lunes, 21 de agosto de 2006

Aproximaciones a "Demian" de Hesse


Ni Dios ni el Diablo

Escribe: GUSTAVO KANASHIRO FONKEN*

¿Qué son las reglas sino limitaciones que nos impone una sociedad? ¿De qué sirve una moral si ésta nos va a privar de nuestra plena libertad? ¿Hasta dónde debe el hombre ser capaz de actuar? Demian nos plantea la duda, el eterno cuestionamiento sobre la conducta humana y la falsa libertad a la que muchos estamos atados. Llevar una vida inmaculada no es la respuesta definitiva, así como tampoco lo es el libertinaje sin barreras. ¿Qué es lo que queda entre ambos polos?

Sinclair abre la obra presentando su infancia como la de cualquier niño de familia correcta. Por la forma en como se va expresando en la novela, se deduce que se hallaba encerrado en un bloque de paredes de cristal, clásico caso. Podía ver ese mundo que coexistía con él, del que se hallaba privado paternalmente y que, por el mismo hecho de ser “indebido”, lo llamaba cada vez con más intensidad. Es imposible tratar de tapar el Sol con un dedo, y es imposible vendarle la vista a alguien. Tarde o temprano, la educación clásica colapsará, y dejará al descubierto a una persona llena de vacíos espirituales que esa caja de cristal no pudo llenar, por el mismo hecho de no contener a nadie más que a uno mismo.

La primera ruta de escape de esa falsa paz interna fue Franz. La necesidad que sintió Sinclair de mostrarse “no tan santo” ante esa sociedad que lo presionaba, terminó acorralándolo en un dilema del que sólo supo salvarlo Demian, y luego Pistorius. ¿Cómo se le podría llamar a quien lleva el mismo título de la obra? Las ataduras que le propuso a Sinclair no son esas moralistas ni religiosas, esas que tratan de mostrarnos el camino del bien y el camino del mal, sino más bien unas pertenecientes a la que se le podría llamar una moral “humanista”. Para Demian no hay bien ni mal. Incluso se atrevió a llamar al Dios cristiano como uno incompleto, pues carece de una suerte de lado oscuro. El dios que buscó, Abraxas, carecía de esa dualidad. “Nuestra religión (Abraxas) es practicada como si no lo fuese. Se la presenta como producto de la razón.” Esta misma carencia es la que emplean para salvar a Caín de esa satanización en la que se halla sumergido en los textos de la Biblia. Inclusive, llegan a utilizarlo como imagen para denominar a todos los que dejan de lado aquellas ataduras moralistas: La Marca de Caín.

Caín y todos los marcados presentaban una peculiaridad: por el sólo hecho de encontrarse a sí mismos fueron condenados. Y sin embargo, es ésta actitud la que Demian le impulsa a Sinclair cumplir. Como bien dice al final del libro, en una de sus frases agonizantes, la humanidad, tal como va ahora, va directo a su destrucción. Huyendo de su propia naturaleza, condenando la libertad plena del alma, planteando modelos a seguir. La única salvación visible es la que simboliza la figura del ave en su cascarón. Romper el huevo del mundo para poder nacer y así volar hacia una suerte de salvación personal, la cercanía a Dios.

La evolución a la que Sinclair es expuesto desde su inicial concepción del mundo (en casa el bien, fuera del hogar el mal) hasta la absorción del mensaje de Demian, "El ave rompe el cascarón. El huevo es el mundo. El que quiere nacer ha de romper el mundo. El ave vuela a Dios. Hay un nombre: Abraxas.” Es todo un proceso psicológico que se vio influenciado por distintos ángeles que salvaron a Emil de engañarse con los estereotipos del bien y el mal. Pistorius, Demian, incluso Eva (madre de Max) con su naturaleza femenina. Todos son factores que modifican a Sinclair durante los años que relata en la novela. Sin embargo, la obra abandona por mucho el simple relato de cómo crece un muchacho. Habla de cómo la humanidad no depende de esos esquemáticos modos de vida que quizá nos convierten en esos seres discriminadores, orgullosos y altaneros que somos. Creernos superiores a otros que siguen otro tipo de vida, suponer que el bien debe dejar completamente de lado el mal, que una vida plena no requiere de una libertad humana es como estar encerrados en un cascarón. Más de una vez Demian le recuerda a Sinclair, que los impulsos del alma no deben ser contenidos por las ataduras a las que nos sentimos apegados. Nosotros debemos “ser” esos impulsos, son lo que más nos humaniza. Rechazarlos sería como destruirnos lentamente.

*Estudiante del 5to. de secundaria del Colegio de La Salle.

3 comentarios:

Anonimatus_ dijo...

Muy buena reseña... muy?... rompedora de cascarones, diria Demian... aunque una interrogante: en la practica de la vida, como se lleva el bien y el mal en uno? como actua quien reconoce esos dos aspectos con igual valor y como parte de lo mismo, de algo unico..

Solo una niña normal :) dijo...

holaa!!!
muyy bueno lo ke escribiste
acabo de leer demian para el colegio y me parecio muy interesante
un libro totalmente recomendable
saludos
adios

Holger dijo...

¿El ave que quiere nacer tiene que destruir EL mundo?

Absurdo, así se destruiría a sí misma.

En el original ("EINE" y no "DIE") no existe ese error seguramente de (mala) traducción.

"Der Vogel kämpft sich aus dem Ei. Das Ei ist die Welt. Wer geboren werden will, muß EINE Welt zerstören."

Para nacer en el sentido figurado, efectivamente, muchas veces hay que destruir UN mundo.