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martes, 6 de noviembre de 2007

TREN DE ATERRIZAJE

EL EXILIO INFINITO
Por JOSÉ GÜICH

Treinta años después de la desaparición de Luis Hernández (Lima, 1941-Buenos Aires, 1977), las poco claras circunstancias que rodearon su muerte aún constituyen señuelo para concitar la atención pública, más allá de los cenáculos y cofradías que podrían atribuirse o no la vigilancia sobre la obra de un poeta absoluto y entrañable. El trágico final de Hernández en Argentina, durante los días de la salvaje dictadura militar presidida por Videla, continúa inevitablemente asociado al misterio. Entre tantas historias, es factible que cayera víctima de la represión, acostumbrada a genocidas prácticas de “limpieza social” en las calles de Capital Federal y otros conglomerados urbanos del país. Encarpetado como suicidio, el caso aún aguarda una solución convincente.

Apartándonos de la crónica policial, surge en el escenario otra antología, de aspiraciones conmemorativas, esta vez diseñada por Edgar O´Hara, quien ya ha sido responsable de compilaciones y ediciones críticas a propósito del autor. Como atractivo adicional, el volumen incluye un dossier fotográfico, estructurado con imágenes del archivo de Herman Schwarz. La soñada coherencia se propone brindar una muestra de los registros intimistas de Hernández, quizá algo eclipsados por poemas más lúdicos y celebrados, o aquellos sostenidos por el diálogo con los referentes culturales (la música, la pintura, el cine) que moldearon un universo sin precedentes en la poesía peruana (exceptuando a Eguren). Para ello, O´Hara ha preferido trabajar su selección con el material de los cuadernos y manuscritos sueltos que el autor de Orilla, Charlie Melnik y Las constelaciones (los tres libros de LH publicados en vida) elaboró cuidadosamente, a lo largo de varios años, en su mayoría destinados a sus amigos próximos.

En esas caligrafías, aparecen los que sin duda son sus mejores versos de temática amorosa. Redescubrir esta zona de una escritura tan personal y sujeta a la mitificación -por razones evidentes-, solo confirma la calidad del poeta, siempre mayor que su leyenda. Hernández no envejeció: ha sobrevivido a la canonización y al fetichismo, cuando no a la morbosidad biográfica. Un breve texto, en particular, conmociona tanto por su belleza transparente y luminosa, como por el hecho de vincular al ser amado, a la donna angelicata, con una desgarradora condición de “exiliado interior”, de foráneo en un mundo hostil e insensible: “Extraña es tu alma, Amor/ Más extraño aún/ Quien te ama”.

En su tonalidad de viejo y sabio epigrama, el poema rubrica sin atenuantes que en un creador de tales contornos resulta inútil separar el lirismo y la sorpresa de metáforas inauditas, especialmente porque estas nacen de la sencillez y de las palabras cotidianas. Y porque los actos del poeta siguen siendo de los más solitarios sobre la Tierra, como LH, querido Gran Jefe Un Lado del Cielo, predicó hace ya tantas lunas, mientras contemplaba el océano, origen de los dioses.

Autor: Luis Hernández
Título: La soñada coherencia
Edición de Edgar O´Hara.
Editorial: Mesa Redonda (252p.)

martes, 30 de octubre de 2007

Entrevista a EDGAR O'HARA sobre LUIS HERNÁNDEZ


La poesía de Luis Hernández era, hasta hace poco, de difícil acceso. Vox horrísona y Una impecable soledad, los dos libros que recogían sus poemas, se volvieron en poco tiempo piezas de colección. Por suerte acaba de aparecer, gracias al loable esfuerzo de la editorial Mesa Redonda, La soñada coherencia, una antología de su poesía preparada por Edgar O’Hara.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

La soñada coherencia llena de alguna manera un vacío editorial en la medida de que desde hace buen tiempo la poesía de Hernández es inubicable.
Diría que este libro llena un vacío respecto de la poesía más intensa de Hernández: la obra lírica. Pero se trata de un vacío pequeño, pues La soñada coherencia es el primer paso para una edición mayor (este es mi deseo), planteada en tres volúmenes y justificada desde el punto de vista de recurrir a las fuentes originales y no, como tuve que hacer en 1995 con Trazos de los dedos silenciosos, a la obra ya impresa.

¿Por qué crees que Hernández ha logrado tener una gran legión de lectores sobre todo entre los jóvenes?
Creo que el atractivo de Hernández se basa específicamente en la calidad de su obra, en la que por más desarticulado que pueda parecer un poema ofrecerá siempre un detalle único, un giro singular, una frase inolvidable. Ahora bien, creo que hay una zona de la obra de Hernández que pertenece más a lo que podemos llamar el testimonio (como la droga, las clínicas, la chispa verbal, el desvarío voluntario), y esa zona a veces ha sido confundida con la poesía. Tengo para mí que Hernández no las confundía ni de vainas (y para el caso, sus tres libros éditos confirman la seriedad de su palabra lírica, su hermetismo), pero en sus cuadernos acogió todo como si se trataran –los cuadernos, digo– de partes de su propia persona simbólica. Cada quien tendrá su “visión” de la poética hernandiana; la mía pasa por la edición de sus cuadernos, la poda selectiva, la elección entre distintas versiones.

Este libro presenta, además, algunos poemas inéditos de Hernández.
Claro, porque desde la publicación de la segunda edición de Vox horrísona (1983) han surgido más cuadernos. Esta fue la razón que motivó el trabajo de formar un archivo que preservara esta poesía. Así nació en 1999 el Archivo Luis Hernández de la Universidad de Washington (Seattle).

El poeta Sologuren destacaba su oído “excepcionalmente dotado para las imanaciones sonoras”. ¿Qué otras cualidades ostenta la poética de Hernández?
En primer lugar, la constatación del “oído” de Hernández. proviene del talento poético del mismo, al que se le suma su conocimiento y pasión por las lenguas. Pero las “imanaciones sonoras” que decía Javier Sologuren se dan también respecto de una voz “horrísona”, que choca. Este balance entre la oralidad desenfrenada de la noche limeña, digamos, o la jerga de la esquina, al lado de la pureza del verbo (para tocar el charango erudito que habita el fondo de esta poesía), es logrado por el poeta con una facilidad que asombra. Y esta facilidad es peligrosa (no lo fue para Hernández, que sentía y actuaba verbalmente desde cimientos sólidos) si uno cree que lo que en Hernández se ve fácil responde a la simple espontaneidad. Digámoslo así: Hernández podía darse el lujo de ser espontáneo. Basta con citar su formación musical. Esto no se adquiere de la noche a la mañana. Cuesta, pues. Igual con sus lecturas, sus citas, sus pasiones.

*Fotografía de HERMAN SCHWARZ

martes, 14 de agosto de 2007

Entrevista a EDGAR O'HARA


La nostalgia, el humor y la ironía, características predominantes de la poética de Edgar O’Hara, confluyen en el libro Cada ovillo, cada cordel (Fauno editores, 2007), su más reciente entrega.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Tanto Por el agua oscura como este nuevo poemario, Cada ovillo, cada cordel, son extensos.
La visión de ese libro se dio en un lapso de ocho años. En ese tiempo los poemas empezaron a ir en distintas direcciones. Yo te menciono solamente dos: el mundo absolutamente de la vida cotidiana y ese mundo invisible que envuelve a la vida cotidiana y que sería lo sacro. Pero hay otras líneas también. Y de pronto me vi en la encrucijada de proponerlos como unidad, por sus contrastes. Y ese es el resultado.

Este poemario reúne todas aquellas inquietudes o necesidades expresivas de tus libros anteriores…
Sí, claro, pero estaban presentes a través de formas poéticas que son no sé si distintas pero que para mí son menos aferradas a lo que yo quería decir. Y de pronto ahora puedo encontrar poemas que pueden ser más largos o en prosa y que son en algunos casos narraciones, pero que más o menos me orientan en una dirección en la que me siento cómodo.

Un tema recurrente en tu poesía es la nostalgia, los recuerdos…
Yo creo que eso es algo que ha estado siempre en mí: el recuerdo y la posibilidad o el intento de atrapar un momento, una escena. Si tú vieras los libritos que he publicado hace muchos años hay también eso. Por supuesto que ahora más agudizado por la experiencia o por la edad. Pero desde que empecé a escribir había una especie de nostalgia o de tajo existencial que me obligaba a tratar de recuperar ciertos momentos.

Otro elemento presente es la reflexión sobre la escritura.
Eso también es de siempre. Como en mi primer libro, Situaciones, del año 1974. Es decir, la relación con el sueño, y cómo en el sueño aparecen ciertas imágenes que pueden al despertar no convertirse en poemas. O las puedo olvidar. Eso está desde el comienzo, pero ahora trabajado de otra manera. Incluso hay un libro del año 1984 que se titula Trayectos para el hereje, cuya primera parte son crónicas de poemas que no lograron ser formados. Y yo reflexiono sobre qué circunstancias o registros de la realidad pueden o no convertirse en poemas.

Y en este libro confluye todo eso…
Claro, en este libro está unificado todo, en lugar de estar separado. Cada poema o cada texto pretende dar cuenta de muchas cosas. Es ambicioso. Yo no sé si logro algo con eso. Pero lo que quiero es crear un efecto.

Tú perteneciste a los fundadores de La Sagrada Familia. ¿Qué recuerdas de esa época?
Claro, fundamos La Sagrada Familia con Kike Sánchez Hernani, Lucho Castillo, Roger Santiváñez y Willy Niño de Guzmán. Recuerdo los lazos de amistad que nos unían, recuerdo tal vez los excesos que nos llevaron a pensar que era fácil hacer una poética de la realidad peruana. Eso duró dos años; sacamos libros y revistas. Fue un momento importante, por lo menos para mí. Aprendí a optar por ciertos caminos y a evitar otros. Y a partir de La Sagrada Familia me di cuenta de que la experiencia grupal no la repetiría. Ya la viví; si otros lo quieren hacer está bien.

¿Por qué?
Considero que para mí ya no tiene sentido. Pero en el momento en el que estaba en La Sagrada Familia sí lo tenía. Por ejemplo, Carlos López Degregori se incorporó a La Sagrada Familia muy brevemente y después salió. Pero él tenía muy claro que ese camino grupal no era para él. Yo no lo tenía tan claro en ese momento.

MAS DATOS
Edgar O’Hara tiene listo un libro sobre las poéticas de Blanca Varela titulado Tiene más de avispero la casa, que incluye un dossier fotográfico de Herman Schwarz. Saldría publicado en España.

*Fotografía de LUIS IPARRAGUIRRE.
**Entrevista publicada el martes 14 de agosto del 2007 en el diario Correo.