lunes, 12 de abril de 2010

BLOC DE NOTAS (de Carlos Calderón Fajardo)

Franz Kafka (Foto: Internet)

Gregorio Samsa y el Facebook
Escribe CARLOS CALDERÓN FAJARDO

Hace un tiempo escribí una novela titulada La vida íntima de Gregorio Samsa. La novela increíblemente salió finalista en un concurso internacional. No la pienso publicar, nunca. Está llena de odio a la vida, es la novela escrita por un insecto. La novela no trata sobre la infancia de Gregorio Samsa, el personaje de La Metamorfosis de Franz Kafka, como alguien supuso. Y es cierto cuando se comentó que era un despropósito dar luces y escribir sobre algo que el mismo Kafka había deseado dejar en blanco. Pero mi Samsa no era el mismo escarabajo de la novela de K. Mi Gregorio Samsa era, o es, en mi novelita fallida, raté, como dicen los franceses, un síndrome: las de aquellas personas que una mañana descubren que se han transformado en una cucaracha. Le ocurre a mucha gente en este mundo infeliz, todos nos sentimos en algunos tramos de nuestra existencia una suerte de Gregorio Samsa. Fue así como parapetado tras el personaje Gregorio Samsa escribí una novela cargada de todos mis resentimientos y frustraciones. Y no se debe escribir con corazón vengativo. Por esa razón esta novela nunca verá la luz. Pero como ciertos fragmentos de esta novelita tienen cierto humor sobre algunos temas de interés general, ahora publico uno en este Bloc de notas para variar el tono un poco dramático de mis notas anteriores.

...
Un día despertó Gregorio Samsa y descubrió que los seres humanos se habían convertido en estúpidos intercambiando tonterías en el Facebook. Desconcertado, Gregorio Samsa se sintió la cucaracha más solitaria del mundo. Pero lo que no sabía Samsa era que el Facebook en realidad representaba, para el que entraba en ese juego, una feroz y terrible adicción.

Samsa sin saber como, por curiosidad de insecto, tal vez, terminó teniendo su Facebook. Entraba a cada instante a maravillarse con tanta estupidez, todo el día inclinado con sus élitros de escarabajo sobre la computadora curioseando en los muros empalagosos de mucha gente. Cuando quiso librarse de la nueva adicción, Samsa ya no pudo; el Facebook es una atracción muy fuerte.  

Samsa, por más que lo intentó, ya no pudo despegarse del Facebook. Siguiendo su instinto de cucaracha se dio cuenta que detrás de tantas bobadas escritas ahí se ocultaba algo mucho más complejo. El Facebook era en realidad un certamen, una especie de torneo. Se competía para demostrar quién decía la tontería más grande. Samsa lo olió, lo captó con sus finas antenas: los términos se habían invertido. El más inteligente era el que formulaba la estupidez más inteligente, pero en una nueva concepción distinta a como la entendió la estupidez de la anterior inteligencia. Es decir la estupidez en el Facebook era un espacio de contra-inteligencia.

Entonces Gregorio Samsa agarró el guante y empezó a escribir en su muro en el Facebook pensamientos inteligentes que no podían ser demolidos por la contra-inteligencia Facebook.

La contra-inteligencia Facebook se percató de inmediato que se había infiltrado en la red un enemigo peligroso. La primera reacción fue un error: los insultaron. Le dijeron cucaracha, escarabajo y otras cosas más. Pero Samsa estaba acostumbrado al insulto y siguió bombardeando no sólo sus muros sino los de muchos “amigos” con frases supuestamente inteligentes. Habló de un glosario artificial para captar la atención desprevenida, de la multi-direccionalidad ambigua de los contenidos afectivos que reemplazan a la uni-direccionalidad de los contenidos intelectuales sin certezas, el renacimiento de Cantinflas, etc.

Los líderes de la contra-inteligencia Facebook intercambiaron mensajes de urgencia, y trazaron una nueva estrategia. Lanzaron en masa un ataque en una lengua desconocida. Bombardearon el muro de Gregorio Samsa con frases redactadas en un lenguaje indescifrable, gruñidos, signos quebrados, trazos rotos. Samsa no supo qué responder, su vieja inteligencia de insecto no le servía de nada contra eso. Pero Samsa no era alguien que se rendía fácilmente. Se pasó horas tratando de descifrar esos mensajes crípticos. Cansado de exprimir su cerebro de sabandija se quedó dormido.

Cuando Samsa despertó, comprobó horrorizado que se había transformado en un ser humano. Y, a este nuevo Gregorio Samsa, su intimidad más profunda lo llevó a escribir, a arañar en su muro pidiendo, rogando, ser admitido por la contra-inteligencia Facebook. Él también quería jugar, divertirse, reírse hasta reventar. 

Samsa recibió un último mensaje en su Facebook: 

Jódete por bruto. Te has quedado solo, escarabajo, porque no comprendiste que el Facebook no es el muro de las lamentaciones sino el de los afectos. No sirve para expresar pensamientos sino sentimientos. Y en la mayoría de los casos pensamientos afectivos. Te has humanizado pero en el fondo de tu alma sabemos que sigues siendo una cucaracha pensante. No te queremos. Nadie te va a aceptar en su Facebook. Nadie va a responder a tus mensajes. Te hemos abandonado para siempre. Chau.

1 comentario:

victoria dijo...

ay, y yo que te iba a mandar invitación para que fueras mi amix en el feice, carlitos, no, ya no ya