domingo, 25 de mayo de 2008

JOSE TOLA


Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR
Fotografía de KEYKO MONTEBLANCO

El encuentro parecía destinado a culminar en un inevitable fracaso. No resultaba descabellado pensar, pues, en la imposibilidad de comunicación entre la conocida parquedad de un artista como José Tola –a la que se añade una fama de pintor maldito–, y mi parquedad de escritor ensimismado dentro de mis particulares cavilaciones. Sin embargo, aquella tarde resultó satisfactoria, sobre todo para alguien que, como yo, celebra el trabajo creativo de un artista que, a pesar de su mirada huraña, suele filtrar por momentos su lado amable e, incluso, entrañable.

Aterrizamos en la Galería del ICPNA de manera simultánea, bordeando milimétricamente la hora acordada para el encuentro. Tras un fugaz recorrido por la sala que cobija en sus paredes el colorido resumen de una trayectoria plástica de relevancia, la charla se desplegó, con inusitada espontaneidad, en la cafetería del mismo instituto. En una de las mesas del fondo, para eludir la férrea vigilancia de los meseros, y poder fumar un cigarrillo con la tranquilidad del caso. Porque Tola fuma, cigarrillo tras cigarrillo, con la misma intensidad con la que se entrega a la creación.

“Tengo un sentimiento de desprendimiento respecto a mis cuadros: una vez que los termino, los dejo”, me dice Tola. Eso explica, de alguna manera, las variaciones de su propuesta plástica a lo largo de los años, que se evidencian con mayor nitidez en esta muestra antológica “Tola: el artista como demiurgo” –que abarca trabajos desde 1965 hasta el 2008–.

Así, mientras Gabriela Arakaki y Luis de la Sota –brazos derechos del artista– ultiman los últimos detalles del montaje de las obras, Tola me explica que su camino ha sido de búsqueda constante, que si bien la Escuela te enseña a pintar (Tola estudió seis años en Bellas Artes de San Fernando, en Madrid), uno debe buscar su propia mirada. “Dominar la técnica te permite hacer luego lo que tú quieras”, acota. Basta un rápido repaso a la galería para advertir que sus cuadros han ido adquiriendo cada vez mayor complejidad y que los colores han ganado en intensidad.

Tola también escribe. Ha publicado la novela Ego azul (Jaime Campodónico, 1998) y Una historia para un guerrero (Santillana, 2006), cuento ilustrado por él mismo. Y me dice, además, que entre sus muchos manuscritos tiene dos novelas inéditas. Una de ellas, policial. Sin embargo, supo desde pequeño que lo suyo eran las artes plásticas. “Mis mejores notas eran en presentación de cuaderno –confiesa, Tola–. Dibujaba la “a” pensándola como un pajarito. Por ello, incluso en mis textos prima lo visual, las imágenes”.

Tras acabar, él con su té y yo con mi gaseosa, y tras ser importunados por un mesero que nos conminó a fumar afuera, retornamos a la galería. Y mientras la fotógrafa movía de un lado a otro a un solícito Tola, volví a contemplar sus cuadros y a sentir esa misma sensación que tuve cuando vi uno de ellos, por primera vez, hace muchos años: la idea fija de que en aquellos lienzos el dolor y la dicha van de la mano.

MAS DATOS

ICPNA de Miraflores
(Angamos Oeste 160, Miraflores)
Antológica
Inauguración: 27 de mayo.

Lucía de la Puente
(Paseo Sáenz Peña 206, Barranco)
Obra reciente
Hasta el 7 de junio

4 comentarios:

maria dijo...

MAGNIFICA MUESTRA JOSE TOLA ARTISTA DE TALLA Y ES PERUANO

Manoel dijo...

ESTO ES UN PLAGIA CASI EXACTO DE LO ESCRITO EN LA PAGINA DE TOLA, DEBRIAS TENER VERGUENZA, PERRIODISTA SIN IDEAS PROPIAS.

Iván F-D. dijo...

Carlos, pero si lo entrevistaste debiste llevar grabadora px, transcribir lo que dijo el maestro, nadie le importa lo que tú pienses o sientas, si entrevista a tola -supuestamente una tarea "difícil"- por lo menos transcribete algunas preguntas y respuestas, en fin. lamentable.

Universitario dijo...

LA MISMA TONTERÍA QUE ESCRIBÍO BETO ORTIZ PERO AQUÍ MÁS RESUMIDA...NADA DE NOVEDAD, DEBISTE GUARDARTE ESTE TEXTO PA TI SOLO.