texto del español Enrique Vila Matas alusivo al autor.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de JAIRO VEGA

Han pasado diez años de la publicación de Un único desierto, ¿cómo tomas la aparición de esta reedición?
Es una prolongación de la misma maldición que ha tenido Un único desierto durante toda su existencia. El libro está hecho de cuentos que fueron de taller, cuentos muy tempranos y que yo no pensé que estaban constituyendo un libro. Por lo tanto, se demoraron mucho en alcanzar forma de libro. Entre la fecha de Taylor, que es el primero de los cuentos, y la publicación, pasan 17 años; que cuando tienes 34 es toda tu vida (risas). Es un libro demorado. Y a mí me ha parecido que ese es su destino.

¿Por qué demoró en publicarse la primera vez?
Aquella vez se demoró producto de un error: Alex Forsyth me estaba esperando a mí y yo lo estaba esperando a él. No nos comunicábamos. Y eso nos tomó un año y medio. Y lo que ha pasado con esta edición de Matalamanga es lo mismo, un poco a escala menor. Pero también con la misma sensación de voy a dejar que salga a su ritmo, pero a su ritmo nunca salía. Los amigos de Matalamanga, que están aprendiendo el oficio, lo hacen bien, pero seguimos afectados de informalidad, por aquí y por allá. Y yo decía: Si no me agito, nada sucede (risas), y no me agité, entonces las cosas se demoraron mucho. Enrique Vila Matas me escribió para decirme oye, Enrique, el texto que te escribí no veo que lo estés usando y te pido permiso para hacer otra cosa con él. Le dije no, sí lo estamos usando, ahorita sale. Y de allí hasta que salió pasó un año.

Tras la primera edición, Un único desierto se convirtió en un libro de culto, inhallable...
Creo que los primeros lectores entusiastas del libro fueron mi tía y mi prima; y algunos amigos del círculo entre los que estaba Limache. Pero luego ha ido ganando espacios, principalmente, yo diría, en las facultades de literatura. En San Marcos y en la Católica comenzó a circular el libro de mano en mano. Pronto hubo en el piso, afuera de San Marcos, fotocopias de Un único desierto. Pero nadie encontraba el libro impreso. Entonces empieza a formarse la leyenda negra de libro inhallable. Y lo mismo le ha pasado a Casa y a Cuarenta sílabas, catorce palabras.

Con el tiempo el libro ha cobrado importancia...
Sí, ahora veo que lo celebran como un libro importante de los noventa, un libro un poco inclasificable. Pero los noventa se caracterizaron por eso. Está Mario Bellatin, algunas cosas de Fernando Iwasaki, Oscar Malca, Iván Thays; abriendo género cada uno.

En tu literatura advierto dos características principales: el extremado cuidado del lenguaje y el entramado complejo de las estructuras...
La primera no sé si es tan importante como la segunda. La pondría en otro orden. Yo fundamentalmente hago estructuras. Creo que el lenguaje es una capacidad que no puedes dejar una vez que la tienes. Entonces, ya no cuesta tanto esfuerzo. Recuerdo que cuando hacía algunos de los cuentos de Un único desierto me proponía escribir un par de palabras difíciles. Pero no era para fastidiar a nadie, era porque me gusta el lenguaje, me gusta la precisión. Si tienes una llave inglesa de 3/16 en vez de una llave inglesa de 5 mm. prefiero usar la llave inglesa de 3/16 si es exactamente el formato. De manera que las palabras exactas me dan un gusto enorme. Pero ya está, no lo estoy trabajando, dejo que fluya. Lo que sí estoy trabajando más son las estructuras.

No hace mucho hiciste una nueva versión, para una editorial española, de un clásico de Shakespeare: Romeo y Julieta...
Claro, por no decir un remake, porque no es un remake. La experiencia fue interesante. Lo que buscaba era ver qué se podía hacer con un argumento tan manido. Entonces, me vino a salvar el nombre, porque yo le puse Averno a mi historia antes de escribirla. Y me di cuenta que al trasponer las letras de Verona a Averno, sucedían ciertas cosas en el orden de las letras que me parecía muy interesante desde el punto de vista circular. Entonces me propuse hacer con las secciones de la obra lo mismo que le estaba pasando a las letras del libro. Traté de hacer eso. Al final incluso eso lo trastorné. Pero el proyecto salió como un proyecto estructural.

*Publicado el jueves 07/08/08 en Correo.

domingo, 3 de agosto de 2008

Entrevista a ANTONIO ORLANDO RODRÍGUEZ


El escritor cubano Antonio Orlando Rodríguez –quien reside desde hace años en los Estados Unidos– aterrizó en Lima para presentar, en la Feria Internacional del Libro FIL-2008, su premiada novela Chiquita (Alfaguara, 2008).

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de VÍCTOR VÁSQUEZ

¿Cómo ha tomado el tema de la promoción, los innumerables viajes, las seguidillas de entrevistas?
Es toda una experiencia, porque implica recorrer casi toda América Latina a un ritmo a veces vertiginoso. Pero en mi caso particular es un reto, porque habitualmente soy una persona que vive muy encerrada en su casa. Tengo fama de ermitaño. Entonces ha sido un esfuerzo para mí esta exposición, pero muy gratificante.

¿Qué fue lo que le atrajo de Chiquita?
Lo que me atrajo es que era diferente y la forma cómo supo manejar su condición de diferente, sacándole partido, logrando que su singularidad física no le impidiera triunfar profesionalmente, ser una celebridad y vivir una vida amorosa muy intensa; todo eso fue lo que me apasionó del personaje. Y más allá de eso, lo que me resultó muy atractivo y terminó por decidirme a convertirla en heroína de una novela fue la época que ella recorre, que va desde los inicios de la guerra de independencia en Cuba hasta fines de la Segunda Guerra Mundial. Todo ese tránsito de finales del siglo XIX a inicios del siglo XX me parece el más apasionante de la historia de la humanidad. Hay muchos cambios sociales, políticos, descubrimientos tecnológicos, modificaciones en las normas morales. Estaba todo: un personaje seductor y una época que representaba un reto poner en escena en una novela.

Podría decirse que Chiquita fue una adelantada a su época. En pleno siglo XIX mantiene una relación sentimental con un hombre mucho menor que ella...
Más que eso, en aquella época era muy difícil que una mujer tomara las riendas de su carrera, y más tratándose de una liliputiense. Porque generalmente todos aquellos personajes, que hoy conocemos como freaks, tenían empresarios que guiaban sus vidas y tomaban decisiones por ellos como si fueran marionetas. Ella fue una mujer autónoma, lo que la convierte en una mujer atípica para su época. Yo no diría que fue una feminista ni mucho menos, porque en esa época no existía ese concepto. Pero digamos que para ser mujer en el siglo XIX vivió la vida de una manera bastante transgresora.

¿Qué sucesos de la vida de Chiquita le llamaron más la atención?
Mira, no todo lo que descubrí lo utilicé en la novela. Lo que no me pareció atractivo para una novela lo deseché. Porque no estaba haciendo una biografía, no estaba obligado a ser fiel a la realidad. Lo que quería era hacer un reflejo literario de un personaje real. De los episodios documentados de su vida, los que más me atrajeron fueron: primero su visita al Presidente de los Estados Unidos, de la cual existe material periodístico, y también esa etapa en la que ella es la principal atracción de la Exposición Panamericana de Búfalos en 1901. Eso también está documentado. Entonces fue muy rico porque pude usar muchos detalles de la vida real e incorporarlos al libro.

¿Puede decirse que la novela reivindica la condición de ser diferente?
Yo creo que es una de las lecturas que admite la novela. En los distintos países por los que he pasado me he encontrado con personas que me revelan nuevas interpretaciones. Pero lo curioso es que no son antagónicas. Ahora, yo creo que puede funcionar como un recordatorio de que todos somos diferentes, de que lo normal es ser diferentes. El día que dejemos de ser diferentes debemos empezar a preocuparnos, porque precisamente lo que nos hace únicos es esa diferencia.

Algunos dicen que la novela es una metáfora política de lo que pasa en Cuba...
Yo creo que es una interpretación interesante. No estaba en mi ánimo de manera consciente cuando la escribía. En mi caso, casi siempre escribo muy concentrado en los personajes, las peripecias, la acción y me olvido un poco de los significados que pueden construirse a partir de esa historia. Entonces, quizás de manera involuntaria pueda ser que Chiquita resulte una metáfora sobre el destino de Cuba y su voluntad de ser diferente a lo largo de la historia. Pero, le voy a ser sincero, Carlos, más que hacer una analogía implícita con Cuba me interesaba proponer una reflexión sobre el ejercicio del poder y las relaciones que el poder establece entre grandes y pequeños.

*Entrevista publicada el domingo 03/08/08 en el diario Correo.

jueves, 31 de julio de 2008

Entrevista a GIOCONDA BELLI


Reconocida poeta y narradora, la escritora nicaragüense Gioconda Belli se hizo merecedora este año del Premio Internacional Biblioteca Breve con El infinito en la palma de la mano (Seix Barral, 2008), novela que ha presentado en Lima en la Feria Internacional del Libro.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de JAIRO VEGA

Usted ha tenido siempre una fascinación por Eva...
El personaje de Eva siempre me ha parecido interesante. Tan es así que durante el tiempo de la dictadura de Somoza yo escribí bajo el seudónimo de Eva Salvatierra. Salvatierra es un apellido común en Nicaragua. Y también tengo un libro de poesía que se llama De la costilla de Eva. Y esta idea de recontar el Génesis se me ocurrió a partir de que me encontré con unos libros apócrifos donde se narra lo que sucedió con Adán y Eva cuando los echaron del Paraíso. Que era algo que completaba un poco esa narración bíblica que sólo tiene 40 versículos. La historia de Adán y Eva es muy corta en la Biblia. Entonces me pareció una buena posibilidad de reimaginar esa historia haciéndola más humana. Por otro lado, investigando qué de ese mito nos podía dar luz sobre cómo nos imaginamos a nosotros mismos. Y de dónde surgen esos prejuicios contra la mujer y esa división de roles que se ha hecho entre el hombre y la mujer.

En un momento de la novela los protagonistas son conscientes de la muerte, descubren que no son inmortales...
Esa es la verdadera expulsión del Paraíso, a mi modo de ver, el hecho de que todos nos vamos a morir y que tenemos esa fecha en el calendario desconocido de nuestra existencia. Y precisamente la historia no podía empezar más que cuando se produjera este rompimiento entre esa condición angelical en la que supuestamente son llevados a la existencia estos primeros seres y la realidad. Porque mi historia cuestiona, a partir de contar otra vez el mito de Adán y Eva, las bases sobre las que está montado ese mito. Por ejemplo, el mito del creador que nos hemos imaginado es más a nuestra imagen y semejanza que lo que nosotros somos supuestamente a imagen y semejanza de un ser con esas capacidades. Y por otro lado, el mundo contado como que no empieza sino hasta que no empieza la evolución.

El tema de la mujer es recurrente en su obra literaria...
Es un tema que me interesa. La mujer entra a la literatura bien tarde. La escritura de la mujer se puede situar ya en su plenitud a partir del siglo XIX. Entonces escribir sobre la subjetividad femenina, sobre el mundo interior de la mujer, a mí me parece muy importante porque no se conoce lo suficiente. Por ejemplo, el erotismo femenino se ha contado más bien desde el sentimiento erótico que produce la mujer a partir de la visión del hombre. Pero el erotismo visto desde la mujer no se ha contado lo suficiente.

Usted también es poeta. ¿En qué medida la poesía incide en su narrativa?
Bueno, yo no soy dos personas, una que es poeta y otra que es narradora. Entonces, el lenguaje tiene sus reglas. Esta novela lo que me ha permitido es mezclar los dos lenguajes. Y eso me dio mucho gusto poder hacerlo, porque lo primigenio del ambiente en el que se desarrolla la novela no permitía el uso de referencias que no tuvieran que ver con ese momento en donde todo se va nombrando. Entonces el acto de crear se concibe allí como el acto de nombrar. Y eso es también la función de la poesía: la poesía nombra lo innombrable. Por eso la poesía era el medio que encontré para poder situar al lector dentro de ese contexto que todavía no está nombrado.

El poeta Ernesto Cardenal señaló, cuando vino al Perú, que Daniel Ortega había traicionado las ideas de Sandino. ¿Comparte esa opinión?
Sí. En 1993 fue el último congreso del Frente en el que se produjo una escisión, porque hubo una actitud muy sectaria de Daniel Ortega de no querer aceptar la necesidad de transformar el Partido Sandinista en un partido más moderno, más adaptado a las condiciones del mundo a partir de la derrota del bloque socialista. Y tratar de crear un socialismo y una visión para el país que fuera más incluyente, que no fuera sectaria y que tomara en cuenta una cosa muy importante que descubrimos con todos esos fenómenos sociales: la exigencia de la libertad. Porque realmente la izquierda ha puesto la libertad en un segundo plano. La libertad individual se supeditaba a la supuesta libertad colectiva. Pero nos dimos cuenta de que esa libertad colectiva la decidía un grupo muy pequeño. Y nos dimos cuenta de que había que replantearse esto. En el congreso de 1993 nosotros planteamos eso y fuimos totalmente excluidos.

*Entrevista publicada en Correo el miércoles 30/07/08.

martes, 29 de julio de 2008

Entrevista a ALBERTO FUGUET


Alberto Fuguet se encuentra en Lima una vez más. En esta ocasión para participar en la Feria Internacional del Libro y presentar dos títulos nuevos: Apuntes autistas (Epicentro-Aguilar) y Road story (Alfaguara), una novela gráfica basada en un cuento suyo.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de JAIRO VEGA

En Apuntes autistas, libro que escribiste en medio de constantes viajes, manifiestas tu particular mirada de los lugares. Por ejemplo, señalas que Nueva York no es para ti el Empire State, sino una librería, un restaurante ruso. En ese sentido, ¿qué lugares son Lima para ti?
Sin duda, han sido los hoteles en los que he estado, la librería La Casa Verde. Y claramente Vargas Llosa, los lugares en donde han ocurrido sus novelas. Por ejemplo, el Colegio Leoncio Prado. Recuerdo perfectamente la luz, el olor y el viento cuando estuve ahí, al lado del malecón. Un barrio bravo. Y no puedo sacarme de mi mente la entrada a Las Vegas, que es la Av. La Marina, que es horrible y fascinante. Horrible porque es patético, es kitsch; y fascinante porque demuestra que es una ciudad que está viva, que no tiene que hacerse cargo de las tradiciones y que es capaz de mutar.

Vargas Llosa ha sido importante en tu literatura. En el libro elogias la visión de la guionista Giovana Pollarolo por llamar Varguitas al protagonista de Tinta roja ...
Me parece que fue muy inteligente. Se dio cuenta de muchas cosas que los críticos y académicos no se dieron cuenta. Para mí, Tinta roja era una vuelta de tuerca a La tía Julia y el escribidor. Y además, mi lazo con el Perú es extraño porque fue el primer país que me invitó como escritor. Yo jamás pensé que mis libros pudieran salir de Santiago. Y además era tal lo que decían en Chile: que yo no era un escritor ni siquiera chileno y que no podían mis libros ser entendidos fuera de una cierta comuna, la equivalente de Miraflores. Y fue muy sorprendente que llegara alguien de Perú y me dijera: “Te hemos leído en Perú y quisiéramos entrevistarte”. Y unos meses después me invitaron a la Feria de Lima.

También aparece en el libro un texto sobre García Márquez...
Leí con mucha atención Vivir para contarla y me di cuenta de que hubiese podido hacer Cien años de soledad sin realismo mágico. Pero claro, es mucho menos comercial hacerlo sin realismo mágico. Yo creo que ese artículo me sirvió para calmar las cosas. Es mi lazo con alguien que alguna vez admiré, y que todavía admiro, supongo, y con quien he luchado y me he enfrentado. Y ahora la cosa está calmada. Pero no es una relación de devoción; admiro mucho más a su hijo, que hace cine y series de televisión como In Treatment, de HBO. Creo que está mucho más conectado al mundo y a la larga creo que él va a perdurar más.

¿McOndo surge, de alguna manera, como una reacción al hecho de que en un momento dado en Estados Unidos cuestionaran tu identidad de latinoamericano?
Yo presenté un cuento, que está en Por favor, rebobinar, y me dijeron que no les parecía lo suficientemente latino. Y a mí, que estaba en esa época muy sensible al tema porque todavía estaba terminando mi período como de transformarme en chileno, y por lo tanto en latinoamericano, me pareció súper insultante. Es como decirle a un chico de 14 años que es muy poco masculino. ¿Por qué? ¿Qué pasa?; como que te llena de dudas. Y yo creo que McOndo es un libro que dice: disculpa, yo soy latinoamericano, pero soy así.

Está por aparecer un libro de Caicedo preparado por ti. Y, cosa curiosa, tú lo descubres a él como autor precisamente en Lima...
Yo estaba en Lima, en este mismo hotel, y como tenía que entregar la habitación me fui a la librería La Familia y me llamó la atención un libro que llevaba la palabra “cine”. Y lo tomé pensando que era un libro de un europeo. Y me di cuenta de que el tipo era colombiano, que era joven, que estaba muerto. El libro era carísimo, pero lo compré igual. Y en el avión lo devoré. Y encontré básicamente lo que ando buscando, y que se encuentra poco: un aliado. Son muy pocas personas con las que yo podría conversar en el avión todo el camino. Por ejemplo, contigo podemos conversar cosas privadas, pero hay otras personas con las que no me interesa hablar, a pesar de que seamos humanos y tengamos la misma nacionalidad. A mí me parecen mitos, eso de que “somos chilenos, somos peruanos, somos de la misma generación”. ¿Qué tiene que ver? Creo que la verdadera hermandad radica en otro lado, y encontré en Caicedo a alguien que me hubiese gustado conocer, y sentí que era muy parecido.

Y ahora estás por sacar un libro que es como un tributo.
Creo que parte de la labor de un escritor no sólo es atacar escritores sino ayudar a promover y dar a conocer a otros. E hice un libro sobre Caicedo, que en realidad es una autobiografía. El cuenta su vida y yo lo ayudo, porque él ya no está acá.

Adoptas un rol como de documentalista...
Claro, de hecho lo voy a firmar como “dirección, montaje y recopilación”.

*Entrevista publicada en Correo el martes 29/07/08.

lunes, 14 de julio de 2008

Entrevista a CARLOS GERMÁN BELLI


Carlos Germán Belli es, sin duda, el poeta vivo más importante que tenemos. El reconocimiento en el exterior de su obra poética es innegable: no hace mucho obtuvo el Premio Pablo Neruda de Poesía y su más reciente poemario El alternado paso de los hados apareció en España en una bonita edición de la editorial Pre-textos. Hace algunos años conversé con él a propósito de la publicación de El imán (PUCP-Serie Ficciones), un libro que reunía sus crónicas de viaje. Ahora la charla gira en torno a su producción poética, nuevamente en la hospitalidad de su morada sanisidrina.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

En su poesía se percibe la importancia de dos autores: Góngora y Petrarca. ¿En qué sentido lo han influenciado?
En el caso de Petrarca yo creo que la forma de sus canciones. Y eso me ha servido como un estímulo para escribir, imitándole solamente la forma. Y en el caso de Góngora, su estilo barroco, igualmente me ha estimulado. Ahora, en esa línea barroca de nuestra lengua, he leído con más ahínco a un poeta sevillano del siglo XVI que es Francisco de Medrano, un poeta de estilo manierista y de obra muy breve. Lo he leído con más detenimiento y recuerdo que copiaba sus poemas a mano, tratando de imitar en ese momento el léxico, algunas palabras o el hipérbaton. Siempre lo tengo presente y algún día quisiera hacerle un homenaje poético.

¿Y en el caso del surrealismo?
Esa etapa en que estuve interesado por el surrealismo me marcó. En general estaba interesado por la vanguardia. A estas alturas de mi vida no reniego de mi etapa juvenil. Agradezco al destino literario haberme interesado en las vanguardias, en el surrealismo. Porque si no hubiese sido por las vanguardias, por mi afición a la poesía, a la pintura vanguardistas, hoy día sería un poeta decimonónico. Ahora, qué me deja el surrealismo, qué me dejan las vanguardias: el humor negro, la vena erótica. De estas vocaciones que usted me ha señalado: Góngora, Petrarca, hay otro gran estímulo literario que es Darío, él ha sido para mí el punto inicial de todo. Comencé a escribir poesía leyendo a Darío, leyendo Azul o Prosas profanas.

Hay dos ejes temáticos recurrentes en su poesía: el amor y la familia…
El amor a Eva, desde siempre. Desde mis primeros poemas ha estado el tema amatorio. Y el tema del amor familiar. A mí me ha marcado la realidad dolorosa de haber tenido un hermano que nació discapacitado. En mis poemas de amor filiar cubro casi todo el universo familiar. Quiero escribir sobre mis tíos y me falta algún poema dedicado a mi abuela paterna.

Usted define la poesía como una catarsis…
La experiencia estética me sirve para expulsar ideas fijas, mis experiencias dolorosas. Tiene un sentido catártico. Pero además de eso, a la literatura la asumo también como una disciplina, como un desafío estilístico.

Usted trabajó durante varios años en el Senado, ¿cómo hizo para salvarse y no convertirse en un político?
Debe ser mi carácter el que me ha salvado, mi temor a hablar. Ahora estoy hablando con más soltura, pero antes era muy parco.

Entre los poetas de la generación del 50 a quiénes conocido de joven…
Algunos los conocí en la universidad, como a Romualdo, pues ambos ingresamos a San Marcos el mismo año. A Bendezú lo veía de lejos. A Sologuren no lo conocí en la universidad porque era un poco mayor que yo, además después viajó a México y luego a Suecia. Y cuando retornó se instaló en Chaclacayo y ya era escritor, profesor y editor. Y tuve la osadía de ir en su busca con los manuscritos de mi segundo poemario Dentro y fuera. Y luego me publicó dos o tres poemarios más bajo el sello de La rama florida.

¿A qué se debe que haya sido una generación tan importante?
Habría que preguntarle a los estudiosos de la generación del 50, como Miguel Gutiérrez o José Antonio Bravo. Bueno, yo creo que se debe a la diversidad de voces. Además, me parece que en general es una época propicia para el florecimiento literario, porque la generación hispanoamericana de mitad de siglo es también notoria.

*Entrevista publicada el domingo 13/07/08 en Correo.

ANDRES CAICEDO: El cuento de mi vida


Existen lecturas que estremecen. El cuento de mi vida: memorias inéditas de Andrés Caicedo –reeditado por la editorial Norma en su serie “Verticales de bolsillo”– es una de ellas. Caicedo, quien ha devenido con el tiempo en un autor de culto, se quitó la vida a los 25 años, el mismo día en que recibió el primer ejemplar impreso de su novela ¡Que viva la música!

El cuento de mi vida reúne una selección de textos tomados de sus cuadernos y dos cartas escritas el mismo día de su muerte: una de ellas dirigida a un amigo, el crítico de cine español Miguel Marías; y la otra, a Patricia, su amada Patricia que, según se desprende de la desgarrada epístola, acababa de abandonarlo.

Material invalorable, sin duda, que permite acercarnos un poco a esa atormentada alma, a la cotidianidad de un autor prolífico (escribió innumerables artículos sobre cine, guiones, obras de teatro, cuentos) y de un talento innegable que ha traspasado las fronteras de su país. Imprescindible. (CMS).

viernes, 11 de julio de 2008

La CPL y la censura a ALPE

Aún no me repongo de la noticia a todas luces inaudita que me acaba de contar mi amigo Lucho Zúñiga sobre la censura de la Cámara Peruana del Libro en contra de la Alianza Peruana de Editores. Les dejo la Nota de prensa que me ha hecho llegar.

NOTA DE PRENSA

La Cámara Peruana del Libro obstaculiza la participación de veinte editoriales peruanas, en la Feria Internacional del Libro FIL-LIMA 2008. Entre las editoriales, agrupadas en la Alianza Peruana de Editores (ALPE), se cuentan Ediciones PEISA, Jaime Campodónico, Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Asociación Cultural Antares, Sarita Cartonera, Estruendomudo, Matalamanga, entre otras.
Ediciones PEISA había asumido la distribución de las publicaciones de ALPE en un stand dedicado a la producción editorial independiente del Perú. Sin embargo, más de diez días después de la suscripción del contrato de arriendo de dicho stand, el Consejo Directivo de la Cámara Peruana del Libro (CPL), institución encargada de organizar la FIL-LIMA 2008, decidió despojar a PEISA de los espacios alquilados para la distribución de los libros de ALPE.
El Consejo Directivo de la Cámara Peruana del Libro se ha negado a responder formalmente a los pedidos de restitución formulados tanto por ALPE como por Ediciones PEISA, y ha pretendido descalificar a ALPE aduciendo falsamente que se trata de una “asociación informal”.
Los editores de ALPE declaran sentirse vulnerados en su derecho a la libre asociación y en su derecho a ser distribuidos y comercializar sus libros a través de los circuitos disponibles en el Perú. Asimismo declaran haber respetado el reglamento interno de la Cámara Peruana del Libro con respecto a su participación en la feria.
Aparentemente el Consejo Directivo de la Cámara Peruana del Libro siente recelo ante la existencia de cualquier otra forma asociativa que tenga que ver con la producción de libros.
Ante esta situación, importantes asociaciones de editores tales como la Alianza Internacional de Editores y la Asociación Editores de Chile, han declarado su solidaridad con ALPE y han puesto en duda su participación en la feria si el consejo directivo de la Cámara Peruana del Libro no restituye los espacios alquilados

lunes, 7 de julio de 2008

Entrevista a MICAELA CHIRIF


Detrás de las ventanas, el atardecer cubre la ciudad con un halo grisáceo, producto del invierno limeño. Micaela Chirif acaba de publicar su segundo poemario, Cualquier cielo (Mundo ajeno, 2008), un libro que confirma su talento poético.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Este es tu segundo poemario. ¿Cómo lo sientes con respecto al primero?
Bueno, han pasado siete años desde el primer poemario. Me gusta más éste, quizás porque lo acabo de escribir. Siento que este poemario está más estructurado que el anterior. Tiene subyacente un hilo narrativo. Pero también siento que la forma de escribir no ha variado mucho, siguen siendo poemas breves. Hay un poema del libro anterior que está también en éste, con una ligera variación. Pero bueno, eso significa también que sigue habiendo un vínculo. Siento que hay más de mí en este poemario que en el anterior.

¿Qué otra diferencia encuentras?
Creo que en el poemario anterior tenía un mayor miedo de decir ciertas cosas. Siempre cuando se escribe hay un miedo de ser demasiado explícita, por caer en cosas demasiado obvias. Yo creo que antes tenía más ese miedo. Ahora sí siento que no hay que tener tanto miedo de decir las cosas de una manera más directa.

¿Cómo así estructuraste el poemario?
Al principio me costó ordenarlos. Sentía en un momento que tenía un montón de poemas sueltos pero que no constituían ningún conjunto. Me ayudó mucho un amigo al que le di a leer los poemas; él me dijo que era un solo poema y no varios, pues los había leído en Word y como que se habían desconfigurado. Y ahí me dije por qué no plantearlo como un solo poema.

El libro se inicia con una serie de poemas que remiten a la infancia...
Claro, hay como una narración. Hay unos poemas que tienen que ver con una infancia. Y luego vienen otros que tienen que ver con una relación de pareja y luego con una pérdida, con una muerte, y luego con un proceso posterior a esa pérdida. Entonces, de algún modo, sí hay una historia.

¿Fue difícil escribirlo?
Fue extraño. Algunos de estos poemas son más viejos y otros, más recientes. Y es que durante un montón de tiempo no escribí o escribí muy poquito. Pero después de la muerte de José (Watanabe) empecé a escribir mucho. No sé, quizás supongo fue parte del proceso de tratar de lidiar un poco con la pérdida, con el dolor. Y para mí fue una manera de lidiar con ese dolor pero sin quedar solamente en el dolor sino salir de él. Y escribirlo era una manera de procesarlo.

*Publicado el lunes 07/07/08 en Correo.

domingo, 6 de julio de 2008

Entrevista a LUIS NIETO DEGREGORI


Luis Nieto Degregori no sólo es un autor de irrefutable calidad literaria sino que, además, ha conseguido el reconocimiento de su obra sin abandonar su Cusco natal. De paso por Lima, aprovechamos para charlar con él a propósito de la aparición de El guachimán y otras historias (Alfaguara, 2008).

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de VÍCTOR VÁSQUEZ

¿Cómo decide agrupar estas tres historias?
Las fui escribiendo a lo largo de bastantes años, a raíz de una temporada que viví en Lima a fines de los noventa. Y están publicadas en el orden en que fueron escritas. Primero fue La mala conciencia, entre el 2000 y el 2001; la novela corta Ninochka, entre el 2003 y el 2004; y El guachimán, en el 2006. Y también escribí otras cosas. Pero estas tres historias decidí agruparlas porque me parecen que tenían un hilo en común. Está el tema del sexo como sucedáneo del amor, pero también un sexo en el que se juegan muchos conflictos, un sexo que viene a ser una herramienta de ascenso, de adquirir estatus. Por eso agrupé las tres historias en un solo libro.

Y vuelve el tema del amor y del sexo, muy presentes, por ejemplo, en Cuzco después del amor
Sí, yo veo un lazo estrecho de este libro con Cuzco después del amor, porque en realidad es lo mismo. En esa novela se da, en cierto sentido, el aprendizaje sexual de un personaje, pero en un triángulo amoroso con la ciudad del Cusco y una chica que no es de su condición social. Acá como que vuelvo al tema, pero me traslado a Lima. Una Lima que en estos momentos es el reflejo de todo el Perú. La nueva Lima, que está preñada de conflictos. Y a espacios como los hostales, los casinos, donde me parece que se puede rastrear estos conflictos. Porque es también el sexo como dominación social, el sexo desde el poder que te da tu estatus económico, tu estatus social.

El sacerdote, personaje del primer relato, inicia una relación con la muchacha por un exclusivo deseo de satisfacción sexual, pero luego aparecen otros sentimientos, como la culpa…
Ella ha vivido más cosas, ha sufrido más cosas, y por eso el sacerdote termina involucrado en una relación mucho más compleja que el juego de seducción, donde entran esos factores que tú has señalado: los sentimientos, la culpa, “la mala conciencia” que es el título del cuento. Es una historia que refleja bien lo que puede ser el sexo y el amor cuando el varón y la mujer no están en una relación de igualdad.

¿Cómo abordó la segunda historia del libro?
Me interesaba explorar lo mismo en Ninochka, pero tomando el punto de vista de la mujer, y centrarme en estas dos muchachas, una de clase media y otra de sector popular, hija de migrantes, que durante el día intercambian papeles, pero superficialmente, sólo en apariencia. La muchacha de clase media se va a un pueblo joven de desplazados ayacuchanos, y la chica de sector popular se va a trabajar a una boutique en Miraflores. Y es este intercambio de roles el que produce el conflicto, el encuentro con el personaje masculino que simplemente hace de catalizador de este conflicto.

En esta historia está presente la infidelidad y el machismo del personaje masculino.
Sí, efectivamente, en el caso del personaje masculino me interesaba ese tema de la infidelidad y el tema del machismo, que es un tema recurrente en lo que escribo sobre temática actual y que es otro de los temas importantes en Cuzco después del amor. Porque el machismo en nuestra sociedad le concede muchas ventajas al hombre. En una infidelidad el hombre suele ser el trofeo por el que las mujeres pelean, como que está por encima de las mujeres con las que se relaciona. Suele ocurrir casi siempre en el Perú machista, y es lo que me interesaba explorar en el caso de él.

¿Cómo surge El guachimán?
Parte de unos sueltos de periódico que leí hace unos años. Leí que un guachimán había escapado del lugar donde trabajaba con una bolsa llena de dólares, con unos 20 mil dólares. Y a los tres días leí, en el mismo periódico, el desenlace de la historia: habían capturado a este guachimán y habían descubierto que con el dinero se había comprado un colchón nuevo, un televisor a colores y una camioneta de segundo uso. Entonces me pareció tan simbólico lo que había comprado con ese dinero, que decidí ficcionar, sin indagar más, por supuesto, sobre este personaje. Lo que quise fue contar esta historia de un guachimán que al tener dinero se blanquea y adquiere estatus por unos días.

Han pasado un poco más de veinte años de la publicación de su primer libro. ¿Cómo ve a la distancia su obra en conjunto?
Mi trabajo ha estado alternando dos temas importantes, por un lado la actualidad del país, el momento de cambios que vive el Perú, los problemas que nos inquietan. Tuve una etapa dedicada al tema de violencia, de marginación, de machismo, de cómo somos los peruanos el día de hoy. Y hubo otro componente que fue la indagación al pasado, para tratar de entender el día de hoy. Porque la visión que tengo del Perú es la de una sociedad muy fragmentada todavía, que está avanzando hacia su integración pero con muchas pérdidas, de manera muy dolorosa. Eso es finalmente lo que alimenta mi literatura a lo largo de los últimos veinte años.

*Publicado en el diario Correo el domingo 06/07/08.

"Tomando té" de SHEILA ALVARADO


Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de PÁVEL UGAZ

No sólo es una conocida artista plástica e ilustradora de libros infantiles. Sheila Alvarado posee además una antigua afición por la escritura. El año pasado publicó un libro para niños escrito e ilustrado por ella titulado Pelilargo (Alfaguara). Ahora, retomando esa alianza creativa entre el dibujo y el relato, Alvarado ha urdido una interesante historia ilustrada,Tomando té, (Altea, 2008) en la que dos personajes aparecen encaramados en dos cubos de azúcar navegando sobre las calmas aguas de una taza de té.

Siendo una artista plástica que escribe, ¿qué aparece primero –le pregunto–, la imagen o el texto? “Nunca lo sé, la verdad –me responde–. A veces aparece uno o a veces aparece el otro. Lo que tengo claro es que los dos van juntos. Puedo, por ejemplo, escribir cuatro líneas y dos de ellas tienen dibujos. Y normalmente siempre los tienen. Mis textos son mis bocetos, en cada frase yo ya tengo una imagen”, confiesa. La charla fluye amena en medio de la calidez de la librería sanisidrina Ksa Tomada mientras Alvarado recuerda el origen de la historia que acaba de publicar. “La escribí hace muchos años. Tenía las imágenes en la cabeza, pero no la quería ilustrar porque sentía que mi dibujo no era suficientemente bueno para ilustrar mis propios cuentos. Soy de las personas que no tiene apuro en sacar libros, quiero sacarlos bien y quiero sacarlos como los había planeado”, me dice.

Tomando té plasma los encuentros y desencuentros de una muchacha y un joven. “Es una historia de amor, pero es una historia de amor muy abierta. Podría ser una historia entre amigos o entre novios. Y es que para lograr algo hay que arriesgar algo. Es parte del juego. Pierdes un amigo pero ganas un novio, o pierdes un novio y ganas un libro”, señala la artista-escritora mientras compartimos dos tazas de té. “En mi casa siempre ha habido una jarra de té –me explica Alvarado–. Mi familia es de ascendencia china, de la cual pocas cosas han sobrevivido: una de ellas es la comida y el té. Mi abuela nos enseñaba a mis primas y a mí a servir el té. Y siempre me gustó mucho la idea que tienen los chinos de que tomar té es una ceremonia, un momento que no se vuelve a presentar, un momento único”. En Tomando té, Sheila Alvarado ha trazado una historia de fuerte contenido simbólico y emotivo, una historia, en resumen, para atesorar en el recuerdo.

*Publicado en Correo el viernes 04/07/08.

lunes, 30 de junio de 2008

Entrevista a CARLOS CALDERÓN FAJARDO


La crudeza del invierno lo sorprende guarecido en su casa ubicada en la Urbanización La Aurora, en Miraflores. Sin embargo, la mayor parte del año el escritor Carlos Calderón Fajardo reside en Punta Negra. Y es precisamente allí, bajo el suave rumor de las olas, que ha dado forma a un libro de relatos ambientados en diversas playas de nuestro litoral. La colección Underwood acaba de publicar Playas, pequeño libro que recoge, a manera de adelanto, dos de esos cuentos.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de VÍCTOR VÁSQUEZ

Los cuentos publicados por Underwood son un adelanto de un libro completo que tiene como escenarios diversas playas…
Claro, los veinte cuentos son de diferentes playas de Lima y algunas de otras partes de la costa del Perú.

¿Cómo se da tu relación con el mar?
Bueno, yo he nacido en Juliaca, Puno; soy un escritor andino (risas). Pero me trajeron de muy pequeño a la costa, al norte, a Piura; y luego he vivido parte de mi infancia en Barranco. Es decir, he sido desde muy niño una persona muy vinculada al mar, al desierto. Por eso gran parte de mi narrativa transcurre en ese escenario geográfico.

Tú resides en Punta Negra…
Sí, claro, yo vivo desde hace más de treinta años en Punta Negra. Sólo durante los meses de invierno estoy aquí, en Lima. Entonces, siempre pensé escribir un cuento sobre Punta Negra. Y un día me puse a escribirlo a propósito de una novela de Amos Oz que estaba leyendo y que decía: “Las aguas que cubren el mar”. Entonces me di cuenta que en esa frase estaba concentrada toda mi estética. Es decir, que yo escribo siempre una historia de doble fondo. Una historia en donde pasan una serie de cosas, pero lo más importante es lo que está debajo. Y en este cuento “Punta Negra” de alguna manera se resume casi toda mi estética.

Una vez señalaste que tu literatura la veías como “metáforas de la realidad”…
Exacto. Porque yo pienso que ese es el terreno de la literatura. El terreno de lo visible es el terreno del cine, de la fotografía, de la sociología hermenéutica. Pero la literatura tiene que captar esas zonas a las que dichas disciplinas no llegan. La literatura abre mundos que están escondidos. Por ejemplo, no entenderíamos el mundo sin Kafka; o no entenderíamos el mundo andino sin Arguedas. Eso sí, yo no puedo escribir algo sobre lo que no he vivido; no podría escribir una cosa absolutamente imaginaria. Lo que hago es tomar algo que he vivido y los trasmuto en algo literario que generalmente es una metáfora de lo real.

Otra característica de tu narrativa es la presencia de lo metaliterario.
Sí, siempre está lo metaliterario. Yo soy un escritor que lee mucho. Y para mí la lectura es una vivencia, y una de las vivencias y experiencias más importantes del ser humano. Para mí leer es como vivir, me meto dentro de ese universo y me pierdo allí. Cuando un autor me gusta a veces me leo su obra completa. Por ejemplo, en una época me leí todo Balzac, no leía otra cosa. Y eso es también otra de las características de los cuentos de este nuevo libro: cada uno de ellos dialoga con un narrador distinto que es importante para mí. Por ejemplo, en estos dos cuentos que vienen de adelanto y que han sido publicados por Underwood, el diálogo es con Amos Oz y con Herman Melville.

En el cuento “Punta Negra” hay una reflexión sobre la condición de incomprendido del escritor…
Sí, los escritores generalmente somos incomprendidos por el resto. No somos comprendidos ni como personas ni como escritores. Como personas somos siempre “el idiota de la familia” como le decía Sartre a Flaubert. Siempre en mi casa me criticaron desde muy pequeño, hasta ahora, que dedicara tanto tiempo a estar escribiendo novelas y publicando libros que nadie compraba y nadie leía, en lugar de ganar dinero. Pero desgraciadamente así nací, lleno de fantasías en la cabeza, lleno de historias en la cabeza que clamaban por salir. Y si no escribía no iba a ser feliz. Después de Dios, es la literatura la que le da sentido a mi vida.

MAS DATOS
Dentro de unos meses se publicará en Buenos Aires, bajo el sello Interzona, una reedición de la novela La conciencia del límite último.

viernes, 20 de junio de 2008

TEATRO: No te preocupes, ojos azules


Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

La escena parecería, a primera vista, insólita. Cómo imaginar un encuentro entre Frank Sinatra y Kurt Cobain, teniendo en cuenta la enorme diferencia generacional y lo disímil de sus propuestas estéticas. Sin embargo, el dramaturgo mexicano Sergio Zurita le dio carta libre a su imaginación para pergeñar dicho encuentro en No te preocupes, ojos azules, pieza teatral que el reconocido Alberto Isola ha puesto en escena, bajo su dirección, en el teatro de San Isidro.
“Leí la obra de Zurita –me cuenta Isola– en un ómnibus entre el DF y Guanajuato entre varias obras de autores mexicanos nuevos”. En un principio, las cosas no fueron más allá de cierta curiosidad. “No era fanático ni de Sinatra ni de Cobain, aunque te confesaré que ahora, después de montar la obra, lo soy. Pero con sucesivas relecturas, descubrí que Zurita apelaba a estos dos iconos para hablar de un tema muy mexicano y por ende muy latinoamericano: la masculinidad. Los mitos, las carencias, las figuras paternas, la competencia, las mujeres... Y eso me capturó de inmediato. Además, en mi carrera como director, he montado más bien obras con personajes y temáticas femeninas, así que esta me parecía una excelente oportunidad para transitar por otros rumbos”, precisa Isola.

La puesta en escena cuenta con las actuaciones de Fernando de Soria, interpretando a Sinatra, y de Joaquín de Orbegoso, en el papel del grunge Kurt Cobain. A su reconocida faceta actoral, Isola viene añadiendo, desde hace varios años, una sólida trayectoria de director -Ña Catita de Segura y Un matrimonio de Boston de Mamet, por citar sólo dos montajes dirigidos por él, son una muestra ineludible de sus cualidades-.

Puesta en escena
¿Cómo enfrentó la puesta en escena de esta obra? Isola nos da algunas luces: “Mi trabajo como director fue principalmente crear dos personajes creíbles, complejos, que trascendieran la imagen de museo de cera que podían tener (por eso no hemos buscado hacer que se parezcan a los reales). Fue fundamental el casting. Cuando leí la obra, la primera y la única persona en quien pensé para Sinatra fue Fernando de Soria. Por la edad, pero también por la experiencia de cantante y actor. Nunca lo había dirigido y creo que ambos teníamos nuestros temores previos, que se desvanecieron rápidamente. Se entregó completamente y logró una actuación conmovedora y sólida”.

No te preocupes, ojos azules, más allá de los conocidos personajes que recrea, es una obra que, como toda buena obra, busca cuestionarnos y dejar en el espectador una estela de honda reflexión.

MAS DATOS
Teatro de la Municipalidad de San Isidro
(Calle La República 455, El Olivar)
De jueves a domingo (20.00 horas)

La cornisa


COCO
Por MANUEL ERÁUSQUIN

Mirar y tocar el alma del otro: pocos son los que tienen ese don. Un don que no depende de las miles de páginas que se hayan leído o escrito. Tampoco de los diferentes países que podamos haber visitado. Existen cierto tipo de sensibilidades que nacen con uno y determinan nuestra forma de vivir. Jorge Salazar nació con el don de ver y sentir lo que el prójimo sentía. Sus escritos lo comprueban.

Conocerlo en mis tiempos universitarios fue aprender y asumir que la decisión más importante es vivir. Que sobrevivir sería sucumbir a la infecciosa enfermedad de la mediocridad. Que el dolor o nos hace más fuertes o nos encanalla. Que no vencer el miedo sería nuestra condena a pasar nuestra existencia de rodillas.

En su casa, donde preparaba un exquisito arroz con pato y otras bondades de la buena mesa, se apreciaba la conversación inteligente, se defendía el derecho a pensar. Y claro, también a dudar, incluso de él. Sus diversas y épicas experiencias de vida eran demasiado, demasiado para cualquiera.

Confieso que a veces dudaba de sus historias, relatos en los que podía ser bailarín de flamenco en Alemania, cocinero en un barco de guerra israelí, piel roja en alguna película de Hollywood o, tal vez el que más me costó creer, exitoso seductor de bellas mujeres. Su extraño aspecto físico impedía que creyera tales conquistas. Con el paso del tiempo, la verdad se manifestaba y siempre estaba de su lado.

A Jorge Salazar le debo mi camino periodístico. Él abrió algunas puertas para que empezara en este oficio de la mejor manera. Sus llamadas telefónicas a sus amigos más influyentes pavimentaron mi ruta. Lo sabe él, lo saben quienes me conocen y lo saben aquellos que fueron bombardeados por esas llamadas de ferviente generosidad.

Hace más de una semana que falleció; un mal cardiaco lo ha conducido a un nuevo viaje. A mí me quedan los recuerdos: los buenos y también los malos; pero esos no importan, sobre todo cuando la reconciliación limpió heridas y llegó a tiempo. Ahora deseo que su nueva aventura le sea propicia, que se siente en la mesa de los dioses y que todos ellos conozcan la magia de su humanidad: magia pocas veces vista en este mundo.

*Publicado el miércoles 18/06/08 en Correo.

miércoles, 18 de junio de 2008

JORGE SALAZAR: IN MEMORIAM


Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de PÁVEL UGAZ

La primera vez que lo vi no sabía quién era. Su imagen desgarbada, su caminar despreocupado y un cigarrillo entre los dedos que parecía ser parte de su propia estructura corporal atraparon mi atención de manera inmediata. Era invierno. Lo recuerdo bien. Él llevaba un abrigo largo, por debajo de las rodillas, que alargaba aún más su delgada figura. El patio de la universidad lucía húmedo, una leve garúa cubría la ciudad y a mí me parecía que aquel tipo, que debía ser profesor de algún curso de periodismo, era diferente al resto de anodinos docentes que nos atosigaban con inocuas peroratas teóricas. Tardé un poco en saber que se trataba de Jorge Salazar, el escritor y periodista que había escrito Poggi: La verdad del caso, un libro que yo había devorado con la febril voracidad de un lector entusiasta varios años atrás.

No llegó a ser mi profesor. El destino, siempre imprevisible, no lo quiso así. Y en lugar de un salón de clases, la sala de su casa en Pueblo Libre –atestada de libros– fue el escenario de sus enseñanzas, enmascaradas en amenas y entrañables charlas. Me fascinaba escucharlo. Allí, envueltos ambos en interminables humaredas de tabaco, con una copa de vino en la mano –cortesía de su siempre hospitalaria despensa–, mientras la tarde caía detrás de las ventanas. Coco, como solían llamarlo sus amigos, llevaba la conversación por territorios diversos: historia, fútbol, gastronomía, literatura, periodismo, mujeres.

Coco era amigo de mi padre y, sin embargo, curiosidades de la vida, casi siempre lo vimos por separado. Así nació mi afecto por él, además de la delectación con la que solía entregarme a la lectura de sus textos, como me sucedió con esa estupenda novela policial La medianoche del japonés, que leí completa, de manera casi ininterrumpida, durante una madrugada de escaso sueño. Recuerdo una vez haberlo visto escribir un artículo, sentado frente a la mesa del comedor, deslizando sus largos y delgados dedos por encima de las teclas de una máquina de escribir mecánica. Y mientras lo observaba en ese mágico ritual de atesorar las palabras, desee escribir tan bien como él.

Coco ya no está. Y como uno es dueño de sus recuerdos, eludo los últimos, aquellos enmarcados por el deterioro. Prefiero evocar su imagen durante aquellos años de mi temprana juventud, en su casa, hablando sin parar mientras iba y venía, siempre activo, con su sonrisa pícara y sus ojos vivaces, mostrándome algún extraño libro o simplemente relatándome algún episodio de la historia de Alianza Lima. Mi club; su club. Esos son los recuerdos que suelen hacer tolerables las ausencias.

*Texto publicado en Correo el jueves 19/06/08.

martes, 10 de junio de 2008

SUMALAVIA y su primera novela


Una grata noticia: el 11 de julio se publicará en España la primera novela de Ricardo Sumalavia, estupendo escritor y gran amigo. Se trata de la novela que resultó finalista del prestigioso Premio Herralde y que lleva por título: Que la tierra te sea leve. La novela saldrá bajo el sello Bruguera. Espero que no demore en distribuirse en Lima. A manera de adelanto, Iván Thays en Moleskine literario ha colocado la carátula de la esperada novela de Ricardo.

El juego del ángel de Carlos Ruiz Zafón


No se trata de un autor destinado a la trascendencia literaria. Y por ello no resulta descabellado pensar que para un lector diligente sus libros resulten indiferentes. Carlos Ruiz Zafón debe saberlo y, lo más probable, debe importarle poco o nada. Su mirada apunta a la gran legión de lectores comunes, aquellos que lo han erigido como un éxito de ventas incuestionable. Lo demostró con La sombra del viento, alcanzando grandes tópicos de ventas que lo sitúan al lado de Dan Brawn o Ken Follet. En El juego del ángel (Planeta, 2008), Ruiz Zafón repite la fórmula –intriga, misterio, esoterismo y una prosa sencilla y ágil– e, incluso, traza puentes con la novela anterior, pues en un determinado momento de la trama, David recalará en la librería de Daniel, el protagonista de La sombra del viento; y aparecerá también el recordado Cementerio de los Libros Olvidados. Una novela que se lee rápido a pesar de sus seiscientas páginas. Allí radica su mayor valor. (CMS).

domingo, 8 de junio de 2008

Entrevista a MIGUEL GUTIÉRREZ


Miguel Gutiérrez ha trazado a lo largo de los años una obra de indudable relieve. Sin embargo, muchos de sus libros resultan inubicables para la incondicional legión de lectores que posee. Por suerte acaba de aparecer, gracias a una feliz iniciativa del grupo Santillana, una reedición de El mundo sin Xóchitl (Punto de lectura, 2008). Y, al mismo tiempo, resulta una inmejorable oportunidad para volver a charlar con él y advertir, en cada frase esbozada, su inconmensurable pasión por la literatura.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de VÍCTOR VÁSQUEZ

El mundo sin Xóchitl es una novela cuyo argumento ya estaba planteado en El viejo saurio se retira
Sí, en esa mi primera novela están todos los elementos de esta historia que tardé cuarenta años en escribirla. Y la inicié por el estímulo de una serie fotográfica que mi amigo Julio Olavaria me mostró. Era una serie fotográfica en homenaje a su hermano que había fallecido. Y allí aparecía una jovencita, prepúber, vestida de negro, descalza, con un paisaje que anuncia una sequía. Entonces recordé esa vieja historia, y a partir de allí la escribí con mucha facilidad.

Fue como una revelación…
Sí, observando las fotos de Olavaria la historia se me presentó, además, ligada con el arte de la ópera. Y comprendí que en la novela El mundo sin Xóchitl la ópera debía cumplir dos funciones principales: debía servir como fondo musical y también ser uno de los modelos constructivos y temáticos de mi ficción. Y como mi cultura operística era precaria leí todos los libros que cayeron en mis manos sobre la forma y la historia de la ópera.

La novela nos presenta la necesidad de recuperación del pasado que tiene el protagonista, Wenceslao, sobre todo para volver a sentir cerca a Xóchitl…
El evoca para reconstruir ese pasado, para recuperar la imagen de Xóchitl. Pero al mismo tiempo, mientras va escribiendo, se da cuenta que ellos pertenecen a un mundo social, a una familia. Entonces, simultáneamente van surgiendo otras historias, secundarias. Por ejemplo, los amores de Don Elías, que es el padre de los chicos, pero a quienes engendró cuando tenía setenta años, con una mujer a quien amó sin ser correspondido.

Un elemento importante en la novela es la casa…
Efectivamente, esa casa aparece en El viejo saurio se retira. Y esa casa existe, pero yo nunca la vi por dentro, entonces tuve que imaginármela y reconstruir su probable arquitectura.

Al igual que en otras novelas, aquí está muy presente el tema de la muerte.
Justamente estaba leyendo un trabajo que se ha hecho para un doctorado sobre La violencia del tiempo. Y hay una observación muy interesante sobre la imagen de la muerte y, sobre todo, del duelo. Yo no era completamente consciente de esta imagen del duelo. Y este muchacho ve que hay imágenes de la muerte, del duelo, del luto, repartidas a lo largo de las 900 páginas de la novela. Entonces, no me sorprende que esté la muerte acá en esta novela. En ésta se trata de una muerte privada, pero en otras novelas la muerte tiene manifestaciones a nivel colectivo.

Otra recurrencia es la presencia de mujeres dominantes, como es el caso de Xóchitl.
Claro, ella es la que domina y Guencho se somete a esa servidumbre de amor. En mis novelas hay todo tipo de mujeres: delicadas, combativas, apasionadas. Está, digamos, el tema de Antígona que se reparte en varias de mis novelas. Tamara Fiol, el personaje de la novela que espero publicar este año, es también una suerte de Antígona. La mujer vengadora, la mujer rebelde. Algo de eso también tiene Xóchitl. Pero son personajes capaces de la ternura, también.

¿A qué se debe eso?
A diferentes razones. Pero también porque me parecía que los personajes femeninos de la narrativa peruana eran escasos. O en todo caso no suficientemente trabajados. En Arguedas, por ejemplo, había dos arquetipos de mujeres: la prostituta y la mujer idealizada. En el caso de Vargas Llosa está la imagen como objeto compartido. En La ciudad de los perros, a Teresa la aman tres personajes. Y la niña mala de su última novela, es un poco como el objeto estético al cual se quiere poseer. Creo que hay en mis novelas toda una galería de personajes femeninos que se ha ido formando a lo largo de los años.

*Entrevista publicada en Correo el domingo 8/06/08.

CALDERÓN FAJARDO por GUICH

Uno de mis autores predilectos, desde que leí los cuentos que conforman el libro El que pestañea muere, es Carlos Calderón Fajardo. Eso fue hace varios años, mucho antes de conocerlo personalmente. A partir de ese momento me convertí en un entusiasta lector de los libros que ha venido publicando. Acaba de aparecer, dentro de la conocida serie Underwood, un libro que bajo el título de Playas recoge dos cuentos inéditos que conformarán el nuevo conjunto de relatos de Calderón Fajardo. Pepe Guich ha señalado en su columna de Correo que se trata de un adelanto “prometedor a todas luces. Da cuenta de un autor en la búsqueda de otros territorios. Y es de presumir que las diosas asentadas bajo la superficie desde eras inmemoriales harán que ese navío llegue a buen puerto y no naufrague calamitosamente. Con lo examinado, parece que los vientos son favorables”. Lean el texto completo. Ya esperar ansiosamente la publicación de ese nuevo libro (además de aquellas dos novelas finalistas en importantes concursos literarios de carácter internacional).

*Fotografía de ADRIÁN PORTUGAL.

lunes, 2 de junio de 2008

ALEJANDRO ROMUALDO in memoriam


Escribe Carlos M. Sotomayor
Fotografía: USMP

Y el silencio se hizo total. Alejandro Romualdo, insigne representante de la celebrada generación del 50 –quien desde hacía largos años había vuelto la mirada hacia adentro, en un exilio voluntario allá en su morada de la calle Ernesto Plascencia, en San Isidro–, falleció en su dormitorio la madrugada de ayer, víctima de un infarto. Sus restos han sido velados en la Casona de San Marcos.

Romualdo –quien en realidad se llamaba Alejandro Valle, hijo del conocido comediante Alex Valle– entregó a las letras peruanas una poesía importante, con grandes picos de calidad lírica. Su primer conjunto de poemas La torre de los alucinados (1949), en el que se aprecia la influencia de Rilke, le hizo merecedor, nada más y nada menos, del entonces codiciado Premio Nacional de Poesía. Romualdo se caracterizó por una incesante búsqueda creativa. La métrica del primer libro, por ejemplo, queda de lado a la hora de encarar su poemario Cámara lenta (1950). El poeta optaría en este libro por la prosa poética. El erotismo cobra protagonismo en El cuerpo que tú iluminas (1950-51) y la presencia de Vallejo se percibe en Mar de fondo (1951-52). Luego de España elemental (1952) y Poesía concreta (1952) llegaría el más arriesgado libro de Romualdo: Edición extraordinaria (1958). En este libro el poeta recurre a un estilo marcadamente prosaico, que bordea el descuido semántico. La crítica de la época resultó demoledora. Cosa curiosa, en ese libro viene su poema más conocido, el emblemático "Canto coral a Túpac Amaru que es la libertad".

Aparecerían luego una serie de libros entre los que figuran Como Dios manda (1967), Cuarto mundo (1970), El movimiento y el sueño (1971) y En la extensión de la palabra (1974). Aquí se produce un largo silencio poético hasta el 2002 en el que aparece Ni pan, ni circo, libro publicado por el INC con motivo del homenaje que le hicieran a todos los miembrios de la generación del 50.

Quienes lo conocieron lo recuerdan, además, como un talentoso caricaturista que firmaba con el apelativo de Xano. Sin embargo, desde hacía varios años su existencia se tornó ermitaña, casi no salía de su casa y entrevistarlo resultaba siendo una empresa imposible. La última presentación pública que tuvo fue el año pasado en la presentación de la revista Martín, en una velada en la que, incluso, leyó algunos poemas suyos al lado de su compañero de generación, el poeta Carlos Germán Belli.

El dato biográfico apunta su nacimiento en Trujillo, en 1926. Y ahora, el mismo dato nos dirá que partió en el 2008, como diría el poeta Quasimodo, “traspasado por un rayo de sol”. Y en seguida anocheció.

OPINIONES

CAMILO FERNÁNDEZ COZMAN
Crítico literario y poeta
"Alejandro Romualdo practicó diversos registros y experimentó con la palabra hasta límites insospechados. Hizo poesía de compromiso político en Edición extraordinaria, asumió el legado del Simbolismo francés en La torre de los alucinados, experimentó en Poesía concreta buscando un arte total. Su deceso nos deja un profundo vacío. Manejaba las metáforas con inusual maestría".

MARCO MARTOS
Poeta
"Alejandro Romualdo Valle es un poeta diferente dentro de la generación del 50. Señalado por la crítica como un escritor que privilegia los textos llamados comprometidos, adscritos a la lucha social, es también uno de losmás exquisitos líridas de nuestra tradición, de un extremado rigor formal,como puede verse en su primer libro La torre de los alucinados o en laúltima de sus producciones entregada a la imprenta, Ni pan ni circo, magnífica desde todo punto de vista, y que aguarda los comentarios quemerece".