domingo, 7 de agosto de 2005

Ampuero: versión extendida

Versión completa del dialogo con Fernando Ampuero.
La versión editada apareció en Correo el domingo 7 de agosto de 2005.

Escritor presenta nuevo libro de cuentos y mantiene la pluma
en ristre frente a la polémica entre "andinos" y "criollos"

La estocada de Ampuero

Fernando Ampuero, vuelve a la escena literaria con Mujeres difíciles, hombres benditos (Alfaguara, 2005), conjunto de relatos que muestra, además del indescifrable universo femenino, desconcertantes historias marcadas por el resplandor de lo insólito.

Manuel Eráusquin/ Carlos M. Sotomayor

Correo: Han pasado casi diez años desde la aparición de tu anterior conjunto de relatos Bicho raro. ¿Por qué tanto tiempo?
Fernando Ampuero: Porque he estado haciendo otras cosas. Yo tengo una doble vida: una vida pública que es la de escribir libros, que en realidad es un trabajo que atiende una pasión muy personal, y la otra vocación, el periodismo, con el que puedo atender mi sentimiento de responsabilidad cooperativa para con los demás. Ya no estoy metido en cosas de revistas, sino en una unidad de investigación, lo cual es una actividad bastante peliaguda porque uno se la pasa persiguiendo a narcotraficantes y políticos corruptos. Pero siempre me hago un tiempo para dedicarlo a la literatura. Y a la lectura, porque antes que periodista y escritor soy básicamente un lector.

C: Con respecto a Malos modales y Bicho raro, donde se percibía una prosa llana y directa, en este libro, por el contrario, se evidencia una prosa más estilizada...
FA: Es cierto, eso te lo va dando la madurez. Porque uno quiere llegar a un lenguaje sencillo pero que en su desnudez resulte al mismo tiempo muy decidor, muy elocuente y, si se puede, muy poético. Un lenguaje que recurra menos a la metáfora pero que enuncie mejor lo que quieres decir.

C: En este libro no aparecen aquellos personajes marginales que aparecen en tus libros anteriores. ¿Se debe a que ya no estás vinculado de manera directa a los temas periodísticos de inactuales?
FA: No necesariamente. Uno va recogiendo las historias que realmente lo han impresionado. Hay personajes, por ejemplo, en el cuento Voces, que es un cuento que habla de una cierta maldad inocente. Y son personajes marginales también. No necesariamente tiene que ser el poeta que le escribe poemas a Miguel Grau. En Voces el personaje es marginal en su dolor.

C: ¿Qué es lo fundamental a la hora de escribir un cuento?
FA: Lo más importante de un cuento es, primero, saber adónde vas. Entonces, desde la primera frase ya no hay nada gratuito. Ya no hay nada que esté de más, todo está abonando para culminar en un efecto literario. Hay diferentes efectos, claro: efectos flotantes, detonantes, y hay un efecto más bien como una luminosidad como en el cuento "Historia de la sábana y el vaso de agua".

C: La primera parte del libro gira en torno al universo femenino. ¿Partes de aquella idea de que las mujeres son indescifrables?
FA: Yo no creo que quepa alguna duda sobre eso. En algún momento he dicho que a las mujeres no hay que comprenderlas, solamente amarlas. Las mujeres para mí son el leit motiv de buena parte de mi vida. Ya lo decía Ernesto Cardenal, que sólo escribía poemas para conquistar a una muchacha. Pero no solamente para conquistar a una muchacha; uno hace muchas cosas ya con la muchacha conquistada para buscar una recompensa de amor. Y a veces para que te odien más también.

C: ¿Cuál es tu relación con la "novela"? Hace algunos años dijiste en una entrevista que tenías dos casi listas.
FA: Tengo una novela ahí, lo que pasa es que la novela es un tipo de narración que sucede, siempre están apareciendo cosas nuevas y siempre necesitas tener humor, porque sino los personajes empiezan a enloquecer y a ir por su cuenta. Para la novela necesitas mucho más tiempo.

C: ¿Y en el caso del cuento?
FA: El cuento yo creo que es el género más difícil, por encima de todo. En el cuento uno tiene que reelaborar y buscar muchos detalles y no es fácil lograr ese efecto literario y esa sensación en el lector que te hace que lleves el cuento en el corazón y en la memoria.

C: También has publicado poesía. ¿Cuándo sentiste el llamado poético?
FA: Tengo dos libros de poesía que son libros tentativos que yo tenía que escribir. Es muy difícil publicar poesía ya maduro, sobre todo cuando ya has hecho una carrera de narrador. A ninguno de los poetas del establishment le interesa que alguien se meta en su jurisdicción. ¿Qué hace acá este advenedizo, este entrometido? ¿Por qué no sigue escribiendo cuentos? Yo escribo poesía desde muy joven, antes de publicar cuentos. Lo que pasa es que no los publicaba.

C: En el cuento “El padre de Sebastián”, el personaje principal se ve afectado por una enfermedad mortal. Sin embargo, logra superar este mal de manera milagrosa. ¿Este relato tiene algo que ver con la grave enfermedad que tuviste hace algunos años?
FA: Sí, tiene que ver con eso, porque de alguna manera mi supervivencia fue milagrosa. Yo tuve cinco médicos que me pronosticaron que en seis meses me iba. Me sacaron 11 ganglios tomados con cáncer de los veintiuno que tenía en el estómago. En ese sentido, ese pequeño milagro personal es el que le ocurre al personaje del cuento, que es un ser escéptico, muy racional, muy apegado a la tierra, y a quien de pronto le sale un hijo sacerdote, que de alguna manera, como manifiesta el relato, podía ser un santo. Un santo que le hace el milagro al padre.

C: Esa es una imagen conmovedora en el cuento.
FA: Pero esta historia tiene un gran contenido de verdad, no sólo es una ficción. Yo he conocido a una persona a quien le ocurrió una experiencia muy similar. Y esta persona, que era muy racional, entró en un conflicto con su modo de pensar, y a partir de ese momento empezó a leer muchos libros de filosofía y religión, porque en su experiencia existía algo inexplicable. En ese sentido, esta historia me costó contarla porque la truculencia es un material difícil. Además, uno siempre intenta ser verosímil en el relato, pero uno se pregunta: ¿cómo te pueden creer esto? Y la respuesta pasa por escribir con mucha convicción.

C: ¿Tú crees en un ser superior? Lo preguntamos porque hace muchos años, a través de tus crónicas, expresabas una visión escéptica frente a estos temas.
FA: No, yo sí creo en algo superior. Soy un creyente en Dios, lo que no soy es una persona religiosa que cumple con sus obligaciones litúrgicas. Yo, en todo caso, tengo mis ceremonias personales, mis modos muy personales de acercarme a la divinidad y a cierta instancia del pensamiento en el que maniáticamente quiero darle sentido a todas las cosas.

C: ¿Por qué se dan este tipo de polémicas, como la última suscitada entre "andinos" y "criollos"?
FA: El sello de fábrica de los literatos peruanos ha sido siempre la mutua animoadversión. Nadie tolera el éxito ajeno y, a la hora de las reseñas, muchos se inclinan por la insidia cobarde y el golpe bajo. Sin lugar a dudas, aún sigue vigente la frase de Abraham Valdelomar, nuestro primer escritor moderno, cuando le contestó a un periodista de Trujillo sobre la misión de un escritor en el Perú. "La principal misión de un escritor en el Perú", dijo Valdelomar, "es evitar que lo aplasten". Me identifico plenamente con esta frase, ya que buena parte de la vida literaria peruana sigue igual de roñosa, agresiva y patibularia.

C: ¿No crees que esta polémica se le ha ido de las manos a ambos grupos?
FA: Ellos juzgan una obra literaria, bajo el criterio de la lucha de clases. Esa es una visión limitadísima y empobrecedora de la literatura. Gutiérrez y Reynoso, se supone, son profesionales de la palabra. Saben qué palabra elegir cuando hablan o escriben. Y, a causa de sus argumentos políticos, que ellos mismos introdujeron, han hablado de "lucha de clases", de "informantes policiales" y de "delatores". Estos solapas devotos del maoísmo totalitario convalidan con sus escritos y declaraciones los sanguinarios asesinatos de miles de peruanos. No se trata de una ligereza. Ellos conocen las palabras y nos hablan como militantes en la clandestinidad.

C: Se ha desvirtuado, incluso, el tema inicial de la discusión...
FA: ¿En qué estamos ahora? En otros temas. Ya nadie habla de la mafia que domina los medios (los hechos han demostrado que dicha mafia era una fantasía, y que, en caso de que existiera, no tendría tal dominio), sino más bien utilizan el espacio periodístico para dejar sentada su postura estética
(o más bien política, por lo cual descalifican a quienes no ven la
literatura como ellos la entienden), o peor aún, se aprovechan para ventilar viejas heridas infligidas por críticos y hasta para autopromocionarse haciendo recuentos de sus logros personales. Es realmente patético, pues lo que empezó como la grita de unos frustrados autores de obras sin mayor repercusión ha propiciado un gran desembalse de resentimientos.
Reynoso es un escritor de tercera fila. Desde los años sesenta, década tras década, ha lloriqueado contra la prensa y la crítica. Hoy es un vejete que se jacta de ser marginal, pero continúa reclamando prensa. Todo un contrasentido. A los verdaderos autores marginales les importa un cuerno la prensa. ¿O tú acaso te imaginas a un escritor como Bukoswki pidiendo que le hagan una entrevista? Reynoso no me interesa como escritor. Su obra está envejecida por el abuso de la replana, es demasiado esforzada y acartonada. Su nueva novelita, por lo que he visto, es un trasnochado remedo del joyceano monólogo de Molly Bloom, y, cosa curiosa, su protagonista queda encandilado por un jovenzuelo de ojos azules. ¿Se tratará de un pituco?
Y, ojo, yo no hablo de un malestar por algo que se dijo hace dos o tres años. Este es un desembalse perpetrado por vejetes con medio siglo de resentimientos. He aquí la más ridícula violencia del tiempo.

C.¿ En qué crees que va a terminar todo esto?
FA: A partir de ahora, Gutiérrez y su gavilla sólo están haciendo el ridículo. No hay que olvidar que este lío comenzó en el congreso de Madrid, y de pronto han surgido polemistas que ni siquiera estuvieron en España. Es cierto que con sus artículos algunos autores han agraviado a escritores ajenos a la polémica, y eso explica que ellos intervengan. Pero también vemos a otros que no tienen vela en este entierro y que igual se meten: buscan un sitiecito en este lastimoso acápite de nuestra historia literaria.

2 comentarios:

Oscar Grone dijo...

Parafraseando a Sócrates, y después de leer un par de libros, apenas soportables, de esta excelente caricatura de escritor que es Ampuero, podemos confirmar que el mal viene de que el hombre se engaña sobre "su propia calidad". Ampuero y sus amigos -monten o no bicicletitas- podrán recordarnos que, como apuntó Nietzsche, Sócrates pertenecía, por su origen, al más bajo pueblo. Pero, ¿hacia dónde corría, despavorido, en el momento de la muerte de su maestro, el gran ausente del Fedón?

F dijo...

Ampuero es descartable, puede ser entretenido, pero hasta ahi nomas... y el lo sabe, y si los medios lo promueven, es por negocio, cada quien es feliz a su manera, pero no tiene derecho,ni el ni sus amigos, a poner sus firmas como si la literatura peruana (es un decir lo de las nacionalidades) fuera su 'propiedad privada'... allá los que les creen...