lunes, 4 de febrero de 2008

Entrevista a CARLOS LOPEZ DEGREGORI


El nuevo poemario de Carlos López Degregori, que aún se encuentra en preparación, se vislumbra ya como un libro ambicioso. A manera de adelanto, algunos versos pueden apreciarse en A quien debemos temer (Colección Underwood), libro que incluye otros poemas ya conocidos del autor y que, además de confirmar sus grandes cualidades poéticas, nos reiteran sus obsesiones temáticas que giran en torno a la indagación existencial.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de KEYKO MONTEBLANCO

Tú formaste parte, aunque durante un breve período, del grupo La sagrada familia. Quien te introdujo en el grupo fue Enrique Sánchez Hernani, ¿no?
Yo formé parte de La sagrada familia dos o tres mes en el año 78. Y a través de La sagrada familia publiqué mi primer libro: Un buen día. Lo que ocurrió es que yo había pasado la mayoría de los años setenta fuera del Perú, en Colombia. Y uno de los pocos poetas jóvenes que había conocido antes de irme era Enrique Sánchez. Entonces, cuando regreso a Lima en 1978 la única persona que conocía era a Kike Sánchez; y él inmediatamente, a los dos días de llegar, me presentó a los que formaban parte de La sagrada familia, y me hice amigo de ellos. Estaban Edgar O’Hara, Luis Alberto Castillo, Roger Santibáñez, Willy Niño… Y un poco por entusiasmo y amistad terminé en el grupo sin que tuviera una real convicción en las experiencias grupales.

Claro, tu poesía empezó con una marcada insularidad respecto de la manera cómo se escribía por esa época…
Cuando empiezo a escribir, mi poesía estaba en un espacio que no era el esperable. Estaba totalmente alejada de la poesía coloquial, testimonial, de la calle. Mi poesía era más metafísica, mucho más mágica. Por allí he seguido escribiendo…

Tu poesía exige del lector una mirada más atenta. Eduardo Chirinos dice, por ejemplo, que tus poemas dicen más por lo que calla que por lo que dice…
Sí, es una apreciación que me agrada, pues es el tipo de poesía que siempre he practicado: una poesía que sugiere. Una poesía que trata de ver, de buscar, de hurgar en lo que está detrás. No es una poesía que renuncia a la realidad sino que busca otra realidad detrás de lo que nosotros somos, de lo que experimentamos…

Hay una constante indagación existencial…
Sí, y esa peculiaridad se ha ido acentuando. Paradójicamente siento que mi poesía es cada vez más diáfana a nivel de lenguaje, cada vez más lacónica, cada vez más desnuda a nivel de lenguaje. Y al mismo tiempo es cada vez más velada, más oculta. Siempre hay algo que está detrás del poema, y que a veces ni siquiera yo, como poeta, como voz que enuncia y que sostiene el discurso, llego a entenderlo. Yo siento que la poesía más que transmitir un significado cerrado, un saber, la poesía lo que te propone es una posibilidad, una búsqueda, un enigma. Y creo que esta concepción se ha ido haciendo más fuerte.

Tengo entendido que preparas un nuevo poemario…
En este momento estoy trabajando un libro. Trabajándolo con lentitud. Es un libro que está creciendo y que no sé hacia dónde va a ir exactamente. Creo que va a ser un libro bastante amplio, bastante complejo, bastante ambicioso. En este momento tengo quince poemas. Supongo que de acuerdo con el proyecto tendrán que ser unos 35 poemas más o menos.

Algunos poemas que vendrán en ese poemario se pueden apreciar en A quien debemos temer. ¿Cómo surge este libro?
Este libro surgió gracias a una invitación de la colección Underwood. Y gracias a esto yo quise entablar un diálogo con otros momentos de mi obra. Entonces tomé tres textos escritos el año pasado y los acompañé con una pequeña secuencia de poemas bastante sonámbulos que no llegaron a formar parte de Lejos de todas partes. Y añadí un segundo texto que tiene un hilo narrativo, pero que no es propiamente un relato sino un poema en prosa que sí está en Lejos de todas partes, pero que no pertenecía a ninguna colección. Y que se llama A quien debemos temer y es el que terminó dándole título a este libro.

¿Cómo así?
Porque creo que recoge la incertidumbre, el desasosiego, el temor de abrir una puerta, una caja. Y ese abrir, ese atravesar significa un miedo, una incertidumbre. Por eso le puse ese título: A quien debemos temer. A quien debemos temer es a nosotros mismos…

*Publicado en Correo el domingo 3 de febrero de 2008.

2 comentarios:

Federico Villarán dijo...

Hay escritores que deberian ser mas promocionados, como éste. Bien por Correo y que mal que El Dominical de El Comercio nunca lo haya mencionado. Ninguneando simepre

Michael dijo...

acabo de comprar el libro "lejos de todas partes"... lo encontre en la feria del lirbo de miraflores en el stand de la u de lima...fue el único libro que encontré de él...ojala pueda hallar mas libros en algún lugar