miércoles, 21 de julio de 2010

martes, 13 de julio de 2010

GIOCONDA BELLI gana PREMIO DE NOVELA "LA OTRA ORILLA" DE NORMA

Poeta y narradora Gioconda Belli (Foto: Internet)

Inicialmente trazó su ruta como poeta. Y alcanzó rápidamente un merecido reconocimiento a su indiscutido talento lírico. Los premios Mariano Fiallos Gil (1974) y Casa de las Américas (1978), obtenidos por sus libros Sobre la grama y Línea de fuego, respectivamente, son una nada deleznable prueba de ello. Sin embargo, desde 1988, Gioconda Belli optó también por transitar, con igual destreza, por los predios narrativos. Así apareció La mujer habitada, su celebrada primera novela, a la que le han seguido algunas más.

Hace un par de años, si la memoria no me falla, la nicaragüense Gioconda Belli estuvo en Lima –participando en la Feria Internacional del Libro–. Y recuerdo que sostuvimos una grata charla (VER AQUÍ) en el hotel donde se hospedaba, sobre El infinito en la palma de la mano, novela con la que había obtenido el Premio Biblioteca Breve Seix Barral 2008.

Ahora, una grata noticia acaba de llegar, vía mail: Gioconda Belli ha ganado el Premio de Novela La otra orilla 2010, que organiza la editorial Norma. Un premio dotado nada menos que con cien mil dólares. El jurado estuvo compuesto, según me cuenta mi amiga Verónica Valderrama (de Norma), por el peruano Santiago Roncagliolo, el colombiano Mario Mendoza y el español Pere Sureda. El manuscrito tiene por título Crónicas de la izquierda erótica. Y esperamos que pronto se publique. (CMS)

lunes, 12 de julio de 2010

PRESENTACIÓN: Libro de Jaime Lértora

BLOC DE NOTAS (de Carlos Calderón Fajardo)

José María Arguedas (Foto: Internet)

LA NOVELA MODERNA NO EUROPEA: Arguedas, Kundera, los zorros
Escribe CARLOS CALDERÓN FAJARDO

El día que se suicida José María Arguedas en la universidad Agraria, minutos antes había almorzado con Luis Alberto Ratto. Cuenta Ratto que en ese almuerzo, el escritor había comentado con entusiasmo sobre el Gargantúa y Pantagruel de Rabelais, al parecer el último libro que Arguedas leyó en su vida. Curiosamente, Gargantúa y Pantagruel, es para Milán Kundera, el libro con que se inicia la novela europea moderna.

Para Kundera novelas escritas por escritores no europeos son novelas europeas escritas fuera de Europa por escritores no europeos. No estoy de acuerdo con esta afirmación. Existe una novela moderna no-europea, escrita por novelistas con una identidad no europea, una sensibilidad surgida de una cultura y un paisaje que no es el europeo, y que enfrentan problemas históricos que no son europeos. 

La idea que la novela es la expresión artística por excelencia de la modernidad europea es también debatible. ¿Si no hubo modernidad en América Latina, entonces de dónde salió nuestra novelística auténticamente moderna? Una respuesta posible es que en América Latina se produjo otro tipo de modernidad, una que generó un tipo de novela moderna no-europea. Rulfo, Asturias , García Márquez y Arguedas, entre otros, crearon una novela no europea de un nivel estético original y de alcance universal.

Arguedas es un escritor moderno de este tipo. Él se llamaba a sí mismo: un hombre “quechua moderno”. El Zorro de arriba y el zorro de abajo no solo es una gran novela sino testimonio novelesco de la crisis de la novela no-europea en su intento de representar la realidad en los márgenes de occidente. Arguedas no elige al azar a Chimbote para escenario de su novela. Había viajado a ese puerto norteño a efectuar un estudio antropológico por encargo de la Universidad Agraria. Encontró en el puerto norteño el escenario perfecto para lo que deseaba expresar en su última novela: las consecuencias que ocasiona la gran industria moderna en la destrucción de la identidad y la cultura andina pre-moderna. Al insertar Arguedas su diario en la novela, donde narra como se procesa su suicidio, el novelista nos cuenta sobre la rajadura en su sensibilidad y en su inteligencia, y da testimonio de la crisis final que produce la imposibilidad de la forma novelesca para enfrentar a la realidad social y a los problemas personales. En su última novela José María Arguedas parece decirnos no que la novela como género no sólo ya no puede dar cuenta de la realidad destruida, devastada por la modernidad sino que la novela ya no sirve para realizar el que fue su sueño personal, su proyecto de vida: el encuentro de la cultura occidental y la cultura andina en una misma forma expresiva.

viernes, 9 de julio de 2010

FERNANDO AMPUERO en Colombia

El escritor peruano Fernando Ampuero estuvo hace poco en Bogotá, participando en la V edición del Festival Malpensante, organizado por la prestigiosa revista homónima. En aquel festival, en el que también estuvieron importantes autores como el español Enrique Vila-Matas y el argentino César Aira, Ampuero, además de responder infinidad de entrevistas, ofreció una conferencia sobre su decálogo literario. Sobre esto habla en esta ENTREVISTA que le hace un medio colombiano.

Entrevista a FERNANDO AMPUERO

Escritor Fernando Ampuero (Foto: CMS)

Fernando Ampuero acaba de publicar Fantasmas del azar (Editorial Norma, 2010), un libro que reúne su cuentística completa, desde el inicial Paren el mundo que acá me bajo hasta los cuatro más recientes relatos que conformarán un próximo conjunto. Guarecidos del cruento invierno en la comodidad de su departamento miraflorino, la charla, siempre entrañable, giró en torno a su reconocida obra literaria. 

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Tú has explorado todos los géneros (cuento, novela, poesía y teatro). ¿Se puede decir que en el cuento es donde te sientes más cómodo?
Sí, efectivamente, el cuento es el género por excelencia. Yo creo que me siento más cómodo porque, fuera del hecho de que me parezca el más difícil, es el que se adapta más a mi forma de vida. Yo tengo, como tú sabes, una doble vida: la del periodista y la del escritor. Y tengo que conjugarlas. Para escribir novelas uno necesita una disciplina diaria, estar todo el tiempo manteniendo un mismo temperamento. En cambio, cuando se escribe un cuento uno puede ir pensando la historia durante dos semanas, mientras manejas en el auto… vas dándole forma, vas completando cada una de las fisuras, de las cosas dichas y no dichas, de lo que subyace en el cuento, de los diferentes niveles de narración. Pero todavía no estás escribiendo, estás pensando. Entonces, te sientas a escribir y lo terminas en una semana. De alguna manera mis novelas son como cuentos largos, no tienen más de 200 páginas. Hay una característica, eso sí, que diferencia mis novelas de mis cuentos. En mis novelas los personajes son callejeros: un cambista de dólares del primer gobierno de García, la prostituta de la época de Montesinos y Fujimori con el vendedor de enciclopedias, o el taxista que vende borrachos. En mis cuentos, digamos en el 80%, los personajes pertenecen a la clase media y a la clase alta. Yo esto no lo he hecho voluntariamente. Uno va revisando tus libros y te vas dando cuenta de esto.

Al observar tu obra cuentística, desde Paren el mundo que acá me bajo hasta los últimos relatos, uno advierte un tránsito hacia la concreción. 
Para mí este libro es muy significativo y muy importante. Primero porque es una compilación de mis cuentos completos. Después, porque junta mis libros de juventud: Paren el mundo que acá me bajo, que escribo a los 19 años; Deliremos juntos, a los 22. Y hay allí un proceso de depuración. Voy primero explorando diferentes modos de escritura. Vas a ver que “Muchacho de la playa” tiene una prosa casi poética, barroca. “Paren el mundo…” tiene un estilo visual y directo que después he desarrollado. “Irse por las ramas” es un experimento de novela policial. Entonces, vas viendo que hay como una búsqueda, pero que ya va decantándose poco a poco mi voz narrativa, hasta llegar a lo que es verdaderamente mi expresión, que es el último cuento que inserta en una de las tantas reediciones de Deliremos juntos: “El departamento”. A partir de allí ya se pasa a mis cuentos de madurez, que es mi etapa más conocida: Malos modales, Bicho raro y Mujeres difíciles, hombres benditos. En donde ya soy, pues, un escritor en el control de sus medios. No es que lo otro esté descontrolado, sencillamente es la etapa en la que buscas diferentes opciones de expresión.

En este libro incluyes, además dos relatos (Vidas soñadas) que aparecieron en Gato encerrado, tu libro de crónicas.
Cuando decido incluir Vidas soñadas estoy poniendo en realidad relatos de esa época. Porque como tú sabes hay un gran vacío en mi producción entre lo que algunos críticos han llamado el “primer Ampuero” y lo que vendría a ser el “segundo Ampuero” (risas). Y eso se debe a toda la etapa del terrorismo en la que me dediqué al periodismo por completo. Tuve los programas de televisión: Documento, Uno más uno. Trabajé en Visión con el inefable César Hildebrandt, en algún momento trabajamos juntos (risas). Fue una etapa en la que yo sentía que debía dedicarme más a cumplir con mi funcionalidad social, digamos, ser un periodista que explicara un poco la situación y las grandes contradicciones del país. Cuando eso empieza a amainar vuelvo mi narrativa y aparecen Caramelo verde, Malos modales… Y ya soy un escritor en sus treinta. Entonces, ahora que hago la compilación, me di cuenta que esos dos textos que están en Gato encerrado, y que ahora han sido reeditados por Alfaguara en ediciones de bolsillo, con un prólogo de Enrique Zileri, dicho sea de paso, debían estar incluidos aquí, porque cubre esa etapa de los 80 en donde no publico literatura.

Dos textos que tienen cierto tono literario…
Claro, ya es un periodismo con un tono literario, porque probablemente estaba extrañando hacer literatura. Pero como estaba tan metido en el asunto periodístico, estábamos a bombazos todo el tiempo, y faltaba el agua y la luz… tú te acuerdas de eso. La memoria es frágil y mucha gente se olvida, pero pasamos unos diez años horrorosos.

Y al mismo tiempo, muchos de tus cuentos, como lo ha acotado el crítico Julio Ortega, tienen influencia de la crónica…
Bueno, lo que ocurre es que a mí el periodismo me ayudó mucho a decantar mi lenguaje. La mayoría de mis cuentos y novelas van al grano, como generalmente procedemos los periodistas. Lo que pasa es que yo hago una ósmosis: utilizo en el periodismo elementos literarios y a la inversa, cuando escribo literatura trato de ser lo más cercano de lo que es el periodismo en cuanto la visión directa, clara, luminosa y fluida. No hago propiamente periodismo, pero sí me interesa un lenguaje directo, limpio, de frases claras, despojado de ornatos superfluos. Y esto se inscribe en una tradición literaria, por supuesto, en donde están Hemingway, Salinger, Carver y otros escritores que escriben con un estilo casi de alambre. Todos hijos, por supuesto, de Chejov y Turgueniev y de otros autores de estilo directo y claro. A mí me interesó más esto que, digamos, lo contrario, el escritor de tipo Faulkneriano, que cabalgan frases. Y no es que me disgusten esos escritores: yo leo con gran placer a William Faulkner y a Javier Marías que tienen ese estilo. Pero lo que me parecía que se acomodaba más a mi visión era ese estilo directo. Lo que me interesaba era alcanzar la proeza de lograr densidad literaria a través de un estilo tan desnudo. 

Lima es la protagonista de tus libros. ¿Cómo es tu relación con esta ciudad?
Cada escritor escribe sobre lo que más conoce. A mí me gustaría escribir sobre Abancay o haber podido escribir Los ríos profundos, que es un libro que admiro mucho, pero yo no he vivido esa realidad. No lo voy a hacer bien. Pero sí conozco la ciudad, sí conozco Lima. Como te he mencionado en mis novelas los personajes son populares y en mis cuentos son de clase media y alta. Esos son los mundos que yo conozco. Como periodista yo he tenido el pasaporte para ingresar a todos los submundos de la ciudad, pero también a los salones elegantes. Tú sabes cómo es el trabajo del periodista, lo he hecho con tu padre, que es un excelente diseñador, en Caretas. Uno puede un día estar en las oficinas lujosas de un ministro de Estado y a la noche estar en la casa precaria de un dirigente sindical a las afueras. La ciudad para mí es la protagonista, por supuesto, de una u otra manera, de toda mi literatura. Lima me mata, era una frase que salió hace poco de una muestra pictórica. Pero eso lo decía yo hace muchos años: “Lima me está matando y yo la quiero matar” (risas). 

Una de las recurrencias que encuentro en tu literatura es aquella mirada irónica y lúdica, además de un elemento constante de revelación y asombro.
Sí, yo siempre me he esforzado en un objetivo: construir una mirada, una percepción del mundo. Y esta percepción del mundo tiene un acicate: el asmobro. Yo siempre he tratado de mantener mi capacidad de asombro lo más fresca y lozana. 

Además de aquel silencio de los 80, hay otro gran silencio en tu narrativa, que va desde Bicho raro (1996) y Mujeres difíciles, hombres benditos (2005). Es una época en que debes enfrentarte a una difícil enfermedad. Y por esos años aparecen dos poemarios. ¿No es casualidad esa incursión poética, verdad?
No es casual, claro. Yo ya tenía un sentimiento premonitorio de algo que se me venía, y por eso escribí los poemas de Voces de luna llena, que son poemas que reflexionan sobre al amor, el deterioro y la muerte. Ahora, justamente, en agosto, va a salir una antología personal de mi poesía (con algunos poemas nuevos). En ese proceso, claro, había lo que en mí se llamó como “un poeta tardío”. Y claro, para el gran público soy un poeta tardío. Pero yo ya era un poeta desde un primer momento…

Incluso, en tu primer libro se advierte esa veta poética.
Claro, y ya había publicado poesía en algunas revistas. Lo que pasa es que no opté por publicar un libro de poemas. Mi vocación es más narrativa.

domingo, 4 de julio de 2010

ENRIQUE VILA-MATAS se presenta el miércoles en el CCE

Escritor Enrique Vila-Matas (Foto: Internet)

La noticia la supe desde mucho antes de que se hiciera oficial. Una amiga me pasó el dato y otro amigo, más cauto él, si bien no pudo confirmármelo tampoco lo negó. Ahora ya es un hecho: Enrique Vila Matas, el estupendo escritor español (autor de celebradísimas novelas como El mal de Montano o Doctor Pasavento), aterrizará en Lima mañana. Vila Matas llega gracias al Centro Cultural de España (CCE) y a la editorial Planeta. El día miércoles 7 ofrecerá una charla sobre su más reciente novela Dublinesca (Seix Barral, 2010), acompañado del escritor peruano Gabriel Ruiz Ortega. La cita es en el CCE (Natalio Sánchez 181, Santa Beatriz), a las 7:30 p.m.

domingo, 27 de junio de 2010

BLOC DE NOTAS (de Carlos Calderón Fajardo)

Premio Nobel portugués José Saramago (Foto: Internet)

José Saramago: El largo viaje de un elefante
Escribe CARLOS CALDERÓN FAJARDO

Obra y vida en Saramago equivalen al viaje de un fascinante paquidermo. En el último de sus libros El viaje del elefante (2009) narra las tribulaciones de un viejo elefante en exhibición que se desplaza de Lisboa a Viena. Leerlo nos produce la sensación que Saramago nos cuenta metafóricamente su autobiografía, una novela sobre una Europa en crisis de civilización y escrita por un europeo perturbador. Se sintió íbero más que portugués, diría de la Iberia progresista y de izquierda. 

Escribió 30 libros. Lo más importante de su obra creada luego de los 60 años por un escribiente que decidió no rendirse, con una creatividad que la edad no menguó. El largo viaje empieza con la extraordinaria novela histórica Memorial del convento (1982). En El evangelio según Jesucristo (1992) El novelista nos pinta un Cristo en su virginidad, a María Magdalena utilizada por Dios para extender su dominio sobre el mundo. Saramago es un elefante ateo, irreverente. Esta novela polémica lo saca de Portugal. Afinca en Lanzarote, Canarias. Anti-religiosa es Cain (2909), humorística versión del asesinato de Abel. Este mamut irreverente señala que la Biblia es un “manual de malas costumbres”. Crítico de la dictadura de Salazar en Portugal, del presidente italiano Berlusconi, y de la política israelí en territorios palestinos ocupados. Anciano Quijote rojo, parecía decirnos que la vida sin rebeldía es un desierto. Su novela Ensayo sobre la ceguera. (1995) de 500 páginas, es relato frenético, apocalíptico surrealista. Alguien se queda ciego ante un semáforo en rojo. En una epidemia de “ceguera blanca”, todos los habitantes de una ciudad enceguecen. Saramago, es de los narradores hispanos el más próximo a la filosofía. En su novela La Caverna (1988) recrea magistralmente el mito de la caverna de Platón.; los diálogos son excelentes y Cipriano un personaje inolvidable. ¿Qué recomienda leer Saramago? El año de la muerte de Ricardo Reis. “Es de mis libros el que más me gusta, libro sobre la soledad en un tiempo triste”.

El viaje del elefante escrita a los 85 años es una novela río sin puntuación. Saramago, iconoclasta lusitano, escritor incomprendido por muchos, caminó pleno de humor, parodia, rebelión y sabiduría hasta llegar al cementerio de los elefantes donde la pluma reposa y calla, por fin en paz. Dios lo juzgará. Nosotros perdonamos al escritor. Fue probablemente al más humano de los mastodontes.

*Artículo publicado en Caretas.

sábado, 26 de junio de 2010

Entrevista a JULIO CÉSAR VEGA

Julio César Vega en Café miraflorino (Foto: CMS)

Cuando apareció el conjunto de relatos Cuatrogatos, uno podía advertir que se trataba de un autor dueño de un universo narrativa bastante particular. Tras ocho años de silencio editorial, Julio César Vega regresa con Adiós, Guernica (Casatomada, 2010) una estupenda novela de evidentes resonancias simbólicas.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR 

Luego de ocho años de la aparición de Cuatrogatos se publica Adiós, Guernica. Sin embargo, esta novela la vienes trabajando desde hace mucho.
Es una novela cuya estructura ya estaba desde la época de Cuatrogatos. La historia de estos dos personajes, de estas dos pobres almas, ya la tenía en los años juveniles, por así decirlo. En estos ocho años se ha ido construyendo de a pocos. A partir de ese año 2002 comencé a darle la estructura final, a alimentarla y a investigar más cosas respecto a la misma historia que está en un contexto de guerra. Y está alimentada con poetas que vivieron en contextos de guerra, como Walt Whitman, Apollinaire, Ungaretti, Alberti. Fueron los que le dieron los trazos finales. 

Si bien no puede decirse que la novela transcurra en Guernica, sí hay una referencia simbólica a esa ciudad. E, incluso, al famoso cuadro de Picasso.
En la novela, además de narrar esta historia de amor, de guerra, de liberación, de sentimientos encontrados, de personajes sumidos en los acontecimientos que van más allá de sus propias voluntades, los personajes me pedían un nivel simbólico de todos estos acontecimientos. Entonces, ya era de por sí una historia que quería ser en el fondo una apuesta política. Entonces, el simbolismo de Guernica, de la ciudad bombardeada fue adquiriendo mayor fuerza en toda la novela. Sin embargo, es como tú dices, una referencia simbólica, no es el telón de fondo de la novela. Es el simbolismo del cual me presto. Y la otra parte es el simbolismo que adquiere a través de observar y tratar de alimentarme del tono emotivo del cuadro de Picasso: esa confrontación del dolor, esas identidades perdidas, flotando dentro del cuadro de Picasso fue lo que también me alimentó para construir la novela.

La novela transcurre en dos niveles narrativos: uno real y el otro, digamos, onírico. Una especie de refugio para el joven protagonista.
Sí, cuando nació la estructura, la novela me pedía que esos dos personajes trataran de ubicarse en estos dos planos. En un plano real y un segundo plano que podría ser un plano onírico. Los personajes como los seres humanos en general necesitan un nivel de escapatoria, un refugio interior o un refugio exterior. Pero está también la otra posibilidad: de que el sitio en donde escapas, es decir, tu sueño, puede ser la pesadilla de otro.

Como sucede con el personaje de la chica llamada Tristeza…
Claro, porque es allí donde se vincula el personaje principal con el otro personaje que está al otro lado del espejo. Y que es Tristeza. Y hay una especie de vinculación, de canales, de puentes entre los dos mundos, que van a configurar toda la estructura narrativa. 

El padre resulta siendo un personaje importante. Sobre todo por las cartas que le dirige al hijo.
El personaje del padre es clave. Porque él viene a ser algo así como una voz de reflexión frente a los grandes conflictos que pueden surgir en la mente de los personajes. Porque además, como tú sabes, está narrado en primera persona. Entonces, cómo poderle dar una voz de reflexión mayor. Y es a través de este mundo paralelo en el cual el personaje del padre asume la voz no sólo de un poeta, como lo es él, en las cartas, sino que esa voz es la voz por la cual se pueden comunicar Walt Whitman, Rafael Alberti o todos los demás poetas que de alguna manera vivieron dentro de un conflicto, que estuvieron en medio del horror. Y la voz que estos poetas asumen a través de la voz del padre es una voz de reflexión muy profundo de lo que significa el conflicto de los hombres. 

Una de las características de este libro (que también se podía ver en el anterior) es el tono lírico. Pienso, por ejemplo, en la escena de la traición, en la que el protagonista empujado por el miedo se vuelve un delator.
El tono de la novela es lo que más me costó, porque allí hay mucho trabajo que pulir. Fueron casi ocho años de pulirla, de cambiar una palabra, de intentar darle ese tono, ese ritmo. Encontrar la voz del personaje. Y esa tenía que ser una voz lírica. En la escena que mencionas el personaje es ganado por el propio acontecimiento. Y le gana el miedo. Entonces, cómo narrar esa traición a tus propios congéneres. Y era comunicarlo a través de un yo interior que pudiera traslucir esa especie de dolor. Y ese dolor no es nada grato, es un dolor a través del miedo que se apodera de él.

martes, 22 de junio de 2010

MESA DE NOCHE (libros)

Maritza Villavicencio
Chaska
(Editorial Norma)

La historiadora y museógrafa Maritza Villavicencio ha publico Chaska (Norma, 2010), una novela protagonizada por una joven princesa del valle de Pachacamac. La trama nos muestra los avatares por los que pasará Chaska en la búsqueda por restaurar el orden cósmico, quebrado con la irrupción de los españoles. 



Enrique León
Parte uno, parte dos, parte sin parte
(estanoesunaputaeditorial)

“Porque ante la gente soy uno/ y a solas/ arrinconado/ solo un poco de eso/ de silencio”. Así empieza el poema que inicia el libro Parte uno, parte dos, parte sin parte (estanoesunaputaeditorial, 2010) del poeta Enrique León. Se trata de un afiatado e intenso poemario que merece leerse con atención. Lo recomiendo.



Mariella Di-Laura
Abismo
(Santo oficio)

Para quienes hayan podido leer Fiebre, este nuevo poemario Abismo (Santo oficio, 2010) es la confirmación de las dotes líricas de Mariella Di-Laura y su interesante tendencia a la consición. En esta ocasión, los versos breves de Di-Laura exploran, como lo señala Carmen Ollé, la noche, “para celebrarla o decantarla a través de la ironía”.

lunes, 21 de junio de 2010

CARLOS MONSIVÁIS (1938-2010)

Carlos Monsiváis (Foto: INternet)

El sábado pasado, al revisar el Facebok –durante un intermedio de mi clase de Redacción en ISIL– me enteré, vía Edmundo Paz Soldán de la muerte del escritor y periodista mexicano Carlos Monsiváis. Hace algunos años tuve la suerte de conocerlo personalmente y de charlar con él algunos minutos, en el Hotel Sonesta (San Isidro), cuando vino a Lima invitado a nuestra Feria Internacional del Libro. 

Amigos mexicanos de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara me enviaron un comunicado que comparto con ustedes, amables lectores de este blog.

COMUNICADO / FIL GUADALAJARA

Guadalajara, Jalisco a 19 de junio de 2010

FIL Guadalajara lamenta la muerte de Carlos Monsiváis

El crítico, escritor y ensayista, fallecido hoy a las 87 años, fue “una de las voces más críticas y valientes de nuestro país” y “uno de los amigos más fieles de la Feria”, comenta Nubia Macías

“Carlos Monsiváis ha sabido combinar, con maestría y calidad literaria excepcional, el rigor crítico con la lucidez de una mirada capaz de ver e interpretar, en cada elemento de la realidad que registra, seña y signo de las complejas negociaciones y opciones que delinean y configuran la realidad humana, política y cultural de nuestro tiempo”. Con estas palabras, un jurado decidió otorgarle al escritor, crítico cultural y ensayista el Premio FIL de Literatura en 2006. Y es, precisamente, la lucidez de una obra amplia y diversa la que Monsiváis, fallecido hoy a los 72 años, deja a sus lectores.

Raúl Padilla López, presidente de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, señala que “con Carlos Monsiváis perdemos a una de las voces más constantes y sólidas del pensamiento contemporáneo y a un férreo animador de la cultura mexicana. Sin lugar a dudas, sus obras son un referente para entender al México de hoy y su lamentable fallecimiento nos llena de tristeza. Monsiváis nos deja una obra deslumbrante, no carente de humor e ironía, y el recuerdo de la amistad que siempre tuvo para con todos los que trabajamos en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara”.

Nacido en la ciudad de México en 1938, Monsiváis fue autor de, entre muchos otros títulos, Días de guardar, Amor perdido, Nuevos catecismos para indios remisos, Escenas de pudor y liviandad y Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina. En 2006, el jurado que le otorgó el Premio FIL de Literatura —integrado por Julio Ortega, Sergio Pito, Beatriz Pastor, Cecilia García Huidobro, Jorge Urrutia, Seymour Menton, José Luis Martínez y Gonzalo Velorio— destacó el lenguaje distintivo con el que Monsiváis representó “la riqueza de la cultura popular, el espectáculo de la modernización urbana, los códigos del poder y de las mentalidades”. 

Además de participar en numerosas presentaciones de libros y mesas de diálogo, Carlos Monsiváis recibió dos de los galardones más importantes de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara: el Premio FIL de Literatura, en 2006, y el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, en 1993. Defensor de los libros y los lectores, Carlos Monsiváis dijo, en una de sus últimas visitas a Guadalajara, que “la supremacía de la imagen no es el peor enemigo” de la lectura, “sino el empobrecimiento de la educación en nuestro país”.

Nubia Macías, directora general de la FIL Guadalajara, indica que “Carlos Monsiváis fue uno de los amigos más fieles de la Feria. Lo recordamos caminando en los pasillos de la FIL, con una bolsa repleta de libros recién comprados, o deteniéndose para charlar y saludar no sólo a otros colegas escritores, sino a los jóvenes que, constantemente, lo buscaban para hablar, fotografiarse con él o pedirle un autógrafo. Monsiváis fue una de las voces más críticas y valientes de nuestro país. Su obra es fascinante e inclasificable y entre el humor que destilan algunos de sus libros encontraremos siempre su convicción de que la cultura es un motor de cambio social. Lo vamos a extrañar”.

martes, 15 de junio de 2010

Entrevista a JOSÉ ANTONIO GALLOSO

José Antonio Galloso en su casa de Surco (Foto: CMS)

José Antonio Galloso acaba de presentar Lima Mala (Alfaguara, 2010), un afiatado conjunto de cuentos que tienen a nuestra urbe como inquietante protagonista. Aprovechando su breve estadía en el Perú (radica desde hace años en California, EEUU), charlamos con el autor sobre este nuevo trabajo creativo.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

En Lima mala, al igual que en Adiós al barrio, tu libro anterior, abordas lo urbano. ¿Oswaldo Reynoso sería un referente? 
Definitivamente Oswaldo Reynoso es fundamental. Cuando yo leí Los inocentes, estamos hablando de años atrás, me marcó; encontré algo en su escritura que no había encontrado en otros escritores urbanos que hablan de la urbe: Ribeyro, Vargas Llosa. Me gustó esa mezcla de lenguaje de barrio con poesía. Eso fue algo que me marcó. Después, claro, hay otros escritores que me marcan: el Bryce de Huerto cerrado, aunque es otra Lima. Cuentos como “El descubrimiento de América” o “Con Jimmy en Paracas” creo que afectan mi escritura de alguna manera. O Ribeyro, también, el de Los gallinazos sin plumas.

Tanto en este libro como en el anterior es Lima el escenario…
Lima como espacio narrativo, yo creo que parte de mi proceso afectivo. Yo viví en La victoria. Pero también me mudé a este barrio (Surco), cuando tenía 14 años. Viví dos realidades diferentes. Por otro lado, mi familia tenía casa en Punta Negra, como Carlos Calderón Fajardo, y los veranos los pasaba allá. Y era otro yo el que estaba allá. Mi mamá era profesora del Estado y enseñaba en un colegio al lado del Hipólito Unanue. Y yo la acompañaba. Entonces, tuve la suerte de tener una infancia y una adolescencia siendo múltiples José Antonios y diferentes realidades. Y eso marcó fuerte.

Resides fuera del Perú desde hace tiempo. Suelen decir que la distancia te otorga una mirada particular. ¿En qué medida influye esto en tu escritura? 
Yo estoy de acuerdo. Yo creo que irme fuera de Lima enriqueció mi proceso creativo. La distancia es enriquecedora porque lo único que tienes contigo en ese nuevo espacio es lo que has vivido, la carga de recuerdos, la memoria. Y creo que eso juega a favor, es una escritura hasta cierto punto nostálgica. Eso es algo que conversaba con Rocío Gold. Ella me decía: leo tus cuentos y siento algo nostálgico. Pero lo que más me dio la distancia es tiempo para escribir. En Lima uno se ve atrapado en la vorágine de la vida social, y uno tiene que trabajar mucho para vivir. Allá en California lo que tengo es pocas horas de trabajo y mucho tiempo de escritura. 

¿Cómo se gesta este libro?
En realidad yo empecé a escribir estos cuentos antes de publicar Adiós al barrio. Incluso, antes de publicar El mal viaje, que es la novela anterior. Empecé a escribirlos entre proyectos grandes. Incluso El mal viaje era un cuento de esta colección que exigió más espacio y se convirtió en la novela. Pero siempre cuando decidí armar el libro tenía la intención de tratar de hacer un conjunto unitario. Los escribí a lo largo del tiempo, pero a la hora de organizarlos opté por los que me permitían formar un conjunto coherente. Tratar Lima es cada vez más difícil, Lima es una ciudad compleja. Y el formato del cuento me permite tratar de abarcar estas diferentes realidades de Lima.

Ahora que mencionabas aquello de la mezcla del lenguaje de barrio con la poesía en la obra de Reynoso, me vino a la mente varios pasajes en tu libro en donde se percibe un aliento lírico… 
Mira, quizás uno de los puntos al escribir es eso: tratar un poco de tocar un poco el lenguaje como poético sin ser complicado, sin ser barroco. Por ejemplo, una influencia en mi narrativa es Washington Delgado. Esa poesía que es simple y honda. Cuando corrijo mis libros siempre la última corrección la leo en voz alta, para advertir la cadencia…

Hoy: lectura dramática del VIII Taller de Dramaturgia de MARIANA DE ALTHAUS

Mariana de Althaus (Foto: Caretas)

Hoy se llevará a cabo la Lectura Dramática del
VIII Taller de Dramaturgia de Mariana de Althaus
En esta ocasión presentamos los siguientes textos breves:
BIPOLAR, de Luis Cornejo.
LA CHICA Y EL CIEGO, de Richard Bringas
JOEL, de Mary Caremen Rojas
PLAYA O DESIERTO, de Ivón Schmitt
CITA DE ANIVERSARIO, de Denisse Sotomayor
EL BOMBERO, de Pamela Loaiza
EXTRAVIADA, de Andy Amable
EL VIAJE DEL PINGÜINO, de Patricia Portocarrero

La cita es este martes 15 de junio a las 7 de la noche, en el Auditorio de Lenguas Extranjeras de la Universidad Ricardo Palma.
Dirección: Avenida Benavides 5440 - Santiago de Surco
INGRESO LIBRE

DANY SALVATIERRA presenta hoy "Terapia de grupo"


La editorial Estruendomudo presenta esta noche el libro de cuentos
Terapia de grupo de Dany Salvatierra.
La cita es a las 7:00 pm, en el Centro Cultural La Noche
(Av. Bolognesi 307, Barranco).
Los comentarios estarán a cargo de
Luis Hernan Castañeda, Rossana Díaz y Mariano Olivera.

lunes, 14 de junio de 2010

Nueva respuesta de RODOLFO HINOSTROZA a Gregorio Martínez

LA NECIA DIFAMACIÓN DE GREGORIO MARTÍNEZ
Escribe RODOLFO HINOSTROZA 

Gregorio Martínez insiste en difamarme, y ahora inventa nuevos argumentos a su favor, como si él hubiera estado en Cuba, en la guerrilla, en el ajo. Pero como probablemente se encontraba ejerciendo de guerrillero de café, con su grupito de acomplejados provincianos, no tuvo tiempo de mostrarnos lo valiente que era “con los fierros”, y ahora, medio siglo más tarde, pretende asestarnos lecciones de coraje desde su confortable residencia en los Estados Unidos. 

Martínez desde luego que no es nadie para pedirme cuentas de mis actos, y ni siquiera estuvo en Cuba en aquellos momentos, pero por respeto a la verdad histórica, voy a contar los hechos tal como me tocó vivirlos, y no como ese individuo –porque señor no es- se imagina que fueron, apoyándose en medias verdades, mentiras plenas, consignas políticas que buscan descalificar al adversario, y toda la parafernalia del difamador avezado, que la tiene bien aceitada…

A fines de julio de 1961 yo me fui, por mi propia voluntad, y con mi propia plata, a Cuba, fascinado por el ideal revolucionario, y con intenciones de quedarme a estudiar en la Isla. Me acompañaron “Chacho” Martínez y Jorge “Coco” Salazar. Cuando llegamos a La Habana, providencialmente llegó una delegación peruana presidida por Alfonso Barrantes, que era amigo de mi familia, e hizo que nos incorporaran a ella. Al mes nos informaron que se nos vencía la visa, y que teníamos que regresar al Perú. Pero yo tenía 19 impetuosos años, y no podía aceptarlo. De modo que pedí una cita con la legendaria Haydee Santa María, directora de la “Casa de las Américas”, que ella, inopinadamente, me concedió. 

Era una hermosa y opulenta rubia en la cuarentena, muy maternal, y debí caerle en gracia porque después de escucharme, me dijo que la revolución necesitaba de jóvenes idealistas como yo etc. etc. y se estaba implementando un Plan de Becas Universitarias para toda la América Latina, con el magisterio nada menos que de Jean-Paul Sartre, y Waldo Frank, entre otras celebridades. Luego me propuso que yo lleve el Plan de Becas al Perú, y regrese a Cuba con los demás becados. Acepté, entusiasmado, y quedamos en vernos el miércoles allí mismo, porque ella residía en Varadero a causa de la aguda asma que la aquejaba. El miércoles estaba hospitalizada por un ataque de asma, y no pudo concurrir a la cita. Y el viernes ya tenía que irme. 

El único peruano que yo conocía en Cuba era el humorista Luis Felipe Angell, “Sofocleto”, y tuve la enorme imprudencia de confiarme a él sin conocer su verdadera catadura moral. Le conté pues el asunto de las becas, y le pedí que hiciera el seguimiento, porque yo quería estudiar literatura inglesa en la Universidad de la Habana. Lo que yo no podía saber era que Sofocleto, que estaba en Cuba de hueleguisos, iba a desviar el Plan de Becas, para vendernos, como un paquete de carne de cañón, a los militares cubanos . Y a los 3 meses Sofo se apareció por Lima, trayendo el “plan de becas” ya trafeado. Lo primero que me dijo fue: “Tú ya tienes tu beca, y con saludos de Haydee Santa María!”

Partimos pues los 74 becarios a Cuba en 1962, y cuando nos dimos cuenta de que todo había sido una gran mentira para embarcarnos en un loco proyecto guerrillero, era demasiado tarde. Si bien al principio se nos dijo que “éramos libres de escoger los estudios o las guerrillas”, una vez que escogimos se exaltó a los guerrilleros como héroes, y se nos escarneció a los estudiantes como cobardes y traidores, en una tenaz difamación, que allí nació y se ha arrastrado, como una víbora, durante 50 años. Y además nuestra vida fue un infierno durante los casi dos años que yo estuve en Cuba, porque no nos permitieron regresar al Perú bajo pretexto de que “sabíamos demasiado”. Estábamos, en la práctica, secuestrados por el gobierno cubano, y no teníamos ni siquiera embajada. En esas circunstancias escribí “Consejero del Lobo”.

Aclaro a Martínez, para su información, que de los 70 estudiantes hombres que fuimos a la Habana, poco menos de la mitad escogió las guerrillas, y se distribuyeron así: unos 20 para el ELN, y unos 10 para el MIR, y el resto eligió los estudios, o sea que fuimos 40 los que jamás tuvimos entrenamiento, ni fundamos el ELN, ni fuimos guerrilleros, entre ellos Mario Razzeto, que es citado nominalmente por Martínez como fundador del ELN. Y obviamente los 40 estudiantes, no “abandonaron cobardemente a sus compañeros del ELN” cuando se fueron al monte. Esa es una ridícula difamación de los castristas, que Gregorio Martínez, en su pretenciosa ignorancia, recoge como cierta, y tendrá que sostener ante la justicia de mi país. Aún hay muchos testigos de lo que aquí asevero, a quienes oportunamente se les pedirá su testimonio dentro de la denuncia por Difamación Agravada que estoy presentando al Poder Judicial contra Gregorio Martínez. Es muy fácil tirar la piedra y esconder la mano, como suelen hacerlo los cobardes. Que Martínez, que alardea de hombría y de conductas éticas, responda entonces a la justicia, como un verdadero hombrecito. 

Todo este desagradable asunto se ha suscitado por un artículo mío sobre Javier Heraud, donde tomé posición en contra de la guerrilla que se quería formar. Pero si bien se mira, los hechos me han dado la razón: el ELN fue derrotado y diezmado, ninguna revolución “foquista” en América Latina triunfó, todas fueron derrotadas y algunas aniquiladas, y hoy Cuba, gracias a la feroz y vitalicia dictadura de los hermanos Castro, ha pasado, en el lapso de medio siglo, a ser un país tan pobre e inviable como Haití. Si Javier Heraud hubiera creído en mis sólidos argumentos y no en aquellos endebles y oportunistas de los castristas, no hubiera muerto inútilmente. Aún estaría vivo, y sería, a no dudarlo, un gran poeta y seguramente, un gran cineasta. Pero no un héroe, claro está. 

Lima, 13.06.2010

BLOC DE NOTAS (de Carlos Calderòn Fajardo)


Hans Magnus Enzensberger (Foto: Internet)

Hans Magnus Enzensberger: el héroe silencioso
Escribe CARLOS CALDERÒN FAJARDO

Hans Magnus Enzensberger (1929) forma parte de un conjunto de intelectuales que después del Holocausto, participaron como héroes silenciosos en el esfuerzo de lograr que su país sea readmitido como una gran nación civilizada. Los líderes políticos e intelectuales alemanes se dieron rápidamente cuenta que se precisaba de una transformación, infinitamente trabajosa de su mentalidad. Dice el filósofo Jürgen Habermas en un artículo publicado en El País (23/05/2010): “Hoy las élites alemanas, al final de un largo camino hacia occidente, han adquirido su certificado de madurez democrática y han vuelto ser como los demás”.

En este largo y trabajoso camino, la literatura jugó un gran papel: Böll, Grass, Walser, Sebald, Bernhard, Handke, Ingeborg Bachman fueron, entre otros muchos, figuras importantes de este renacimiento. En la literatura alemana de post-guerra destaca la obra de Erzensberger, intelectual multifacético, poeta cuya lírica depurada le han merecido reconocimiento mundial, es, a la vez, un gran narrador, periodista, traductor y dramaturgo. Premio Büchner en 1963, el Premio de mayor prestigio que se concede en Alemania, su obra narrativa es amplia desde “Breve verano de la anarquía: vida y muerte de B. Durruti” (1972) hasta “Diálogos entre inmortales, muertos y vivos” (2001). En su último libro “Hammerstein oder der Eigensinn” (Suhrkamp,2008) “Hammerstein, o la intransigencia”, Erzensberger parte de una idea que es recurrente en su obra: la mutación contemporánea de la figura del héroe. De la concepción de que un héroe es un gran hombre, -Alejandro, Napoleón, después de Hitler y Stalin, la idea del héroe, tradicional, se desdibuja. “La Eroica” Beethoven la dedica a Napoleón, luego, cuando el héroe se convierte en un conquistador, el compositor le retira la dedicatoria. El conquistador se hace sospechoso, dice Erzensberger: “Asistimos a la aparición de un género de héroe que ya no es el conquistador sino el que resiste”. Al concluir un largo camino como escritor Erzensberger le rinde homenaje al general Kurt von Hammerstein, quien al llegar Hitler al poder en 1934 solicita ser relevado de todas sus funciones, para luego sumergirse en el silencio hasta su muerte en 1943. Siempre fascinado por alguien que no está del lado ni de los ángeles ni de los demonios, Erzensberger, en esta obra prosterna que es resultado de una investigación de tres años, del 2005 al 2008, entre los 77 y los 80 años del autor, logra un libro sorprendente ya que “Hammerstein…” no es una biografía clásica, sino un fresco histórico hecho de diálogos, de fotografías, un collage, próximo en su espíritu a la conocida obra del autor “Diálogo entre inmortales, muertos y vivos”. En Hammerstein, narra, Erzensberger, como lo haría un detective, una historia cerca de la intimidad de un tipo de alemán distinto al nazi. El personaje principal del libro no es sólo Hammerstein sino él y sus hijas, una familia alemana que es distinta a la idea que se tiene de los alemanes como serviles seguidores de Hitler. Es por ese motivo que en la traducción francesa, se añade al titulo en alemán el subtítulo: Une histoire allemande.

Erzensberger, del 57 al 2009, su obra comprende 17 poemarios, 19 libros de ensayos, 7 libros de narrativa, y 3 dramas, una intensa obra periodística. Saludos desde el Perú a sus 81 años, a uno de los héroes culturales de la rehabilitación alemana.


jueves, 10 de junio de 2010

Entrevista a HERNÁN RIVERA LETELIER

Hernán Rivera Letelier (Foto: CMS)

Hernán Rivera Letelier parece coleccionar, desde su primer libro, una retahíla de apreciadas distinciones literarias. Y la última es quizás la más relevante: el Premio Alfaguara de Novela 2010. Rivera Letelier, natural de Talca (Chile), se encuentra por estos días en Lima para presentar El arte de la resurrección (Alfaguara, 2010), premiada novela que relata los avatares de un hombre que, al perder a su madre y convertirse en ermitaño, descubre para su asombro que es la reencarnación de Cristo.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR 

Usted no es para nada ajeno a los premios. Se puede decir, incluso, que está acostumbrado a ganarlos. En ese sentido, cómo ha tomado este premio importante… 
Este premio de un prestigio indesmentible, porque hay otros premios que están desprestigiados completamente. Pero el Alfaguara aún mantiene este prestigio que lo hace más grande. Entonces, recibir este premio fue un espaldarazo a mi obra impresionante. Pero, quieres que te cuente algo, yo no le había tomado el verdadero peso a este premio hasta que la gente en la calle, gente común y corriente que yo no conocía, me empezó a parar en la calle a decirme que cuando se enteraron de este premio se alegraron tanto como si se los hubieran dado a ellos. Lo sentían como propio. Allí le tomé el verdadero peso al premio. Más allá de lo literario este premio tiene algo muy humano, que hizo que la gente que no me conocía, incluso, se alegrara de ello. De alguna manera he llegado a comprender que soy la voz de los que no tienen voz.

Hablemos de la novela. El Cristo de Elqui es un personaje que existió y que, además, aparece en algunas de sus novelas. ¿Cree que de alguna manera estuvo reclamando su propia novela?
Mira, he llegado a pensar que este Cristo de Elqui sabía desde el principio que quien tenía que escribir su historia era yo. ¿Por qué? Porque para escribir su novela, su historia, hacía falta un lenguaje especial, un tono especial, una palabra especia. Y que no la tiene cualquier escritor por muy bueno que sea. ¿Y cuál era el tono? El tono del predicador, del profeta. ¿Cuál era el lenguaje? El lenguaje bíblico. ¿Cuál era la palabra? La palabra tenía que ser una mezcla entre lo profano y lo sagrado. Entre lo culto y lo popular. Y todo eso que se necesitaba para contar esa historia estaba en mis genes. Porque yo me creía en una casa en donde mi padre era evangélico. Y yo me crié escuchándolo predicar. Entonces, el tono del predicador estaba en mí. Yo me crié leyendo la Biblia, el único libro que había en mi casa. La palabra bíblica estaba en mí. Además, se necesitaba saber que se siente ser un trashumante, un vagabundo. Y yo lo fui durante cuatro años. Y había que conocer ese desierto en donde este tipo pasó predicando no sé cuántas veces. Y ese desierto es mi hábitat. Entonces, estaba todo dado para que yo contara la historia. Y yo soy un convencido de que sabía y por eso me persiguió durante toda la vida.

Por eso fue apareciendo en sus novelas… ¿Y en qué momento se dio cuenta de que tenía que escribir esa novela?
Cuando estoy escribiendo mi novena novela, Mi nombre es Malarrosa, de pronto apareció haciendo una especie de milagro. Y yo me dije: bueno, es la tercera vez que se me aparece este personaje. Y allí intuí que mi próxima novela tenía que ser sobre él. Allí fue.

¿Logró hablar con personas que llegaron a ver al Cristo de Elqui?
Encontré a algunas personas de cierta edad que me contaron que cuando eran niños alguna vez oyeron predicar o vieron pasar a este Cristo de Elqui. Y me fue de una utilidad tremenda, porque me contaron pequeños detalles que en la novela se hacen grandes. La gran obra está hecha de pequeños detalles, o los pequeños detalles hacen la gran obra. Y fue para mí muy bueno conversar a esta gente.

El Cristo de Elqui es un personaje peculiar, sin duda, pero al mismo tiempo llega a ser entrañable, incluso.
Claro. Yo quería que mi Cristo fuera más humano que el Cristo de los Evangelios. Que fuera más asequible. Que se hiciera más entrañable. Y otra cosa que le quise dar a este Cristo es lo que no encontré en los Evangelios. Yo no encontré a Cristo sonriendo, riendo. No hay humor en los Evangelios. Yo me pregunté por qué. Y estoy seguro que Cristo tenía humor. Entonces dije: voy a crear a este Cristo a imagen y semejanza de cómo a mí me hubiese encantado encontrar a Cristo en los Evangelios. Por eso lo acerqué más a la gente, con ese humor, esa picardía…

Un humor que además es característico en sus libros…
Es que los pampinos tenemos un humor muy particular que aflora a cualquier hora, incluso en medio de una tragedia…

La pampa es el escenario de casi todas sus novelas. La geografía sin duda influye en la gente que la habita. ¿Qué otra particularidad, además del humor, determina a los pampinos?
Yo soy un convencido de que cualquier paisaje moldea a la persona. Influye un lo psíquico e, incluso, en lo físico. Y este desierto, que yo creo es el personaje principal de todos mis libros, de alguna manera influyó en mí y en los que vivimos tantos años en ese desierto. El hombre de ese desierto es como la piedra. Parecemos hoscos, huraños, duros. Pero igual que con la piedra la riqueza va por dentro. Igual, si a nosotros nos raspan un poquito se dan cuenta de que somos de corazón de abuelita…

Y son solidarios, además…
En ese desierto es fundamental la solidaridad. En ese desierto nadie sobrevive solo. Y eso lo supimos desde el principio. Yo dependo de ti y tú dependes de mí. La solidaridad, la amistad y el humor son esenciales.

Otra particularidad de sus novelas es el lenguaje. Así como señala que el desierto es el protagonista de sus libros, yo diría que otro protagonista de ellos es el lenguaje. Incluso recuerdo que alguna vez dijo que se consideraba un poeta que escribía novelas.
Sí, mira, para mí el lenguaje es muy importante porque esencialmente soy un poeta. Escribí poesía durante quince años y ahora estoy escribiendo poesía, digo yo, hacia el lado. Yo amo las palabras, el lenguaje. Estoy contando y cantando un desierto en donde no hay nada y hay que llenarlo con palabras, con el lenguaje. A mí lo que me importa cuando cuento una historia no es tanto la historia, sino el cómo, la forma como le cuente la historia al lector. Entonces, lo que yo quiero no es que el lector lea rápido para que llegue al final. Lo que yo quiero es que el lector vaya gozando la lectura. Y cuando la gente me dice “oiga, estoy leyendo su libro y no lo quiero terminar, y me aguanto, y lo leo de a pocos y me devuelvo”. Entonces me digo: lo logré. Eso es lo que quiero, que la gente goce el libro, goce el lenguaje, las palabras.

HERNÁN RIVERA LETELIER presenta hoy "El arte de la resurrección" (Alfaguara)

martes, 8 de junio de 2010

ANTONIO CISNEROS obtiene Premio Internacional de Poesía Pablo Neruda

Premiado vate Antonio Cisneros (Ilustración: Iván Palomino

No es el primero, ni será el último –estoy seguro– . Y sin embargo, uno no puede evitar los sentimientos celebratorios que lo invaden a uno al enterarse de que el estupendo poeta Antonio Cisneros (o Toño, como lo llaman sus amigos) ha obtenido el importante Premio Internacional de Poesía Pablo Neruda. Distinción que llegará acompañada de los nada deleznables 30 mil dólates, el día 12 de julio, en una ceremonia en la que participará el flamante nuevo presidente chileno Sebastián Piñera. 

A continuación, uno de mis poemas favoritos, “Réquiem (3)” del libro Las inmensas preguntas celestes (1992)

REQUIEM (3)

A las inmensas preguntas celestes
no tengo más respuesta
que comentarios simples y sin gracia
sobre las muchachas
que viven por mi casa
cerca del faro y el malecón Cisneros.
Y no pretendan ver
en la cháchara tonta esa humildad
de los antiguos griegos.
Ocurre apenas
que las inmensas preguntas celestes
sacan a flote
mi desencanto y mis aburrimientos.
Que a la larga
me tienen dando vueltas
como un zancudo al final de la tarde.
Haciendo tiempo,
mientras llega la hora de oficiar
mis pompas funerarias,
que no serán gran cosa
por supuesto.
En estos tiempos malos bastará
con una mula vieja
y un ánfora de palo
brillante y negra
como el lomo mojado de un delfín.
¡Ah las preguntas celestes!
Las inmensas.

martes, 1 de junio de 2010

RODOLFO HINOSTROZA le responde a Gregorio Martínez

Calumnia de Gregorio Martínez
Escribe RODOLFO HINOSTROZA

Creo haberme expresado ya muy claramente sobre este penoso asunto de las guerrillas del ELN, pero no puedo dejar pasar esa infame especie vertida por Gregorio Martínez en su página “Bustrófedon” del 30.05. 2010, según la cual “ Rodolfo Hinostroza…por cobardía abandonó a Héctor Béjar, a Javier Heraud, a Alaín Elías, a sus compañeros del ELN, cuando estos decidieron agarrar los fierros y tirarse al monte”, que es completamente falsa y calumniosa. 

Debe saber don Goyo que en el año 1962 el ELN no existía, y fue fundado precisamente por Alaín y Béjar con una treintena de estudiantes de los que viajamos a La Habana, entre los cuales estaban Javier Heraud y Edgardo Tello. Yo nunca acepté ser guerrillero, jamás estuve involucrado con el ELN, no conocía a Héctor Béjar, que ya estaba en Cuba cuando llegamos, y en consecuencia no abandoné “a mis compañeros del ELN” cuando se fueron al monte y mucho menos por cobardía. 

Se necesita tener los cojones bien puestos para dirigir el aparato de Prensa y Propaganda clandestino del MIR, que yo creé a pedido Luis de la Puente Uceda, hacia 1965, antes y durante la insurrección, arriesgando el pellejo o en el mejor de los casos la prisión, como le consta a Ricardo Gadea, que fue el brazo derecho de Lucho de la Puente, y no me va a dejar mentir. 

Porque si bien nunca estuve de acuerdo con los aberrantes planes de Fidel, que nos prometían tomar el poder en 6 meses, sí creí en los planteamientos serios y maduros de Luis de la Puente Uceda, que me honró con su amistad cuando yo era un muchacho que acababa de regresar de Cuba, calumniado por los comunistas.

Lamento que alguien a quien respeto como escritor, y que consideraba mi amigo, se preste gratuitamente, sin comerla ni beberla, a la insistente calumnia de esos retorcidos fidelistas, que siempre me detestaron por mis posiciones críticas e independientes.

Debo advertirle que, de no rectificarse oportuna y públicamente, tomaremos acciones legales contra usted. 

Rodolfo Hinostroza
DNI 06644071

lunes, 31 de mayo de 2010

BLOC DE NOTAS (de Carlos Calderón Fajardo)

Leonardo Padura en su espacio creativo (Foto: Internet)

Leonardo Padura (II): Cuando la novela policial se traslada a la novela histórica. El hombre que amaba a los perros
Escribe CARLOS CALDERÓN FAJARDO

Leonardo Padura (Cuba, 1955), como vimos en la nota anterior, nos decía que la novela policial iberoamericana había pasado de la novela de enigma y de detectives a una novela del crimen y violencia. Las primeras novelas de Padura son novelas de enigma, cuatro novelas dentro de su “Cuarteto de los estaciones”, en la que un detective, el teniente Mario Conde, resuelve el enigma de un crimen. La última novela de este tipo es Adiós, Hemingway (2001), el retirado teniente Mario Conde es llamado cuando en la remodelación de la casa de Hemingway en Cuba se encuentra dentro de la casa del escritor un cadáver enterrado. En esta novela la ficción y la realidad se entremezclan. En un diálogo dentro Adiós, Hemingway Padura parece anunciar el giro que va a producirse en su posterior narrativa. Le preguntan a Conde: “¿Tú eres policía o qué coño eres?” A lo que Conde, ya retirado de la policía, responde: “No, no soy policía. Soy escritor”.

En la última novela de Padura, de casi 700 páginas, trata sobre el asesinato de Trosky. El hombre que amaba a los perros (Tusquets, 2009). La novelística de Padura pasa del policial a la novela histórico-política, donde la característica de la novela como la historia de crímenes continúa, pero ha desaparecido el detective Mario Conde, y también la mezcla entre la ficción y la realidad. Es una novela histórica realista, con una información abundante y extraordinaria. La novela está conformada por cuatro bloques, que se entremezclan: la Cuba de 1977, año en que se escribe la novela, la Unión Soviética de Stalin, el de la guerra civil española, y la de las peripecias vinculadas al asesinato de León Trosky. La novela es muy interesante porque es una crítica muy fuerte de Padura a los regímenes comunistas, sobre todo considerando que Padura vive en Cuba y escribió la novela en Cuba, y aún ahora siendo un intelectual crítico no es un disidente.

El hombre que amaba a los perros es una novela sobre un crimen, pero ya no se trata de una novela policial sino de una novela histórica, en donde todo lo que se narra son hechos históricos, y lo que diferencia a la novela del libro de historia es que Padura narra, además de relatar con una extraordinaria cantidad de información la época del estalinismo y el asesinato de Trosky, qué es lo que sienten personajes. Padura, como otras novelas históricas, cuenta sobre lo que la historia no puede o no quiere decir.

El gran tema de esta novela monumental sobre un crimen histórico es el miedo. El primer lugar el miedo de Padura de escribir una novela sobre Trosky en Cuba donde sólo mencionar a Trosky en 1977 era muy peligroso. El miedo que alcanza un nivel apocalíptico en la época de Stalin. Padura nos cuenta como Stalin mata y asesina en la Unión soviética, a todos los jerarcas bolcheviques de la guardia Lenin. Es de una gran calidad literaria como Padura narra la muerte (el asesinato) del más importante teórico de la Unión Soviética, Bujarin. El miedo de Bujarin que confiesa delitos no cometidos con la esperanza de ser perdonado por Stalin es un punto muy alto de la novela. Stalin mata a intelectuales y artistas y hasta a sus propios seguidores más leales, simplemente por sospechas en la cabeza del monstruo. El hombre que amaba… es una gran novela sobre el miedo. Pero también es Padura extraordinario al narrar lo que pasa en la mente de Ramón Mercader de Trosky, el “miedo” de Mercader, y excelente como Padura nos narra lo que Trosky siente ante el peligro de ser asesinado, el miedo de Trosky.

Si bien esta novela de Padura, es fascinante de leer, por la cantidad de información que brinda, y por la maestría que describe el miedo, sin embargo, pensamos que la novela policial pierde su valor como producto estético y se acerca al bestseller de calidad. Tanta información mata artísticamente a una novela tan ambiciosa. Es una novela realista en la que la realidad apabullante vence a la ficción, mejor dicho el arte novelístico. El exceso de información no es trasmutada en literatura, mejor dicho en una metáfora literaria que convierta la información histórica en expresión artística.

Esta novela es interesante de leer por los escritores de nuestro país, porque nos presenta un paradigma de tipo novela, a partir del cual se puede o se podría narrar personajes históricos peruanos tales como Montesinos, Fujimori, o Abimael Guzmán, todos personajes históricos que esperan ser novelados, ser personajes de novelas que de seguro algún día se escribirán.

*BLOC DE NOTAS se vuelve quincenal a partir de la fecha.

jueves, 27 de mayo de 2010

TEATRO: "Agosto: condado Osage" (en La Plaza ISIL)

Tres estupendas actuaciones: Martínez, Dammert y Valdez. (Foto: La Plaza ISIL)

"Agosto" (dirigida por Juan Carlos Fisher)
Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

La extraña y misteriosa desaparición de un hombre desencadena una incontenible crisis en el seno de una familia que bien podría ser cualquier familia. La suya, la mía, la de cualquiera. 

Destreza singular la de un mordaz y estupendo Tracy Letts, dramaturgo norteamericano que nos ofrece una desenfadada radiografía del universo filial en Agosto: condado Osage. Una obra que, a pesar de su extensión, logra secuestrar la total atención del público.

El director Juan Carlos Fisher –quien ya ha montado anteriormente una obra de Letts: Bicho– es el encargado de poner en escena, sobre las tablas del Teatro La Plaza ISIL, esta compleja obra en la que cada personaje (de los trece que aparecen) ostenta su propio drama individual. Fisher ha calibrado espléndidamente cada uno de los momentos de tensión en una pieza en la que abundan. Y para ello, entre otros aspectos, ha recurrido a un bien afiatado elenco en el que destaca, sin dudarlo, Claudia Dammert, en el papel de Violeta, la esposa del hombre que desaparece.

La trama indica que este hombre, un poeta otoñal que en su momento sorprendió con su único y celebrado poemario, ha desaparecido. Presumimos que ha huido, hastiado de su esposa, una mujer adicta a los fármacos. Y son precisamente las hijas de este matrimonio las que tendrán que enfrentar este momento difícil y traumático. El mismo que desencadena una serie de reproches y enconos guardados, situaciones grotescas e impensados secretos que salen a flote. 

Dammert se muestra notable interpretando a Violeta, una mujer que practica el destructivo arte de la honestidad brutal, de la verdad sin anestesia, de la frase venenosa y mortal. Las hijas tendrán que lidiar con ella. Las hijas que tienen cada una su propio rollo irresuelto. Bárbara (Norma Martínez) y su matrimonio en crisis (su esposo se acuesta con una alumna); Eli (Monserrat Brugué), una solterona que oculta un affaire con un primo mucho menor; y Karen (Sandra Bernasconi), una mujer que requiere aferrarse a cualquier hombre para eludir su soledad.

“Agosto: condado Osage” es una obra distinta a las anteriores de Letts. Si en Bicho, por ejemplo, nos encontrábamos con poquísimos personajes. En esta obra, el autor se ha mostrado más ambicioso en el entretejido argumental, colmándola de personajes, sin que ninguno pierda intensidad dramática. Y, sobre todo, ha logrado construir una suerte de espejo en el cual no podemos evitar sentirnos reflejados, en diversos aspectos. Si bien la trama se desarrolla en la calurosa Oklahoma, uno termina sumido en la angustiante y sofocante tensión, a pesar de nuestro frío invierno limeño.

*Se presenta en el Teatro La Plaza ISIL (LarcoMar, Miraflores)

lunes, 24 de mayo de 2010

BLOC DE NOTAS (de Carlos Calderón Fajardo)

El género policial. (Foto: Internet)

Leonardo Padura: El Miedo y la Violencia, la literatura policial en América latina (I)
Escribe CARLOS CALDERÓN FAJARDO

En una muy interesante antología del cuento policial en español Variaciones en negro de Lucía López Coll (Norma, 2003), el prólogo es del escritor cubano Leonardo Padura: “Miedo y violencia: la literatura policial en América Latina” (2001). Ya desde el título “Miedo y violencia” Padura plantea que los elementos centrales del policial latinoamericano, no son el enigma ni la narrativa de detectives, como lo fue de Poe a Raymond Chandler, los creadores de la novela policial clásica.

En Variaciones…, esta antología del cuento policial latinoamericano, figuran Manuel Vázquez Montalbán, Mempo Giardinelli, Paco Ignacio Taibo II, Ricardo Piglia, Leonardo Padura, el chileno Ramón Díaz, Rubem Fonseca y seis cuentistas más. Autores de siete países –Argentina, Brasil, México, Chile, Colombia, Cuba y España. Es decir ningún peruano–. ¿Por qué no aparecen escritores peruanos en esta antología bastante completa, algo incompleta? Por una de dos razones: o porque la narrativa policial peruana no es conocida por los cultores de este género, que son una especie de secta –se reúnen en eventos internacionales de novela negra–, figuran en premios como el “Semana negra de Guijón” o el “Premio Dashiell Hammett”, o no somos considerados porque no existen cuentos y novelas en la narrativa policial peruana con méritos como para ser considerada dentro de una antología continental. Pienso que la razón es la primera, la literatura peruana, salvo los nombres consagrados de Vargas Llosa y de Bryce, el resto de escritores no recibe la atención que merece, y menos en subgéneros como es el de la novela policial, habiendo escritores con méritos para tener mayor figuración en la llamada “narrativa negra”.

Sin embargo, a pesar de casos muy meritorios, la novela policial no es un género muy practicado por los escritores peruanos. No llegan a cinco las novelas que valen a mí parecer ser tenidos en cuenta. Esto es también extraño, este desinterés por la novela policial, porque basta escuchar los noticieros de televisión y leer los periódicos para darnos cuenta que vivimos en una sociedad “criminalizada” sobre la cual la literatura peruana no está dejando constancia, o al menos no al parecer en una cantidad significativa. Cualquiera de las historias que los peruanos seguimos con interés motivaría una excelente novela policial, sobre todo en la forma de un policial como interpreta Padura la novela policial latinoamericana, es decir, como literatura de Miedo y violencia. La respuesta a este descuido por dejar constancia de la novela policial peruana sobre el crimen en una sociedad criminalizada estaría relacionada a nuestra renuencia a ser modernos, o si se quiere a ser “postmodernos”.

En este interesante prólogo a la antología de Variaciones en negro, Padura nos ilustra sobre el nacimiento y largo viaje de la narrativa policial desde su nacimiento con Poe y Wilkie Collins hasta Dashiell Hammett y Raymond Chandler, es decir, un siglo de vida, que Padura caracteriza como “policial”, aquel cuento o novela donde existe un enigma y un personaje prototípico para develarlo. Esto que va a ser lo que caracterizó a la “novela de misterio” o “detectivesca”. Así hasta llegar a una de las obras maestras del género El largo adiós (1953) de Chandler, en donde al final de la novela el lector no recuerda quien fue el asesino de la novela. La novela policial se desplaza, desde ese momento de un misterio de difícil dilucidación a la existencia de un crimen.

La novela policial latinoamericana no nace de la novela de enigma nace de la novela negra, sobre todo de Raymond Chandler, Cain, Mac Donald, Chester Himes, que traen una propuesta estética, que el mal llamado género policial, se práctica de manera extendida en América Latina y España, pero en menor medida en el Perú –me imagino que tampoco en Ecuador y Bolivia–. La novela policial Iberoamericana coloca no al detective o al policía en el centro sino al crimen y a la violencia, que es violencia urbana, en ciudades donde “conviven el crimen y la vida y la realidad más rampante y esencial de un universo abocado a todas las crisis políticas, económicos, morales y culturales”, escribe Padura. Pero también dice Padura que este neo-policial iberoamericano, ortodoxo y multiforme, transita por caminos que van del subdesarrollo a la post-modernidad, que tomando “las armas de la novela gótica, el folletín de aventuras, y hasta las novelas de far-west… dan cuenta de sociedades cada vez más violentas, caóticas y descentradas como son las sociedades latinoamericanas”.

La relación de la novela policial latinoamericana con la postmodernidad, va a desarrollarla Padura en su libro de ensayos Modernidad, postmodernidad y novela policial (1999).

En la siguiente semana, en la segunda parte de esta nota, nos ocuparemos de la última novela de Padura: El hombre que amaba a los perros. En ella veremos un caso prototípico de los desplazamientos de la actual novela policial latinoamericana, centrada en el crimen, la violencia y el miedo.