jueves, 24 de agosto de 2006

Narrativa Completa de Clemente Palma


El otro Palma
Clemente Palma apuntaba a convertirse, inexorablemente, en apenas un rótulo. Una idea vaga, un espejismo, algo etéreo. No sólo tenía en contra la sombra del padre (Ricardo Palma), debía cargar, además, la cruz de haber ninguneado, sin anestesia y en mayúsculas, los versos de un promisorio César Vallejo. Su obra literaria, importante en sí misma además de fundacional y renovadora, parecía, salvo por un minúsculo grupo de exégetas, estar destinada al olvido. Libros como Cuentos malévolos o XYZ eran sencillamente inubicables en pesquisas que se volvían eternas.

La justicia tarda pero llega, reza una de aquellas frases hechas que suelen derrumbarse solas. A veces, sin embargo, aquel seudoaxioma termina por cumplirse: este es uno de esos casos. ¿Justicia divina? Mejor llamarlo ajuste de cuentas, como lo sugiere el escritor Ricardo Sumalavia. Por fortuna, la cuenta pendiente con Clemente Palma acaba de ser saldada con la publicación de su Narrativa Completa en dos tomos, preparados por el propio Sumalavia y publicados por el Rectorado de la PUCP, dentro de la serie Obras Esenciales (dirigida por Ricardo Silva-Santisteban).

Qué duda cabe del protagonismo fulgurante de Clemente Palma dentro del relato modernista peruano. El libro Cuentos malévolos, tributario de Poe y de E.T.A. Hoffmann, apareció en 1904 y fue una bocanada de aire fresco en una época signada por el costumbrismo. Aquella edición príncipe de inicios de siglo estuvo acompañada por un prólogo de Miguel de Unamuno. Dato curioso resulta la carta en la que el escritor le confiesa a su padre, el tradicionista, su intención de dedicar algunos de los relatos a autores españoles. De esta manera le dedica el cuento “El hijo pródigo” a Unamuno “porque me interesa que este crítico diga algo” (Tomo II, p.381).

Palma no estuvo exento de hostigamientos políticos. El golpe de Estado de Luis Sánchez Cerro, en 1930, no sólo pone fin a un dilatado gobierno de Augusto B. Leguía, sino también da pie a una desquiciada persecución a políticos e intelectuales que resultaban incómodos al nuevo régimen. Clemente Palma es apresado y trasladado a la isla San Lorenzo, donde permanecerá unos meses antes de ser confinado al Panóptico de Lima. Por suerte, la presión de familiares y amigos logró que fuese puesto en libertad. La sonrisa, sin embargo, le duraría poco: en 1932 es desterrado a Chile.

En Santiago, padeciendo penurias económicas y apenas sobreviviendo con colaboraciones en El Mercurio, Palma escribirá XYZ (subtitulada Novela grotesca), una de sus obras más representativas. A decir de Sumalavia, “notable antecedente de la novela moderna hispanoamericana”.

Las polémicas literarias han existido siempre. Una obra no tiene que ser celebrada por todo el mundo. Cuando Palma publicó XYZ en Buenos Aires, un crítico del diario La Nación destacó la coincidencia de la aparición simultánea de esta novela y el libro de cuentos Más allá de Horacio Quiroga, que contiene un relato de temática similar a la esbozada por el escritor peruano. Tal insinuación provocaría la inmediata respuesta de Palma a través de un largo artículo publicado en La Prensa de Lima. “... publica La Nación de Buenos Aires, en su sección bibliográfica una nota sobre mi novela XYZ, dándome una vapuleada a la que me habría conformado sin chistar, y hasta la hubiera agradecido si no fuera porque deja traslucir un fondo de malignidad unida a una deplorable pobreza de bagaje de conocimientos en la materia y coronado todo por ese infantil argentinismo que aparece hasta en las cosas más triviales”, arremete el autor, herido en su orgullo (Tomo II, p. 388).

Palma es un autor importante, sin duda. Y su obra, más allá del deslumbrante y tétrico cuento “Los ojos de Lina” (incluido constantemente en antologías), merece ser visitada con mayor frecuencia. Aquí están finalmente los libros, a la espera de lectores ávidos. (CARLOS M. SOTOMAYOR)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Engancho por el lado de Quiroga. Jorge Lafforgue defendió a Quiroga décadas atrás, cuando los estudiosos lo consideraban un escritor menor. Ahora me encuentro con que Lafforgue apuesta por un escritor nuevo: Daniel E. San Martín.

El tipo, con una trayectoria de medio siglo, no tiene miedo en decir lo que piensa y levanta a San Martín, que solamente ha publicado un libro (Amoralejas, que pueden ver en www.Amoralejas.com.ar) hasta el momento.

Esto me dejó pensando, porque yo que no tengo ningún prestigio para perder nunca me animé a jugarme por alguien que recién empieza. Está bien, ya sé que no me puedo comparar con Lafforgue, soy una lectora nomás; pero justamente, ¿a qué tenerle miedo? Bueno, por todo esto abrí un blog en http://misescritorespreferidos.blogspot.com con la idea de que la gente me hagan conocer a sus buenos escritores aún no difundidos, para que los compartamos y encontremos a los futuros Quirogas, Cortázares y Borges por nosotros mismos. ¿Les parece demasiado delirante?

Los invito y los espero,

Lau.