martes, 21 de agosto de 2007

Entrevista a CARLOS CALDERÓN FAJARDO


En 1982, Carlos Calderón Fajardo obtuvo el Premio de Novela “Gaviota roja” con La conquista de la maravilla. De la monumental novela, de más de 600 páginas, apenas vio publicada su primera parte. Ahora, bajo el título de El huevo de la iguana (San Marcos, 2007), su autor nos entrega una versión completa y definitiva.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

El Huevo de la iguana es la versión definitiva de La Conquista de la Maravilla, novela con la que ganaste el premio Gaviota Roja en 1982 y que tengo entendido empezaste a escribir en Paris en la década del 70. ¿Cómo surge la idea de tu novela?
A diferencia de un cuento, que puede surgir en mí de muchas circunstancias o motivaciones, vivencias, una frase, un incidente, un sueño, etc, la novela es un mundo que me habita. Una gran totalidad vital, relacionada por lo general con una vivencia muy fuerte, que luego vive y madura dentro de mi durante años. Y cuando emerge en la forma de escritura lo hace expresada en un mundo complejo, con muchos personajes, situaciones, historias, paisajes, leyendas urbanas, vida cotidiana, hechos históricos, etc. Es todo un mundo que sale de mí, que entró en mí alguna vez y que se echa a andar. Esta novela es producto de mi vida en Talara en la década del 50, cuando yo tenía los esplendorosos 12 y 13 años. Se formó alli y fue madurando y eclosionó en Paris en 1976, novela que escribi durante 5 años, y cuando puse el punto final era un manuscrito de 600 páginas.

¿Qué te llevó a escribir esta versión definitiva?
Se publica en 1983 un primer tercio de la novela con el título Así es la pena en el Paraiso. Pero el libro fue un fracaso de crítica y de venta, y luego la novela quedó ahí, en mis cajones. Hasta que en el 2006 Oscar y su hija Patricia Colchado, quien dirige la colección "Diamantes y Pedernales" de la Editorial San Marcos me proponen publicar la novela en su versión intengral. Pero había una limitante, la Editorial San Marcos no quería publicar una novela que rebasase las 400 páginas. Pero yo también me di cuenta, con la distancia de más de 30 años, que el fracaso de la versión original fue porque que existían demasiadas páginas que en lugar de enriquecer la novela, la oscurecían. Fue entonces que decidí eliminar todo aquello que no fuese trascente para la historia, o historias que estaba contando. Al hacerlo entré en un proceso importante en la escritura de una novela, que consiste en decidir qué queda y qué no. Es un proceso de condesación. Pero me percaté que al hacer cortes tan drásticos, 200 páginas, estaba reescribiendo la novela y por lo tanto requería de un nuevo título.

La novela en si misma es ambiciosa, no sólo ostenta varios estilos sino que va contando la historia de una ciudad, de Talara ¿Te planteaste la idea de novela total?
Era una gran totalidad la que me habitaba. Una ciudad es una gran totalidad. La idea de la novela total, es decir aquella que ptretende meter en la novela "toda la realidad" es químerico, imposible de lograr. Las novelas salen con ciertas caracteristicas y con una determinada extensión porque es esa la extensión que le conviene. El narrador sabe, o busca determinar, si lo que tiene a contar da para una novela larga o para una corta. Cuando son muy largas, la crítica las califica como novelas "de aliento épico". Novelas de este tipo hay paradigmáticas en la historia universal: La Guerra y la Paz de Tolstoi, Los Boodenbrooks de Thomas Mann, Ulises de Joyce. Qué narrador no desea escribir una novela así. A mi por lo general me gusta escribir novelas que reunen varias historias, o varias novelas dentro de si, que incluso podrían ser individualizadas. Y también tengo inclinación a escribir novelas donde coexisten diversos estilos, son más novelas polifónicas, que totales, de varias voces y tonos. El Ulises de Joyce es el más claro ejemplo en la literatura universal. En la narrativa peruana tenemos la extraordinaria novela de Arguedas El Zorro de ariba y abajo son novelas de pluralidad de estilos.

Además de la historia de Talara, presenta otro hilo conductor que es el romance de Toño Farias y Encarnación Zapata.
Sí, son los dos grandes ejes organizadores de la novela. Pero mi novela no es la historia de Talara. Es una novela con mucho de ficción, que no creo que sirva como documento histórico. Para eso recomiendo el lbro de la socióloga talareña Edit Aranda Dioses: "De campamento a ciudad abierta: la imagen trizada". Ella hace sociología sobre la ciudad de Talara con datos muy fieles a la realidad. Yo escribo algo que es ficción. El lugar se llama Talara, pero es "mi Talara", y es en última instancia cualquier lugar del mundo. Se llama Talara pero podría tener otro nombre.

Otro elemento presente es el chamanismo, personalizado de alguna manera por Anacleto.
Es una de las líneas-fuerza de la novela. La novela cuenta la lucha épica entre la modernidad y la tradición, entre el mito y la historia, entre la razón y lo sobrenatural. Entre lo material depredador y el espiritu vital de un pueblo.

La novela rememora visitas ilustres: el escritor Hemingway y el actor Van Hefflin.
La novela tiene en su estructura mucho de los eventos que permanecen en la memoria colectiva de Talara. También está la visita de las Bim Bam Bum, con Mara y Aanakaona; el dia de la nacionalización del petróleo; la procesión: el culto al Señor Cautivo de Ayabaca, etc. -Una de tus características es el gran manejo de la prosa. En esta novela se percibe un lenguaje de reminiscencias oniricas que le dan un cierto tono mítico a la novela a pesar de ser evidentemente realista. Si, mis libros combina, casi siempre, lo fantastico con lo real, por eso yo los he denominado realistas-fantasticos, que es un oximoron. Hay alguien que me ha dicho que sin bien la novela es narrada por Edmundo Maldonado, la voz que realmente narra la historia es la del chamán. Quizás, mucho de una novela escapa al control del que la escribe. Las novelas se escriben a si mismas. El narrador es un sirviente de ellas.

¿Cómo defines ésta novela en relación a tus recientes libros?
Yo apelo a todos los géneros. Son los libros los que se escriben a si mismos. Unos desean ser fantásticos, novelas policiales, novelas góticas, novelas de aventuras en el mar. Esta es realista, pero un realista a mi manera. Nunca he dejado de ser un escritor realista ¿Hay alguien que no lo sea? Creo que está novela se asimila a un proyecto amplio que engloba a La Segunda Visita de William Burroughs y al El Fantasma nostálgico novela finalista del Premio español Tusquets y aún inédita.

*Fotografía de ADRIAN PORTUGAL.
**Versión completa de la entrevista que por espacio apareció editada en el diario Correo el martes 21/08/07.

lunes, 20 de agosto de 2007

Entrevista a EVELIO ROSERO


Evelio Rosero ha logrado con su premiada novela Los ejércitos (Tusquets, 2007) –mediante una atmósfera opresiva y un tono lírico envolvente– mostrar el drama individual que produce una guerra interna como la que padecen muchos pueblos en Colombia.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

¿En qué momento y cómo se dio en tu caso la necesidad expresiva de escribir la novela Los ejércitos?
Son varias las causas de una novela. De esta, en especial, la diaria indiferencia que se apodera del país ante una realidad cruel –secuestros, desaparecimientos–. De esta realidad ningún escritor podría estar al margen, y, de unos años para acá, empezó a afectarme con más intensidad. Los noticieros de televisión, los testimonios radiales, en fin, todos contribuyeron a alimentar la novela. De hecho, todas las anécdotas que se desarrollan en ella son plenamente ciertas. Ocurrieron. Después de conocerlas me dediqué a hilvanarlas en torno al protagonista de la historia, el profesor Ismael Pasos.

Los ejércitos es una novela sobre la violencia en Colombia. Pero es más una mirada al drama individual de la gente que termina entre dos frentes.
Sí. Mi propósito era acercarme –intentar apoderarme– de la situación del civil, del desarmado, y plasmarla al derecho y al revés. No formar parte de los ejércitos en contienda, no tratar de dilucidar el conflicto desde el punto de vista de las causas socioeconómicas, de la historia de la violencia que se ha anquilosado en el país, el narcotráfico, etcétera. Intenté –y espero haberlo logrado– una novela, una obra de literatura, no un panfleto, no un ensayo, dando cuenta ante todo de la condición humana, de los seres sometidos a una guerra absurda que ya lleva más de 50 años.

Uno de los elementos de la novela que me impresionó más es el manejo de la atmósfera. Al leerla uno no puede evitar sobrecogerse y sentirse perseguido, acorralado...
Fue la misma atmósfera que ocurrió durante la escritura de la obra, la atmósfera diaria del país. No sólo hay que abrir el periódico para padecerla sino salir a la calle y asomarse ante los cientos de desplazados que llegan a las ciudades, sin destino, sin auxilio eficaz por parte del gobierno y, sobre todo, en medio de la total indiferencia de transeúntes y ciudadanos.

¿Qué tan importante es el lenguaje en tu obra? Te lo pregunto porque en esta novela, por ejemplo, es evidente un tono diría casi lírico, poético por momentos.
Es mi estilo, y no sólo caracteriza a esta novela; creo que en todas mis novelas anteriores procuro elaborar con todo cuidado mi trabajo, palabra por palabra. No es nada grato. Los resultados no son siempre favorables. Pero no lo puedo hacer de otra manera.

La primera escena de la novela, en la que aparece desnuda Geraldina, antes de la inminente llegada de la guerra al pueblo ¿puede leerse simbólicamente como una metáfora del fin del paraíso y el descenso al infierno?
Me gusta esa lectura de la primera escena, aunque debo confesar que no tuve esa intención, o la búsqueda voluntaria de esa metáfora, al escribirla. La novela es algo vivo, nos señala sus derroteros, a veces inusitados, y los escritores parecemos al fin sólo mediadores de una memoria colectiva que dictamina las cosas.

La violencia es común en nuestros países. Un lector peruano, por ejemplo, no puede evitar sentirse tocado con lo que pasa el viejo Ismael. Tengo entendido que el pueblo que se narra en la novela es pura ficción. ¿La idea es que pueda ser todos los pueblos al mismo tiempo?
El pueblo es ficción, hasta cierto punto, porque puede ser -cruda y realmente- cualquiera de los pueblos en Colombia inmersos por fuerza en la guerra. Igual, podría ser cualquier otro pueblo o aldea en Latinoamérica. Lo que está sucediendo en Colombia repercute y repercutirá sin ninguna duda en los países que la limitan, y en los demás países. En esta hecatombe, el hambre, la miseria, la guerra, el narcotráfico, la injerencia extranjera, nadie está solo, nadie está a salvo. Antes que sentirnos ecuatorianos o peruanos o venezolanos seamos latinoamericanos, ensanchemos la identidad. Allí están los europeos. Después de muchos años hicieron lo que necesitaban, son comunidad europea, participan de una misma moneda, etcétera. En una reunión con señoras de Guayaquil se indignaron porque dije que lo que estaba ocurriendo en Colombia era un problema que también concernía al Ecuador. Se asustaron. Pero así es, y cuando un país toque fondo en Latinoamérica también los demás países lo sentirán, tarde o temprano. Vamos en el mismo barco. O nos salvamos todos, o nos hundimos.

¿Cómo has asumido toda la parafernalia que ha venido con el Premio Tusquets, los viajes, las innumerables entrevistas, entre otras cosas?
Ha sido algo desconcertante, de verdad. Hace más de un año que no me siento a escribir.

* Versión completa de la entrevista publicada en Correo el lunes 20/08/07.

Entrevista a EDUARDO CHIRINOS


Eduardo Chirinos y Jorge Eslava no sólo forjaron, a mediados de los 80 en Madrid, una gran amistad, sino que, además, dieron forma al proyecto que luego se cristalizó en Loco amor, un estupendo libro que acaba de ser reeditado por Alfaguara. Eduardo cuenta aquí como se forjó este gran trabajo.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

La génesis de Loco amor se ubica en Madrid del año 1986…
Es una historia bonita en realidad, porque tanto Jorge (Eslava) como yo estábamos becados a pasar un período en Madrid, yo por la Universidad Católica y él por la Universidad de San Marcos. Y lo cierto es que yo conocí a Jorge porque él había ganado el Premio Copé de Poesía en su primera versión de 1982. Y fui a hacerle una entrevista porque trabajaba en el suplemento Perspectiva. Ahí lo conocí e hicimos una cierta amistad. Pero nuestra verdadera amistad nació cuando coincidimos como dos extranjeros extraviados en Madrid. Y él se mudó al hostal Julia donde yo vivía.

Así se fortaleció su amistad…
El es siete años mayor que yo, creo, pero no parece (risas). Lo cierto es que nos hicimos muy amigos y lo seguimos siendo hasta el día de hoy.

¿Y cómo surge la idea de hacer el libro?
Una noche nos reunimos para intercambiar soledades, preparamos una pequeña cena. La amistad y la comida son una buena escenografía para la meditación del amor. El amor nunca busca una buena escenografía para meditar sobre la amistad, pero al revés sí sucede. Entonces, claro, nos pusimos a hablar de nuestras soledades, de nuestros proyectos. Y poco a poco descubrimos que la poesía empezó a hacerse su camino. El empezó a recordar unos poemas, yo otros. Estábamos algo tomados. Y descubrimos que esa combinación de soledad, amistad más alcohol y comida no era más que una reedición modesta del banquete platónico. Y tú sabes que luego del banquete platónico el amor surge como un tema de sobremesa. Y allí surgió con el componente de que nosotros éramos creadores de poesía y con el componente de que nos sentíamos muy solos también. Y allí fue que ocurrió esa idea. Si la poesía era la banda sonora de nuestra soledad por qué no convertirla en un libro.

Loco amor aparece en 1991 bajo el sello Colmillo blanco, ¿cómo así retomaron ese proyecto?
Cuando ya volvimos a Lima, en el año 1990, recordamos aquel proyecto. Y acuérdate que cuando regresa Jorge de Madrid pone en la práctica su viejo proyecto editorial Colmillo Blanco. En España nos paseábamos por las librerías y él iba mirando detalles de edición que luego iba a poner en la práctica Colmillo blanco. Y de algún modo Loco amor fue un libro donde él jugó un poco poner en la práctica todo lo que había aprendido, con los modestos medios de los que podía disponer. Así aparecen los poemas que nos gustaban y toda esa cosa gráfica que Jorge había aprendido.

En esta reedición de Alfaguara se conserva gran parte de las ilustraciones originales…
Sí, en gran parte, lo que pasa es que el otro libro tenía otro formato. Este es un libro de alguna manera distinto en términos gráficos, pero que respeta mucho ese espíritu inicial, no el de combinar grafía con poesía sino el hacer dialogar todos los efectos gráficos que son los que terminan dándole un patrón coherente al libro.

Este libro, a diferencia de una antología tradicional, marca un derrotero particular…
A mí me cuesta trabajo definir este libro como una antología, porque más bien los poemas se integran en torno a una historia de amor desde el deslumbramiento inicial, pasando por la seducción, el encuentro erótico, el éxtasis amoroso, el matrimonio, el aburrimiento y la separación. No quiero decir que ese arco narrativo sea el que corresponda a toda relación amorosa, pero es el que corresponde a una posibilidad amorosa que termina en la separación, no en el odio, porque como decía Luis Hernández los malos no escriben poemas, pero sí en el despecho.

En esta edición se suman nuevos poemas…
Claro, eso hace que el libro sea abierto a otras posibilidades editoriales y que aparezcan más poemas. Porque ahí los nombres de los autores son irrelevantes, no pretende ser una antología de los mejores poetas, es simplemente una selección de poemas que cuentan una historia. Hay una argamasa narrativa debajo que es la que más me interesa.

Poemas que se tornan significativos para uno…
Claro, la elección principal está hecha en base a qué poemas forman parte de la banda de sonido de tu propia vida. Cuando te enamoras recuerdas canciones, recuerdas películas, recuerdas poemas…

*Fotografía de PAVEL UGAZ.

miércoles, 15 de agosto de 2007

ESLAVA y CHIRINOS en recital poético

Los estupendos poetas Jorge Eslava y Eduardo Chirinos ofrecerán un gran recital mañana, jueves 16 de agosto, a las 7:00 p.m. La cita es en la sala de conferencias de Petroperú (Paseo de la República 3361, San Isidro). El evento lo organizan Petroperú y el Grupo Santillana. Precisamente Alfaguara acaba de publicar (o reeditar, más bien) Loco amor. Poesía peruana contemporánea, libro compilado por este tándem de lujo (Chirinos-Eslava).

POESIA: Carlos López Degregori


Carlos López Degregori es uno de mis poetas predilectos. “Niña y minotauro” es un poema que viene en la tercera parte (Respiración) de su último poemario publicado en el 2005, titulado Flama y respiración.

NIÑA Y MINOTAURO
Carlos López Degregori


Ahora tienes un Minotauro y una Niña
en esta noche definitiva:
y puede ser la Niña llevando al Minotauro
o el Minotauro
estrechando
a la Niña
en un abrazo mortal.

Tú solo esperas:
Tú siempre has esperado:
Tú sólo presientes sus carreras
por los corredores interminables
los escondites que inventarán
entre las cortinas y las sábanas
las palabras extraviadas
o aturdidas que se dirán en la sombra
el vértigo resplandeciendo en los ojos
la boscosa respiración
los besos
los ruegos
los murmullos:
sin atreverte a elegir
sin pensar en la culpa que al fin
en un doble sueño
repetido
tendrá un rostro
de niña
o Minotauro.

Ahora estás escribiéndolos en este instante paralizado
de inminencia
de anhelante sangre
de temblor
que durará para siempre.

*Tomado de Flama y respiración (PUCP, 2005).

martes, 14 de agosto de 2007

Entrevista a EDGAR O'HARA


La nostalgia, el humor y la ironía, características predominantes de la poética de Edgar O’Hara, confluyen en el libro Cada ovillo, cada cordel (Fauno editores, 2007), su más reciente entrega.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Tanto Por el agua oscura como este nuevo poemario, Cada ovillo, cada cordel, son extensos.
La visión de ese libro se dio en un lapso de ocho años. En ese tiempo los poemas empezaron a ir en distintas direcciones. Yo te menciono solamente dos: el mundo absolutamente de la vida cotidiana y ese mundo invisible que envuelve a la vida cotidiana y que sería lo sacro. Pero hay otras líneas también. Y de pronto me vi en la encrucijada de proponerlos como unidad, por sus contrastes. Y ese es el resultado.

Este poemario reúne todas aquellas inquietudes o necesidades expresivas de tus libros anteriores…
Sí, claro, pero estaban presentes a través de formas poéticas que son no sé si distintas pero que para mí son menos aferradas a lo que yo quería decir. Y de pronto ahora puedo encontrar poemas que pueden ser más largos o en prosa y que son en algunos casos narraciones, pero que más o menos me orientan en una dirección en la que me siento cómodo.

Un tema recurrente en tu poesía es la nostalgia, los recuerdos…
Yo creo que eso es algo que ha estado siempre en mí: el recuerdo y la posibilidad o el intento de atrapar un momento, una escena. Si tú vieras los libritos que he publicado hace muchos años hay también eso. Por supuesto que ahora más agudizado por la experiencia o por la edad. Pero desde que empecé a escribir había una especie de nostalgia o de tajo existencial que me obligaba a tratar de recuperar ciertos momentos.

Otro elemento presente es la reflexión sobre la escritura.
Eso también es de siempre. Como en mi primer libro, Situaciones, del año 1974. Es decir, la relación con el sueño, y cómo en el sueño aparecen ciertas imágenes que pueden al despertar no convertirse en poemas. O las puedo olvidar. Eso está desde el comienzo, pero ahora trabajado de otra manera. Incluso hay un libro del año 1984 que se titula Trayectos para el hereje, cuya primera parte son crónicas de poemas que no lograron ser formados. Y yo reflexiono sobre qué circunstancias o registros de la realidad pueden o no convertirse en poemas.

Y en este libro confluye todo eso…
Claro, en este libro está unificado todo, en lugar de estar separado. Cada poema o cada texto pretende dar cuenta de muchas cosas. Es ambicioso. Yo no sé si logro algo con eso. Pero lo que quiero es crear un efecto.

Tú perteneciste a los fundadores de La Sagrada Familia. ¿Qué recuerdas de esa época?
Claro, fundamos La Sagrada Familia con Kike Sánchez Hernani, Lucho Castillo, Roger Santiváñez y Willy Niño de Guzmán. Recuerdo los lazos de amistad que nos unían, recuerdo tal vez los excesos que nos llevaron a pensar que era fácil hacer una poética de la realidad peruana. Eso duró dos años; sacamos libros y revistas. Fue un momento importante, por lo menos para mí. Aprendí a optar por ciertos caminos y a evitar otros. Y a partir de La Sagrada Familia me di cuenta de que la experiencia grupal no la repetiría. Ya la viví; si otros lo quieren hacer está bien.

¿Por qué?
Considero que para mí ya no tiene sentido. Pero en el momento en el que estaba en La Sagrada Familia sí lo tenía. Por ejemplo, Carlos López Degregori se incorporó a La Sagrada Familia muy brevemente y después salió. Pero él tenía muy claro que ese camino grupal no era para él. Yo no lo tenía tan claro en ese momento.

MAS DATOS
Edgar O’Hara tiene listo un libro sobre las poéticas de Blanca Varela titulado Tiene más de avispero la casa, que incluye un dossier fotográfico de Herman Schwarz. Saldría publicado en España.

*Fotografía de LUIS IPARRAGUIRRE.
**Entrevista publicada el martes 14 de agosto del 2007 en el diario Correo.

domingo, 12 de agosto de 2007

TREN DE ATERRIZAJE


El estupendo escritor y lúcido crítico, José Güich, reaparece hoy domingo con su columna de crítica literaria "TREN DE ATERRIZAJE", en esta oportunidad desde el diario Correo.

RIESGOS CALCULADOS
Escribe JOSÉ GÜICH RODRÍGUEZ

¿Pueden la corrección y eficacia de una historia ser suficientes justificaciones para garantizar, en nuestra era, la trascendencia de un texto literario o en términos más solemnes, su tránsito al santoral diabólico de las letras? Y esa cuestión conduce a otra, a la manera de una reacción en cadena: ¿qué significaría “trascendencia” en este mundo, canibalizado por la estadística y la mentalidad cortoplacista?
A puerta cerrada, libro de relatos de la socióloga y narradora Leyla Bartet, bien debe figurar en un catálogo de libros que cumplen con las aparentemente estrictas reglas del control de calidad de las editoriales mediáticas: historias incitantes, personajes atractivos y situaciones suficientemente morbosas –en algunos relatos– para despertar el interés del público lector y propiciar buenas ventas. De hecho, por lo menos dos de los cuentos deberían ser considerados como respetables muestras de oficio literario y hasta figurar en futuras antologías. Sin embargo, no subyace al texto un criterio orgánico; o al menos, no queda claro si la autora contempló la idea de elaborar puentes que comuniquen a las distintas secciones –tres en total–, o si pensó que esos circuitos se establecerían por sí mismos.
La primera sección, Locuras, aborda el tema de las patologías mentales desde diversos ángulos, especialmente en el siempre suculento universo de los serial killers. Hay elementos de suspenso y ambigüedad, pero el problema de la mayoría de cuentos es el apresuramiento (o a veces previsibilidad) de sus desenlaces.
Mejor fortuna corre el segundo segmento, Juegos Villanos, donde figuran los textos más acabados. Ahí la autora revela su pericia. Uno es "Bahía de Cata", que transcurre en una pequeña localidad venezolana. Está narrado desde la perspectiva de una muchacha, obsesionada con su iniciación sexual, y envidiosa secreta de su muy bien dotada hermana, una tigresa en los terrenos del erotismo. El otro, "Puerta cerrada", es la historia de una mujer joven, esclava de la maternidad. Vive en París con un marido que apenas repara en ella. El final, ciertamente cruel, sorprende y perturba porque recrea pesadillas o, más bien, anhelos inconscientes.
La tercera sección, Olores, colores, en su tratamiento costumbrista, no añade demasiado a los mejores momentos del libro. A fin de cuentas, si esta es una época herida de muerte por la inmediatez y el aséptico cálculo del riesgo, el libro de Bartet no se lee con disgusto, pero queda una sensación de que el exceso de sociologismo –y el pensar en una lectoría muy segmentada– anuló la ambición de ascender a mayores alturas.

Título: A puerta cerrada.
Autor: Leyla Bartet.
Editorial: Peisa, 140 pp.

viernes, 10 de agosto de 2007

Entrevista a JOSÉ DE PIÉROLA


José de Piérola añade una segunda novela a su planeada trilogía sobre la violencia política. El camino de regreso (Norma, 2007) gira en torno al terrible atentado de Tarata y a la sed de venganza de su protagonista.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

¿Cómo se origina tu interés, desde el punto de vista literario, por la época de violencia que padecimos?
La semilla fue el año 1992, cuando vi la noticia de la explosión en Tarata. Y poco después empecé a seguir la noticia, prácticamente cada hora, por televisión, por radio o por llamadas telefónicas. Y me afectó mucho porque había tenido la experiencia cercana de la violencia cuando en los 80 yo viajaba por los Andes como ingeniero y visitaba asentamientos mineros. Y en el camino encontraba pueblos andinos muy pequeños. Y veía pueblos desiertos, con pintas, a veces con muertos. Eso se relacionó ese año. Y fue un impacto para mí. Y como siempre tuve la aspiración de escribir, en ese momento me pregunté cómo escribir sobre esto. Y parecía imposible escribir sobre eso.

¿En qué momento empiezas a hacerlo?
Surgió como proyecto cuando empecé a escribir, el año 1998. Unas de las primeras cosas que empecé a escribir fueron cuentos, y algunos de ellos giraban en torno a esa época. Inconscientemente estaba volviendo a esa época. Hice en 1999 un borrador muy grueso, que en realidad eran apuntes, y me di cuenta que ese proyecto iba a ser muy complicado y me di cuenta también que una novela era insuficiente para contar esa historia. Allí nació la idea de hacer una trilogía sobre la época. Pero no una trilogía como tres historias encadenadas sino como tres tomas diferentes sobre la época.


Así surge tu primera novela, Un beso de invierno (que ganó el premio del BCR)...
Claro. Estaba situada más o menos en el año 1993. Esa novela me permitió empezar a trabajar sobre el tema. Y empezó a darme algunas nociones de cuáles son las herramientas que necesito como escritor para poder enfrentar este tema. Y quizás la más importante: que una guerra de este tipo se tiene que narrar desde diferentes puntos de vista, cada cual con su propia visión del mundo. Es decir, incorporar muchos personajes y que cada uno tenga su propia voz y su propia forma de ver lo que ha ocurrido. Eso me parecía más enriquecedor.

En El camino de regreso, al protagonista lo mueve un sentimiento de venganza que lo hace retornar al Perú.
Sí, Fernando pertenece a una esfera de Lima que de alguna manera había estado aislada del conflicto interno. Como ocurrió con Lima gran parte del tiempo. Recién en 1992 fue patente que había un conflicto. Y Fernando recién se da cuenta de lo que está pasando con ese atentado en Tarata en donde muere su padre. Pero su primera reacción, como seguramente fue la del resto del Perú, fue ir, agarrar al culpable y hacerle pagar por eso.

En esa búsqueda de venganza ocurren cosas...
Claro, en el proceso, espero que quede claro, Fernando aprende muchas cosas, empieza a ver una parte del Perú que antes no había visto. Y al final, el acto de venganza no se llega a dar.

Fernando y el camarada Abel habían sido amigos antes de que la guerra los enfrentara.
Una de las cosas terribles que ocurren en la guerra es que se forman bandos, frentes. Y empieza a haber esas divisiones. Amigos, familiares cercanos, empiezan a identificarse con uno u otro lado. Así empieza también la separación, que es traumática y violenta. Hemos visto casos de familias en las cuales un hermano se integraba a un grupo subversivo y el otro no. Y había esa relación tan tensa dentro del seno familiar.

Consideras que esta es el momento justo para escribir sobre el tema, a la luz de la distancia temporal.
Nunca es muy temprano ni nunca es muy temprano para reflexionar sobre un hecho traumático. Sin embargo es importante que haya cierto espacio geográfico temporal. Para que nos permita ver cómo fueron las cosas. Tuve un profesor de filosofía que fue mi asesor y me dijo: el pez no ve el agua. Y es cierto, cuando estás viviendo el momento estás tan metido en las cosas que no te das cuenta de algunos detalles, de algunas razones, o de algunas motivaciones. Necesitas tiempo, necesitas cierta distancia para darte cuenta que no todo era blanco y negro, que había más matices. Y es saludable que nosotros lo estemos haciendo, de alguna manera, temprano; históricamente eso toma mucho más tiempo.


En la novela también se cuenta una historia de amor.
Cierto, a mí me encantan las historias de amor. Y me encanta que sean diferentes a las novelas que son del género, digamos. La historia de amor está en mis dos novelas anteriores, y no pude evitar que a medida que avanzaba esta novela apareciera una historia de amor. Yo creo que esa relación afectiva es una de los más importantes que podemos desarrollar en la vida.

*Fotografía de PAVEL UGAZ.
**Esta es la versión completa de la versión editarda que se publicó en Correo el 10/08/07.

lunes, 6 de agosto de 2007

EDGAR O'HARA presenta nuevo poemario


Otro gran poeta se encuentra por estos días en Lima. Se trata de Edgar O’Hara, quien presentará este miércoles 8 de agosto, a las 7:00 p.m., en la Librería Crisol del Ovalo Gutiérrez, su nuevo poemario titulado Cada ovillo, cada cordel. En la mesa estarán, según me adelanta Edgar, el poeta Kike Sánchez Hernani y el artista gráfico Carlos Sotomayor (mi padre, obviamente), quien se ha encargado del diseño.

POR DONDE TÚ VIENES*
Edgar O’Hara

Por donde tú vienes no hay camino
que siga,
sólo el fósil de aquel canto.
De donde vienes tú
no podrías haberlo imaginado.
La puerta de la casa la talló
el viento.
La casa misma es un refugio
para quien la acompaña.
Los sueños que una y otra vez
aquí raspaban
su propia huella,
rutas de lo precario (eso mismo).
Pero te acostumbrarás a oír
en la próxima visita
el silbido que se pierde, igual que tú,
antes del eco.

*Tomado del libro Cada ovillo, cada cordel (Fauno editores, 2007)

POESIA: Eduardo Chirinos


Como una manera de celebrar la estadía en Lima de mi amigo Eduardo Chirinos, aquí uno de mis poemas favoritos de su último libro.

CUANDO NOS RONDA LA MUERTE*
Eduardo Chirinos

Un león llorando
tras las naves incendiadas. El fuego
del incendio.
¿Qué león?,
¿qué naves incendiadas? Toda

separación es muerte: la carne
que amamos, los ojos, los cabellos,
la deseada piel. El tiempo

nos expulsa de lo que alguna
vez fue nuestro. El tiempo
incendia, el tiempo desvanece.
Y el poema dice su verdad.

Aunque nunca lo escuchamos
el poema arranca nuestros ojos

y dice en voz baja su verdad.

*Tomado del libro No tengo ruiseñores en el dedo (Pre-textos, 2006)

domingo, 5 de agosto de 2007

Entrevista a LORENZO OSORES


Lorenzo Osores, pintor, dibujante, artista gráfico y escritor, publica La sonrisa de la Musaraña (PEISA, 2007), un conjunto de textos pródigos en agudezas paganas, hedonistas y contestatarias. Toda una exploración a su exquisito y singular sentido del humor.

Entrevistan MANUEL ERÁUSQUIN y CARLOS M. SOTOMAYOR

Varios de estos textos tienen su origen en la columna que tenías en la sección de Culturales de Correo. Sin embargo, ese particular sentido del humor que posees ha explorado diferentes géneros expresivos, como la pintura y el diseño gráfico.
Sí, varios de esos textos fueron publicados en mi columna Palomilla de ventana que publicaba en la sección cultural de ustedes. Pero claro, yo básicamente soy un dibujante y un pintor que trabaja en papel de arroz con tinta china. Sin embargo, eso va emparentado a la literatura, y no por gusto mis amigos más cercanos han sido y son poetas y escritores, caso Watanabe, Toño Cisneros, Marco Martos o Balo Sánchez León. Incluso, tengo más amigos escritores que pintores. En ese sentido, mi cercanía a la literatura siempre ha estado presente. Incluso, de algún modo las cosas que pinto o dibujo están emparentadas con la literatura.

Lo bueno de ti es que siempre has tenido un carácter con disposición para con el humor.
Yo estoy convencido de que el humor es un ingrediente de la buena literatura. Por ejemplo, el caso de Borges o de Kafka, que según Augusto Monterroso se revolcaba de risa cuando acabó de escribir La metamorfosis. Y bueno, esa disposición al humor también explica mi participación en publicaciones humorísticas, como Monos y Monadas. En ese sentido, ninguno de los que participamos en Monos y Monadas pensábamos que éramos humoristas. Incluso, en ese momento nadie se propuso hacer del humorismo una profesión, era un elemento natural, algo espontáneo que surgía de nuestro espíritu. Era algo genuino.

¿De dónde te viene esa vocación por la palabra bien escrita, tu aprecio por la estética dentro de un contexto literario? ¿Tu condición de pintor influye también?
Creo que sí, pero también el gusto por el lenguaje viene desde mi niñez. Mi padre era un hombre al que le gustaba que la gente se expresara bien. Si yo cometía un error al hablar me corregía, lo hacía sin que yo me sintiera mal, sin pedantería. Creo que esa es la primera influencia. Después, y sin que lo sepa, Arturo Corcuera también influyó, pues cuando lo iba a visitar él tenía una gran biblioteca, y ahí leí por primera vez Las mil y una noches. Además, también tenía toda la colección de la famosa editorial argentina Losada, que disponía de traducciones de autores europeos. Ahí me embebí de lo mejor de la literatura universal.

La diatriba siempre ha sido una tentación para quienes escriben. Lamentablemente, también existe la tentación de la diatriba sin estilo, chabacana, vulgar y carente de humor.
Para que una diatriba tenga efecto uno no puede ser chabacano o vulgar, de lo contrario sucumbe, convirtiéndose en una diatriba contra uno mismo. Ahora, yo nunca he utilizado la diatriba personalizando, la he usado contra las costumbres. He escrito sátira contra ciertos convencionalismos sociales, contra la estupidez del poder, contra los fundamentalismos religiosos o la intolerancia. Incluso, en La sonrisa de la musaraña hay un texto que se llama “Diatriba contra un canalla ejemplar”, pero no es contra alguien en particular. Es sencillamente contra un miserable que puede ser la suma de muchos miserables.

Tú siempre has dicho que la gente de derecha no tiene sentido del humor.
Es que no conozco a ninguno que lo tenga. Más bien conozco a derechistas que practican el humorismo involuntario, pero eso ya es otra cosa. Por ejemplo, por qué la derecha no ha sido capaz de sacar una publicación de humor, porque la derecha defiende el statu quo. En cambio el humor va precisamente contrariamente a eso, contra lo establecido: Y es que el buen humor es el reino de la libertad total. Incluso, nosotros en Monos Y Monadas o en el Idiota, siendo publicaciones de gente de izquierda, le dábamos duro a los dirigentes de izquierda y a las estupideces de los actos de la izquierda. Nosotros nunca tuvimos esa cosa tendenciosa de parcializarnos con un lado. Nosotros estábamos por encima de esas tonterías.

¿Pero no crees en serio que haya derechistas con sentido del humor?
Que si hay derechistas con gran sentido del humor, sí los hay, como el caso de Borges. Pero cuando él hacía humor nunca era un humor de derecha, porque Borges era demasiado fino e inteligente para hacer humor de derecha. Y para mí lo que ha escrito Borges puede estar dentro de la extrema izquierda de la extrema izquierda (Risas) .

* Fotografía de PAVEL UGAZ.

FERNANDO AMPUERO en Babelia


Puta linda, novela de Fernando Ampuero que en Lima dividió en dos a la crítica literaria, ha sido publicada en España -en una bonita edición- por la editorial Salto de página. La última vez que visité a Ampuero, a raíz de la reedición de Paren el mundo que acá me bajo (Estruendomudo, 2007), éste tuvo la gentileza de mostrarme aquella edición de Puta linda. A través de los blog de Paolo de Lima e Iván Thays me entero de una reseña positiva de la novela en el suplemento Babelia del diario El País, firmado por J. Ernesto Ayala. Les dejo el enlace.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Entrevista a PABLO DE SANTIS


Ganador del Premio Planeta-Casamérica de Narrativa Iberoamericana, Pablo de Santis estuvo en Lima para presentar El enigma de París (Planeta, 2007) en la Feria Internacional del Libro.

Entrevistan MANUEL ERÁUSQUIN y CARLOS M. SOTOMAYOR

El género policial es una constante en tus novelas...
El género policial aparece en algunas novelas, pero a veces mezclado con elementos de fantasía o de otro tipo de relato. Pero siempre tiene alguna aparición. Por ejemplo, en La traducción: en un congreso de traductores hay una serie de muertes, pero el enigma ahí pasa por la literatura fantástica. Siempre está presente la idea de un enigma, de una investigación, pero no siempre la solución es policial.

¿Esta novela puede leerse como un homenaje al detective clásico?
Sí, para mí siempre es muy atractiva la figura del detective clásico, con su asistente. Es un personaje que Poe inventó y lo inventó de la nada, pues no se parecía nada al que existía en la realidad. Ese detective que no tiene lazo con ninguna institución, que no está casado ni tiene hijos.

Y que tiene, además, un pasado no claro. En El enigma de París, por ejemplo, todos los detectives se han inventado un pasado aristocrático...
Sí, todos se inventan un pasado. Y el detective Arzaky rescata como algo esencial la cuestión de que sean diletantes, que conserven un rasgo amateur, de hacerlo casi por distracción, por puro placer, mientras otro detective quiere que se profesionalice.

En las pullas entre los detectives hay una especie de altivez y de ironía borgeana. Son frases con filo.
Bueno, Borges es un escritor que pesa mucho en los escritores argentinos. Y sí, ellos van a esta reunión de detectives a conversar e intercambiar sus teorías, pero allí aparecen sus viejos rencores.

Y existe una gran egolatría en cada detective, además...
Sí, eso a mí me pareció interesante. Siempre los detectives de las novelas han sido ególatras. Y lo interesante es que yo empecé a escribir la novela no cuando tuve el argumento, sino que esperé hasta que me apareciera esta relación entre detectives y asistentes como el punto fuerte de la novela. Porque a mí me interesó mucho eso de que siempre en el género el que cuenta la historia es el asistente, es el que no sabe, el que no tiene el método.

En la novela, quienes tienen el poder, tienen toda una actitud vertical de maestro impositivo. Pero al final estos maestros tienen rabo de paja.
Sí, yo creo que tengo una mentalidad conservadora para todo mezclada con una sensibilidad anárquica que me lleva como siempre a que las figuras de autoridad terminen resquebrajándose.

Tienes además un vínculo muy fuerte con otro género creativo que es el cómic.
Sí, yo escribo desde los doce años, pero los primeros textos de ficción que publiqué fueron de historietas. Gané un concurso a los 21 años. Recién aparecía la revista Fierro, una publicación importante en Argentina porque mezclaba la historieta con el cine, con la literatura de género. Y tuvo una presencia muy fuerte. En sus páginas escribía, por ejemplo, Ricardo Piglia. Estaban los grandes dibujantes.

El cine es otra influencia...
Yo creo que la literatura busca convertir la lectura del libro para el lector en una experiencia. Y el cine está muy vinculado al mundo de la experiencia. Y como ya el cine tiene tantos años, ya esas experiencias no pertenecen sólo al mundo de uno sino al mundo familiar: las películas que has visto con tus padres, tus abuelos. Por otra parte, el cine estuvo siempre en relación con la narración del siglo XIX, con las novelas clásicas. La novela del siglo XX a veces pierde el compromiso emocional con los personajes. Y el cine lo conserva. Y a mí me interesa eso del cine.

Con el Premio Planeta tienes la posibilidad de ser mucho más conocido. Cómo has manejado esto...
Es algo muy raro para mí. Mis novelas desde hace años se publican en varios idiomas. Nunca hice alguna presentación de mis novelas en Argentina. Cuando aparecía una decía: “Mira, mandaron de la editorial el libro nuevo, qué buena la tapa”, nada más; no era que me cambiaba la vida el libro nuevo, apenas un pequeño comentario con mis amigos. Ahora sí. Desde que salió el libro estuvimos viajando con Alonso (Cueto) de aquí para allá. El libro anda muy bien en Argentina, está primero en ventas, algo que jamás me había pasado.

*Fotografía de PAVEL UGAZ.

domingo, 29 de julio de 2007

Entrevista a EDMUNDO PAZ SOLDÁN


Un historiador que se gana la vida escribiéndole los discursos al presidente de Bolivia es el protagonista de Palacio quemado (Alfaguara, 2007). Edmundo Paz Soldán, su autor, estuvo en Lima para presentar la novela en la Feria Internacional del Libro.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Esta novela no transcurre en Río Fugitivo sino en La Paz…
Lo que pasó es que para mí Río Fugitivo se convirtió en una versión personal de mi ciudad natal, Cochabamba. Uno de los temas que me ha interesado trabajar en mis novelas ha sido el choque entre modernidad y tradición, aunque haciendo énfasis no tanto en la parte tradicional sino en esa modernidad desesperada de la gente de clase media que quiere ser moderna para no sentir que está en un país tan atrasado. Entonces Río Fugitivo para mí se convirtió en esos espacios en donde había esos polos tecnológicos, estos desajustes… Y claro, para esta novela que tocaba la cuestión de la crisis política última, pensé que Río Fugitivo no era la atmósfera adecuada. En El delirio de Turing, la novela anterior en la que también había protestas en la calle, a ratos sentía esa limitación. Pensé entonces que para que haya más acción tendría que trasladarse todo esto a la sede del poder. En Palacio quemado sentí que el tema fue el que dictó el lugar…

El tema político está presente en todas tus novelas. En Sueños digitales, por ejemplo, abordas las nuevas tecnologías en relación al poder…
Es bien curioso porque mi generación, la de los años noventa, ha sido vista, a veces con razón, como una generación muy frívola, muy dada a la cuestión del entretenimiento, de los nuevos medios, las nuevas tecnologías. A mí nunca me ha interesado simplemente mostrar la cuestión de los nuevos medios o las tecnologías en un vacío. Quería ver cómo impactaban éstos. En el caso de Sueños digitales, cómo el poder podía usar las nuevas tecnologías. Creo que el tema político ha sido fundamental y si en las anteriores novelas estaba más soslayado en esta última aparece frontalmente.

El protagonista de la novela evidencia una falta de real compromiso que lo lleva a la inacción…
Yo quería hacer una radiografía del fracaso de una clase social. Siento que en Bolivia había una revolución no armada en los últimos años. Con la llegada al poder de Evo Morales ha habido un cambio en los rostros de la élite política. Es el fin de una época y el inicio de otra. Y esta novela retrata el final de ese momento en que la clase media o media alta pierde o cede sus espacios de poder. Y una de las razones por las que creo se produjo el fracaso es que esta burguesía no tuvo una visión de país. Yo puedo hablarlo libremente porque es mi grupo social e incluso lo puedo hablar como una autocrítica. Gente que se conduele de las injusticias o del racismo en Bolivia, pero que tampoco quiso hacer mucho para cambiar esas cosas porque le afectaba a su propio capital político. Entonces, un poco quería retratar en el narrador esa especie de ambigüedad, el tener esa buena conciencia, sentirse mal, y no hacer nada.

Muy diferente a la actitud del hermano…
Quería mostrar un cambio generacional. En los años sesenta o setenta había una generación que estaba más dispuesta a luchar y defender con su propia vida sus ideas, por más que sean éstas equivocadas. Había esto en el hermano, aunque luego en las últimas versiones lo hice más ambiguo. Pero quería contrastar esa actitud con la del hermano, con la nueva generación que es mucho más pragmática, conformista.

En la novela Mendoza encarna al intelectual que se vincula con el poder…
En Latinoamérica tenemos una visión muy exaltada de los intelectuales, como la gran conciencia moral de nuestras sociedades. Y creo que sí, que hay muy buenos ejemplos en cada país. Pero creo que la gran mayoría son intelectuales cortesanos. Y quizás la figura que para mí encarna esa ambigüedad es García Márquez, quien es capaz de escribir una novela como El otoño del patriarca y ser muy crítico del poder; pero a la vez, en el momento de su amistad con Fidel Castro pierde toda esa distancia crítica y se deja deslumbrar y fascinar por la cercanía misma del poder. En la novela quería mostrar cómo los intelectuales latinoamericanos en su mayoría están fascinados y adscritos al poder.

En tus novelas he notado la presencia de mujeres fuertes que suelen desestabilizar un poco a los personajes masculinos.
Lo que ha pasado es que nosotros hemos heredado, de generaciones anteriores, la retórica del machismo, pero es una retórica hueca, que no funciona, porque tenemos a nuestro lado muchas mujeres que son profesionales, independientes. El hombre en estas novelas se siente un poco amenazado por esas presencias con las cuales no sabe cómo lidiar porque le queda el ejemplo de su padre y esa retórica autoritaria.

*Fotografía de PÁVEL UGAZ.

miércoles, 25 de julio de 2007

Entrevista a FEDERICO ANDAHAZI


El escritor argentino Federico Andahazi presentó su novela El conquistador (Premio Planeta, 2006 de Argentina) en la XII Feria Internacional del Libro de Lima. En esta entrevista el autor, que también es sicoanalista, revisa conscientemente su obra narrativa.

Entrevistan MANUEL ERÁUSQUIN y CARLOS M. SOTOMAYOR

Hay una debilidad por lo histórico en tus novelas. ¿Cómo consideras esta característica?
Yo me pregunto con insistencia si mis novelas pueden calificarse como novelas históricas o no. A mí me parece que una de las características de la novela histórica es ser fiel a la historia, y yo me tomo varias licencias. Por ejemplo, me permito torcer a la historia a favor de lo que quiero contar. En ese sentido, no me atrevería a calificar a mi narrativa como histórica.

Pero sí existe un pretexto histórico en la concepción de tus novelas.
Sí, hay una ambientación histórica, es cierto. Sin embargo, para escribir una novela, entre comillas histórica, hay que investigar muchísimo, pero quizás lo más importante no esté en relación a la verdad sino a la verosimilitud. Una novela situada en una determinada época histórica no tiene necesariamente que ser verdadera, pero sí verosímil, el lector tiene que creer que esos hechos pudieron haber ocurrido.

Sin embargo, en tu caso cómo planteas esa visión.
Ahora, en mi caso, yo no trabajo con conceptos que tengan una relación con el documento o la documentación en sí, sino más bien con elementos teatrales, cinematográficos que tienen una relación con la ambientación, la escenografía o el vestuario. Yo necesito, como en el caso de El conquistador, que el lector tenga la impresión de estar caminando por las calles de Tenochtitlan y que pueda percibir la sensación de estar viviendo esa historia.

Ahora, algo curioso. En varias de tus novelas las mujeres mueren, incluyendo en El conquistador. ¿Qué ocurre ahí, qué ocurre en tu inconsciente? Te lo pregunto porque tienes formación de sicoanalista.
Mira, yo puedo reconocer que el sicoanálisis toma mucho de la mitología, de la dramaturgia, específicamente de la tragedia. Creo que esto de las mujeres, que no tienen finales precisamente felices, proviene de la tragedia. Y creo que en todas mis novelas, de alguna forma u otra, se ajustan a las leyes de la tragedia. Todas, por más que transcurran en Florencia, Venecia, Buenos Aires o en Tenochtitlan, estarán marcadas por ella.

La historia de El conquistador parte de una visita tuya a México, específicamente cuando viste el famoso mural de Diego Rivera.
Es cierto, y pienso que en el origen de toda novela siempre existe un hecho fortuito. En el caso de El conquistador, yo estaba en México presentando un libro y en uno de esos paseos de rigor por la ciudad estuve en el Palacio Nacional y ahí me encontré con ese fantástico mural de Rivera donde él cuenta pictóricamente la historia de México, y en la parte dedicada a los aztecas hay un fragmento que me resultó maravilloso, donde hay una barca que está navegando hacia el Este con un personaje muy singular, que en realidad está volando por los aires, y al fondo se ve un sol invertido. Entonces, creí leer los elementos necesarios para una historia: ¿Quién es este personaje? ¿Adónde iba? ¿Adónde habrá llegado? ¿Qué significa ese sol investido?

En la novela, cuando Quetza, protagonista principal de la historia llega a España, se siente aterrorizado cuando ve cómo la Inquisición quema personas vivas.
Claro, porque al llegar lo primero que huelen, lo primero que perciben es carne asándose, ellos quieren llegar ahí porque están hambrientos, pero se encuentran con la inquisición y ahí Quetza queda impresionado por los salvajes que podían ser esos hombres. Y no hay que olvidar que en su civilización, donde se practicaban los sacrificios humanos, los descendientes de los toltecas se oponían a estas prácticas y esto era una suerte de discusión. Por eso digo que esta novela no tiene una visión ni paternalista ni condescendiente con las culturas precolombinas. Quetza no sólo tiene una mirada muy crítica sobre el régimen inquisitorial que se vivía en España, también la tiene sobre la monarquía de su propio pueblo. MAS DATOSLa novela de Federico Andahazi, El anatomista, historia ficcionada sobre el médico italiano Mateo Colón que en el siglo XVI reconoció la existencia del clítoris y su función para el placer femenino, será filmada a partir de octubre por la guionista y directora argentina Gabriela Tagliavini.

*Fotografía de EDUARDO CAVERO.
**En los próximos días postearé la entrevista completa. Esta es la versión que salió publicada en el diario Correo el 25/07/07.

domingo, 22 de julio de 2007

Entrevista a DANIEL ALARCÓN


La novela sucede en un país ficticio que si bien puede ser el Perú, también podría ser cualquiera. Daniel Alarcón ha logrado en Radio Ciudad Perdida (Alfaguara, 2007) retratar el drama individual que se padece luego de un proceso de violencia política. Esta es la versión completa, la editada apareció el 22/07/07 en Correo.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

El tema de la violencia política, presente en tu primer libro, reaparece en Radio Ciudad Perdida…
Bueno, en realidad yo no quería que esta novela fuera sobre eso. Quería hacer otra. Pero tú sabes que cuando estás escribiendo una novela ya no te pertenece a ti sino a tus personajes. Y poco a poco el tema de la violencia fue ganando terreno dentro de la novela. Quizás con este libro cierre por ahora un capítulo de mi obra. No pienso escribir más sobre la política por un tiempo. Pero aún había cosas que debía estudiar, analizar y especular sobre este tema.

Si bien la novela puede relacionarse con lo ocurrido en nuestro país, no hay una referencia explícita, por el contrario se trata de un país ficticio…
Fue una decisión natural para mí. No soy historiador, soy un novelista y quise darme toda la libertad para inventar un país, una guerra, un movimiento guerrillero, un gobierno, una geografía. A la ciudad, que se parece a Lima, quise ponerle un tren eléctrico, porque a Lima le falta. Quise rescatar la libertad de creación y no tener que ser fiel a los hechos o a los sucesos de los años ochenta, de la guerra o de la posguerra. Es mucho más divertido, como escritor, hacerlo así.

Y también más efectivo para mostrar el drama individual…
Claro, puedes ir al grano sin distraerte en detalles. Para hablar de la posguerra en el Perú tendría que explicar muchas cosas y no quise hacerlo. Quise hablar de una familia, de una pareja, de un niño, centrarme en eso y borrar los detalles que no me interesaban.

Tengo entendido que hiciste una previa investigación de hechos similares en otros lugares.
Sí, por ejemplo, el programa Radio Ciudad Perdida tuvo su base en Buscapersonas de RPP. Y luego al investigar descubrí que ese tipo de programa existe en Brasil, en Nigeria, en la India, en Colombia y en muchos países más. Eso también me dio la confianza de ambientar la novela en un país sin nombre, porque hay muchos países que viven lo mismo.

En la novela el gobierno intenta abolir el recuerdo de aquellos años de violencia interna. ¿Qué tan importante consideras que es la memoria para una sociedad?
Yo me acuerdo que en el 2001, cuando se hablaba de la Comisión de la Verdad, hubo muchos debates, mucha discusión y mucha gente en contra de la formación de una Comisión de la Verdad. Eso es precisamente lo que quiero retratar, no sólo la guerra sino la posguerra y el proceso de recuperación que para mucha gente es sinónimo de olvidar. Esa es una estrategia de recuperación sicológica, pero no es la única. Para realmente tener una reconciliación también hay que conversar, hay que ponernos de acuerdo sobre qué es lo que sucedió, cómo, quién murió, cuántos, dónde, a manos de quién.

Tienes un libro de cuentos y ahora una novela ¿Qué género disfrutas más?
Escribir una novela es mucho más divertido, porque estás todos los días en lo mismo, te enamoras completamente de tus personajes, de su mundo. Si bien los primeros seis u ocho meses pueden ser muy difíciles, luego una vez que logras encaminarte es mucho más fácil. En el caso de escribir cuentos es distinto. Ni bien empiezas tienes que acabar, y no disfrutas de ese momento de convivencia con tus personajes.

Conforme avanza la lectura uno se encuentra con incógnitas que se van despejandopaulatinamente de manera natural…
Yo lo escribí en ese orden. Y las incógnitas surgían y no tenía respuesta para ellas, aparecían luego. No es que tenía una idea de cómo iba a terminar la novela, para nada. Eso es lo lindo de escribir una novela. Y sabes que estás encaminado cuando, por ejemplo, un detalle que entra al texto en la página 30 por motivos que tú mismo no puedes explicarte termina siendo esencial en la página 300.

Tú escribes en inglés. ¿Supervisas la traducción al español?
Esta traducción ha sido un trabajo de equipo. Está Jorge Cornejo que ha hecho un excelente trabajo. La traducción va por muchos filtros: mi viejo, mi editora Mayte Mujica también. Y luego yo hago la última revisión.


¿Cómo ves la narrativa peruana última?
Me da mucho gusto los éxitos que hemos tenido a nivel internacional. Y a nivel nacional, creo que cada vez se publica más, hay más editoriales, hay más escritores interesantes. No los he leído a todos, pero me enorgullece ser considerado parte de las letras peruanas, creo que somos buenos escritores. A los cubanos se les conoce porque bailan bien y a los peruanos porque escriben bien. Lamentablemente eso no ocurre con nuestro fútbol (Risas).

Finalmente, vas al encuentro de escritores en Bogotá, junto a Santiago e Iván…
Yo no iba a ir porque en realidad he estado viajando demasiado este año. Pero luego lo pensé mejor. Es una gran oportunidad para conocer a los escritores de mi generación a nivel latinoamericano. Va ser muy bonito. Las listas siempre son una tontería, para serte honesto. Las listas son para dar que hablar. Hay escritores allí que admiro mucho y me da mucho gusto estar en una lista con ellos, pero no significa que esa lista es para cerrar un debate sino para comenzar una discusión. Es como una antología, siempre hay alguien que cuestiona la selección.

*Fotografía de EDUARDO CAVERO

martes, 17 de julio de 2007

Entrevista a LUIS HERNÁN CASTAÑEDA


Tercer libro y primer conjunto de cuentos, Fotografías de sala (Alfaguara, 2007) no es en realidad la primera incursión en el género de Luis Hernán Castañeda. En su primera novela, Casa de Islandia, aparecieron algunos relatos que ya evidenciaban su destreza en los predios de la cuentística. A continuación la versión completa de la que apareció editada el 18/07/07 en Correo.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Es tu primer libro de cuentos; sin embargo, no es un género que te sea ajeno. En tu primera novela, Casa de Islandia, incluiste algunos...
En realidad es un género que no he dejado de practicar, es un género que me gusta mucho leer. Y además me gusta mucho escribirlo, porque exige una serie de destrezas que el novelista a veces no tiene, como es la precisión o la capacidad para manejar pocos recursos y hacerlo de la mejor manera posible para dar una impresión de perfección, que es lo que el cuento exige. Lo que Cortázar llamaba el K.O.

Existe aún un menosprecio, injustificado, claro, por el cuento.
No creo que exista una división jerárquica entre cuento y novela. Para mí ese tipo de progresión que ve al cuento como primer paso y a la novela como culminación, como expresión más plena de la narrativa, no me parece real. El cuento es también un género mayor.


A pesar de que podrían ser reconocibles, no mencionas los lugares en donde se desarrollan las historias de este libro...
En estos cuentos hay un referente real y hay una representación de este referente. La estrategia de no nombrar directamente el referente, el barrio, la zona de la ciudad en la cual están situadas las historias, es una estrategia que tiene que ver con el reconocimiento de que toda representación fotográfica de la realidad es imposible mediante la literatura y que en toda representación literaria intervienen una serie de filtros, de discursos, de materiales que oscurecen el referente pero a la vez lo iluminan de manera no documental.

En ese sentido, Bellatín es un referente en tu literatura...
Yo creo que la obra de Bellatín lo que demuestra es la autonomía del lenguaje para generar mundos independientes. Pero también la literatura de Bellatín significa para mí hacer un juego con la realidad, hacer de la literatura un espejo deformante que representa y no representa, que presenta imágenes que parecen corresponder a la realidad pero que a la vez se distancian de ello. Por ejemplo, en el tema de la autobiografía. Estos cuentos juegan mucho con el tema de la autobiografía. Podría parecer que muchos de los personajes que están en el libro forman parte de mi entorno, de mi vida privada. Pero justamente lo que quiero hacer es mostrar mi espacio intermedio, en el cual los personajes reales se confunden con los personajes ficcionales, con lo cual finalmente la ficción y la realidad entablan relaciones complejas.


En tu obra suele haber guiños al lector. En este libro aparece Islandia, nexo evidente con tu primera novela.
Sí, en el primer cuento, que se llama “Antonio”, aparece una referencia a Islandia, que es una referencia a mi primer libro, Casa de Islandia. Y la intención al hacer esto no sólo era crear una continuidad que dé cuenta de un proyecto unitario que atraviesa todos los libros, sino también esclarecer el sentido de Islandia. Entonces, Islandia, finalmente, según la presenta este cuento, es la escritura, la literatura como un acto digamos de subversión íntima al interior de la familia, al interior de la casa.

Tus libros están emparentados entre sí. Existe, como dices, un proyecto unitario...
Los tres libros tocan problemáticas cercanas: el tema de la familia está en los tres libros, el tema de la reflexión de la escritura también. Mi interés siempre es crear continuidades, avenidas en las cuales haya vasos comunicantes entre textos, entre cuentos de un mismo libro y entre libros.

Ahora que mencionas el tema de la reflexión de la escritura, me viene a la mente tu cuento “Una historia verdadera”.
El cuento cuenta la historia de un concurso escolar, unos juegos florales escolares. Y el problema que se toca allí es justamente sobre la vida y la ficción, sobre de qué está hecha la ficción. Y lo que se intenta mostrar es que la ficción no es un término opuesto a la realidad sino más bien un elemento que orbita alrededor de la realidad, la penetra, se aleja de ella, pero está íntimamente ligada. Y se encuentra a veces muy cerca.

¿Otra referencia –particularmente en este libro– podría ser Chejov?
Sí, Chejov está presente por el cuento “La dama del perrito”, un cuento que ocurre en un balneario y tiene una atmósfera muy particular que se puede de alguna manera traslucir en estos cuentos, que son cuentos que ocurren todos en un mismo lugar, que están rodeados de un mismo clima: clima emocional, narrativo e, incluso, meteorológico. No sólo Chejov, también está presente Loayza. Y Loayza por la intención, visible, por ejemplo, en Otras tardes, de representar un grupo, de dar las claves para entender un cierto espíritu colectivo. En Otras tardes crea unos personajes que son aparentemente fríos pero logra con mucha eficacia representar esta identidad colectiva.

*Fotografía de KEYKO MONTEBLANCO.

domingo, 15 de julio de 2007

Entrevista a JOSÉ B. ADOLPH


Un nuevo libro de José B. Adolph resulta siempre una grata noticia. Es sólo un viejo tren (San Marcos, 2007), no sólo trae lo nuevo de su producción cuentística, sino que, además, rescata algunos relatos de Un dulce horror, libro a estas alturas inubicable en librerías. En esta entrevista, al igual que en su obra, Adolph despliega ironía, humor negro y una constante tendencia cuestionadora del mundo. A continuación una versión más completa de la que apareció, editada, en el diario Correo.

Entrevistan MANUEL ERÁUSQUIN y CARLOS M. SOTOMAYOR

Tus personajes casi siempre llegan a ser seres con un alto grado de oscuridad. Hay asesinos o ciegas obsesionadas con apetencias carnales. ¿Qué te acerca a crear ese tipo de personajes?
Como yo no sé de teoría literaria me es muy difícil responder a preguntas como ésta. Pero me imagino que sale a flote el lado oscuro que todas las personas tienen. Y una característica que ha llamado mi atención y la de otros es que suelo matar o enfermar a las mujeres, lo cual no se corresponde, espero, a mi actitud en la vida real. Porque yo soy uno de esos pocos hombres, al menos peruanos, a los que les gusta las mujeres también fuera de la cama. Pero el lado cavernícola, hijoputesco de Adolph, se queda en mis cuentos.

También está presente en tu obra aquella mirada escéptica del mundo…
Esa sí corresponde a la realidad. Es más, no sólo soy escéptico, ya me he graduado de pesimista. Yo era escéptico, ahora soy pesimista. No solamente sobre el individuo, sino sobre el universo entero, que se refleja, por lo menos, en una novela, La verdad sobre Dios y JBA, en la que recojo una vieja teoría agnóstica que también compartían los cátaros, según la cual lo espiritual en nosotros es obra de Dios y todo lo que es material es obra del demonio. Yo amplío un poco ese concepto e invento la teoría correspondiente a nuestra época de que Dios no está muerto como decía Nietzsche, sino que está preso en el ciberespacio. Y en realidad el golpe de estado lo dio Satanás y lo ganó, desplazó a Dios y creó al universo material y al hombre a su imagen y semejanza.

Muchos de tus cuentos tienen finales sorpresivos, inesperados.
Claro, es lo que en el género se llama la táctica O’Henry, que se hizo famoso en el siglo XIX justamente por eso, porque todos sus finales eran sorpresivos, inesperados. Eso me encanta.

Tus personajes femeninos los abordas desde una perspectiva sicológica, siendo las mujeres, como sueles decir, impredecibles…
Sobre todo para la mentalidad masculina son impredecibles. Aunque ellas mismas aceptan que lo son. Yo lo he conversado con muchas mujeres. Por alguna razón misteriosa las mujeres me cuentan cosas. Y estoy hablando de mujeres que no han tenido conmigo ninguna relación de tipo sentimental. Tienen más confianza en mí y me cuentan cosas que no les cuentan ni a sus amigas y a veces ni así mismas. Nos sé, para algunas tengo cara de psicoanalista, para otras tengo cara de monje confesor. La otra vez vi un programa sobre el cerebro humano y dicen que en el hombre la parte emocional está en un hemisferio y la cognitiva en el otro. Pero la mujer tiene ambas cosas en los dos hemisferios, lo que ratifica mi opinión desde chico: que las mujeres son más inteligentes que nosotros. Por eso digo que hablar con una mujer es como jugar al ajedrez, algo complejo. Y hablar con un hombre es como jugar a las damas. Somos en realidad más simplones e influenciables que las mujeres, que se hacen las tontas porque es la única manera de conseguirse un macho, porque la mayoría de los machos le tienen terror a las mujeres inteligentes.

¿Qué piensas de las campañas de fomento a la lectura?
Todas estas campañas de difusión del libro, que se está haciendo en el Perú son muy loables. Yo he felicitado a Arévalo y a otra gente que lo hace. Me parece magnífico, muy bien intencionado, todo lo que quieran, yo lo aplaudo. Pero no va a servir de mucho. Porque el problema básico del Perú empieza con la pobreza, sigue con la pésima educación. Entonces, si no hay las condiciones materiales para adquirir el libro fácilmente, por lo menos para la clase media baja, digamos, cómo van a tener interés en leer.


De otro lado, el tema religioso es otra de tus preocupaciones…
No es que a mí me preocupe el tema de Dios. Eso ya lo tengo más o menos resuelto con el agnosticismo: no sé si existe o no. Porque en algún momento descubrí que el ateísmo también es una fe. Mi preocupación no es por Dios, sino por lo que es capaz de creer la mente humana. Si hacemos una relación de las religiones y sus respectivas ridiculeces, de todas, por no hablar de las sectas, revelan un muestrario indescriptible de locuras humanas creativas, que yo llamo ligeramente desquiciadas. Eso es lo que me interesa y me preocupa, somos capaces de creer cualquier cosa.

Eres un gran conocedor de la historia de las religiones, por ejemplo de la cristiana…
Hay un hecho que creo yo es el nacimiento de la escisión del cristianismo de ser una secta judía a ser una religión aparte. Y es el momento en que Pablo dice que no es necesaria la circuncisión para ser cristiano. Entonces con eso lo que hizo es convertir a una secta judía de Palestina, nombre que le pusieron los romanos, dicho sea de paso, a una religión romana. Lo que ha hecho el cristianismo bajo Pablo es una maniobra política muy inteligente, que fue tomar el lugar de Roma, cuando Roma estaba físicamente por desaparecer como Imperio y como República, y convertirla en una entidad espiritual universal, que por eso se llama católica. Nietzsche, aunque no estoy seguro si fue él, no estaba tan descaminado cuando dijo que el cristianismo es la manera en que el judaísmo ha dominado al mundo.

¿Por ese comentario muchos se van a rasgar las vestiduras?
Si es una mujer bonita, que se las rasgue (risas).

*Fotografía de KEYKO MONTEBLANCO.

martes, 10 de julio de 2007

Entrevista a JOSÉ DONAYRE


El más reciente libro de José Donayre, Horno de reverbero (Mundo ajeno, 2007), tuvo su génesis en el soporte virtual de un blog. Ahora, impreso en una muy cuidada edición, el libro adquiere nuevas dimensiones. Y sobre ellas, precisamente, nos habla su autor en esta entrevista.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

Una de las definiciones de Horno de reverbero es la de aquel horno que sirve para separar el cobre de la escoria. ¿La elección del nombre tiene que ver con la brevedad de los textos y el extremado cuidado del lenguaje de éstos?
Claro, parte de la evocación de la alquimia del horno de reverbero. Creo que es uno de los hornos que usaban los alquimistas. Y existen estos hornos, en Chile lo utilizan para el cobre. Pero también juega con la palabra de reinventar el verbo, de ser doblemente verborreico, quizás.

Son 69 relatos. Dijiste en una entrevista que la elección del número tenía relación con el inicio y el final de las cosas...
Más allá de la figura, de la posición sexual, que es una lectura respetable, mi interés estaba por la imagen del número, que vienen a ser figuras opuestas y complementarias. Una suerte de fusión de opuestos complementarios. Y visto desde cierta perspectiva es más bien el símbolo del eterno retorno, de una visión mítica del final que se une con el comienzo.

El libro se origina en un blog...
Nace en un blog, pero al comienzo no pensé en la posibilidad de publicarlo. El blog me pareció un soporte, un sistema de comunicación interesante. Me pareció divertido tener una historia y al día siguiente publicarla, y que la pueda leer cualquier persona en cualquier parte del mundo. Pero lo que es cierto es que todavía internet y los blogs no tienen el estatus que tiene un libro impreso.

El libro aún conserva las cualidades de objeto de culto.
Claro, hace algunos años se hablaba de la amenaza del fin del libro, que iba a ser reemplazado por el libro electrónico por el cd room. Pero veo con agrado que el libro todavía sigue siendo un objeto de culto, que ocupa un lugar más en tu estante y no sólo es un conjunto de kb. Por lo menos hasta que existan los árboles vamos a tener libros. (risas).

Horno de reverbero está lleno de reflexiones filosóficas. Una de ellas, que se puede ver en el relato “Fragmentum”, es acerca de la vulnerabilidad del ser humano.
No somos nada, realmente. Dentro de lo que es la historia del planeta, la humanidad es el último minuto de un día de 24 horas. El hombre como tal tiene apenas 70 mil años; hace 300 mil años gracias a una supernova, a una gran explosión estelar se dieron las condiciones climáticas para que se generara una vida semejante a la que tenemos actualmente.

Tenemos además una marcada cuestión autodestructiva.
Claro, somos inquilinos recientes y somos quienes estamos acabando con nosotros mismos muy rápido. Creo que los dinosaurios tuvieron más suerte. Tuvieron 60 millones de años de explendor. Y desaparecieron posiblemente por algún asteroide o un cometa que cayó. Y nosotros nos hemos esmerado en acabar con nuestro género muy rápidamente.

En “Contubernio” reflexionas sobre la creación literaria...
Sí, además es uno de mis textos preferidos. Como que se crea una especie de mafia, una alianza maligna entre el creador y el lector. Y el texto está en el medio. Es un homenaje a la lectura creativa, también. Yo creo que tan creativo como el autor tiene que ser también el lector. Un lector sin creatividad, sin una imaginación cultivada, no pasa nada. Por más que el libro te ofrezca toda una serie de posibilidades, si tu lectura no es creativa, si no vuelas, de nada sirve ese combo literario.

*Fotografía de LUIS IPARRAGUIRRE.
**Publicado en Correo el lunes 10 de julio del 2007.

lunes, 9 de julio de 2007

Nuevo libro de JOSÉ B. ADOLPH


Podrá no ser un autor masivo, pero es indudable que posee una nada deleznable legión de lectores que lo han convertido en una especie de autor de culto de la literatura peruana. José B. Adolph posee una prosa cincelada con gran precisión en la que fluye aquella mirada reflexiva, desenfadada e irónica que lo han caracterizado a lo largo de toda su obra literaria. Para quienes disfrutamos de sus libros resulta grata la aparición de Es sólo un viejo tren (Editorial San Marcos, 2007), un nuevo conjunto de cuentos cuya portada presenta la reproducción de una pintura de la estupenda artista Delia Revoredo.