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domingo, 2 de diciembre de 2007

TREN DE ATERRIZAJE

SINDROME DEL SALMÓN
Por JOSÉ GÜICH


Patricia de Souza (Coracora, 1964) ha optado por el trayecto más difícil en Ellos dos (2007), una novela corta cuyo proceso de escritura, entre otros aspectos, es uno de los motivos desencadenantes. Al prescindir de una “narratividad” de contornos exactos o perfectamente delineados, el lenguaje monopoliza el
panorama.

El relato, como desarrollo de una intriga previsible, no existe; en su lugar, se instala la larga digresión, en tono confesional, acerca de los temores y angustias que nacen de la incapacidad del personaje femenino para establecer lazos afectivos con los individuos por quienes sintió algún tipo de atracción (tanto física como espiritual). Las andanzas europeas de esta mujer –y su fatigosa búsqueda de sentido– son referidas a la manera de un diario íntimo, una especie de “desnudamiento” emocional ejecutado a la sombra de un hombre al que conocemos sólo por O, con quien ella vivió en el Perú. Este ser, nebuloso y esquivo, resulta determinante para esa voz en primera persona que orienta el curso de la “historia”.

Intercalados a ese sujeto, desfilan otras entidades masculinas, como Jacob o Lyes, frente a los cuales la protagonista, una escritora desarraigada, experimenta otras facetas de su obsesión. De ese modo, la imposibilidad para llevar a la plenitud el vínculo erótico corre paralela al cuestionamiento del lenguaje como traductor de una conciencia femenina errática e insatisfecha ante la función de la palabra. Tal relación, sin duda, es el rasgo más interesante de la novela.

No obstante sus elementos atractivos, Ellos dos también resulta víctima de sus horizontes en materia de refutación de hábitos receptivos. La enunciación llega a ser reiterativa en cuanto a los miedos profundos. Por otro lado, el estilo es por momentos confuso y monocorde, renuente a matices que hagan factible una identificación más profunda del lector con los terremotos síquicos que pulverizan a la protagonista.

En su correcta factura, el libro despliega tanto las potencialidades de una propuesta semejante, como las limitaciones de un modelo que privilegia el exorcismo de pulsiones muy personales, antes que legitimar la fuerza de la literatura por sí misma. Y eso, finalmente, implica un costo para quien decidió arrojarse al torrente.

Título: Ellos dos
Autor: Patricia de Souza
Editorial: San Marcos (113pp)

martes, 6 de noviembre de 2007

MESA DE NOCHE


ELLOS DOS
Novela de PATRICIA DE SOUZA
Editorial San Marcos

Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

La primera novela que leí de Patricia de Souza fue Electra en la ciudad (Alfaguara, 2006). Y admito que me sedujo en demasía aquel tono confesional-reflexivo que impera en toda la novela. El mismo tono que adquiere, según mi perspectiva, una intensidad mayor en Ellos dos (San Marcos, 2007), su más reciente trabajo literario.


Esta novela puede leerse como la crónica de una separación sentimental. O más propiamente, de aquel tiempo post ruptura. La protagonista nos va develando los pormenores del rompimiento con O, y nos hace partícipes de esa insondable sensación de vacío ante la ausencia de O. Ausencia que es, al mismo tiempo, la representación simbólica de otras ausencias masculinas. Ausencias que se remontan a la primera ausencia, la paterna. “Si miraba hacia mi pasado veía la existencia de una ausencia masculina, que no se nombrar, a lo mejor esa ausencia del hombre ausente que ahora se presentaba disfrazado de otro” (p.25).

Sin bien la relación con O es la que articula toda la novela, la protagonista también rememora sus otras relaciones, pasadas, con otros personajes. Y nos da cuenta de su relación actual con Lyes. Una relación sui generis que le permitirá a la protagonista comprender un poco mejor su vida con O. Y comprender, a través de la escritura (de la novela) su propia existencia. “Y sabía que lo que más me importaba era escribir y sobre todo escribir sobre aquellas cosas que sentía como lejanas, acortar las distancias, vivir en una aldea global en la cual el olor de la tarde me llegara a través de las ondas sonoras del teléfono, luego salir y encontrarme en una ciudad del suroeste de Francia de cincuenta mil habitantes y no sentir que existe el tiempo o el espacio, reducir esas dos categorías a mi espacio subjetivo” (p.31).

Ellos dos es, sin duda, un libro estupendo. Un libro que he disfrutado leyendo, releyendo párrafos, subrayándolos y susurrándolos en voz baja, durante el silencio monótono de la medianoche.

domingo, 21 de octubre de 2007

Entrevista a PATRICIA DE SOUZA


Patricia de Souza radica en París y ha logrado edificar una obra literaria en la que destaca su particular y lúcida manera de ver y entender el mundo. Ellos dos (Editorial San Marcos, 2007) es su más reciente novela.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

En Ellos dos se percibe una búsqueda existencial en la protagonista. Hay un tono reflexivo constante.
Ese tono reflexivo es la necesidad que siente ella de conocerse, de observarse, realizando un trabajo de arqueóloga para recomponer los pedazos de la realidad y del pasado. La recomposición es la interpretación de signos que se transforman en otros nuevos en el texto. Pienso en todo texto memorístico, en Las memorias de Ultratumba, de Chateaubriand, o en La búsqueda del tiempo perdido, de Proust. Por eso también a veces el lenguaje envuelve, rodea, para atrapar, luego, se corta, cuando no puede y se da cuenta que la experiencia es inabarcable. Sólo quería precisar una cosa, en este libro específicamente hay un trabajo de traducción entre el francés y el castellano, es decir, he sentido y pensado en los dos idiomas y he pasado del uno al otro para finalmente escribirlo en mi idioma materno por elección. Me gusta esa idea del francés como caja de resonancia, como eco.

Uno puede reconocer ciertos guiños con tu propia biografía. ¿En qué medida la propia experiencia vital de una es importante para la ficción?
Es importante en el sentido de que todo lo que vivo se va a transformar en una autoficción. El hecho de utilizar la primera persona tiene mucho que ver, es la trascendencia de la propia experiencia, de ese “yo no soy mejor, pero al menos soy otra” que yo he tomado de Jean Jacques Rousseau. No se me olvida que todo texto confesional, en que tenemos la impresión de que estamos confiando un secreto, busca una cierta absolución, deshacerse de su carga afectiva mediante este método. Y ese es su riesgo, que no siempre termina por resolver nada, pero el libro aparece como objeto. Y acompaña. Hay una autora francesa completamente desconocida en castellano, Violette Leduc. Ella escribió "La bastarda", que salió en una editorial de Fernando Tola, en México. Es una forma de autoficción cercana a la veracidad de los hechos. Siempre digo que cuando se dice "yo", se dice también "tú", esto por una simple formalidad del lenguaje: nunca hablamos solas. Ni Collete (otra autora poco conocida) ni Única Zurn, ni Marguerite Duras, ni Michel Leiris,que han escrito en primera persona, han hablado sin pensar en que había alguien escuchando.

En Ellos dos la separación sentimental con O es quizás el elemento principal, tanto que Lyes termina siendo una especie de instrumento para que la protagonista intente entender mejor su relación con O.
Se comprende mejor una situación cuando hay una persona que sirve de catalizador. Es como en La búsqueda del tiempo perdido, Odette ayuda a comprender a Albertine, porque es muy distinta y sirve para ver mejor a Albertine, saber de su vulgaridad, de su inocencia. Lyes es diferente de O y lo ilumina con su silencio y, de alguna forma, con su ausencia. Yo creo que nadie se define en función de una sola persona sino de varias. Esto ayuda a comprender mejor al personaje central, a ella.

La escritura en sí se presenta como una posibilidad de la protagonista de encontrarse consigo misma. En una parte incluso dice: “No existir si no es escribiendo”.
Sí, hay una ascésis, un aprendizaje espiritual, un ascenso de la escritura, creo que toda creación lo es en cierta forma porque es el movimiento del espíritu, comprendido como en el francés “esprit”, pensamiento, pero también es sensación, sentimiento por decir sentidos.
Hace poco leía una entrevista a Clarice Lispector, con quien algunas personas me han encontrado coincidencias, y ella decía que trabajaba con la ituición y no con la razón. Para mí la intuición es un golpe de suerte de la razón para poder ver algo, sentir algo intenso como si se tratara de una epifanía, una celebración. El lenguaje es lo que nos constituye, lo que no se ha sido dicho, y menos escrito, se podría decir que no existe. Yo me conozco escribiendo, es cuando hago mis hallazgos, cuando puedo re-constituirme. Quizás sea un imperativo porque esa re-escritura aleja el pathos de la experiencia, que en Electra, era análoga a la realidad. A una realidad violenta un lenguaje violento, la escritura es su síntoma, lo que de alguna forma también es una forma de curarse, de lavarse y de estructurarse. Estoy segura de que el idioma, mientras más rico es en una persona, hace más capaces de sentir más y más intensamente, pero también, y ese es su complemento, nos hace sufrir más. Si no hay miedo, se avanza.

¿Cómo se da en tu caso el proceso creativo? ¿Tienes horarios de escritura o partes de impulsos narrativos?
No, horarios no puedo tenerlos puesto que es un proceso afectivo; rigor, sí. Es decir, terminar una idea, perseguirla hasta lograr darle forma o buscar un tono, un ritmo. Preservo los instantes de aislamiento para dejar que esto salga a flote. Como dije una vez, como Proust, cierro las cortinas y empiezo a imaginar, a sentir, a escribir un texto.

*Fotografía de GISELLA SAN MIGUEL.
**Versión completa de la entrevista que apareció publicada en Correo el domingo 21 de octubre.