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miércoles, 10 de febrero de 2010

SELENCO VEGA: Segunda persona


Selenco Vega
Segunda persona
(Editorial Mesa Redonda)

Por momentos detenía la lectura. Y volvía sobre la marcha para apreciar, con gran delectación, aquel aliento lírico que a ratos adquiere la prosa de Selenco Vega en Segunda persona (Editorial Mesa Redonda), la novela con la que obtuvo el Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro. Un admirable trabajo de lenguaje, sin duda alguna, el realizado por Vega en esta intensa novela que, narrada en segunda persona, consigue un acertado tono reflexivo que emana de aquella voz que trasciende al protagonista para convertirse en una suerte de “otro yo” que lo confronta. Ernesto, el protagonista, proviene de una familia resquebrajada: un padre que ha vuelto a casa luego de una larga ausencia (se va con la amante), una madre que muere de cáncer y que en sus últimos meses entabla un romance furtivo, y una hermana rebelde y bohemia que parece no perdonar el abandono del padre. Ernesto trabaja en la biblioteca de la Universidad y tiene una linda novia que le propone vivir juntos. Esto último, sin embargo, oculta en realidad su condición homosexual, con la que irá conciliándose a través de la trama.


Selenco Vega nos ofrece, además, escenas muy intensas y emotivas. Pasajes desgarradores que humanizan a sus personajes. La escena de Ernesto y su padre, por ejemplo: cuando éste termina quebrándose y se confiesa culpable de no haber sido un buen padre y un buen esposo. Y luego santifica a su mujer muerta. Y Ernesto, que sabe una verdad dolorosa de su madre, debe en ese momento callar. Uno se cuestiona, entonces, “hasta dónde debemos practicar las verdades” (como reza una canción de Silvio Rodríguez). Y si luego de la lectura uno se cuestiona cosas, significa que estamos ante un estupendo libro. Y Segunda persona es, justamente, eso: un estupendo libro.

martes, 19 de enero de 2010

Entrevista a EDUARDO CHIRINOS


Eduardo Chirinos reside en Missoula, Montana (EE.UU.), una zona poblada de bosques en donde los incendios forestales no son infrecuentes. Una noche, junto a su esposa Jannine, observó alarmado que en el horizonte se avistaban grandes humaredas. "No te preocupes, Eduardo -lo tranquilizó Jannine-, es humo de incendios lejanos". Así surgió el título de este estupendo y logrado poemario, que ahora acaba de ser publicado en el Perú por Mesa Redonda.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografia de VÍCTOR VÁSQUEZ

Tú tienes el privilegio de publicar en el extranjero, en España y en México. ¿Qué emociones te suscita el publicar en el Perú?
Yo no lo llamaría un privilegio. Creo que son cuestiones que tienen que ver con lo errático que es la vida de uno, con las decisiones laborales que uno toma. Como tú sabes, hace 16 años que vivo en Estados Unidos. Eso de alguna manera condiciona mi mirada, mi manera de ver las cosas. La suerte que tuve es que me fui a EE.UU. ya habiendo publicado ciertas cosas acá. Pero de todas maneras pasa el tiempo y, por esas cosas erráticas de la vida, terminé publicando más en España y en México. Y no porque quiera, sino porque me terminó resultando más fácil que en el Perú. Aquí las cosas en términos editoriales para la poesía siempre han sido difíciles. Por eso el real privilegio es más bien poder publicar en el Perú. Eso ha ocurrido gracias a que un grupo de jóvenes peruanos universitarios, muchos de ellos no mayores de 20 años, decidieron arriesgarse a crear pequeñas editoriales. Muchas de ellas con el tiempo han crecido.

La música es muy importante tanto en tu poesía como en tu vida, ¿no?
Sí, por supuesto, yo no podría vivir sin música. El problema es que Jannine necesita silencio para trabajar. Y yo necesito música. Tal vez porque no escucho bien, la música es absolutamente necesaria porque me aísla en una burbuja particular que impide que me lleguen todos los ruidos de la calle. Y cuando hablo de música, hablo en su sentido más general. Por ejemplo, la música rock, a la que soy muy afecto, o la música clásica. O a toda la música que pertenece a mi educación sentimental. Y creo que la educación sentimental de mucha gente de mi edad -voy llegando a los 50 años- es la música que escuchó en los pequeños radios a pilas. Por ejemplo, el rock de los 60 o la música tropical.

Otra característica de tu poesía es que está alejada de la solemnidad...
Yo trato de huirle a la solemnidad como el gato al agua. En realidad, no se trata de algo voluntario, sino natural. Provengo de una familia donde no había biblioteca, donde los libros eran más bien una cosa exótica, cara y absolutamente innecesaria. Y eso no está mal: finalmente en mi formación los libros son algo que he ido adquiriendo como una cosa muy personal. Y eso es maravilloso, porque los libros han ido teniendo una presencia en mi vida de una manera tan democratizada y tan plana como la música, como los cómics.

¿Cómo recibiste la noticia del Premio Internacional de Poesía Generación del 27 en noviembre pasado?
Como si fuera un sueño. Y no estoy dándote una frase entrecomillada. La recibí con sueño porque me llamaron a las cuatro de la mañana y literalmente estaba muerto de sueño (risas). Como entre España y Missoula hay ocho horas de diferencia, los del jurado me llamaron para darme la noticia por teléfono. Yo me desperté sobresaltado pensando que era una mala noticia de Lima. Contesto y me comunican que he ganado el premio, agradezco a cada uno de los miembros del jurado, cuelgo y me voy a mi cama a seguir durmiendo. A la mañana siguiente le digo a Jannine: "He soñado que me daban el premio". Y ella me dice: "No ha sido un sueño, si a mí también me despertaron" (risas).

¿Qué tan importantes son los premios?
Los premios en sí mismos no sirven para nada, no te hacen ni mejor ni peor poeta. Te dan algo más de dinero, es cierto. Es una ayuda para publicar en una editorial grande. Te abren una serie de posibilidades.

*Entrevista publicada en Correo el 19/01/10.
**Versión en vídeo en CorreoTV gracias a ROSA MARÍA PUGA.

martes, 7 de octubre de 2008

Entrevista a JOSÉ DONAYRE


Pepe Donayre ha publicado Ars brevis (Editora Mesa Redonda, 2008), un conjunto de relatos breves que se complementa con su libro anterior, Horno de reverbero (Mundo Ajeno, 2007). Aquí les dejo la entrevista completa. Una versión editada apareció en Correo el martes 07/10/08.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Foto-ilustración: IVÁN PALOMINO

Horno de reverbero nació del blog homónimo. ¿Ars brevis encontró su orígen en otro blog, verdad?
Así es. Tuvo su origen en el blog «Comienzos para Buldozers». Este fue un proyecto que pretendió dos cosas: enfrentar la página en blanco y reflexionar acerca de cómo empezar un texto. Tenía, por tanto, objetivos lúdicos, didácticos y teóricos. Pero la transformación de «Comienzos para Buldozers» en Ars brevis no fue sencilla. En este proceso el trabajo de relojería fue más arduo que el que experimente con Horno de revrbero. Tengo la sensación de que Ars brevis me cambió más. Este libro me ha hecho más escéptico.

Mencionaste en una oportunidad que ambos libros debierón salir juntos. ¿Qué los vincula y qué los diferencia?
Aparte del juego deliberado respecto a la simbología numérica (69 textos en Horno de reverbero y 96 para Ars brevis), lo que tienen en común es la brevedad de las ficciones. Y los diferencian varias cosas: Horno... es más reflexivo y Ars... es más narrativo. En el primero, cada texto parte de un enigma (una palabra oscura); en el segundo, los microrrelatos parten de un título convencional que lleva a un misterio. Horno..., como totalidad, supone una circularidad, el eterno retorno; Ars..., como contraparte (opuesto complementario) la visión lineal e irrepetible de la historia.

Tu narrativa se caracteriza por sugerir más que por enunciar...
Cierto. Opto muy conscintemente por esta posibilidad literaria. Me interesa lo onírico, lo holístico, lo irracional y lo inconsciente, pero lo cierto es que escribo en vigilia, es decir, de una manera secuencial, racional y bastante lúcida. Tengo claro que estoy del lado de la insinuación y la exploración narrativa, y no de lo obvio (como fórmula del no riesgo bastante de moda). Por otra parte no me interesa la insinuación metafórica; encuentro más creativo y stisfactorio hurgar en las posibilidades que ofrece la metonimia. Mi estilo y estética se concentrada en exigir mucho del lector. Por ello, quizás algunos lectores me afirmaron que Horno... es un poemario. Y hay quienes ven los títulos de Ars... como versos de un poema de 96 líneas. Me interesa el pensamiento y cómo este opera como recurso literario en el individuo que abre y cierra el libro, pues ese lapso es mágico y revelador, aunque estemos hablando de historia o histeria.

Esta característica (de sugerir) ¿tiene que ver con una búsqueda de un lector activo, creativo?
Sin duda que sí. Lo más probable es que una novela o libro de cuentos escrito con receta comercial tendrá un lector que no logra distinguir una obra literaria de un texto de autoyuda. Bien, esa clase de lector plano, acostumbrado a papilla narrativa, que queda satisfecho con una novelita que ni siquiera imita la realidad sino las fórmulas exitosas o lo que dicta España, no me interesa, como tampoco me interesa tener muchos lectores sino buenos lectores. Lo único que me importa es continuar escribiendo sobre lo que siempre me ha atraído, sin que nadie me imponga la recetita esa de sexo, drogas y rock o guerra interna, investigación periodística y corrupción política. Eso ya apesta y aburre. Queda claro, por lo que escribo y digo, que no me gusta el realismo como forma de ver el mundo porque es una imposición y huele a alianza con la moral desde el XIX. Un escritor, que en esencia debe ser un sujeto ético, tiene todo el derecho a intervenir la realidad por medio de la creación y no por lo común. Y esto, para mí, es necesariamente no ser ni obvio ni unívoco. Y sugerir es uno de los tantos caminos para hacer algo que valga la pena, aunque el resultado sea un producto poco comercial.

También es recurrente en tu obra la preocupación extrema por el lenguaje. ¿Cómo se dat tu proceso creativo? ¿Eres obsesivo en las correcciones?
Parto de una posición muy radical: un escritor de verdad debe prescindir de un corrector ortotipográfico y de estilo. Un libro debe estar solo editado, es decir, producido como objeto por alguien que se fije en que no falte ningún detalle y que tenga la capacidad de enmendar descuidos o errores menores. Pero de ahí a contar con un corrector que resuelva las taras del autor o reescriba la obra (cosa que ocurre más de lo imaginado) me parece un exceso. Y tú te das cuenta de eso en los blogs llevados por «escritores». En estos espacios saltan todas las deficiencias... Como el famoso ídolo bíblico, tienen la cabeza de oro, pero sus pies son de barro. En mi caso el proceso es bastante sencillo: simplemente escribo en limpio. Luego me dedico a tachar y a buscar la máxima expresividad.

sábado, 27 de setiembre de 2008

Entrevista a ARMANDO ROBLES GODOY


En 1962, Manuel Scorza publicó en su serie Populibros Veinte casas en el cielo de Armando Robles Godoy. Tras largos años de ser inubicable en librerías, la editorial Mesa redonda ha tenido la feliz iniciativa de lanzar una nueva edición.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Foto-ilustración: IVÁN PALOMINO

¿Qué lo anima a reeditar la novela?
El año pasado, mi hija Marcela, a quien siempre le gustó mucho la novela, me dijo: mira, papá, todos los que leyeron la primera edición ya se han muerto. Cuando me dijo eso, me hizo pensarlo y decidí revisar la novela para que no sea una segunda edición sino una segunda versión.

¿Qué elementos se mantienen en esta segunda versión?
Habían dos elementos fundamentales que dieron origen a la primera versión y que mantuvieron su calidad de origen en la segunda. Una es la arquitectura, pero como elemento resultante no de una empresa ni de una inversión sino de la creatividad artística. Y el segundo elemento es la falta de consciencia que tiene el ser humano con respecto a su propia evolución. Yo lo he resumido en un aforismo: si todo cambia y el ser humano no cambia, nada cambia. Y siempre buscamos los cambios de afuera, pero uno no cambia.

La novela es muy reflexiva, está plagada de aforismos...
Yo encuentro que el libro es evidentemente filosófico, pero tiene mucha actividad también.

Su prosa es directa...
El minimalismo empieza en lo pictórico pero después se incorpora a todo, e inclusive se incorpora a la literatura, cuya primera regla es reducir en lo más posible los adjetivos, y economizar la palabra buscando lo que está detrás de la palabra, no inflando la palabra. Yo fui periodista del diario La Prensa. Y ahí aprendí la importancia del párrafo corto.

En su caso, usted es un cineasta que además escribe...
Yo no comprendo eso de que uno tiene que depender del guionista. No se puede hacer una película en la que tú no eres el autor, el guión no es más que una etapa en la creatividad, no es la creación de la película. Actualmente en el Poder Judicial no hay ninguna definición clara de quién es el autor de la película. Se dice que es el autor de la obra en que se basa la película. Es decir, dependiza la cinematografía de la literatura: Hasta el perno, pues. Entonces, por regla general el cineasta no escribe los guiones. Yo no podría hacer eso.

Usted, que ha participado en una comisión de cultura, qué piensa de la posibilidad de un ministerio.
El problema no es el ministerio sino el ministro. Y el otro problema, el que daría origen al nacimiento del Ministerio de Cultura, es comprender su necesidad, pero para comprender su necesidad primero tendrías que saber qué cosa es cultura. Y la primera barrera es que nadie te puede definir qué es cultura.

¿Qué visión de cultura suelen tener?
Es que a lo más que se acerca la gente culta de los gobiernos, que generalmente son el 10%, es a la cultura patrimonial: Machu Picchu, las líneas de Nazca, etc. Está bien, eso es la cultura patrimonial o monumental, pero se olvidan que ésa es el resultado de la cultura creativa del pasado. Del mismo modo que la cultura creativa del presente es la fuente de la cultura patrimonial del futuro.

domingo, 13 de enero de 2008

Entrevista a MARCELA ROBLES


Marcela Robles posee una obra poética reconocida por la crítica y el publico. Luego de algunos años de silencio, nos vuelve a sorprender con High way (Mesa redonda editores, 2007), un poemario en el que la poeta, a diferencia de sus libros anteriores, asume mayores riesgos.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de KEYKO MONTEBLANCO

Tengo entendido que de cada libro te queda un poema que luego da origen al siguiente libro…
Es cierto, es una especie de señal. Pero en este caso, el poema más antiguo tiene casi nueve años y no fue precisamente ése el que dio origen al libro. En este caso simplemente fue una cosa muy anecdótica: empecé a escribir y a escribir. Hasta que me di cuenta que tenía un grupo de poemas que podía convertirse en un libro. Es decir, que tenían una estructura que iba a alguna parte. Y esa estructura era la carretera, el viaje, la reconstrucción de los hechos.

La carretera como una metáfora de la vida…
No sé si es una metáfora de la vida en este caso, porque creo que hay una diferencia entre la metáfora de la vida y la metáfora de mi vida. Creo que como es un libro tan personal, yo diría que es más relacionado con escenificaciones, en el caso de los poemas, de pasajes de mi vida que van más allá del testimonio. Siempre la poesía se convierte en otra cosa, no es un testimonio.

Se dice que a diferencia de los narradores los poetas están más expuestos…
Sí, porque como ya se ha repetido varias veces, pero no es malo recordar, en la poesía no se puede mentir. Mientras que el narrador se puede escudar para sus múltiples personajes detrás de la ficción. En la poesía siempre hay algo de uno mismo, siempre el yo literario es el yo verdadero, aunque esté mezclado con la creatividad, la imaginación y la fantasía.


Y a pesar de ser tan personal lograr que el lector se sienta identificado…
Claro, y uno escribe para eso, uno escribe para el lector ideal, aunque sea uno, que se te acerca y te dice: “tu libro me ha emocionado. El día de la presentación se me acercó una chica y me dijo algo que me dejó conmocionada. Me dijo: yo estaba de viaje, deprimida, sola, y se me ocurrió abrir tu libro y me cambió el estado de ánimo y me hizo sentir tan bien, porque me sentí identificada con lo que me decías”. Sintió que yo le estaba hablando a ella. Me pareció pajísima.

¿Cómo es tu proceso creativo?
Esquizofrénico… (risas). Creo profundamente en la inspiración, que creo es una bruja ladina y sabia que se aparece y se larga cuando se le da la gana, y te deja plantada. Pero sí creo que debe aparecer al menos para que yo pueda escribir. No puedo sentarme a escribir un poema sin sentir por lo menos que anda suelta la inspiración o algo que se le parezca. A partir de allí puedo sentarme y escribir aunque sea una palabra o un verso y seguir, y chapucear con las palabras hasta que vaya apareciendo algo o finalmente decidir tirarlo al cesto de la basura.

¿Escribes a mano?
Antes escribía mucho a mano. Después pasé a la computadora y no podía escribir nada si no era en la computadora. Ahora he vuelto a mi block y escribo a mano y con tinta líquida. Y mucho con lápiz. He vuelto al block escolar y a mi lápiz.

¿Cuánto queda de aquella primera versión del poema? ¿Eres obsesiva de la corrección?
Hay pequeños milagros que son poco frecuentes en que escribes el poema de un tirón. Y queda, digamos, casi perfecto, casi listo; y se hacen sólo pequeñas correcciones. Generalmente, como dijo muy bien Lucho la Hoz en la presentación, soy una tenaz trabajadora de la palabra. No tanto por buscar la perfección, porque creo que un poema demasiado pulido y trabajado pierde brillo. No me importa que el poema sea formalmente imperfecto, pero sí me importa lograr que diga lo que yo quiero decir. En ese sentido siempre estoy tratando de buscar una mejor palabra para que sea la palabra que debe estar en el poema. Por eso a veces del poema original no queda más que un verso.

¿Cómo ubicarías este libro dentro de tu corpus poético?
Estoy muy orgullosa de mi libro. Primero, porque he trabajado mucho, poéticamente, profesionalmente hablando. Y lo veo ahora aquí publicado en las librerías. No puedo ser objetiva, no puedo separarme de mi libro todavía, pero en mi visión, he logrado hacer ciertas innovaciones respecto de mis libros anteriores. Creo que es un libro más seguro de sí mismo. Creo que aquí no he tenido miedo de quizás romper algunas reglas en cuanto a la sintaxis, en cuanto a la falta de puntuación y arriesgarme un poco en ese sentido.

¿Cómo ves la poesía última?
He leído especialmente poesía escrita por poetas mujeres últimas, jóvenes, muy talentosas, como Andrea Cabel y Victoria Guerrero. Justamente me preguntaban el otro día en una entrevista: “¿Tú crees que deberían olvidarse ya algunos temas las poetas de la nueva generación y pasar a otros temas? Y yo lo que respondí es que sería muy tonto de mi parte decir eso, porque en realidad todos los temas ya fueron dichos. Y la cuestión es reinventar el lenguaje, romper todas las reglas y volver a inventarlas. Es encontrar nuevas formas de decir todo lo que ya se dijo. Y decir lo propio. Me alegra mucho que haya esta nueva generación de poetas talentosas que digan lo que les de la gana. Y espero que lo sigan diciendo tan bien como hasta ahora.

*Entrevista completa. Una versión editada apareció publicada en Correo el domingo 13 de enero de 2008.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

PRESENTACIÓN: Sara Morey

La editorial Mesa redonda presenta
El libro del rinoceronte
de Sara Morey
Este jueves a las 7:00 p.m.
Lugar: restaurante Scena
(Francisco de Paula Camino 280, Miraflores)

martes, 6 de noviembre de 2007

TREN DE ATERRIZAJE

EL EXILIO INFINITO
Por JOSÉ GÜICH

Treinta años después de la desaparición de Luis Hernández (Lima, 1941-Buenos Aires, 1977), las poco claras circunstancias que rodearon su muerte aún constituyen señuelo para concitar la atención pública, más allá de los cenáculos y cofradías que podrían atribuirse o no la vigilancia sobre la obra de un poeta absoluto y entrañable. El trágico final de Hernández en Argentina, durante los días de la salvaje dictadura militar presidida por Videla, continúa inevitablemente asociado al misterio. Entre tantas historias, es factible que cayera víctima de la represión, acostumbrada a genocidas prácticas de “limpieza social” en las calles de Capital Federal y otros conglomerados urbanos del país. Encarpetado como suicidio, el caso aún aguarda una solución convincente.

Apartándonos de la crónica policial, surge en el escenario otra antología, de aspiraciones conmemorativas, esta vez diseñada por Edgar O´Hara, quien ya ha sido responsable de compilaciones y ediciones críticas a propósito del autor. Como atractivo adicional, el volumen incluye un dossier fotográfico, estructurado con imágenes del archivo de Herman Schwarz. La soñada coherencia se propone brindar una muestra de los registros intimistas de Hernández, quizá algo eclipsados por poemas más lúdicos y celebrados, o aquellos sostenidos por el diálogo con los referentes culturales (la música, la pintura, el cine) que moldearon un universo sin precedentes en la poesía peruana (exceptuando a Eguren). Para ello, O´Hara ha preferido trabajar su selección con el material de los cuadernos y manuscritos sueltos que el autor de Orilla, Charlie Melnik y Las constelaciones (los tres libros de LH publicados en vida) elaboró cuidadosamente, a lo largo de varios años, en su mayoría destinados a sus amigos próximos.

En esas caligrafías, aparecen los que sin duda son sus mejores versos de temática amorosa. Redescubrir esta zona de una escritura tan personal y sujeta a la mitificación -por razones evidentes-, solo confirma la calidad del poeta, siempre mayor que su leyenda. Hernández no envejeció: ha sobrevivido a la canonización y al fetichismo, cuando no a la morbosidad biográfica. Un breve texto, en particular, conmociona tanto por su belleza transparente y luminosa, como por el hecho de vincular al ser amado, a la donna angelicata, con una desgarradora condición de “exiliado interior”, de foráneo en un mundo hostil e insensible: “Extraña es tu alma, Amor/ Más extraño aún/ Quien te ama”.

En su tonalidad de viejo y sabio epigrama, el poema rubrica sin atenuantes que en un creador de tales contornos resulta inútil separar el lirismo y la sorpresa de metáforas inauditas, especialmente porque estas nacen de la sencillez y de las palabras cotidianas. Y porque los actos del poeta siguen siendo de los más solitarios sobre la Tierra, como LH, querido Gran Jefe Un Lado del Cielo, predicó hace ya tantas lunas, mientras contemplaba el océano, origen de los dioses.

Autor: Luis Hernández
Título: La soñada coherencia
Edición de Edgar O´Hara.
Editorial: Mesa Redonda (252p.)

martes, 30 de octubre de 2007

Entrevista a EDGAR O'HARA sobre LUIS HERNÁNDEZ


La poesía de Luis Hernández era, hasta hace poco, de difícil acceso. Vox horrísona y Una impecable soledad, los dos libros que recogían sus poemas, se volvieron en poco tiempo piezas de colección. Por suerte acaba de aparecer, gracias al loable esfuerzo de la editorial Mesa Redonda, La soñada coherencia, una antología de su poesía preparada por Edgar O’Hara.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

La soñada coherencia llena de alguna manera un vacío editorial en la medida de que desde hace buen tiempo la poesía de Hernández es inubicable.
Diría que este libro llena un vacío respecto de la poesía más intensa de Hernández: la obra lírica. Pero se trata de un vacío pequeño, pues La soñada coherencia es el primer paso para una edición mayor (este es mi deseo), planteada en tres volúmenes y justificada desde el punto de vista de recurrir a las fuentes originales y no, como tuve que hacer en 1995 con Trazos de los dedos silenciosos, a la obra ya impresa.

¿Por qué crees que Hernández ha logrado tener una gran legión de lectores sobre todo entre los jóvenes?
Creo que el atractivo de Hernández se basa específicamente en la calidad de su obra, en la que por más desarticulado que pueda parecer un poema ofrecerá siempre un detalle único, un giro singular, una frase inolvidable. Ahora bien, creo que hay una zona de la obra de Hernández que pertenece más a lo que podemos llamar el testimonio (como la droga, las clínicas, la chispa verbal, el desvarío voluntario), y esa zona a veces ha sido confundida con la poesía. Tengo para mí que Hernández no las confundía ni de vainas (y para el caso, sus tres libros éditos confirman la seriedad de su palabra lírica, su hermetismo), pero en sus cuadernos acogió todo como si se trataran –los cuadernos, digo– de partes de su propia persona simbólica. Cada quien tendrá su “visión” de la poética hernandiana; la mía pasa por la edición de sus cuadernos, la poda selectiva, la elección entre distintas versiones.

Este libro presenta, además, algunos poemas inéditos de Hernández.
Claro, porque desde la publicación de la segunda edición de Vox horrísona (1983) han surgido más cuadernos. Esta fue la razón que motivó el trabajo de formar un archivo que preservara esta poesía. Así nació en 1999 el Archivo Luis Hernández de la Universidad de Washington (Seattle).

El poeta Sologuren destacaba su oído “excepcionalmente dotado para las imanaciones sonoras”. ¿Qué otras cualidades ostenta la poética de Hernández?
En primer lugar, la constatación del “oído” de Hernández. proviene del talento poético del mismo, al que se le suma su conocimiento y pasión por las lenguas. Pero las “imanaciones sonoras” que decía Javier Sologuren se dan también respecto de una voz “horrísona”, que choca. Este balance entre la oralidad desenfrenada de la noche limeña, digamos, o la jerga de la esquina, al lado de la pureza del verbo (para tocar el charango erudito que habita el fondo de esta poesía), es logrado por el poeta con una facilidad que asombra. Y esta facilidad es peligrosa (no lo fue para Hernández, que sentía y actuaba verbalmente desde cimientos sólidos) si uno cree que lo que en Hernández se ve fácil responde a la simple espontaneidad. Digámoslo así: Hernández podía darse el lujo de ser espontáneo. Basta con citar su formación musical. Esto no se adquiere de la noche a la mañana. Cuesta, pues. Igual con sus lecturas, sus citas, sus pasiones.

*Fotografía de HERMAN SCHWARZ

viernes, 31 de agosto de 2007

Entrevista a ANDREA CABEL


La editorial Mesa redonda acaba de iniciar su serie de poesía –Taquicardia– con la publicación de Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel. Se trata de una nueva edición que añade nuevos poemas y un elemento gráfico que complementa el concepto del libro.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

¿Cómo surge esta reedición con el agregado de nuevos poemas?
Los poemas, hasta ahora inéditos, que integran el poemario (son 7, más una foto/poema) van de la mano con el resto de poemas, con la estructura misma, porque se integran a las partes originales. Y por otro lado, tanto el manejo del lenguaje, como las temáticas, o incluso las sensaciones de estos nuevos, van bien con los textos originales. Siento que en la medida de lo posible, ahora el libro está un poco más "completo". Los poemas estaban hechos antes de que tuviera en mente la idea de una segunda edición, solo esperaba dónde colocarlos, y definitivamente, creo que su hogar es este, Las falsas actitudes del agua. No podrían estar en otro libro. Ni aún en un segundo.

En el libro percibo una variedad de voces que van desde la nostalgia, el despecho, la tristeza...
Sí, pero no solamente existen estas voces, como bien has dicho, existe una variedad de voces y sensaciones a través de ellas. También existe calma. En esta segunda edición existe una isla que da calma y en alla se forjan nuevas fortalezas, nuevas soledades, nuevos reencuentros. La nostalgia es un sentimiento natural al que me voy acostumbrando poco a poco, ya no me causa pavor extrañar tanto, las distancias se encojen cuando se piensa mas despacio y la poesía ayuda bastante.

Un elemento protagónico del libro es el lenguaje.
El lenguaje, sin duda, es el protagonista principal de la obra, de mi vida, del mundo!. Sin el lenguaje nada existiria, nisiquiera las emociones podrian materializarse. En mi libro, y en mi poética, intento trabajarlo de una manera bastante personal. Juego con él, aunque pueda sonar redundante, a veces se puede pensar que el lenguaje te mira, el problema es cómo le sostienes la mirada. Ahí llega la poesía también. - Se suele decir que en la poesía el autor está más expuesto. En tu poesía, por el contrario, se percibe una serie de máscaras.
Evidentemente, un poeta se expone personalmente, más que un ensayista por ejemplo. Sobretodo porque habla aunque lo evite de todas las formas, de temas subjetivamente personales, a veces íntimos. Las máscaras, son una forma de exponernos también, las máscaras son los personajes, las voces, o el lenguaje mismo. Y todos las usamos en tanto somos performativos. Nosotros somos consecuencia del tiempo y del lugar, somos distintos según nos movamos en estas coordenadas. Las máscaras son simplemente eso, maneras de comportarse, de actuar según un determinado lugar. Por cierto, la palabra "persona", deviene de la palabra "máscara" en griego y de hecho, está relacionada más a la del actor.

Zurita destaca la unidad del libro. ¿Cómo así decides afrontar el poemario de esa manera?
El poemario fue creado con la intención de mantener una unidad. Un hilo conductor que mantenga no sólo las temáticas, si no que mantenga también las voces que se intercalan en los poemas fijos, sin perderse entre ellos. Me interesa que el libro sea un "todo" orgánico, capaz de mantenerse en pie por sí mismo. Siempre existe una intención de "orden" en los libros, aunque sea un orden subjetivo, personal, aleatorio, siempre existe. En mi caso, es un orden que sugiere lo mismo que sugiere el cuerpo humano. Un corazón que bombea espuma o sangre, varios músculos, unos cuantos órganos más, piernas y ojos sobretodo. La mecánica o estrucutura de mi poemario, es la de un cuerpo humano, que esta vivo, a veces triste, pero vivo.

En otra oportunidad me comentaste tu predilección por Egan Schielle. ¿Qué tan importante es la plástica en tu poesía?
La plástica me da caminos para poder sustentar imágenes que tengo y que muchas veces, no sé plasmar en palabras.Me da sensaciones fuera de contextos fijos. La plástica me trasporta y me obliga a repensar las cosas muchas veces, muchas. La pintura trabaja con la materia física, quizás por eso podría ser más asequible a los ojos, a las manos, a todo aquello que nos obligue a entrar en la disyuntiva de realidad y ficción. Me gusta, sobretodo, el expresionismo abstracto; sin embargo, Egon Schiele tiene un espléndido trabajo, como Klimt, Kokoschka, Van Gogh y tantos otros que me gustan. Todos son poetas también, implosionan en los papeles, o en los lienzos, en las paredes, en todo aquello que los sostenga.


*Fotografía de ADRIAN PORTUGAL.
**Versión completa. La versión editada apareció el 31/08/07 en el diario Correo.