domingo, 21 de octubre de 2007

Entrevista a PATRICIA DE SOUZA


Patricia de Souza radica en París y ha logrado edificar una obra literaria en la que destaca su particular y lúcida manera de ver y entender el mundo. Ellos dos (Editorial San Marcos, 2007) es su más reciente novela.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

En Ellos dos se percibe una búsqueda existencial en la protagonista. Hay un tono reflexivo constante.
Ese tono reflexivo es la necesidad que siente ella de conocerse, de observarse, realizando un trabajo de arqueóloga para recomponer los pedazos de la realidad y del pasado. La recomposición es la interpretación de signos que se transforman en otros nuevos en el texto. Pienso en todo texto memorístico, en Las memorias de Ultratumba, de Chateaubriand, o en La búsqueda del tiempo perdido, de Proust. Por eso también a veces el lenguaje envuelve, rodea, para atrapar, luego, se corta, cuando no puede y se da cuenta que la experiencia es inabarcable. Sólo quería precisar una cosa, en este libro específicamente hay un trabajo de traducción entre el francés y el castellano, es decir, he sentido y pensado en los dos idiomas y he pasado del uno al otro para finalmente escribirlo en mi idioma materno por elección. Me gusta esa idea del francés como caja de resonancia, como eco.

Uno puede reconocer ciertos guiños con tu propia biografía. ¿En qué medida la propia experiencia vital de una es importante para la ficción?
Es importante en el sentido de que todo lo que vivo se va a transformar en una autoficción. El hecho de utilizar la primera persona tiene mucho que ver, es la trascendencia de la propia experiencia, de ese “yo no soy mejor, pero al menos soy otra” que yo he tomado de Jean Jacques Rousseau. No se me olvida que todo texto confesional, en que tenemos la impresión de que estamos confiando un secreto, busca una cierta absolución, deshacerse de su carga afectiva mediante este método. Y ese es su riesgo, que no siempre termina por resolver nada, pero el libro aparece como objeto. Y acompaña. Hay una autora francesa completamente desconocida en castellano, Violette Leduc. Ella escribió "La bastarda", que salió en una editorial de Fernando Tola, en México. Es una forma de autoficción cercana a la veracidad de los hechos. Siempre digo que cuando se dice "yo", se dice también "tú", esto por una simple formalidad del lenguaje: nunca hablamos solas. Ni Collete (otra autora poco conocida) ni Única Zurn, ni Marguerite Duras, ni Michel Leiris,que han escrito en primera persona, han hablado sin pensar en que había alguien escuchando.

En Ellos dos la separación sentimental con O es quizás el elemento principal, tanto que Lyes termina siendo una especie de instrumento para que la protagonista intente entender mejor su relación con O.
Se comprende mejor una situación cuando hay una persona que sirve de catalizador. Es como en La búsqueda del tiempo perdido, Odette ayuda a comprender a Albertine, porque es muy distinta y sirve para ver mejor a Albertine, saber de su vulgaridad, de su inocencia. Lyes es diferente de O y lo ilumina con su silencio y, de alguna forma, con su ausencia. Yo creo que nadie se define en función de una sola persona sino de varias. Esto ayuda a comprender mejor al personaje central, a ella.

La escritura en sí se presenta como una posibilidad de la protagonista de encontrarse consigo misma. En una parte incluso dice: “No existir si no es escribiendo”.
Sí, hay una ascésis, un aprendizaje espiritual, un ascenso de la escritura, creo que toda creación lo es en cierta forma porque es el movimiento del espíritu, comprendido como en el francés “esprit”, pensamiento, pero también es sensación, sentimiento por decir sentidos.
Hace poco leía una entrevista a Clarice Lispector, con quien algunas personas me han encontrado coincidencias, y ella decía que trabajaba con la ituición y no con la razón. Para mí la intuición es un golpe de suerte de la razón para poder ver algo, sentir algo intenso como si se tratara de una epifanía, una celebración. El lenguaje es lo que nos constituye, lo que no se ha sido dicho, y menos escrito, se podría decir que no existe. Yo me conozco escribiendo, es cuando hago mis hallazgos, cuando puedo re-constituirme. Quizás sea un imperativo porque esa re-escritura aleja el pathos de la experiencia, que en Electra, era análoga a la realidad. A una realidad violenta un lenguaje violento, la escritura es su síntoma, lo que de alguna forma también es una forma de curarse, de lavarse y de estructurarse. Estoy segura de que el idioma, mientras más rico es en una persona, hace más capaces de sentir más y más intensamente, pero también, y ese es su complemento, nos hace sufrir más. Si no hay miedo, se avanza.

¿Cómo se da en tu caso el proceso creativo? ¿Tienes horarios de escritura o partes de impulsos narrativos?
No, horarios no puedo tenerlos puesto que es un proceso afectivo; rigor, sí. Es decir, terminar una idea, perseguirla hasta lograr darle forma o buscar un tono, un ritmo. Preservo los instantes de aislamiento para dejar que esto salga a flote. Como dije una vez, como Proust, cierro las cortinas y empiezo a imaginar, a sentir, a escribir un texto.

*Fotografía de GISELLA SAN MIGUEL.
**Versión completa de la entrevista que apareció publicada en Correo el domingo 21 de octubre.

1 comentario:

Berenjena dijo...

Interesante entrevista
PD: debes conocer a mi profe Manuel Erausquin